Panorama Católico

Instructivo para la celebración de la Santa Misa rezada según el misal tradicional, parte II

G) OFERTORIO

25 –     Mientras que el ministro (o los fieles)
responden et cum spiritu tuo el sacerdote se vuelve por su izquierda hacia
el altar (pero sin moverse del centro, quedando de nuevo de cara a la cruz).


G) OFERTORIO

25 –     Mientras que el ministro (o los fieles)
responden et cum spiritu tuo el sacerdote se vuelve por su izquierda hacia
el altar (pero sin moverse del centro, quedando de nuevo de cara a la cruz).

Extiende y junta las manos e
inclina la cabeza a la cruz diciendo al mismo tiempo Oremus. A continuación, con las manos
juntas ante el pecho, lee (en voz alta) la antífona  al Ofertorio que corresponda a la misa del día[26] 26.

Cuando ha terminado de leer la
antífona (no antes) descubre el cáliz, tomando el velo con las dos manos. Lo
más cómodo es tomarlo por los dos extremos posteriores. A continuación lo
pliega (cuidando de no dejar el forro a la vista) y lo coloca hacia el lado de
la Epístola, al fondo del altar (cerca del retablo o de la grada) y no muy
lejos de los corporales (pero no sobre ellos) de manera que después sirva de
apoyo a la hijuela. También puede el sacerdote, si lo desea, entregar el velo del
cáliz al ministro quien se encargará de plegarlo y de ponerlo en su sitio sobre
el altar.

26 –     A continuación pone la mano izquierda sobre
el altar (fuera de los corporales) y con la derecha toma el cáliz (por el nudo)
y lo deposita hacia el lado de la Epístola, fuera de los corporales.

No se trata de las oraciones que
acompañan al ofertorio, las cuales forman parte del ordinario de la misa y serán
dichas más adelante en voz baja. La antífona que aquí lee el celebrante es una
pieza variable (forma parte del propio) que en los oficios solemnes es cantada
por la schola, pero que en la misa rezada el mismo celebrante lee.15

Acto seguido el sacerdote
(teniendo siempre la izquierda sobre el altar), quita primero con la derecha la
palia redonda que cubre la hostia[27] 27 dejándola sobre el altar,
cerca del velo del cáliz. A continuación toma con la misma mano, (entre el
pulgar, el índice y el dedo corazón), la patena con la hostia y la eleva hasta
la altura del pecho, hasta donde conduce su mano izquierda para tomar el otro
lado de la patena con la misma disposición de los dedos pulgar, índice y corazón.

Así sostiene el sacerdote la
patena, sobre la parte central de los corporales a la altura de su pecho, un
poco distante del mismo, sujetándola con los tres primeros dedos de cada mano,
los otros dos unidos[28] [28] por debajo de la patena.
Alza entonces el sacerdote los ojos al crucifijo y, bajándolos en seguida, dirá
en voz baja: Suscipe sancte Pater, etc.

Nota: 1) Si hubiese que
consagrar partículas en un vaso o copón (o varios), después de descubrir el
cáliz y colocarlo fuera de los corporales, pondrá el copón (o los copones)
sobre los corporales tomándolo(s) con la derecha (la izquierda sobre el altar).
Acto seguido lo(s) descubrirá con la derecha, sujetando el pie del copón si
fuese necesario con la izquierda. A continuación proseguirá descubriendo la
patena como ha sido indicado arriba.

2) Fuera de España la patena que
contiene la hostia no se cubre con la palia redonda (que no existe fuera de
nuestro país) sino con la hijuela. Siendo así, las ceremonias del párrafo anterior
se realizan del mismo modo, bastando reemplazar la palabra “palia” por
“hijuela”.

27 – Una vez terminada la oración Suscipe
sancte Pater
(y no antes) el sacerdote desciende la
patena hasta una altura de aproximadamente cinco dedos por encima de los corporales,
sosteniéndola siempre del mismo modo (es decir con los tres primeros dedos de
cada mano) y traza con ella un signo de cruz horizontal sobre los mismos
corporales.

Después, inclinando la patena
por el lado que mira al fondo del altar, hará deslizarse la hostia sobre el
corporal, concretamente sobre el cuadrado (delimitado por los pliegues) que se
sitúa en la parte central y anterior de los corporales.

A continuación apoya la mano
izquierda sobre el altar[29] [29] y con la derecha coloca la
patena al lado de la Epístola de modo que la mitad de la misma quede oculta
debajo de los corporales.

Si hubiese que consagrar
partículas en un vaso o copón, después de colocar la patena bajo el corporal,
el sacerdote cubrirá de nuevo el copón (o los copones) con la mano derecha,
sujetándolos por el pie con la izquierda si fuese necesario.

28 – A continuación, guardando
siempre la mano izquierda extendida sobre el altar, el sacerdote toma
el cáliz  (por el nudo) con la mano derecha y lo desplaza un poco más hacia
el lado de la Epístola. En seguida, con las manos juntas ante el pecho, el
sacerdote pasa al extremo de la Epístola (donde al principio de la misa estuvo
el misal) y se vuelve de cara al altar. A continuación toma el cáliz (por el
nudo) con la mano izquierda (la derecha sobre el pecho) y lo acerca hacia sí, depositándolo
sobre el altar, frente a sí.

En caso de que se use cucharilla
para el agua (como es costumbre en España) el sacerdote la toma por la cinta y
la deja sobre el altar. Acto seguido toma el purificador con la mano derecha y con
él limpia el interior de la copa del cáliz sosteniéndolo entre tanto con la
mano izquierda por el nudo o por el exterior de la copa[30]30. A continuación vuelve a
poner el cáliz sobre el altar y toma el purificador por uno de sus extremos
sosteniéndolo entre el dedo pulgar de la mano izquierda y el nudo del cáliz (o
entre el dedo pulgar y los labios de la copa) rodeando con los demás dedos el nudo
o la boca del cáliz y dejando colgar todo el purificador desde el nudo (o desde
la boca del cáliz) hasta abajo, de manera que cubra en lo posible tanto el nudo
como el pie del mismo.

            Después
toma con su mano derecha la vinajera que le presenta el ministro y echa el vino
dentro del cáliz. Para evitar que haya gotas que salpiquen es conveniente
inclinar un poco el cáliz y verter el vino haciéndolo deslizarse suavemente por
la pared de la copa, enderezándolo de nuevo una vez que haya terminado. A
continuación devuelve la vinajera al ministro y, conservando la mano izquierda
(con el purificador) sobre el nudo (o sobre la boca) del cáliz, bendice con la
mano derecha (haciendo un signo de cruz) la vinajera del agua que le presenta
el ministro, mientras dice (en voz baja) Deus qui
humanae substantiae etc.

            A
las palabras per huius aquae et vini mysterium toma con la derecha la vinajera
y añade unas gotas de agua al cáliz, con las mismas precauciones que antes
indicamos para que las gotas no salpiquen. Si el sacerdote (como es usual en
España) se sirve de una cucharilla, tomará con ella el agua de la vinajera (que
le presenta el ministro) y tras echarla en el cáliz limpiará la cucharilla con
el purificador y la dejará sobre el altar, cerca del velo del cáliz.

Tras lo cual, es conveniente
(aunque las rubricas no lo prescriben) que el sacerdote limpie con el purificador
las gotas que hayan podido saltar a las paredes interiores del cáliz (Con el
dedo índice de la mano derecha envuelto en el purificador). Una vez hecho lo
cual el sacerdote, con la mano izquierda, acerca el cáliz (tomándolo por el
nudo) a los corporales y vuelve al centro del altar con las manos juntas ante
el pecho y llevando el purificador entre ellas. Durante todo este movimiento el
sacerdote continúa a recitar en voz baja la oración Deus qui
humanae substantiae
sin olvidar que al pronunciar el nombre Iesus debe hacer una inclinación de
cabeza hacia la cruz.

29 –     Llegado ante el medio del altar el sacerdote
se vuelve hacia el retablo, coloca la mano izquierda sobre el altar (fuera de
los corporales) y con la mano derecha deposita el purificador (plegado en dos)
sobre la mitad de la patena que quedó descubierta. Después toma con la mano derecha
el cáliz (por el nudo) y lo eleva hasta delante de su pecho. Al mismo tiempo
conduce su mano izquierda hasta sostener con ella el pie del cáliz. El
sacerdote sostiene así el cáliz, en el aire, de manera que el límite superior
de la copa se encuentre a la altura de sus ojos (no más alto), agarrándolo con
la derecha por el nudo y con la izquierda por el pie. En esta posición el
sacerdote dirá (en voz baja) la oración Offerimus tibi
Domine, etc.
manteniendo
los ojos elevados hacia el crucifijo durante toda esta oración.

Cuando haya acabado de decir la
oración, sosteniendo el cáliz de la misma manera, lo desciende hasta una altura
de unos cinco dedos por encima de los corporales y traza con él una cruz horizontal
sobre los corporales, pero sin hacerlo pasar por encima de la hostia, y acto seguido
lo deposita sobre el cuadrado central de los corporales (es decir: detrás de la
hostia). A continuación, tomando la hijuela con la derecha, cubre con ella el
cáliz (teniendo la mano izquierda extendida sobre el altar, fuera de los
corporales, o mejor: sujetando con ella el pie del cáliz ).

30 –     En seguida el celebrante junta las manos e
inclinándose medianamente las apoya sobre el borde del altar (de modo que sólo
las puntas de los meniques toquen el frontal), y dice en voz baja In
spiritu humilitatis, etc.

Cuando termina de recitar esta
oración se pone recto, alza y baja al instante los ojos, mientras que extendiendo,
levantando y juntando las manos ante el pecho, dice (en voz baja): Veni
Sanctificator etc.
y
al pronunciar la palabra bene+dic bendice el cáliz y la hostia
juntamente, trazando sobre ellos un signo de cruz con la mano derecha, teniendo
la izquierda puesta sobre el altar pero fuera de los corporales.

Hecho el signo de cruz, junta de
nuevo las manos ante el pecho, va al ángulo de la Epístola donde, vuelto hacia
el ministro (y no hacia el retablo) que le presenta el agua y el manutergio, se
lava las manos del siguiente modo: el ministro derrama un poco de agua sobre
las extremidades[31] de los dedos pulgar e índice de
ambas manos del celebrante y este a continuación los enjuga con el manutergio
que le presenta igualmente el ministro. Mientras ejecuta esta acción el sacerdote
ha de recitar en voz baja el salmo lavabo inter innocentes etc. Ha de notarse que esta
ablución ha de realizarse fuera del altar, sosteniendo el ministro en sus manos
la vinajera y el platillo. Una vez enjugados los dedos, el sacerdote entrega al
ministro el manutergio y volviendo a juntar las manos ante el pecho, se vuelve
de cara al retablo para terminar de recitar el salmo leyéndolo (en voz baja)
sobre la sacra. Llegado al Gloria Patri hace inclinación de cabeza hacia la cruz, y
al sicut erat in principio etc. se pone derecho y se desplaza (siempre con
las manos juntas) hasta el centro del altar, terminando de decir la oración.

31 – Una vez en el medio del altar
y vuelto hacia él, levanta los ojos al crucifijo y volviéndolos a bajar apoya
las manos juntas sobre el altar (de modo que sólo la extremidad de los meniques
toquen el frontal) y medianamente inclinado dice (en voz baja) la oración Suscipe
Sancta Trinitas
.

Acabada la oración, besa el
altar en el medio, poniendo ambas manos extendidas sobre el altar, una a cada
lado de los corporales (pero fuera de ellos). Acto seguido se endereza juntando
las manos ante el pecho, se vuelve (por su derecha) de cara a los fieles y dice
(con los ojos bajos y con voz media) Orate fratres mientras extiende y vuelve a
unir las manos ante el pecho. El resto: ut meum ac
vestrum sacrificium etc.
lo continúa en voz baja, mientras se vuelve hacia el altar (con las manos
juntas) por su izquierda, de manera a realizar una vuelta completa.

Cuando el ministro (o los
fieles) hallan respondido Suscipiat Dominus, etc. el sacerdote dice (en voz baja) Amén.

32 –     A continuación, y sin decir Oremus, vuelto hacia el misal con las
manos extendidas ante el pecho, lee (en voz baja) la Secreta, juntando las manos al Per
Dominum
e inclinando
la cabeza hacia la cruz al Iesum Christum. Si la Secreta tiene como conclusión Qui
tecum
o Qui
vivis
juntará
las manos a las palabras in unitate y no hará inclinación de cabeza.

Si la misa tiene una sola
Secreta, el celebrante no termina de decir la conclusión, sino que se para al
llegar a las palabras Spiritus Sancti Deus (inclusive).

Si la misa tiene varias Secretas
el celebrante recitará la conclusión completa de la primera de ellas (incluso
el Amén).
A continuación lee las que tenga que añadir bajo una sola conclusión[32] . Esta última conclusión no
la dirá completa sino tan sólo hasta las palabras Spiritus
Sancti Deus
(inclusive).

        Habiendo dicho el Spiritus
Sancti Deus
de
la última Secreta, separa las manos y coloca la derecha extendida sobre el
altar (fuera de los corporales), con la izquierda busca en el misal la página
del Prefacio conveniente, tras lo cual coloca dicha mano extendida sobre el altar
(fuera de los corporales). Teniendo pues ambas manos apoyadas sobre el altar, a
ambos lados de los corporales, leerá (en voz alta) Per omnia
saecula saeculorum
y
prosigue así leyendo el resto. Al Sursum corda eleva ambas manos a la altura
del pecho (las palmas frente a frente). Al Gratias agamus junta las manos
ante el pecho, elevando los ojos a la cruz y al decir Domino
Deo nostro
inclina
la cabeza hacia la cruz. Luego prosigue la lectura (en voz alta) del Prefacio,
teniendo las manos extendidas ante el pecho.

33 –     Una vez concluido el Prefacio junta las
manos ante el pecho (sin apoyarlas sobre el altar) y se inclina medianamente
para recitar el Sanctus que según las rúbricas ha de ser dicho en
“voz media” es decir no en secreto, pero tampoco tan alto como las partes que
han de ser dichas en voz alta o perfectamente audible. Al llegar a Benedictus se endereza y
se santigua del siguiente modo: la mano izquierda extendida sobre la cintura,
con la extremidad de los dedos de la derecha se toca la frente al decir Benedictus, el pecho al decir qui
venit
, el
hombro izquierdo al decir in nomine Domini, el hombro derecho al decir Hosanna
in excelsis
.
Terminado el Sanctus el celebrante no vuelve a juntar las manos.32
Siempre en voz baja, con las manos extendidas ante el pecho y sin Oremus.

H) CANON DE LA MISA HASTA LA
CONSAGRACIÓN

34 –     Concluido el Sanctus el sacerdote pone la mano
derecha sobre el altar (directamente, sin juntarla antes con la izquierda
delante del pecho), y con la izquierda busca en el Misal la página del Canon. A
continuación (sin decir nada) eleva ambas manos hasta la altura de los hombros
al mismo tiempo que levanta sus ojos al cielo, volviendo a bajarlos al instante
mientras vuelve a juntar las manos ante el pecho e inclinándose profundamente
apoya sus manos unidas sobre el borde del altar[33]. Estando ya profundamente
inclinado (y no antes) comienza a decir en voz baja Te ígitur etc. prosiguiendo
siempre en voz baja durante todo el Canon.

El sacerdote continúa
profundamente inclinado y con las manos juntas sobre el altar hasta las palabras supplices rogamus ac petimus (inclusive) tras las cuales besa el altar en
el medio, poniendo las manos a cada lado de los corporales pero fuera de ellos.
Acto seguido se endereza, junta las manos ante el pecho y prosigue diciendo uti
accepta habeas et benedicas
luego pone la izquierda sobre el altar (fuera de los corporales) mientras
con la derecha traza tres signos de cruz sobre la hostia y el cáliz juntamente,
diciendo: haec+dona, haec+munera, haec
sancta
+sacrificia. Prosigue con las manos extendidas
ante el pecho. Al una cum Papa nostro N. dirá el nombre del Pontífice
reinante inclinando la cabeza hacia el Misal. Si la Sede Apostólica se hallare
vacante deberá omitir toda la frase.

A las palabras et
Antístite nostro N.
dirá el nombre del patriarca, arzobispo u obispo de la diócesis en la
que se celebra la Misa. No ha de nombrarse ningún otro prelado ya sea cardenal,
abad, superior general, o cualquier otra dignidad eclesiástica. Si la sede diocesana
se hallare vacante se omitirá toda la frase. También ha de omitirse dicha frase
cuando se celebra en Roma. Al pronunciar el nombre del obispo no ha de inclinar
la cabeza (a menos que esté presente y asista a la Misa, en cuyo caso se hará
inclinación hacia el libro). Si no sabe o no recuerda el nombre dirá sólo Antístite
nostro
teniendo
intención de rogar por él [34] .

35 –     Mientras dice Memento Domine
famulorum famularumque tuarum N. et N.
eleva ambas manos y las junta a la altura del
pecho o del rostro e inclinando un poco la cabeza permanece un corto rato en dicha
posición, en silencio y recordando aquellos por quienes tiene intención de
orar. Aunque el misal ha conservado las letras N. et N. el celebrante no tiene
obligación de pronunciar los ombres de aquellos por los que ora, basta que
pronuncie hasta tuorum.

Terminado el Memento extiende
las manos ante el pecho y prosigue et omnium circumstantium etc.

Al Communicantes inclinará la cabeza hacia el
Misal[35] al pronunciar el nombre de Mariae, al decir Iesu
Christi
hará
inclinación de cabeza hacia el crucifijo. Y si durante esta oración se pronunciase
el nombre del santo cuya misa se dice o de quien se hace conmemoración
inclinará la cabeza hacia el misal[36] . Al llegar a la conclusión Per
eundem Christum etc.
junta las manos ante el pecho, sin inclinar la cabeza[37] 37.

Cuando dice Hanc
igitur,
sin
separar las manos, las abre dejando los pulgares cruzados por encima de ellas y
las extiende de manera que las palmas miren hacia abajo (hacia el cáliz y la
hostia). Las manos del celebrante han de quedar pues abiertas y extendidas
sobre la oblata (cáliz y hostia) de manera que los dedos pulgares formen una
cruz sobre las manos, poniendo el derecho sobre el izquierdo, y así ha de
mantener las manos durante toda esta oración. Al llegar a la conclusión per
Christum etc.
junta
de nuevo las manos ante el pecho (sin inclinar la cabeza) y prosigue en esta posición.

Al llegar a Quam
oblationem tu Deus in omnibus quaesumus
, apoya la mano izquierda sobre el altar (fuera
de los corporales) y con la derecha traza tres signos de cruz sobre el cáliz y
la hostia juntamente, diciendo: bene+dictam, adscri+ptam, ra+tam, pero el tercer signo de cruz
lo trazará más lentamente prolongándolo no sólo durante la palabra ratam sino durante lo
que sigue, a saber:

ratam,
rationabilem, acceptabilemque facere digneris, ut nobis
entonces traza un signo de cruz
solamente sobre la hostia diciendo Cor+pus y otro signo de cruz solamente
sobre el cáliz diciendo San+guis tras lo cual, uniendo las manos
ante el pecho, prosigue diciendo fiat dilectissimi Filii tui
Domini nostri
e
inclinando la cabeza hacia la cruz Jesu Christi.

Nota: Si hubiese de consagrar partículas en
un copón debe descubrirlo en este momento. Tras lo cual continúa como sigue:

36 –     El celebrante purifica la extremidad de los
pulgares y los índices de ambas manos frotándolos suavemente sobre los extremos
anteriores del corporal, mientras dice (siempre en voz baja) Qui
pridie quam pateretur
tomando después la hostia por la parte de abajo, con el índice y el
pulgar de la mano derecha. Para ello apoyará el índice de la mano izquierda
sobre el borde superior de la hostia de manera que esta se levante un poquito
por la parte inferior, pudiéndola así agarrar cómodamente con la derecha.

Una vez que tiene la hostia
cogida por la parte inferior con el índice y el pulgar de la derecha, la toma
igualmente por abajo con el índice y el pulgar de la izquierda, manteniendo los
demás dedos unidos y derechos por debajo de la hostia. Prosigue entonces
diciendo accepit panem in sanctas ac venerabiles manus
suas
[38]. Al decir et
elevatis oculis in caelum
levanta los ojos en alto, pero en seguida los baja e inclina la cabeza
diciendo Tibi gratias agens, al decir bene+dixit traza con la mano derecha un signo
de cruz sobre la hostia, teniéndola sujeta con el índice y el pulgar de la
izquierda, continuando: fregit, deditque etc.

En España suele observarse la
rúbrica que prescribe en este momento poner una vela encendida sobre el altar y
que ha de permanecer encendida hasta la sumpción en las misas rezadas. Sin embargo
en el resto del mundo esta rúbrica ha caído en desuso y la S. C. De Ritos autorizó
(9 junio 1899) a omitirla.

37 – Tras haber dicho manducate
ex hoc omnes
,
el sacerdote teniendo siempre la hostia entre sus manos, (de la manera que
acaba de ser explicada), se inclina profundamente, apoya los antebrazos sobre
el altar (e incluso los codos si fuese necesario, según su talla y la altura
del altar) y con la cabeza inclinada sobre la hostia que sostiene entre sus
manos, pronuncia sobre ella las palabras de la consagración. Cuide el sacerdote
de pronunciar tan sagradas palabras distinta y reverentemente, con atención y
devoción, sin interrupción ni movimientos de cabeza, en voz baja, sin gritar y
sin suspiros ni aspiraciones forzadas.

Pronunciadas aquellas palabras
el sacerdote, conservando la Hostia entre sus manos, se apoya con ellas sobre
los corporales para enderezarse y acto seguido hace genuflexión con la rodilla
derecha hasta el suelo (con la Hostia siempre entre las manos y apoyadas estas
sobre los corporales).

Tras levantarse alza la Hostia
lentamente y en línea recta sobre los corporales, siguiéndola con la mirada y
tan alto como cómodamente pueda, por lo menos más alta que su cabeza para que todos
puedan adorarla. Luego la baja de la misma manera y cuando esté cerca de los corporales,
apoya sobre ellos la mano izquierda mientras que con la sola mano derecha
vuelve a colocar la Hostia donde estaba, haciendo genuflexión de nuevo (con
ambas manos apoyadas a cada lado sobre los corporales).

Nota: En adelante y hasta la ablución de los
dedos, el celebrante tendrá juntos los pulgares e índices de ambas manos, salvo
cuando deba tocar la Hostia[39].

38 – Tras la segunda genuflexión el
sacerdote descubre el cáliz, tomando la hijuela entre los dedos índice y
corazón de la mano derecha, mientras con la mano izquierda sujeta el pie del cáliz
(si había partículas a consagrar en un copón, lo cubrirá antes de descubrir el
cáliz).

Acto seguido se frota unos
contra otros los índices y pulgares de ambas manos sobre la copa del cáliz,
mientras dice Simili modo postquam caenatum est. Luego, al decir accipiens
et hunc praeclarum calicem
toma el cáliz con ambas manos por el nudo (la derecha por el nudo
mismo y la izquierda un poco por debajo del nudo), lo levanta un poco y en
seguida lo vuelve a dejar en su lugar manteniéndolo agarrado con ambas manos
por el nudo. Prosigue inclinando la cabeza mientras dice item
tibi gratias agens
,
luego traza un signo de cruz con la mano derecha sobre la copa (conservando el
cáliz agarrado con la izquierda por el nudo) mientras dice bene+dixit. Después vuelve a poner la mano
derecha donde estaba, es decir vuelve a tener el cáliz agarrado con ambas manos
por el nudo, y prosigue diciendo deditque discipulis suis dicens:
accípite et bíbite ex eo omnes.
Acto seguido, teniendo cogido con la derecha el cáliz por el nudo, lo
levanta un poco (sin inclinarlo) y con la mano izquierda lo sostiene por el pie:
con los tres últimos dedos por debajo y con el pulgar y el índice unidos por
encima del mismo. A continuación apoya los antebrazos (o los codos) sobre el altar
e, inclinada la cabeza, pronuncia sobre el cáliz las palabras de la
consagración, del mismo modo que fue dicho para la consagración de la Hostia.

Proferidas dichas palabras, el
celebrante deposita el cáliz sobre los corporales y, mientras dice Haec
quotiescumque etc.
,
se endereza y hace genuflexión con la rodilla derecha hasta el suelo, apoyando
ambas manos sobre los corporales, una a cada lado de la Hostia.

Tras levantarse toma de nuevo el
cáliz, con la mano derecha por el nudo y con la izquierda por el pie y acto
seguido lo levanta del mismo modo que hizo con la Hostia, siguiéndolo con la
mirada[40]. Una vez que lo ha vuelto a dejar
sobre los corporales lo cubre con la hijuela y hace de nuevo genuflexión.

I) CANON DE LA MISA DESPUÉS
DE LA CONSAGRACIÓN

39 – El celebrante, erguido y con
las manos extendidas ante el pecho, prosigue diciendo (siempre en voz baja) Unde
et memores etc.
Al
llegar a las palabras de tuis donis ac datis junta las manos ante el pecho y
poniendo la izquierda sobre el altar, pero dentro del corporal, traza cinco
cruces con la mano derecha: tres sobre la Hostia y el cáliz juntamente, a las
palabras Hostiam+puram, Hostiam+sanctam,
Hostiam
+inmaculatam, una sobre la Hostia sola
cuando dice Panem+sanctum vitae eternae y otra sobre el cáliz solamente
diciendo et Calicem+salutis perpetuae.

Prosigue luego con las manos
extendidas ante el pecho, diciendo Supra quae etc. Y así continúa hasta sanctum
sacrificium, inmaculatam Hostiam.
Tras haber dicho lo cual, se inclina
profundamente poniendo sus manos juntas sobre el borde del altar (sólo los
meniques tocan el frontal) diciendo entonces: Supplices te
rogamus, etc.
A
las palabras ex hac altaris participatione apoya sus manos de cada lado de
la Hostia, sobre los corporales, y besa el altar. Acto seguido se endereza,
junta las manos ante el pecho y prosigue diciendo sacrosanctum
Filii tui
, a
continuación puesta la mano izquierda sobre los corporales, hace con la derecha
un signo de cruz sobre la Hostia diciendo Cor+pus y otro sobre el cáliz diciendo et
San
+guinem
sumpserimus
.
Luego, apoyando la mano izquierda sobre la cintura (cuidando de no tocar la
casulla con el índice y el pulgar) se santigua con la mano derecha, diciendo omni
benedictioni caelesti et gratia repleamur
. Acto seguido junta las manos ante el pecho mientras
dice Per eundem etc.

Continúa luego diciendo Memento
etiam Domine etc.
y
desde que comienza estas palabras extiende, eleva y junta las manos delante del
pecho o delante del rostro, haciéndolo lentamente de modo que el movimiento de
las manos se termine al mismo tiempo que las últimas palabras de esta oración,
a saber: in somno pacis. Queda entonces el sacerdote durante un
momento con las manos juntas ante el pecho (o ante la parte inferior del rostro),
la cabeza inclinada y la mirada fija sobre el Sacramento haciendo mentalmente
conmemoración de los difuntos por quienes debe y quiere orar. Concluida esta
conmemoración prosigue con las manos extendidas ante el pecho IpsisDomine
etc.
A la conclusión Per eundem Christum etc. junta las manos e inclina la cabeza[41]41.

40 –     A continuación pone la mano izquierda sobre
los corporales y se da un golpe de pecho con la extremidad de los tres últimos
dedos de la mano derecha, cuidando de no tocar la casulla con el pulgar y el
índice, diciendo al mismo tiempo con voz un poco más alta: Nobis
quoque peccatoribus
.

Prosigue con las manos
extendidas ante el pecho (de nuevo en voz baja) : famulis tuis
etc.
Si el nombre
del santo cuya Misa se celebra (o del que se hace conmemoración) figura entre
los que se nombran en este momento, al nombrarlo hará inclinación de cabeza
hacia el Misal (a no ser que la imagen del Santo presida el altar en cuyo caso
se inclinará hacia ella). Al Per Christum etc. Junta de nuevo las manos y así prosigue (con
las manos juntas) diciendo Per quem haec omnia Domine semper bona creas, acto seguido reposa la mano
izquierda sobre los corporales y con la derecha traza tres signos de cruz sobre
el cáliz y la Hostia juntamente, diciendo sancti+ficas, vivi+ficas, bene+dicis et
praestas nobis
.

41 – Acto seguido descubre el cáliz
(tomando la hijuela con la derecha, la izquierda sujetando el pie), hace genuflexión (las manos apoyadas sobre
los corporales), toma con la mano derecha la Hostia por la parte inferior
(ayudándose para ello con el índice de la izquierda) y, teniendo agarrado el
nudo del cáliz con la mano izquierda, traza con la Hostia tres signos de cruz
sobre la copa del mismo,
moviendo para ello toda la mano y yendo de borde a borde sin

tocarlos ni sobrepasarlos,
diciendo al mismo tiempo (en voz baja) Per + ipsum, et cum + ipso et in ip + so .

Luego traza dos signos de cruz,
también con la Hostia, entre el cáliz y su pecho, manteniendo la mano a la
misma altura y comenzando a partir del labio del cáliz más próximo al sacerdote.
A la primera cruz dice est tibi Deo Patri + omnipotenti, y a la segunda in
unitate Spiritus
+ Sancti.
En seguida, teniendo la Hostia sobre el cáliz con la derecha y este con la
izquierda (por el nudo), levanta un poco (unos cinco dedos) el cáliz y la Hostia
juntamente, diciendo (en voz baja) omnis honor et gloria y dejando luego el cáliz y la
Hostia en su respectivo lugar purifica sus dedos sobre la copa del cáliz, lo
cubre con la hijuela y hace genuflexión.

J)  PADRENUESTRO Y COMUNIÓN

42 –     Puesto de nuevo en pie y teniendo las manos
extendidas y apoyadas sobre los corporales dice el celebrante (en voz alta) Per
omnia saecula saeculorum.

Una vez que el ministro (o los
fieles) hayan respondido Amén el celebrante, juntando las manos ante el
pecho e inclinando la cabeza, dice (en voz alta) Oremus.

Después prosigue (con las manos
juntas ante el pecho y en voz alta) Praeceptis salutaribus moniti
etc.

Cuando empieza a recitar el Pater
noster
extiende
las manos ante el pecho y así las mantiene durante toda la oración, teniendo
además los ojos fijos en el Sacramento hasta el final de la misma. Cuando el
ministro (o los fieles) respondan Sed liberanos a malo el celebrante contesta (en voz
baja) Amén y
puesta la mano izquierda sobre los corporales, con la derecha (sin separar el
índice del pulgar) toma el purificador, tira la patena de debajo de los
corporales y la limpia suavemente con el purificador (usando para ello sólo la
mano derecha, la izquierda permanece sobre los corporales). Acto seguido deja
el purificador sobre el altar, del lado de la Epístola no muy lejos de los
corporales y toma la patena entre el índice y el dedo de en medio,
manteniéndola de canto sobre el altar (fuera de los corporales) con la parte
cóncava mirando hacia los corporales.

Comienza entonces a decir (en
voz baja) Líbera nos quaesumus, etc. Cuando llega a las palabras da
propitius pacem
se
santigua con la patena del modo siguiente : la mano izquierda la apoya sobre la
cintura (cuidando de no tocarse la casulla con los dedos índice y pulgar), y
sosteniendo la patena con la derecha, se toca con ella la frente diciendo da
propitius,
el
pecho diciendo pacem, el hombro izquierdo diciendo in
diebus
, el
hombro derecho diciendo nostris. A continuación besa la patena en el borde
superior (por la parte cóncava) y prosiguiendo en voz baja ut
ope misericordiae tuae, etc.
desliza la patena por debajo de la Hostia, ayudándose para ello del
índice de la mano izquierda[42]42.

43 –     Una vez que terminó de recitar la oración
que acompaña la acción precedente, el celebrante descubre el cáliz, hace
genuflexión y toma la Hostia (que ya reposa sobre la patena) de la siguiente manera:
con el índice izquierdo la hace deslizarse hacia el borde superior de la patena
hasta que sobresalga un poco de esta, entonces la toma por la parte que
sobresale con la mano derecha (entre el índice y el pulgar), la levanta y la
lleva hasta encima del cáliz, donde la toma también con la mano izquierda (sólo
los dedos índice y pulgar). Sosteniéndola así, con ambas manos sobre la copa del
cáliz, la va partiendo por el medio, en línea recta, mientras dice (en voz
baja): Per eundem Dominum nostrum Jesum Christum .

A continuación pone sobre la
patena la mitad de la Hostia que tiene entre el pulgar y el índice de la mano
derecha, y rompiendo, también con la mano derecha[43]43, una partecita de la parte
inferior de la otra mitad que le queda en la izquierda, prosigue (en voz baja) qui
tecum vivit et regnat
. Al decir in unitate Spiritus Sancti Deus pone la mitad que tiene en la
izquierda sobre la patena, al lado de la otra mitad (de manera que se “recomponga”
la forma circular de la Hostia). Una vez que ha dejado la mitad izquierda de la
Hostia sobre la patena pondrá la mano izquierda en el nudo del cáliz y,
conservando siempre la mano derecha (que sostiene la partícula consagrada)
sobre la boca del cáliz, dirá (en voz alta) Per omnia
saecula saeculorum
.

            Respondido Amén (por
el ministro o los fieles) el celebrante hará con la partícula que sostiene en la
derecha tres cruces sobre la boca del cáliz, de labio a labio, sin tocarlos ni
sobrepasarlos y moviendo para ello toda la mano (no sólo los dedos), diciendo
al mismo tiempo (en voz alta) Pax + Domini sit sem+per vobis+cum.

            Una
vez que el ministro (o los fieles) hayan respondido et cum spiritu
tuo
el celebrante
deja caer dentro del cáliz la partícula que sostenía sobre él con la mano
derecha, diciendo al mismo tiempo (en voz baja) Haec commixtio
etc.
Después se
purifica los dedos de ambas manos, frotándose un poco los índices y los
pulgares sobre la copa del cáliz, cubriéndolo a continuación con la hijuela, haciendo
luego genuflexión con la derecha (las manos separadas y apoyadas sobre los
corporales).

44 – Hecha la genuflexión y tras
incorporarse de nuevo, el celebrante junta las manos ante el pecho (sin
apoyarlas sobre el altar) e inclinándose medianamente comienza a decir (en voz
alta) Agnus Dei qui tollis peccata mundi en este momento pone la mano izquierda sobre
el corporal y con la[44].

45 – A continuación el celebrante
(que permanece medianamente inclinado) junta las manos y las apoya sobre el
borde del altar. En esta posición, con los ojos fijos en el Sacramento, recita
(en voz baja) las tres oraciones preparatorias a la comunión.

            Terminadas
estas se pone derecho y a continuación hace genuflexión (con las manos separadas
apoyadas sobre los corporales). Habiéndose levantado dice (en voz baja) panem
caelestem etc.
Dicho
lo cual toma reverentemente con la derecha las dos partes de la Hostia que
estaban sobre la patena, para lo cual con el índice de la izquierda apoyado en
medio de las dos mitades las hará deslizarse hasta el borde superior de la
patena, una vez que sobrepasen dicho borde las tomará por ahí con la derecha
(índice y pulgar), levantándolas de la patena. Entonces las toma juntas por la
parte inferior con la izquierda, manteniéndolas derechas, un poco elevadas por
encima del corporal y conservando la forma redonda de la Hostia.

            Tomará
entonces la patena con la derecha y la pone entre el índice y el dedo de en
medio de la izquierda, por debajo de la Hostia. Se inclina medianamente y se da
tres golpes de pecho, con la mano derecha, diciendo tres veces (en voz mediana) Domine non sum dignus y prosiguiendo cada vez en voz baja ut
intres sub tectum etc.
Después de cada golpe de pecho retira la mano derecha pero no la apoya
sobre los corporales.

            Habiendo
terminado el tercer Domine non sum dignus el celebrante se endereza, toma
con la mano derecha por la parte de arriba la mitad de la Hostia a la que
arrancó la partícula y la pone encima de la otra mitad; a continuación toma por
la parte de abajo, con la mano derecha, las dos mitades reunidas (sin conservar
la forma circular, sino una mitad encima de la otra) y traza con ellas un signo
de cruz ante sí, por encima de la patena (que sostiene con la izquierda y que
ha de permanecer inmóvil) sin salirse de los bordes de esta, diciendo al mismo
tiempo (en voz baja) Corpus Domini Nostri Jesu Christi etc. sin olvidarse de inclinar la
cabeza al pronunciar Jesu.

            A
continuación se inclina apoyando los antebrazos (o los codos) sobre el altar,
como para la consagración, y comulga la Hostia, manteniendo siempre la patena
debajo de esta.        Acto
seguido deja la patena sobre los corporales, se incorpora, junta las manos ante
la parte inferior del rostro y permanece un momento[45][45] en meditación.

46 –     Después de esta breve pausa el celebrante
comienza a recitar (en voz baja) Quid retribuam Domino etc. y al mismo tiempo descubre el
cáliz retirando la hijuela, hace genuflexión, toma la patena con la mano
derecha y si ve que quedan partículas sobre ella las hace caer sobre el cáliz.
A continuación recoge con la patena las partículas que hayan podido quedar
sobre el corporal y en seguida, con las yemas de los dedos pulgar e índice de
la mano derecha, purifica la patena sobre el cáliz y luego los mismos dedos
también sobre el cáliz.

Hecho esto, teniendo siempre
juntos el dedo pulgar y el índice, toma con la izquierda la patena sosteniéndola
horizontalmente, con la derecha toma el cáliz por debajo del nudo y traza con
el mismo un signo de cruz ante sí, mientras dice Sanguis Domini
nostri Jesu Christi etc.
sin olvidar de inclinar la cabeza a Jesu. Poniendo entonces la patena
debajo del mentón, comulga (de una sola vez) todo el Sanguis con la partícula
que en él había[46]46, sin echar excesivamente la
cabeza hacia atrás y sin aspirar ruidosamente.

Nota: Si debe distribuir la comunión a
los fieles
:

47 –     Habiendo consumido la Sangre de Cristo, el
celebrante deja la patena y el cáliz sobre los corporales, cubriendo este con
la hijuela. Acto seguido, con la mano derecha retira la sacra central y la
deposita a plano sobre el altar, del lado de la Epístola. Toma la llave y abre
el sagrario, hace genuflexión, con la derecha saca el copón y lo coloca sobre
los corporales delante del cáliz (donde estuvo la Hostia). Entorna la puerta
del Sagrario, descubre el copón quitándole el pabellón y la tapa, hace
genuflexión, agarra el copón con la izquierda (pulgar e índice siempre unidos)
mientras con la derecha toma una Hostia pequeña entre el pulgar y el índice,
sosteniéndola por encima del copón. Hecho lo cual se vuelve por su derecha
hacia los fieles y con los ojos fijos en la Hostia dice en voz alta Ecce
Agnus Dei etc.
A
continuación repite tres veces (junto con los fieles) Domine
non sum dignus, etc
.
Evidentemente el celebrante no ha de golpearse el pecho sino que mantiene todo
el tiempo la Sagrada Forma por encima del copón.

Acto seguido, acompañado por el
ministro[47] [47],, que sostiene el platillo
colocándose a su derecha, se dirige al comulgatorio donde distribuye la
comunión empezando por el lado de la Epístola hasta el del Evangelio, volviendo
a reiterar el mismo recorrido cuantas veces sea necesario y sin hacer genuflexión
ni reverencia al pasar por el centro.

Dando la comunión trazará un
signo de cruz con la Hostia sobre el copón (sin sobrepasar sus límites)
mientras dice Corpus Domini nostri Jesu Christi etc. sin inclinar la cabeza a Jesu. Habiendo terminado de
distribuir la comunión, recibe en la mano derecha el platillo que le entrega el
ministro y vuelve directamente al centro del altar. Deposita el copón sobre los
corporales, hace genuflexión, lo cubre, lo coloca dentro del sagrario, entorna
la puerta del mismo, vuelve a hacer genuflexión, echa la llave y la retira de
la cerradura colocando después la sacra central en su sitio.

Si el copón se hubiese
consagrado durante la Misa se hará todo como ha sido explicado, omitiendo la
apertura del Sagrario como es evidente.

Terminada la distribución de la
comunión la Misa continúa como de costumbre, con la purificación.

Si no se distribuye la comunión:

48 – Habiendo sumido la
Preciosísima Sangre, el celebrante, sin dejar el centro del altar, coloca la mano
izquierda (que sostiene la patena) sobre los corporales y con la derecha
presenta el cáliz (sosteniéndolo por debajo del nudo y sin sacarlo fuera de los
corporales) al ministro[48] [48], el cual se acerca hasta el
centro del altar y echa un poco de vino dentro de él. Cuando el ministro haya puesto
suficiente cantidad de vino el celebrante levanta un poco el cáliz para dárselo
a entender.

Entretanto el celebrante recita
en voz baja Quod ore sumpsimus etc. Es conveniente que, una vez puesto
el vino en el cáliz, el sacerdote lo mueva en forma circular para que el vino,
al pasar por las paredes de la copa, pueda purificar los restos de Sanguis que
han podido quedar adheridos a ellas. Acto seguido, poniendo la patena (que
sostiene con la izquierda) bajo el mentón, se toma el vino del cáliz, luego
deposita la patena sobre los corporales, hacia el lado del Evangelio y el cáliz
lo pone en el medio de ellos.

48 – Para presentar el cáliz lo desplaza un
poquito hacia el lado de la Epístola y si es necesario (p.ej. debido a la pequena
estatura del monaguillo) lo inclina un poquito hacia ése mismo lado para que el
acólito llegue con más facilidad a poner el vino dentro. Sin embargo nunca debe
sacarlo fuera de los corporales o, menos aún, presentarlo “en el aire” fuera
del altar. Si el monaguillo fuese tan pequeno que no alcanze, tome el
celebrante mismo la vinajera y, dejando el cáliz sobre los corporales, vierta
él mismo el vino.

Seguidamente pone los dedos
índice y pulgar de ambas manos (unidos) sobre la boca del cáliz y agarrándolo
por la copa con los demás dedos, se desplaza hasta el ángulo de la Epístola,
deposita el cáliz sobre el altar y el ministro derrama sobre sus dedos índice y
pulgar ( puestos sobre la boca del cáliz) primero un poco de vino y luego un
poco de agua. Mientras el agua y el vino caen sobre sus dedos el celebrante los
frota suavemente entre sí, diciendo entre tanto (en voz baja) Corpus
tuum Domine etc.
y
prosigue diciendo esta oración en tanto que continúa a ejecutar lo que sigue:

49 – Cuando el ministro a dejado de
versar el agua sobre los dedos, toma el purificador y se lo pone sobre los
índices y pulgares de ambas manos, que mantiene sobre la boca del cáliz. En  seguida, agarrando el cáliz del mismo
modo que antes (con los tres últimos dedos de cada mano agarrando la copa y los
demás puestos sobre ella) se desplaza hacia el centro del altar (sin hacer ninguna
reverencia a la cruz).

Una vez allí, deposita el cáliz
sobre los corporales, toma de nuevo el purificador con la derecha y se seca con
él las puntas de los dedos índice y pulgar. A partir de entonces el celebrante
ya no conserva unidos los índices con los pulgares.

Toma acto seguido el purificador
con la izquierda y con la mano derecha toma el cáliz por el nudo. Coloca
entonces el purificador debajo del mentón, dejándolo colgar sobre el dorso de
la mano, y consume el contenido del cáliz. Acto seguido deposita el cáliz sobre
los corporales, se enjuga los labios con el purificador (que sostiene con las
dos manos), tras lo cual lo extiende sobre la copa del cáliz haciéndolo entrar
con la mano derecha hasta el fondo de la copa. Agarra entonces el cáliz con la
mano izquierda por el nudo (o mejor, por el exterior de la copa) y con la mano
derecha metida dentro del cáliz (salvo el dedo pulgar) hace girar el
purificador dentro del mismo varias veces, luego lo saca, le da la vuelta y
vuelve a repetir la acción, para que la copa quede seca. Si fuese necesario
puede inclinar el cáliz para enjugarlo mejor.

50 – A continuación pone el cáliz
fuera del corporal (del lado del Evangelio), extiende sobre él el purificador,
pone sobre el purificador la cinta de la que cuelga la cucharilla, luego pone
encima de todo la patena y sobre ella la palia redonda[49]49. Luego pliega los corporales
metiendo la hijuela dentro de ellos, haciendo como sigue:

1° nunca ponga la hijuela en el
cuadrado que tocó la Hostia, sino en la doblez o cuadro del medio de los tres
que están hacia el lado de la Epístola.

2° Se dobla el tercio que está
hacia el sacerdote sobre el tercio del medio.

3° Se dobla el tercio que está
hacia las sacras sobre el que estaba hacia el sacerdote.

4° Se dobla sobre el medio la
parte en que está la hijuela, y luego, sobre el todo, la que está hacia la
parte del Evangelio.

          Una vez
plegados los corporales los mete dentro de la bolsa y pone esta sobre el altar.

            Toma
entonces el velo (con las dos manos) y cubre con él el cáliz, pone la bolsa de
los corporales encima y, amarrando el cáliz por el nudo con la izquierda y
poniendo la derecha sobre la bolsa, lo coloca en medio del altar como al
principio de la Misa, cuidando de que el pie del cáliz quede totalmente
cubierto con la parte delantera del velo.

K) DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

51 – El celebrante junta en seguida
las manos ante el pecho y se llega al ángulo de la Epístola (entretanto el
ministro ya habrá trasladado allí el atril con el misal). Puesto de cara al
libro y con las manos juntas ante el pecho lee en voz alta la antífona llamada Communio.

Leída esta, regresa de nuevo al
medio del altar con las manos juntas ante el pecho y habiéndolo besado (las
manos extendidas sobre el altar a ambos lados del cáliz), se endereza, junta de
nuevo las manos ante el pecho y se vuelve por su derecha hacia los fieles. Con
los ojos bajos dice en voz alta Dominus vobiscum extendiendo y volviendo a juntar
las manos. Una vez que ha sido respondido et cum spiritu
tuo
se desplaza
(manos juntas ante el pecho) de nuevo hasta el Misal. Una vez puesto de cara al
Misal, dice en voz alta Oremus (haciendo los mismos gestos que para la colecta)
leyendo a continuación en el Misal la postcommunio correspondiente, haciendo los
mismos gestos que fueron indicados al principio de la misa para la colecta. Y si la misa tuviere varias postcomunio hará lo mismo
que fue indicado para el caso que hubiese que decir varias colectas.

52 –     Terminada la postcommunio el celebrante cierra el misal
con la mano derecha, de manera que la primera página quede debajo, es decir:
con el lomo del libro hacia el exterior y el canto hacia el centro del altar.

Vuelve de nuevo al medio del
altar (con las manos juntas ante el pecho) lo besa, se incor­pora, junta
las manos ante el pecho, se vuelve por su derecha hacia los fieles y dice (en
voz alta) Dominus vobiscum extendiendo y juntando las manos.

Una vez respondido et
cum spiritu tuo
permanece
de cara a los fieles, con las manos juntas ante el pecho, y dice en voz alta Ite
Missa est.
(conservando
las manos juntas ante el pecho). Tras la respuesta Deo gratias el celebrante se vuelve hacia el
altar (por su izquierda) y apoya las manos juntas sobre el borde del mismo. Con
el cuerpo erguido pero con la cabeza profunda­mente inclinada recita en voz
baja la oración Placeat tibi sancta Trinitas etc.

Terminada la oración coloca las
manos extendidas sobre el altar a ambos lados del cáliz, se inclina y besa el
altar en el medio, se alza de nuevo, eleva los ojos y extiende, eleva y junta
las manos ante el pecho mientras dice en voz alta Benedicat vos
omnipotens Deus
(inclinando
la cabeza al pronunciar Deus). Se vuelve entonces por su derecha (con las
manos juntas y los ojos bajos) y, de cara a los fieles, puesta la mano
izquierda un poco más abajo del pecho, teniendo la derecha exten­dida (con el
meñique hacia los fieles) y los dedos juntos, da la bendición trazando con la
derecha un signo de cruz, primero la línea vertical y después la horizontal
(sin sobrepasar la anchura de los hombros) mientras dice en voz alta Pater
et
Filius et
Spiritus Sanctus.

53 – Concluyendo de dar la vuelta se acerca al lado del Evangelio
con las manos juntas ante el pecho y dice en voz
alta Dominus vobiscum. Acto seguido apoya la mano izquierda sobre el altar y hace con el
pulgar derecho un signo de cruz sobre el altar y luego sobre la frente la boca
y el pecho mientras dice Initium sancti Evangelii secundum Ioannem (cuando se signa sobre sí mismo
la mano izquierda que tenía sobre el altar pasa a colocarla bajo el pecho). A continuación
lee (sobre la sacra) el principio del Evangelio de San Juan con las manos
juntas ante el
pecho, y un poco vuelto hacia el ángulo interno del altar (es decir, con la
misma posición en la que se lee el Evangelio del día). Al leer el versículo Et
Verbum caro factum est
hace genuflexion en la misma dirección, apoyando las manos (separadas)
sobre el altar. Tras lo cual termina de leer el Evangelio en el mismo sitio y
con las manos juntas ante el pecho.

54 – Tras el último evangelio, si
se dicen las oraciones de León XIII, el celebrante hará así:

Terminado de leer
el Evangelio se vuelve por su derecha y (sin reverencia a la cruz) va directamente
a arrodillarse sobre la ínfima grada del altar, descendiendo las gradas en oblicuo
con las manos juntas ante el pecho. Recita las oraciones prescritas de
rodillas, con las manos juntas ante el pecho. Luego se levanta y sube al medio
del altar.

Si no se dicen las oraciones de
León XIII, una vez que ha terminado de leer el último evangelio, el celebrante
(con las manos juntas ante el pecho) se desplaza hasta el medio del altar.

Una vez en el medio del altar
(tanto si las oraciones leoninas han sido dichas como si no) el celebrante toma
el cáliz con la mano izquierda por el nudo, pone la derecha sobre la bolsa,
hace una ligera inclinación de cabeza a la cruz y baja las gradas del altar
llevando el cáliz a la altura del pecho.

Al llegar ante la ínfima grada
se vuelve hacia el altar, hace inclinación profunda de cuerpo a la cruz (o
genuflexión con una sola rodilla sobre el suelo y no sobre la ínfima grada[50]50 si el sagrario está sobre el
altar o si la reliquia de la Santa Cruz está expuesta sobre él). Seguidamente
toma con la derecha el bonete que le presenta el ministro, se cubre con él y
vuelve a la sacristía, precedido por el ministro, del mismo modo en que vino.
Si la sacristía se encuentra detrás del altar deberá volver a ella por la
puerta del lado de la Epístola.

55 –     Llegado a la sacristía hace (sin
descubrirse) una inclinación (mediana o profunda) al crucifijo o a la imagen
que la presida, deja el cáliz, se quita el bonete y a continuación se despoja
de los ornamentos en orden inverso a aquel en el que se los puso. Puede besar
(aunque no está prescrito) la cruz de la estola, del manípulo y del amito, como
hizo al revestirse.

Después de haberse desvestido de
los ornamentos sagrados, el sacerdote se retira a un lugar conveniente para dar
al Señor las gracias que le son debidas.

[26] 26 No se trata de
las oraciones que acompanan al ofertorio, las cuales forman parte del ordinario
de la misa y serán dichas más adelante en voz baja. La antífona que aquí lee el
celebrante es una pieza variable (forma parte del propio) que en los oficios solemnes
es cantada por la schola, pero que en la misa rezada el mismo celebrante lee.

[27] La palia de forma redonda que cubre la hostia sólo se conoce en España.
Las rúbricas del rito romano no la mientan jamás y tan sólo los autores
hispanos hablan de su uso aunque de manera muy somera.

[28] 28 Es decir: las extremidades
de los dos dedos anulares y de los dos meniques unidas entre sí.

[29] 29 En general, cuando una mano
ejecuta alguna acción, la otra no debe jamás quedar suspendida en el aire sino
que deberá colocarse sobre el altar o sobre el pecho, según el movimiento de
que se trate.

[30] 30 Aunque muchos autores dicen que en
este momento se sostenga el cáliz por el nudo, nos parece mejor sostenerlo por
el exterior de la copa de modo que el tallo del cáliz no sufra demasiado.

[31] 31 Aunque las rúbricas no lo
prescriben, los autores recomiendan mucho que, por precaución, cada vez que
haya que cubrir o descubrir el cáliz en vez de dejar la mano izquierda sobre el
altar se sujete con los dedos de la misma el pié del cáliz.

[32] 32 Siempre en voz baja, con las manos
extendidas ante el pecho y sin Oremus.

[33] 33 De manera que sólo la
extremidad de los meniques toque el frontal.

[34] 34 Si el celebrante fuera patriarca,
arzobispo u obispo en lugar de dichas palabras dirá et me indigno servo tuo. Conviene recordar aquí que San Pío V (Breve Ad hoc nos 17 dic. 1570) estableció que en España se nombrara
al Rey durante el canon de la misa inmediatamente después de nombrar al Papa y
al obispo: “In canone quoque Missae post
Romani Pontificis et Praelati nomina Regis mentio (…) fieri debere”.

[35] 35 A menos que una imagen o
pintura de la Virgen se venere en el altar, en cuyo caso la inclinación se hará
hacia ella.

[36]   [36] A menos que una imagen o pintura de dicho santo
presida el altar sobre el que se celebra en cuyo caso la inclinación deberá
hacerse hacia ella.

[37] [37] Puesto que el nombre Iesus no es pronunciado.

[38] 38 Cuide el celebrante de
mantenerse erguido y no curvado, durante la ejecución de estos ritos.

[39] 39 Así pues cuando sea
necesario, el celebrante tomará el cáliz y la hijuela entre el pulgar y el índice
unidos, por un lado, y los demás dedos por el otro. Cuando tenga que pasar las
páginas del misal lo hará agarrando la orejuela entre el índice y el corazón.
Cuando tenga que apoyar las manos separadas sobre el altar deberá ponerlas
siempre dentro de los corporales.

Al menos el pie del cáliz debe llegar a la altura de sus ojos de
manera que pueda ver un poco del interior del pie

[40] 40 Debe alzarlo en línea recta sobre
los corporales tanto cómo decorosamente pueda. Al menos el pie del cáliz debe
llegar a la altura de sus ojos de manera que pueda ver un poco del interior del
pie.

[41] Es la única vez que las rúbricas exigen una inclinación al nombre de Christus sin que vaya unido a Iesus. Para no olvidar esta inclinación conviene notar que se trata de la
conclusión del Memento de difuntos y recordar que Cristo, muriendo, inclinó
su cabeza.

[42]  42 Por ejemplo: con el índice de la izquierda se
oprime el borde izquierdo de la Hostia de manera que el borde derecho se
levante un poquito. Entonces se va deslizando la patena por el lado derecho a
traves del resquicio que deja la Hostia al levantarse; así hasta que la Hostia
quede depositada en el centro de la patena, terminando de acomodarla con
el índice de la izquierda.

[43] 43  Por supuesto empleando sólo el índice y el pulgar de dicha
mano.

[44] 44 Lo mejor es hacer coincidir el
golpe de pecho con la palabra nobis. La mano derecha no ha de reposarse sobre los
corporales sino que se mantiene “en el aire” de manera natural, haciéndola
ejecutar los tres golpes seguidos.

[45] 45 El tiempo de un Padrenuestro
aproximadamente.

[46]  46 Si la partícula se quedase adherida al cáliz, el sacerdote la tomará
mas tarde con el vino de la purificación.

[47] 47 Si el ministro desea recibir la
comunión se la dará a él primero, estando de rodillas ante el altar y antes de
ir al comulgatorio.

[48] 48 Para presentar el cáliz lo
desplaza un poquito hacia el lado de la Epístola y si es necesario (p.ej.
debido a la pequeña estatura del monaguillo) lo inclina un poquito hacia ése
mismo lado para que el acólito llegue con más facilidad a poner el vino dentro.
Sin embargo nunca debe sacarlo fuera de los corporales o, menos aún,
presentarlo “en el aire” fuera del altar. Si el monaguillo fuese tan pequeño
que no alcance, tome el celebrante mismo la vinajera y, dejando el cáliz sobre
los corporales, vierta él mismo el vino.

[49] 49 Según la costumbre española. En el
resto del mundo lo que se pone sobre la patena es la hijuela.

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Comentarios

Anónimo
24/10/2009 a las 8:40 pm

mareado
Muchachos: llegué por casualidad a esta pagina. Al leer este articulo terminé mareado. No me parece que a Jesucristo le importen tantos rigores rituales. Lo que no significa bastardear el culto. Hay que acercarse a a la simplicidad y solemnidad de la misa primitiva. No se si hay alguna regla para que salga este comentario.Hasta la proxima. Jose Ignacio Rueda Calderón



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