Panorama Católico

Tronar el escarmiento

Receta Cierta vez, en la plaza dedicada a su propio culto, el viejo líder amenazó hacer “tronar el escarmiento” frente a cualquier atisbo opositor. Hay que reconocer que tenía frases de feliz contundencia. Pero lo que no habrá soñado, es cómo aplicarían la receta sus lejanos secuaces marxistas. El recuerdo no obedece a ninguna inclinación al masoquismo. Se dirige a señalar que la bravata hizo escuela y viene a cuento lo que está sucediendo en la agonía de la República. 

Receta Cierta vez, en la plaza dedicada a su propio culto, el viejo líder amenazó hacer “tronar el escarmiento” frente a cualquier atisbo opositor. Hay que reconocer que tenía frases de feliz contundencia. Pero lo que no habrá soñado, es cómo aplicarían la receta sus lejanos secuaces marxistas. El recuerdo no obedece a ninguna inclinación al masoquismo. Se dirige a señalar que la bravata hizo escuela y viene a cuento lo que está sucediendo en la agonía de la República. 

Cuando el apogeo de la disolución, se alzó hace unos años la voz de un pastor consecuente con su deber, que con el Evangelio en la mano advirtió al ministro propulsor y ejecutor de inmoralidades impresionantes, sobre el terrible castigo divino que le cabe al escándalo. De inmediato se sintió tronar el escarmiento: el Obispo fue expulsado de su sede castrense y acusado por todos los medios de amenazar al funcionario con “tirarlo al mar”… Y así se repite la calumnia hasta el día de hoy.

Fruto del escarmiento en la esfera eclesiástica, ha sido y sigue siendo un silencio ominoso frente a la persecución religiosa jamás vista en el país. Silencio o reducción de su voz a lo sumo a enfoques sociológicos o políticos. Y actitudes sumisas, por ejemplo al permitir que el déspota –recién venido de repartir preservativos- utilizara el interior de la basílica de Luján para hacer proselitismo. El odio religioso suscitó leyes perversas y escándalos. La promoción del aborto y de la homosexualidad, la exhibición del obelisco de Buenos Aires cubierto con un gigantesco preservativo; exposiciones sacrílegas, calumnias de toda índole contra aquel pastor cuidadoso de su grey, condena fraguada -a reclusión perpetua- de un sacerdote inocente, constante asedio contra el catolicismo por la TV y los medios serviles o serviciales. Y un interminable etcétera de ignominiosas afrentas. Especial escarmiento impulsó la vergonzosa expulsión del país del Obispo Richard Williamson, víctima de una hipócrita conspiración sionista. Acusado mundialmente de antisemitismo… por no venerar el intocable dogma del Holocausto.

Lección y ejemplo La primera lección que surge de todo esto, es que nada hay nada más erróneo que aflojar frente a la amenaza del escarmiento. Como lo demostraran, a la inversa, gloriosos episodios de la Historia. Junto a esta reflexión cabe destacar la única reacción en estos días, frente a un propósito harto repugnante que se está concretando en la legislatura de Santa Fe. El proyecto de ley sobre “unión estable de parejas”, que iguala al matrimonio la ostensible y permanente fornicación de homosexuales. En relación con lo cual, el arzobispo de Rosario ha manifestado su oposición, mereciendo por ello encomio; sobre todo en medio de tanta pasividad. Por más que, conforme a lo que se conoce, se advierta algún rastro del escarmiento. Tanto por cierto tono elíptico, como por el acento sociológico del respectivo comunicado, que parece omitir la denuncia de violaciones a la Ley de Dios y del grave pecado que conlleva el escándalo público de la parodia matrimonial.

Septiembre de 2009 Juan E. Olmedo Alba Posse

 

NOTIVIDA, Año IX, Nº 613, 12 de septiembre de 2009
Rosario-Santa Fe, Argentina

ARZOBISPO DE ROSARIO SOBRE UNIONES HOMOSEXUALES

En la sesión del 5 de agosto la Cámara de Diputados de Santa Fe le dio media sanción al proyecto de Ley de Unión Estable de Parejas (exp. Nº 22.440) (Vid  Notivida 609).

El expediente fue girado al Senado e ingresó para su estudio en la Comisión de Derechos Humanos que preside el justicialista José Baucero, senador provincial por el Departamento de San Javier.

El proyecto garantiza el registro de convivientes “con ostensible trato familiar, con independencia de su sexo u orientación sexual”. En materia de beneficios sociales (previsional, laboral, salud pública, vivienda) los unientes tendrían “un tratamiento similar al de los cónyuges”.

En el día de ayer el Arzobispo de Rosario, Mons. José Luis Mollaghan, afirmó que equiparar estas uniones al “matrimonio, unión estable del varón y la mujer”; “es minimizar su valor, así como el de la familia”. “No es suficiente que la ley exprese la voluntad del legislador o de una mayoría”, destacó. “La ley no puede prescindir de la moral”. “La verdadera ley” debe conducir a un “verdadero bien”.
A continuación el comunicado difundido hoy por el Arzobispado de Rosario:

EN RELACIÓN AL PROYECTO DE LEY DE UNIÓN ESTABLE DE PAREJAS

El Arzobispo de Rosario Monseñor Dr. José Luis Mollaghan instó nuevamente como pastor de la Arquidiócesis de Rosario, a reflexionar sobre el bien común, y en particular sobre la invalorable riqueza del matrimonio y la familia, a la hora en que se debate en la Provincia un Proyecto de unión estable de parejas; y pidió en una carta principalmente al Secretariado arquidiocesano de la Familia, a la Universidad Católica Argentina en Rosario, y a la Pastoral Social a continuar reflexionando en la responsabilidad que, principalmente como laicos, les corresponde en esta hora.

Es necesario subrayar la necesidad de clarificar los conceptos, ya que la confusión impide visualizar lo que significan en realidad estas diferentes uniones estables, en el presente y en su proyección futura. No se ve cómo se puede aceptar en el derecho sin más, cualquier autodeterminación para su reconocimiento, sin un fundamento ético y cultural que lo justifique.

Es necesario precisar que estas relaciones estables, en cuanto expresan vínculos que se quieran asemejar al matrimonio, naturalmente no lo son ni lo pueden ser. Podemos decir que “el matrimonio es el fundamento de la comunidad más amplia de la familia, ya que la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y educación de la prole, en la que encuentran su coronación” (Gaudium et Spes, nº 50).

Equiparar estas uniones estables a la riqueza del matrimonio, que es la unión estable del varón y la mujer, con su valoración ética y su integración en la cultura, aún antes de una concepción religiosa o sagrada de éste, es minimizar su valor, así como el de la familia; e inclusive desnivelar la condición de los hijos en el seno matrimonial y familiar.

Por otra parte, una legislación en tal sentido no puede prescindir de la relación profunda a la moral, ya que el bien debe ser un componente de toda ley. En este sentido la verdadera ley, no es suficiente que exprese la voluntad del legislador o de una mayoría, sino que es necesario que tenga una dimensión axiológica, y conduzca a un verdadero bien.

En los momentos que atraviesa nuestra sociedad, un tratamiento provocado y acelerado de este tema, motiva un gran desconcierto en una parte de ésta, que sólo advierte una vez más cómo se debilita su propia consistencia; y destacó que conviene aclarar que un proyecto de esta naturaleza no hace necesariamente a la sociedad más inclusiva.

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