Panorama Católico

Si Nuestro Señor se ocultó…

Queridos hermanos, la hora es grave, es la hora de la Pasión. Y si Nuestro Señor se ocultó, nosotros también debemos ocultarnos, seguir su ejemplo, porque su Pasión es la causa ejemplar, el modelo, de nuestro ideal cristiano y, más aun, sacerdotal y religioso. Si no lo entendemos, mereceremos el reproche de Jesús a Pedro: ¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres. ¡Humildad!

Queridos hermanos, la hora es grave, es la hora de la Pasión. Y si Nuestro Señor se ocultó, nosotros también debemos ocultarnos, seguir su ejemplo, porque su Pasión es la causa ejemplar, el modelo, de nuestro ideal cristiano y, más aun, sacerdotal y religioso. Si no lo entendemos, mereceremos el reproche de Jesús a Pedro: ¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres. ¡Humildad!

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos fieles,

Nos dice el Evangelio de hoy: Tomaron entonces piedras para lanzárselas; pero Jesús se ocultó a sus ojos y salió del templo.

Sin embargo, muy poco tiempo antes, Nuestro Señor les había afirmado claramente y solemnemente su divinidad: En verdad, en verdad os digo: que antes que Abraham fuera creado, YO SOY. ¿Por qué, entonces, se ocultó, huyó de sus enemigos? En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, los habría podido destruir… Pero se ocultó, por tres razones:

  • Primero, porque “su hora no había todavía llegado”, la hora de su sacrificio en una cruz y no la de una lapidación.
  • Segundo, porque precisamente es el Maestro de su propia vida y muerte; nada, hasta su último suspiro, acontecerá sin que lo hubiera querido.
  • En tercer lugar, porque su Pasión se acerca, y su Pasión es, antes de todo, esencialmente, una infinita humillación, la de un Dios hecho hombre y un hombre sin defensa. La divinidad de Nuestro Señor Jesucristo ya no resplandece como en el monte Tabor. Se oculta completamente, como su imagen en el altar ha sido ocultada hoy bajo una tela morada. ¡Ojalá que no sea también para que no sea lapidado por nuestros pecados! También las imágenes de Nuestra Señora y de los santos  han sido tapadas porque es justo que los siervos se eclipsen cuando la gloria del Maestro se oscurece. Por este mismo motivo, ya no se reza en el introito el Gloria Patri, ni el salmo Judica me en el principio de la Misa; en efecto, tiene un versículo que no es conveniente rezar en el Tiempo de la Pasión: Quare tristis es, anima mea… ¿Por qué estás triste, alma mía? Al contrario, a partir de ahora nuestra alma debe llenarse de una profunda tristeza, la de ser culpable de los sufrimientos y de la muerte de Jesús, la de dejar perder su Sangre, la de no corresponder plenamente con el Amor de Aquel que dice: Tengo sed, sed de que tengan sed de mí, sed de la salvación de mis corderos; y tú, ¿qué haces para apagar esta sed?…Tantas, tantas almas yerran sin esperanza, hundidas en el pecado, asentadas en la sombra de una muerte eterna, y ¿qué haces por la salvación de estas almas?

Queridos hermanos, la hora es grave, es la hora de la Pasión. Y si Nuestro Señor se ocultó, nosotros también debemos ocultarnos, seguir su ejemplo, porque su Pasión es la causa ejemplar, el modelo, de nuestro ideal cristiano y, más aun, sacerdotal y religioso. Si no lo entendemos, mereceremos el reproche de Jesús a Pedro: ¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres . ¡Humildad!

Se trata de la clave, del secreto, de la comprensión, de la inteligencia del sufrimiento cristiano, con Jesucristo y como Jesucristo. Sin esta inteligencia, la vida humana con sus dolores, con su muerte, es absurda. El hombre quiere ser feliz, tiene este deseo profundamente arraigado en su corazón; entonces ¿por qué sufrir, incluso cosas injustas; por qué morir, incluso niños inocentes mueren, por qué, para qué? ¿Por qué todos estos hospitales llenos de enfermos, tanta gente que vive en la miseria, por qué todos estos cementerios, estos millones de tumbas? ¿Por qué, para qué? ¿Cómo es posible que un Dios tan bueno permita eso?

Hay una sola respuesta: Porque la creatura humana ofendió a su Dios y Creador, y porque Jesucristo reparó por su Pasión esta ofensa infinita, y uniéndonos con esta reparación, con la Pasión de nuestro Salvador, podemos alcanzar la Felicidad eterna. Así, unidos con los de Jesús crucificado, nuestros sufrimientos tienen un sentido. Más aún, constituyen un tesoro, porque contribuyen a la gloria de Dios, a un verdadero conocimiento y amor de Jesucristo, y son la causa de nuestra salvación. Los días de la Semana Santa, especialmente Jueves, Viernes y Sábado, son los días más capitales de la historia de los hombres: Nuestro Señor nos dejó su Testamento, un Testamento vivo, presente en nuestros altares, su Cuerpo Santísimo, su Sangre Preciosísima, nos dejó el mandamiento de la Caridad y el Sacerdocio. El Viernes Santo será el Día de su Sacrificio en la Cruz, el único Sacrificio Redentor, reproducido por esta santa Misa en tierra de Argentina, y el Sábado Santo nos sumergirá en un profundo silencio, el del túmulo de Jesús, y el indecible Dolor de María con su esperanza y la nuestra en la Resurrección.

Aprovechemos, asistamos fructuosamente a los días de nuestra Redención. Que esta Semana Santa sea… una Semana Santa, particularmente por una fervorosa confesión y un gran recogimiento durante los Oficios.

Terminaré con una breve historia para ilustrar estas palabras: En la Edad Media, un Rey recién católico de un país del este de Europa, instituyó leyes firmes para ayudar a la conversión de sus súbditos. Se habían previsto severos castigos en caso de violaciones graves. Un día, un ministro del Rey le comunicó que la propia madre del Rey había caído en una grave transgresión y el castigo previsto eran cincuenta latigazos dados públicamente. El Rey mantuvo la sentencia. Cuando llegó el día de su ejecución, la madre del Rey fue conducida hasta el lugar del suplicio donde la esperaba el verdugo. Se leyó el motivo de la condenación, el verdugo levantó el látigo; pero, de repente, el Rey se levantó, diciéndole: “Pare; hubo un crimen, yo la repararé, pagaré por el”. Quitó su manto real, se dirigió hasta el verdugo, se arrodilló y recibió, por amor a su madre y a la ley divina que ella transgredió, delante de su pueblo muy emocionado, el castigo por el crimen que no había cometido.

  … La aplicación de esta historia a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es fácil; la dejo a su meditación…

Ave María Purísima

En el Nombre del Padre  del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Jn 8, 52.

Mc 8, 33.

Comentarios

Anónimo
24/03/2010 a las 4:06 am

El rey del último párrafo, de
El rey del último párrafo, de quien no tengo noticia ninguna, era sin duda un imbécil. Primero, por que la religión no se impone por decreto. Segundo, por imprudente; como Saúl rey, cuando impuso pena de la vida contra todo aquel que bebiese agua antes de una batalla. Su propio hijo, genial guerrero, hizo beber agua a sus soldados y por eso triunfó, en un día de intensísimo calor, tal como había pronosticado el Señor; pero Saúl, obligado por su torpeza, debía matarlo… Sólo la indignación de su pueblo impidió un asesinato tan tonto. Esto se puede leer en el libro de Samuel.
Este rey, pues, se merecía él tantos azotes, por mandar cosas peligrosas sin estar seguro de poder ser obedecido.
Ojo, pues, con estos ejemplos que son peligrosos para la moral, contrarios al fin buscado y, en muchos casos, ocasión misma de lo que se quiere impedir.
Mis saludos
Libertinus Rex



    Anónimo
    26/03/2010 a las 12:04 am

    para Libertinus
    Das por asentado que el Rey impone la Religión por decreto. en ninguna parte se afirma eso ni se da a entender, Lo que se dice palabras mas palabras menos es que «para ayudar a la conversión de su pueblo impone castigos severos para faltas graves» y lo anterior lo hace cualquier gobernante que quiera imponer orden en sus gobernados, más loable si es «para ayuda a la conversión» ¿Cuantos nos detenemos de pecar por temor al castigo más que por no ofender a Dios?. Mas bien se ve sabio el rey, y no un imbécil como lo dice Libertinus.
    Y en cuanto a la analogía que se nos presenta a continuación, con la transgresión grave de la madre del Rey, está planteada excelentemente, porque a muchos nos cuesta entender y valorar el castigo que cargó Nuestro Señor sobre sus espaldas y que era un castigo que era para mí y no para Él, inocente víctima. Pero viéndolo con un ejemplo como el de esta parábola, nos ayuda a entender mejor lo que hizo nuestro Salvador al decir a la Justicia Divina: ¡No, a ellos no los azotes! ¡hazlo conmigo! ¡Los amo tanto que prefiero que sea yo el que pague por ellos!.
    ¡Que te pasa Libertus! le quitaste el sentido y la esencia al ejemplo con tu comentario fuera de lugar!
    Saludos y que Dios nos permita obtener abundantes frutos de esta Semana Santa.
    Felipe



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *