Dos graves sacrilegios públicos en la Argentina
Los sacrilegios se hace cada vez más frecuentes. En algún caso resulta una derivación casi natural de la práctica de la “comunión en la mano”, que tanto defienden algunos católicos devotos inexplicablemente. Y solamente trascienden, de las cientos de profanaciones, una que otra porque gana los medios de comunicación.
Los sacrilegios se hace cada vez más frecuentes. En algún caso resulta una derivación casi natural de la práctica de la “comunión en la mano”, que tanto defienden algunos católicos devotos inexplicablemente. Y solamente trascienden, de las cientos de profanaciones, una que otra porque gana los medios de comunicación.
El caso del joven que retuvo la hostia en una misa celebrada en la estación de trenes de Temperley, al sudoeste de Buenos Aires, en febrero último, es un muy particular. Se trata de alguien que en la misa del 23 de febrero pasado, pasaba por ahí y recibió la comunión en la mano. Decidió guardarla como trofeo. Atendamos, no obstante la repugnancia del hecho, a su argumentación:
Ayayay, gente… A ver si nos entendemos: No robé nada. No fui a ninguna iglesia. Daban misa en un lugar público (lo que me parece lamentable) y repartían hostias a cualquiera. Me dieron una. No se me antojó comerla.
No le debo nada a nadie. Si sus creencias les dicen que yo les debo algo, pues mala suerte. No existe el derecho de forzar a nadie a hacer nada por las creencias de uno. La inquisición se terminó.
Y el mensaje original, era obviamente una broma que ni se me ocurrió que nadie tomaría en serio.
Edit: Luego de muchos insultos, amenazas y algunos intentos de violar mi intimidad, decidí tirarla.
No me pidan que imagine que me roban a un ser querido, porque:
1) No robé nada.
2) No reparto a mis seres queridos en las estaciones de trenes.
3) Mis seres queridos no son galletas.
Facundo Hugo Resa (o, en facebook, Facundo «Fractal»)
Como recibió recriminaciones, se asustó y “decidió tirarla”.
Destaco en negrita su modo de ver la cosa:
No robó, porque se la dieron sin preguntarle nada. ¡Tomá! A cualquiera, tenga o no tenga noción de lo que hace, en la mano, para que además de cometer un sacrilegio en caso de consumirla –alternativa a dicho sacrilegio- pueda cometer otro exhibiéndola como trofeo.
No reparte “seres queridos en estaciones de trenes”. ¿Por qué se celebró una “misa” en una estación de trenes? ¿Y se dio la comunión a cualquiera que pasara por allí? ¿No saben los párrocos que la mayoría de la población vive en pecado por las malas costumbres generalizadas? ¿Creen los sacerdotes responsables de esto que es lo mismo recibir la sagrada hostia en gracia y con reverencia que en pecado y sin conciencia alguna de quien se trata?
¿Recuerdan el texto de San Pablo: “…de modo que quien comiere el pan y bebiere la sangre del Señor indignamente… come y bebe su propia condenación”? (Cor XI 27-29)
¿Qué supone que signifique esto sino lo que literalmente se entiende?
Mis seres queridos no son galletas: tampoco la hostia lo es, naturalmente, aunque conserve los accidentes de una forma delgada de pan (ya que con “galletas” no se puede consagrar). Pero la fotografía que muestra es la de una hostia conforme a la práctica litúrgica prescripta. ¿Podemos argumentar algo de esto a una persona sin fe en la presencia real? Bueno, poco, casi nada, además, tal vez solo indicarle el significado que tiene para los católicos, y prevenirlo de que no puede hacer lo que hizo sin -al menos- ofender gravemente a la comunidad católica.
Pero, ¿será convincente esta argumentación si el desdichado sacrílego ve “repartir “galletas” en la estación del tren, sin reverencia, en la mano, como si fuese una entrega de productos de promoción?
No niego que haya malicia en quien hizo esto. Tal vez no tanta como lo que implican los hechos, pero sin duda sabe que ofende algo que es sagrado. Y sin embargo, no puedo dejar de pensar que la primera ofensa fue entregar el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor como si fuera un artículo de promoción.
Creo que estos sacrilegios se promueven, involuntariamente, desde el propio clero al “desacralizar” la sagrada hostia. Y no poco contribuye a ello la comunión en la mano.
Fotos sacrílegas en Mendoza
Respecto al sacrílego que se fotografió en una iglesia de Gral.Alvear. Mendoza, ante imágenes religiosas, en posturas obscenas, medio desnudo, y sus cómplices: se sabe que es estudiante de “periodismo” y de “teatro”. Don ambientes en los cuales todo lo que se transmite es odio a la Fe, a la Iglesia, a las cosas sagradas.
Sin embargo, la voluntad y premeditación, la grosera obscenidad, la difusión por redes sociales, no admite atenuantes. ¡Dios los perdone!
Se ha publicado que el obispado ordenó un desagravio a las imágenes. Debería ser masiva la presencia de los fieles y lo mismo la reparación, con espíritu verdaderamente penitencial. Porque estos pecados son individuales, pero también son el producto de nuestra sociedad descristianizada, es decir, cada vez más “anti-cristiana”.
Sobre la difusión que se dio al caso, en la que se incluyeron las imágenes (aunque algunos medios de modo más decoroso que otros), y si bien el tono general fue condenatorio, uno siempre sospecha que esto “vende”, y la morbosidad reditúa.
Creo que cada fiel católico deberá rezar un rosario al menos y hacer una comunión reparadora a fin de que Dios tenga misericordia de nosotros. Pongámonos en ello.

