Panorama Católico

Presentado a Benedicto XVI un nuevo telefilme sobre papa Pacelli

CASTEL GANDOLFO, lunes 12 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI destacó el “papel fundamental del Venerable Pío XII en la salvación de Roma y de tantos perseguidos, entre 1943 y 1944”, tras asistir a la proyección del telefilme Sotto il cielo di Roma, el pasado viernes 9 de abril.

CASTEL GANDOLFO, lunes 12 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI destacó el “papel fundamental del Venerable Pío XII en la salvación de Roma y de tantos perseguidos, entre 1943 y 1944”, tras asistir a la proyección del telefilme Sotto il cielo di Roma, el pasado viernes 9 de abril.

La película, una coproducción internacional, narra los trágicos momentos que tuvo que vivir Roma entre la rendición del ejército italiano a los aliados, el 8 de septiembre de 1943, y la liberación de la ciudad, el 4 de junio de 1944. Durante esos meses, Roma sufrió la ocupación alemana.

Según el Papa Benedicto XVI, “aunque dentro del género divulgativo, se trata de un trabajo que, también a la luz de los estudios más recientes, quiere reconstruir aquellos hechos dramáticos y la figura del Pastor Angelicus”.

“Pío XII fue el Papa de nuestra juventud. Con su rica enseñanza supo hablar a los hombres de su tiempo indicando el camino de la Verdad y con su gran sabiduría supo orientar a la Iglesia hacia el horizonte del Tercer Milenio”, afirmó Benedicto XVI a los presentes.

Pero sobre todo, quiso subrayar que “Pío XII fue el Papa que, como padre de todos, presidió en la caridad en Roma y en el mundo, sobre todo en el difícil tiempo de la Segunda Guerra Mundial”.

“La primacía de la caridad, del amor – que es el mandamiento del Señor Jesús: este es el principio y la clave de lectura de toda la obra de la Iglesia, in primis de su Pastor universal”.

La caridad, añadió, “es la razón de toda acción, de toda intervención. Es la razón global que mueve el pensamiento y los gestos concretos, y estoy contento de que también de esta película surja este principio unificador”.

“Me permito sugerir esta clave de lectura, a la luz del auténtico testimonio de ese gran maestro de fe, de esperanza y de caridad que fue el papa Pío XII”.

Además, corroboró que películas como ésta, “pensadas para el gran público, con los medios más modernos, y al mismo tiempo dirigidas a ilustrar personajes o acontecimientos del siglo pasado, revisten particular valor sobre todo para las nuevas generaciones”.

“Para quien, en la escuela, ha estudiado ciertos acontecimientos, de los que quizás haya oído también hablar, películas como esta pueden ser útiles y estimulantes y pueden ayudar a conocer un periodo que no está lejos, de hecho, pero que la presión de los acontecimientos de la historia reciente y una cultura fragmentada pueden hacer olvidar”, concluyó.

Sotto il cielo di Roma (Bajo el cielo de Roma, n.d.t.) es una miniserie producida a principios de este año por Lux Vide para la RAI, y que ha dirigido el canadiense Christian Duguay (director de Sant’Agostino, miniserie sobre san Agustín que fue presentada también a Benedicto XVI el 3 de septiembre del año pasado).

La protagonizan James Cromwell (Babe, el cerdito valiente y Star Trek: Primer Contacto) en el papel de Pío XII, Alessandra Mastronardi (I Cesaroni) y Marco Foschi (Aldo Moro – Il presidente), como los jóvenes judíos Miriam y Davide, que consiguen escapar al asalto del gueto judío de Roma escondiéndose en un convento.

En la película se tratan cuestiones como la orden de Hitler de secuestrar al papa y la negativa de éste a abandonar el Vaticano, la labor de la Iglesia en socorrer a los judíos de Roma, y la asistencia a una población acosada por el hambre y las privaciones.

Para este proyecto, se “ha trabajado sobre los documentos de la causa de beatificación de Pío XII y sobre la relación con el nazismo”, afirma la productora Lux Vide en un comunicado.

“Se inserta así en el encendido debate que arroja nueva luz sobre el pontificado del papa Pacelli, enriqueciéndose con el testimonio sobre el plan para raptarle durante la ocupación alemana de Roma. Todo converge en este relato de gran intensidad dramática”, en el que “también se narra la oposición por parte de algunos militares alemanes” a la barbarie.

La miniserie será transmitida por la RAI, previsiblemente, en otoño de este año.

[Por Inma Álvarez]

Fuente: Zenit

Comentarios

Anónimo
13/04/2010 a las 8:57 pm

SERÍA INTERESANTE
Recordar que el próximo 24 de Abril de 1915 se inició el GENOCIDIO ARMENIO.

http://diariopregon.blogspot.com/2010/04/recuerde-el-genocidio-contra-los.html

Y además no viene mal recordar el piadoso «homenaje» de BenedictoXVI el 28 de Nov de 2006 al genocida Kemal ATATURK, para que aparezca la «divina proporción» entre un Vicario de Cristo y el Barrabás Turco.

Armenio católico romano



Anónimo
15/04/2010 a las 2:51 pm

Algo que siempre me
Algo que siempre me impresionó de Pio XII era su capacidad para tener aves en las manos o a su alrededor sin asustarlas. Eso, pienso, es propio de los santos, de aquellos que han reducido casi a la nada en sí mismos los efectos del Pecado Original y han recobrado, al menos en ellos, la amistad con la Natura Creada.
Saludos desde Belgrano «R»
Lellio R.



Anónimo
16/04/2010 a las 1:36 pm

Sotto il cielo…
de los Aliados.

Para este proyecto, se “ha trabajado sobre los documentos de la causa de beatificación de Pío XII y sobre la relación con el nazismo”, afirma la productora Lux Vide en un comunicado.

¿Tratará sobre los frutos de la INVASIÓN yanqui a Roma, Montecasino, el Concordato con Il Duce, and more, esta procucción de la Democracia «Cristiana» y el Opus Dei?

Lux Vediamo, sotto il cielo…¿de la Sinagoga?.

Piensomalymeparecequenoerro.



Anónimo
17/04/2010 a las 12:59 pm

NOSTALGIAS
Yo. Joseph RATZINGER abrazo y acepto firmemente todas y cada una de las cosas que han sido definidas, afirmadas y declaradas por el Magisterio inerrante de la Iglesia, principalmente aquellos puntos de doctrina que directamente se oponen a los errores de la época presente.

Y en primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser ciertamente conocido y, por tanto, también demostrado, como la causa por sus efectos, por la luz natural de la razón mediante las cosas que han sido hechas, es decir, por las obras visibles de la creación.

En segundo lugar, admito y reconozco como signos certísimos del origen divino de la religión cristiana los argumentos externos de la revelación, esto es, hechos divinos, y en primer término, los milagros y las profecías, y sostengo que son sobremanera acomodados a la inteligencia de todas las épocas y de los hombres, aún los de este tiempo.

En tercer lugar, creo igualmente con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la Palabra revelada, fue próxima y directamente instituida por el mismo verdadero e histórico Cristo, mientras vivía entre nosotros, y que fue edificada sobre Pedro, príncipe de la jerarquía apostólica, y sus sucesores para siempre.

En cuarto lugar, acepto sinceramente la doctrina de la fe transmitida hasta nosotros desde los Apóstoles por medio de los Padres ortodoxos siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia; y por tanto, de todo punto rechazo la invención herética de la evolución de los dogmas, que pasarían de un sentido a otro diverso del que primero mantuvo la Iglesia; igualmente condeno todo error, por el que al depósito divino, entregado a la Esposa de Cristo y que por ella ha de ser fielmente custodiado, lo sustituye un invento filosófico o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.

En quinto lugar, sostengo con toda certeza y sinceramente profeso que la fe no es un sentimiento ciego de la religión que brota de los escondrijos de la subconsciencia, bajo presión del corazón y la inclinación de la voluntad formada moralmente, sino un verdadero asentimiento del entendimiento a la verdad recibida de una fuente exterior a través del oído, por el que creemos ser verdaderas las cosas que han sido dichas, atestiguadas y reveladas por el Dios personal, creador y Señor nuestro, y lo creemos por la autoridad de Dios, sumamente veraz.

También me someto con la debida reverencia y de todo corazón me adhiero a las condenaciones, declaraciones y prescripciones todas que se contienen en la Carta Encíclica Pascendi y en el Decreto Lamentabili, particularmente en lo relativo a la que llaman historia de los dogmas.

Asimismo repruebo el error de los que afirman que la fe propuesta por la Iglesia puede repugnar a la historia, y que los dogmas católicos en el sentido en que ahora son entendidos, no pueden conciliarse con los auténticos orígenes de la religión cristiana.

Condeno y rechazo también la sentencia de aquellos que dicen que el cristiano erudito se reviste de doble personalidad, una de creyente y otra de historiador, como si fuera lícito al historiador sostener lo que contradice a la fe del creyente, o sentar premisas de las que se siga que los dogmas son falsos y dudosos, con tal de que éstos no se nieguen directamente.

Repruebo igualmente el método de juzgar e interpretar la Sagrada Escritura que, sin tener en cuenta la tradición de la Iglesia, la analogía de la fe y las normas de la Sede Apostólica, sigue los delirios de los racionalistas y abraza no menos libre que temerariamente la crítica del texto como regla única y suprema.

Rechazo además la sentencia de aquellos que sostienen que quien enseña la historia de la teología o escribe sobre esas materias, tiene que dejar antes a un lado la opinión preconcebida, ora sobre el origen sobrenatural de la tradición católica, ora sobre la promesa divina de una ayuda para la conservación perenne de cada una de las verdades reveladas, y que además los escritos de cada uno de los Padres han de interpretarse por los solos principios de la ciencia, excluida toda autoridad sagrada, y con aquella libertad de juicio con que suelen investigarse cualesquiera monumentos profanos.

De manera general, finalmente, me profeso totalmente ajeno al error por el que los modernistas sostienen que en la sagrada tradición no hay nada divino, o lo que es mucho peor, lo admiten en sentido panteístico, de suerte que ya no quede sino el hecho escueto y sencillo, que ha de ponerse al nivel de los hechos comunes de la historia, a saber: el de unos hombres que por su industria, ingenio y diligencia, han continuado en las edades subsiguientes la escuela comenzada por Cristo y sus Apóstoles. Por tanto, mantengo firmísimamente la fe de los Padres y la mantendré hasta el postrer aliento de mi vida sobre el carisma cierto de la verdad, que está, estuvo y estará siempre en la sucesión del episcopado desde los Apóstoles; no para que se mantenga lo que mejor y más apto pueda parecer conforme a la cultura de cada época, sino para que nunca se crea de otro modo, nunca de otro modo se entienda la verdad absoluta e inmutable predicada desde el principio por los Apóstoles.

Todo esto prometo que lo he de guardar íntegra y sinceramente y custodiar inviolablemente sin apartarme nunca de ello, ni enseñando ni de otro modo cualquiera de palabra o por escrito. Así lo prometo, así lo juro, así me ayude Dios y estos Santos Evangelios que toco con mis manos.
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