Panorama Católico

Nullam Partem recomienda un artículo

En el caso, la afirmación de  que el error es un derecho, dice Mons. Fellay, no está dicho en el texto mismo del Concilio, aunque sí promovido  como si el Concilio mismo lo hubiese dicho. (¡Diabólica pirueta para inducir al  engaño esta distinción de Mons. Fellay! Vade retro!)

El Sr. Nullam Partem me  recomienda la lectura de un artículo que comienza así:

«El  polvo se ha asentado y “Tradiland” se fue a la playa».

Se refiere a que, finalizado  el Capítulo General de la FSSPX,  los sacerdotes del hemisferio norte se tomaron vacaciones. Lo que es práctica  habitual. Inclusive en el hemisferio sur, durante el receso escolar de las  llamadas “vacaciones de invierno”.

El dato es irrelevante, el  modo de decirlo connota, como mínimo, una actitud de menosprecio y notorio  prejuicio.

“Tradiland” es el Capítulo  General de la FSSPX,  O tal vez todo el mundo tradicionalista. La  playa no es el destino de las vacaciones de los tradicionalistas en general, y  menos de los sacerdotes. El autor lo sabe, pero usa la expresión para provocar  una capitis diminutio sobre las  personas a las que va a analizar a continuación. 

   Su expresión connota, insisto, una actitud de  menosprecio, la cual ya debería ser sospechosa para el Sr. Nullam Partem, que  dice difundir estos textos –y no tengo razón para dudarlo por el bien del tradicionalismo.

El análisis que hace el autor  después de tan infeliz arranque se condice con el arranque infeliz.

Se burla de las cruzadas de  rosarios, a las que atribuye una intención política y hasta sugiere que se han  fraguado los resultados. Según él, la concesión de las demandas previas de la FSSPX a Roma (prealables) se  atribuyeron a hechos milagrosos: Estos se lograron “milagrosamente” por las cruzadas del  Rosario, donde la FSSPX  contabilizó cada “Ave”. 

He oído decir a algunas personas  que no iban a rezar por tal o cual intención de las cruzadas porque escondía un  designio político… ¡Notable! Ellos conocían algo que se le escapaba a Dios  mismo. Rezar por una causa justa que (a su juicio tenía intenciones ocultas)  habría llevado a Dios a hacer una concesión bajo engaño… En fin, por suerte  Dios tiene quien le cuide las espaldas.

Otro tema relevante para el  autor que Nullam Partem me sugiere leer para mi esclarecimiento (aunque él sabe  que yo se…) destaca que la declaración de la FSSPX, emitida en Suiza y por un cuerpo colegiado  de diversas nacionalidades, salió el ¡14 de julio!

No es original en esto, otros  han notado tan sospechosamente masónica coincidencia. Para los despistados, es  el aniversario de la Revolución Francesa,  y por lo tanto, no deja de ser significativo que se feche un documento en ese  día.

No nos engañemos, es necesario  ver bajo el agua. Estas cosas no son casualidades. Faltó, tal vez se omitió como  malicioso artificio, ponerle al texto un fondo tricolor, o los compases de la Marsellesa. Pero,  los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz …

Sin embargo queda aun analizar  la parte más medulosa del artículo que Nullam Partem me recomienda leer: es una  declaración pública de Mons. Fellay y ante la evidencia calla toda posible  interpretación: “Puedo decir que lo  vemos, creo, en los debates [doctrinales], que muchas cosas que se han  condenado como provenientes del concilio no vienen, de hecho, del concilio,  sino del entendimiento común del concilio,” 

Debo confesar mi ingenuidad:  yo hubiera jurado que esto significa: durante  las conversaciones doctrinales se ha puesto en claro qué surge directamente de  los textos del Concilio y qué del llamado “espíritu del Concilio” que es  una interpretación progresista más radical de dichos textos.

En el caso, la afirmación de  que el error es un derecho, dice Mons. Fellay, no está dicho en el texto mismo del Concilio, aunque sí promovido  como si el Concilio mismo lo hubiese dicho. (¡Diabólica pirueta para inducir al  engaño esta distinción de Mons. Fellay! Vade retro!)

Claro que para algo han  servido las conversaciones doctrinales: como mínimo para ajustar y fundamentar más sólidamente las críticas que desde  varias décadas atrás se sostienen contra el Concilio.

Cuando no hay interlocutores  que cuestionen, y solo audiencias que asienten, se corre el riesgo de afirmar cosas  que sin ser exactas nadie señala como tales y de ese modo ir perdiendo el  sentido crítico que debe tener todo difusor de estos temas tan delicados. (Puede  leerse como crítica a algunos curas tradicionalistas).

Dicho de otro modo, estas  conversaciones obligaron a un mayor rigor en las afirmaciones. Y el esfuerzo intelectual  enorme que demandó la presentación de  fundamentos sólidos y bien afirmados en los  textos y las realidades ante la comisión pontificia, bien pudo, no me  sorprendería, llegar a la conclusión de que algunas cosas que se han afirmado  no eran exactas o finalmente eran exageradas.

Como muestra de un hecho  análogo (que no fue materia de discusión, aclaremos) me remito a la afirmación  –falsa- de que Juan Pablo II se quitó el crucifijo para visitar la Sinagoga de Roma, algo  sostenido por muchos, por mí mismo, hasta que un buen señor me envió la  fotografía que debería haber buscado antes de afirmar como cierto algo que no  había comprobado.

Pero como dice Don Quijote, a  quien finalmente no debemos hacer mucho caso porque está loco –o tal vez sí,  por lo mismo-, la verdad, por más que se  afine, no se quiebra, y flota sobre el error como el aceite sobre el agua.  Y no me acuerdo quien: “Dios no ha menester de nuestra mentiras”.

Al amigo Nullam Partem, que  puede ser uno o puede ser legión, le recuerdo que discernir el tratamiento que  el autor da al tema, sus infelices pero significativas frases de menosprecio,  la desmesura entre los argumentos y las conclusiones, no deja de ser una  saludable costumbre para prevenir el alma y la inteligencia de sorber un mal  espíritu y caer en errores torpes.

Y un mínimo discernimiento del  artículo en cuestión le habría aconsejado al menos tomarlo con pinzas. Y más  aún, no difundirlo.

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