Primera Misa en el Territorio de la Argentina
El 1º de abril de 1520, en el actual Puerto San Julián, provincia de Santa Cruz, se celebró por vez primera la Santa Misa en lo que es hoy nuestro territorio nacional. Era entonces ese día la festividad del Domingo de Ramos. La orden fue impartida por Hernando de Magallanes, y el celebrante fue el sacerdote español, nacido en Écija, Pedro de Valderrama.
El 1º de abril de 1520, en el actual Puerto San Julián, provincia de Santa Cruz, se celebró por vez primera la Santa Misa en lo que es hoy nuestro territorio nacional. Era entonces ese día la festividad del Domingo de Ramos. La orden fue impartida por Hernando de Magallanes, y el celebrante fue el sacerdote español, nacido en Écija, Pedro de Valderrama.
Si creemos que la historia es Cristocéntrica, si afirmamos que Jesucristo es el eje de la Historia y que los siglos giran a su alrededor, éste es el día en que nació la patria argentina, sin mengua de recordar siempre el 12 de octubre de 1492, cuando se inauguró la gran nación hispanoamericana.
Al cumplirse los 450 años de este trascendental suceso, Paulo VI remitió una Carta, fechada el 19 de marzo de 1970, pidiendo que “la Eucaristía, perpetuación de la Ultima Cena y del Sacrificio del Gólgota, sea siempre y efectivamente, en la trayectoria de la comunidad católica nacional y en la vida de cada uno de sus miembros, un sacramento de piedad que los mantenga fuertes y fieles”.
En este año 2010 se cumplen 490 años de esta primera misa, y mucho nos tememos que la fecha pase casi inadvertida, en medio de un sinfín de festejos mendaces sobre el Bicentenario. Entre esas mendacidades, precisamente, es la mayor sostener que el 25 de Mayo de 1810 nació la patria, segregando esta fecha y su sentido de toda raíz hispánica y católica. Tal la postura oficial del ideologismo liberal y marxista.
La patria argentina, hablando con propiedad, tiene esta olvidada y traicionada fecha de origen: 1º de abril de 1520. El día en que por primera vez –en un sitio patagónico al que todavía rememora un austero monumento- Cristo Jesús se quedó con nosotros perpetuamente en el Sacramento Eucarístico.
A 490 años, la Divina Providencia ha querido que la efemérides coincida con el Jueves Santo, solemnidad en la que celebramos justamente la institución de la Eucaristía. Inmejorable ocasión para agregarle al festejo sacro el recuerdo de la carta fundacional de La Argentina.
Todo es sur en la tierra, en el mar o en el aire,
sureñas las jarillas recamadas de abril.
Meridional el molle, las retamas, los cactus,
inaugurando verdes, alineando un pretil.
fundando con sus alas los senderos costeños,
mediodía el paisaje soleado de gramíneas,
son australes los talas, sufridos y abajeños.
Loberías insomnes ven llegar cinco naves,
las mira el horizonte de San Julián al este.
Las ven los cormoranes con milenios de asombros,
y el patagón bravío que impacienta su hueste.
La Nao Capitana lleva anclada en su casco,
Trinidad, la palabra que le marca un destino.
El mesana flamea la bandera de España,
pero el mástil de proa roza un cielo argentino.
Bajan aquellos hombres como bajan los héroes,
marcialmente callados, superando pesares,
la cicatriz por yelmo cuando hasta al alma hiere,
la dura peripecia clavada en los ijares.
Magallanes, quien sabe, si cayó de rodillas,
si añoró de Sanlúcar sus pueblerinos tramos,
junto a un mapa sin bordes, su antañón calendario
le marcaba la fiesta del Domingo de Ramos.
Como aquel que bendice los soplos de los vientos
su mano trazó el sitio del mayor abordaje:
el altar con la cruz, el sagrario, los cirios,
un retablo de océano hecho espuma y celaje.
Imagino los brazos que acarrearon las piedras,
mojados de salitre, heridos del casquijo,
para dar forma al ara de gólgota y de mesa
erigiendo en la cima, austero, el Crucifijo.
Pedro de Valderrama se reviste despacio,
se recuerda muy joven en su hogar ecijano,
el cíngulo lo aferra, la casulla lo inviste,
se inclina con un beso sobre el misal romano.
Contritos, genuflexos, marinos o soldados,
veteranos de hazañas contra el moro tenaz,
contemplan la hostia blanca, la contempla el nativo,
forman arcos de olivo sobre esa patria agraz.
Algo que ahora llamamos lágrimas de alegría
y que entonces fue estío mojando las acacias,
retumbó en el desierto ante el primer Pan Vivo,
al Ite missa est decían: Deo gratias.


Comentarios
La segunda Santa Misa
Un gran amigo ya fallecido me comentó hace unos años que, cuando Sebastian Caboto llegó al Río de la Plata en 1526, buscando un lugar en donde asentar una primera base de operaciones o fuerte, en nuestro territorio, antes de hacerlo sobre la ribera de la laguna del río Coronda fundando el fuerte de Sancti Spiritu, ingresó por el Arroyo del Medio – hoy San Nicolás – e hizo celebrar una Santa Misa en su ribera, e impuso a la Santísima Virgen del Rosario como Patrona de estas tierras, en ese acto.
Esto se relacionaría con uno de los actuales mensajes de la Santíma Virgen en San Nicolas, cuando en uno de ellos dice que éstas tierras son suyas.
Quisiera saber si el amigo Antonio – u otro amigo – tiene algún dato sobre la veracidad de esto, lo cual no me parece descabellado.
Abel
Independencia Argentina
Tengo una duda:
¿Contra quién peleó Manuel Gelgrano en Vilcapugio y Ayohuma?
¿Para qué tomó el Gral.San Martín el mando del Ejército del Norte?
Si ser argentino es pertenecer a la «nación española»…¿Para qué se hizo la independencia?
Seguramente, los hispanistas piensan que sería mejor ser colonia de España y no de EEUU…
En fin…
Saludos a todos,
Leonardo Milani
Don Manuel Belgrano luchó
Don Manuel Belgrano luchó contra las tropas realistas, en Vilcapugio y en Ayohuma, comandadas por el general Pezuela, un hombre tan valiente y decidido que, si lo dejan, hubiésemos perdido más batallas aún. Estos lugares quedan actualmente en Bolivia, cerca de Potosí. Ambas batallas, y también la victoria española en Sipe Sipe, convencieron a los españoles que no era posible operar militarmente en el Alto Perú, ni a favor ni en contra, y después de guarecer la frontera, abandonaron la partida. San Martín era de la misma idea, por eso organizó un ejército para tomar Chile y luego ir al Perú por mar, por no ser factible ir por tierra.
San Martín tomó el mando del Ejército del Norte por algunas derrotas que sufriera Belgrano como comandante. Belgrano fue un soldado valiente, intuitivo, buen táctico, mejor estratega y esforzadísimo general. Estuvo a la altura, y más allá todavía, de los grandes militares peninsulares. Sus enemigos políticos, y los envidiosos de siempre hundieron su fama y lo involucraron en fantasiosas conspiraciones, con el fin de evitar, entre otras cosas, que triunfara la línea monárquica tradicionalista en el movimiento americano.
Ser argentino nunca fue «pertenecer a la nación española». En todo caso, muchos argentinos pertencían de hecho a la nación española.
América era un bien patrimonial de la Corona de Castilla, según la cesión hecha por el papa Alejandro VI a la Reina Isabel. Por el estatuto de América, sus territorios eran un Reino difierente al de España, siendo por lo demás inenajenable e imprescriptibles sus derechos. No se trató de un conquista sino de una especie de «concesión» para lograr la Evangelización americana, que de hecho, se logró.
Cuando reinaron los Borbones, por primera, desconocieron este estatuto americano y comenzaron a negociar territorios como si fueran figuritas de colores. Esto los desprestigió mucho ante la opinión americana, y no las ideas revolucionarias francesas, que llegaron a estas playas después de 1810.
Para que se dé una idea, Fernando VII, el más canalla de una dinastía de miserables, vendió Florida a los yankis en 1818. Este hecho indecente e ilegal, sumado al apoyo que por entonces prestaba el rey de Castilla a la Constitución española de 1812, la cual negaba ese peculiar estauto americano, determinaron que el virrey de México y sus mejores generales declararan la independencia de México.
Tanto San Martín en Punchauca como el general Ithurbide en Veracruz, ofrecieron la corona americana a un miembro de la familia real española, la que cometió la asombrosa torpeza de no contestar a uno o a otro, perdiendo así para siempre estos reinos y sumiéndolos en el caos que dura ya dos siglos largos.
La culpa de la guerra llamada de la Independencia es de los «afrancesados» españoles, comenzando por el sabandija de Fernando VII, que quisieron imponer el liberalismo en América; y seguidamente, culpa del ejército imperial, que seguía pensando, como manifestó el necio del fiscal Villota en el Cabildo de Buenos Ayres (apoyado por el Obispo don Benito Lué y Riega), que América era una posesión española y no un reino distinto a España.
Si quiere, señor Milani, puede leer con provecho el libro «Mayo Revisado», tomo Iº, de Enrique Díaz Araujo.
Cordialmente
Luciano Enríquez
Versión tranquilizante
Enrique Palacios al hablar de Belgrano lo rotula como «infalible en el desacierto». Su figura es bastante lamentable en muchos aspectos. Ahora bien, sin restar «méritos» a Fernando VII para que los restos del Imperio Español se fueran al bote, resulta un poco forzadamente tranquilizante reducir el proceso independentista a un asunto de legitimidades entre peninsulares y americanos. El Imperio Inglés tenía planes en acción para impedir que el monstruo Español y Católico levantara cabeza nunca más en la historia, y así como Francia ayudó el proceso independentista norteamericano para restar fuerzas a su enemigo de siempre, así Inglaterra es la gran promotora y financiadora de los procesos independentistas sudamericanos. La campaña sanmartiniana fue – ya no caben dudas- un plan Inglés y masón y su resultado de un montón de débiles republiquitas su obra maestra. Sea cual fuera el grado de obediencia o no a estos planes del General San Martín, su «gesta» resultó gratamente funcional a los intereses ingleses y determinó toda una historia de vergonsoza dependencia y de debilidad constitucional congénita. El asunto de que si éramos españoles o reino castellano y las cretinadas de Fernandito, fueron la grieta explotada por el enemigo y no siempre explotada sobre la la buena fe de americanos «patriotas», si no la más de las veces sobre la mala fe de tipos ganados por las ideas liberales y los intereses masones. En suma, en el plano intelectual, no se puede negar que el proceso independentista – con matices por supuesto – se enrola en el proceso revolucionario (absolutamente expreso en el grupo Moreno, Castelli y compañía) y que en el plano político implica el final del Imperio Español en América y el principio del dominio Inglés en el continente. ¿Es simplificar? Sin dudas. Pero es la línea de juicio en la que el árbol no nos hace perder el bosque. Hay enormes fallas de todo tipo en los personajes de la época que llevan a ese resultado oprobioso, haciéndonos concluir que los que no fueron cómplices, por lo menos fueron bastante «infalibles en el desacierto» como el maladado Belgrano. DARDO CALDERON
Estimado Dardo Calderón:
Como le supongo un hombre de nuestro siglo, debo también suponer que sus conocimientos de historia americana los ha obtenido en libros y no vivencialmente. Así, si se anima a recibir (aunque no lo vaya a seguir) un consejo humilde: ¡tire todos sus libros de historia al fuego! Comenzando por don Enrique Palacios, a quien no tengo el gusto, dudoso en realidad, de conocer literariamente.
No sé si es tranquilizante o angustiante que la culpa de la Independencia la tengan los Borbones; es un hecho, simple y sencillo como el agua cristalina, como acreditan sus desastres de siglo y pico (para 1810), y los papelones, bajezas y traiciones increíbles realizados ante Napoleón en Bayona, que justamente los despreció como sujetos infames. Los Floridablancas y Arandas no eran beatos mercedarios sino unos masonazos impactantes; los Choisseul en Francia o Pombal en Portugal, no eran ministros de Iturbide o de San Martín. La expulsión de los jesuitas y el desmoronamiento casi completo de las Misiones americanas y filipinas, no lo inventé yo «por motivos que conservo en mi real ánimo» (así decía la real cédula dictada por Carlos III donde decreta la expulsión). La ilegal cesión de territorios americanos a los piratas ingleses, a los bucaneros franceses, a los negreros holandeses o a los yankis, no es obra del odioso Triunvirato del Rio de la Plata, sino de sus amados Borbones.
Usted afirma que «La campaña sanmartiniana fue – ya no caben dudas- un plan Inglés y masón y su resultado de un montón de débiles republiquitas su obra maestra.» ¿Quién NO tiene dudas? ¿Usted? Lo lamento, pues supone que ha leído intensamente a Felipe Pigna, a García Jámilton, a Mitre, a Vicente Fidel López, o a cualquier cagatintas a sueldo o interesado. Y se ha perdido a Paul Groussac, a Vicente Quesada, a Enrique Díaz Araujo, a Ernesto Celesia, a Rómulo Carbia, a Vicente Sierra … En fin, que no ha leído historiadores, y conste que no le he mencionado sino algunos nombres que ahora me vienen a la memoria.
¿Con que un «plan Inglés»….? Usted ha seguido a Rodolfo Terragno, un masón interesado en denigrar a San Martín a traves de ese engendro llamado «Plan Maitland»… Ningún historiador, ni serio ni atorrante, le daría ni 5 de crédito a esa patraña. Pero para Ud.: «ya no caben dudas….» Pues el espacio que Ud. reserva para las dudas bien pequeño ha de ser.
Usted dice, sin tener la menor idea de la enormidad de su afirmación y evidentemente repitiendo lo que le dijeron, que «En suma, en el plano intelectual, no se puede negar que el proceso independentista – con matices por supuesto – se enrola en el proceso revolucionario (absolutamente expreso en el grupo Moreno, Castelli y compañía) y que en el plano político implica el final del Imperio Español en América y el principio del dominio Inglés en el continente».
¿Quién, cómo y de dónde ha sacado Ud. semejante idea sobre el «enrolamiento» de la Guerra de la Independencia en el «proceso revolucionario», siendo que dicho «proceso revolucionario» FUE INTRODUCIDO EN ESPAÑA POR LOS PROPIOS BORBONES y aquí nunca existió orgánicamente, y de hecho, FUE EXPRESAMENTE RECHAZADO POR LOS LIBERTADORES AMERICANOS, ¡POR LOS TRES!….? ¿Ignora Ud., por ejemplo, que la totalidad de los gestores de nuestra Independencia eran monárquicos? ¿Ignora que ningún príncipe español quiso venir a América para ser coronado, pese a las instancias e invitaciones de San Martín e Ithurbide…? ¿Ignora Ud. que la Independencia de México fue acordada entre el Virrey (semiliberal, ma non troppo) O’Dónoju y el victorioso general realista Agustín Ithurbide (el que había vencido a todos los «revolucionarios»), ante la insistencia de Fernando VII de jurar la Pepa liberal, masónica y antiamericana…? ¿Usted leyó alguna vez esa constitución español de 1812….? ¿No sabía que los católicos mexicanos, indignados por la venta de Florida a Yankilandia en 1818 hecha por Fernandito en algún prostíbulo de Madrid, y por la violencia anticatólica de la Metrópoli, urgieron la Independencia después de haber financiado la guerra contra los curas Hidalgo y Morelos…? ¿Usted sabía que cuando, obligado por las circunstancias, Ithurbide se coronó emperador, fue condenado a muerte por las logias inglesas y yankis? ¿Usted sabía que al abdicar, Ithurbide se mudó a Londres …? ¿Y que fue convencido de volver haciéndole notar que los liberales españoles pensaban invadir México con el auxilio de los Yankis? ¿Y sabía que con esa trampa lo prendieron en Veracruz y lo fusilaron sin juicio ninguno …? No, no lo sabía. No tiene ni la menor idea.
¿Usté sabe qué hicieron los «generales españoles» de la Independencia que regresaron a España? No lo sabe, por que si no, no los defendería.
¿Usted sabía que el único general católico que ofreció su espada al Papa Pio IX para sofocar la Revolución de 1848, se llamaba José de San Martín y tenía 70 años? ¿Usted sabe que estando en Bruselas, José de San Martín ofreció su espada al tilingo del rey para sofocar la revolución liberal….? No, no lo sabía. Y en sus libros, no lo aprenderá jamás.
¿Me podría decir qué incidencia determinante han tenido Moreno y Castelli en el movimiento americano? Que por cierto, solamente Mitre llamó «emancipador» con equívoco e interesado término. ¿Me podría indicar cómo es posible que hubiesen podido tener NINGUNA incidencia, si el abogadillo porteño murió en 1811 estando de viaje y siendo un paupérrimo secretario de Actas, y Castelli dos años después, de cáncer, arrepentido y dolorido por sus pecados anticlericales (de lo que dejó constancia escrita a su primo hermano Manuel del Corazón de Jesús Belgrano) …. y mucho antes de la Declaración de independencia? Que hayan sido unos irreverentes (lo cual no sería cierto en el caso de Moreno) o unos sacrílegos (lo cual sería cierto en el caso de Castelli) no quita ni agrega nada, pues su participación en toda aquella época y en las decisiones fue ínfima. Sobre todo, comparándolos con lo que habían sido los ministros borbónicos durante el siglo XVIII y la parte que corría del XIX.
¿Podría Ud. dar una explicación razonable de lo acontencido con los diputados «afrancesados» en Cádiz, en 1808/1809 respecto de América y la reacción de Pueyrredón…? ¿Verdad que no tiene ni la menor idea? Puedo esperar a que se informe… ¿Puede decirme de quién decían los «afrancesados» españoles que eran como «la sábana de Su Majestad» (británica, claro)? No, no podría.
¿Así que la independencia americana fue «funcional» a los intereses ingleses? ¿Me podría explicar entonces las guerras civiles americanas, si tanto sabe, y cómo es posible que una guerra civil sea funcional para ningún «imperio»? ¿Y por qué ningún inglés pudo poner pie seguro en estos territorios hasta 1852…? Y no digamos nada de España, donde Fernandito primero y su desgraciada hija después (inicua y desconsideradamente desconocida como reina legítima por su tío don Carlos) no hicieron más que enfeudarse a Inglaterra, que los había «salvado» de Bonaparte. No, Ud. de esta época no conoce nada. España quedó fulminada por Inglaterra después de su «Independencia», la cual, como tal vez recuerdo, fue obra del pueblo español y de oficiales leales (como un tal José de San Martín, el héroe del día en Baylén, la primer gran derrota bonapartista en todo el mundo) y no de sus reyes, cómoda y cobardemente instalados en Valencey. Mientras los insignes masones españoles, hijitos dilectos de la masonería inglesa, se apoderaban del país a su gusto. Algo que se mantuvo durante todo el reinado de Isabel II, y de Espartero, y de Alfoso XII (algo menos) y de Alfoso XIII, que se casó con una inglesa NO CATÓLICA y no de sangre regia por primera vez en la historia de España. Y conste que creo, y siempre creeré, que el mejor de los reyes borbones de España, como persona, fue Alfonso XIII.
Esta afirmación suya: «El asunto de que si éramos españoles o reino castellano y las cretinadas de Fernandito, fueron la grieta explotada por el enemigo y no siempre explotada sobre la buena fe de americanos «patriotas», si no la más de las veces sobre la mala fe de tipos ganados por las ideas liberales y los intereses masones», estaría bien para un chico malcriado, que dice que el mundo es como él dice, o no es. Pero no me diga que es una cosa seria. Estra «grieta» explotada por el enemigo, si tiene Ud. el tino de leer las actas correspondientes, fueron el debate preliminar que llevó a nuestros pueblos a ser agredidos por el Ejército imperial. Lea las actas del 22 de mayo del Cabildo de Buenos Ayres, el debate entre Villota y Passo. Lea, lea, lea, estudie, no repita. En toda América tuvo lugar este debate, porque en aquel entonces, América era una nación civilizada, donde el derecho precedía a las armas; y donde las armas no hablaban hasta asegurar el derecho. Pero eso Ud. lo toma como prueba de mala fe. ¡Qué poco conoce Ud. a mis antepasados, amigo mío!
América no era un reino español, ni una colonia, ni una provincia española. Era un reino independiente perteneciente a la Corona de Castilla, no a Castilla. Esto se comprende si se ve, como ejemplo moderno, la monarquía dual Austro-húngara, donde Hungría no era austríaca ni Austria era húngara, sino que son dos reinos independientes con un mismo rey. América era igual, y por afinidad dinástica, algo muy fácil de comprender y manejar para los Habsburgo; e intolerable para los Borbones, hijos de la Reforma y de Luis XIV el rey centralista y absolutista; el que mató a Luis XVI a distancia. Lea las bulas «Inter Caetera». Lea el juramento americano de Carlos V; lea el testamento de Isabel la Católica. Lea, lea mucho, por que de esto no sabe nada y confunde a las mentes simples con frases cortas sin sentido, que ya están, y perdóneme, mejor escritas por alguno de los tartufos locales, como Pigna o demás tarambanas.
Si Ud. no puede comprender la importancia substancial del derecho, la necesidad determinante de la definición jurídica verdadera en un mundo como aquel, es que no comprende el mundo aquel. Los castellanos que llegaron a estas tierras tenían obligación de leerles el Requerimiento a los indígenas antes de avanzar; y si era aceptado, no podían más que dejarles misioneros. Los españoles, como los romanos en su tiempo, fueron dotados por Dios de un juridicismo exquisito, sincero, profundo y bastante formalista, que el mundo moderno, ramplón, cobarde, ventajero y trompeta no entiende ni cree sincero ni tiene interés en practicar. La regla jurídica es algo que se usa para ventaja propia, y se tira.
El ladrón a todos cree de su condición….
Yo creo, pues, que Ud. no sabe nada de Historia patria.
Y por eso, aparte mi indignación presente, no lo juzgo con dureza por que lo creo una víctima más de la ideologización de la Historia, pero le recomiendo estudiar más, saber más y no agraviar por espíritu de partido a nuestros antepasados, que no eran pistoleros ni bandidos, sino señores.
En este lugar podrá encontrar Ud. un debate del mismo tenor: http://elultimoalcazar.blogspot.com/2008/05/conjetura-sobre-san-martn.html.
Quedo a sus órdenes.
L. b-C.
L. b-C.
Dardo Calderón y muchos historiadores que no son precisamente Pigna sí han leído.
Así como el «revisionismo» los despabiló acerca de quién era Rosas (denostado parejamente hasta aquel momento), del mismo modo el actual (y no tan actual) revisionismo sobre lo que se conoce como «Guerras de Cecesión», que no de «Independencia», los despabilará (aunque necesita de muchos años más, aun la gente está acostumbrada a otra historieta), del cuento independentista sanmartinano.
Unas (muy) pocas recomendaciones:
De Luis Corsi Otálora:
1) ¡Viva el rei! Los negros de la Independencia.
2) Los realistas criollos.
3) Bolivar, o la fuerza del desarraigo. (este sí que lo hará cabrear!).
Arranque por ahí, no le recomiendo más ninguno, que esos textos lo llevarán a otros. No sea cabeza dura, que con cabezas duras los anteriores «revisionistas» no hubiesen convencido a nadie de rosismo.
En esos textos verá a los masones (con cartas y otros documentos probatorios) San Martín y muy en particular a Bolivar en todo su despliegue.
Lea, lea, lea … como usted bien dice. Y luego nos cuenta.
No le entre por ahora al grande y reciente libro de José Manuel González «La cueca larga de los Pincheira. Una montonera realista en la Independencia sudamericana», pues le caerá pesado, y se le caerán algunos historiadores, empezando por Saldías. Vaya de a poco, pero lea, lea las últimas investigaciones que la historiografía no murió con Irazusta, lea usted.
Y disculpe por el tono, que no hago más que imitar al suyo.
Margarito Tereré.
El amigo
MA me mandó desde Madrís todo Cursi Otálora. Historiador, no es; acaso apologista. La tapa del primer libro que me recomienda dice así: «Viva el rei, Mueran los malos gobiernos!», que si estudia su significado, verá que es el secreto de nuestra guerra llamada «de Indpendencia». Lo de «Secesión» (se escribe así) es macaneo modernista.
Con recomendarme libros no adelanta Ud. ni un ardite. Si tiene algún argumento, además de calificativos, úselos ahora.
Desde luego, Bolívar es bastante indefendible, no tanto como Fernando VII y bastante más que Carlos IV.
Documentos probatorios del masonismo de San Martín no existe ninguno en ningún lado, salvo que sea falso. Se le han pedido a la Masonería por más de su siglo sin éxito ¡Y no los iban a mostrar si los hubiesen tenido! De mil amores lo hubiesen hecho. Pero no los tenian. No existen. Son suposiciones sobre bases documentales remotas. Sobre todo con el criterio, bastante torpe, de ver conjura masónica allí donde hay poca luz; fuera por que el hecho en sí era obscuro, fuese por que Dios no las dió al que miraba. Así Guayaquil se volvió «entrevista masónica» sin ninguna prueba positiva, y con bastantes presunciones de ser exactamente lo contrario.
¿Eso es todo lo que tiene….? ¿don Luis Corsi…? No es malo como escritor, y como católico parece ejemplar y es buen apologista, pero como historiador es incompleto y su interés se ha centrado casi exclusivamente en Colombia y México. De nosotros, los sureros, no sabe gran cosa. Supongo que mantendrá, de todos modos, el desprecio de su pueblo por San Martín y los argentinos. Lea «un cachito» de Vicente Lacunza, si sabe quién fué y entendenrá lo que le digo.
Estoy esperando ansioso que algún historiador, especialmente si es carlista, me informe por qué causa Don Carlos no aceptó las ofertas coronación propuestas por San Martín o Ithurbide, hechos absolutamente ciertos y comprobados, como que era el propósito de la famosa Misión Abreu a Lima, en lugar de macanear libremente sobre conjuras masónicas que solamente existieron en Madrid, Cádiz y Sevilla.
Sigo esperando (sentado) que algún historiador español me informe qué motivos tuvo Fernandito el atorrante para negarse a aceptar la Guerra americana que varios diputados pusieron a sus pies como ofrenda de lealtad. Y uno dellos fue Belgrano, ése que Ud. tanto desprecia; Ud. o don Dardo, da igual.
Quisiera saber, también, por qué impuso como condición para la pacificación de América -en su etapa «conservadora», después de la sublevación de Riego- la jura de la Constitución liberal, masónica y anticatólica de Cádiz…. ¡Ésa, sí que la espero, compañero!
Para sufragar las penas que la causará no poder responder a mis preguntas anteriores, asómese a una botella de buen vino mendocino y repase el discurso de Rosas, Juan Manuel, leído ante la Legislatura de Buenos Aires en 1836. Después me cuenta, si las lágrimas lo dejan. Como no lo creo mala persona, sino profundamente equivocado, no creo que lo dejen, no…
Los Pincheira se asociaron a los indios y los sublevaron contra las poblaciones blancas, de la mano primeramente del cretino de José Miguel Carrera (intrigante, mujeriego y adúltero, liberal, republicano, furioso antimonárquico, que puso una imprenta en Montevideo para atacar a San Martín y a Pueyrredón por ser «monárquicos»; masón, independentista, luego «maturrango», luego federal, siempre chorro y asesino y oportunista; finalmente fusilado en Mendoza), agente yanki e inglés si los hubo y faccioso de primera agua. Resulta que la indiada que acaudillaba Carrera, el «Pichi Rey», la heredaron los Pincheira ….
El «realismo» destos últimos era sospechoso, sobretodo por ser los iniciadores de la indiada (heredada) en un tráfico que no se detendría hasta las últimas décadas del siglo XIX: robo en las praderas argentinas de la Pampa húmeda de haciendas y mujeres + venta de haciendas en Chile y retención del resto del botín para darse algunos revolcones «realistas». Lea las crónicas de los fuertes de frontera de la época y mándeselos a sus amigo J. M. González, a ver si quema su libro de una vez, él mismo.
¿Éstos son sus realistas…? Me quedo con el republicano Rosas, que alejó a los Pincheiras fuera de la zona civilizada y pacificó a pehuenches y boroganos y recuperó centenares de cautivos; así que los Pincheira tuvieron que comenzar la importación de indios araucanos, que ya no se detendría más hasta 1880. Me quedo con Bulnes, que los corrió de aquel lado y déste también y fusiló unos cuántos. Me quedo con el pseudo masón Julio A. Roca que era, por lo menos un hombre de orden y redimía cautivos, no los hacía. No con la lengua; con el sable y algunos pesitos. Y con sacerdotes salesianos.
En cuanto al origen del «revisionismo», veo que Ud. lo ha tomado como si hubiese sido una moda, recidivante de cuando en vez, y no por lo que estrictamente es y será siempre: El oficio mismo del Historiador.
El historiador debe ser un revisionista por antonomasia. Sin revisionismo no hay historia: acaso apologética, historia no. Apologética que si está bien la religión y se tolera en la política, en las ciencias es un desastre.
Por lo tanto, el Historiador no necesita estímulo de otros escritores o de las modas pasajeras y pajaronas; con conocer y practicar su oficio y no ocultar la verdad, alcanza, aunque la ocasión pueda tomarla de la realidad. Cuando la Argentina comenzó a tener historiadores profesionales es cuando comenzó a ser revisionista la Historia Argentina. Ahora, que parece querer volver a los pasquineros como «columnas de verdad», se van esfumando. Es como los médicos y los brujos, si me entiende la comparancia.
A mí, lo que me indiga por partida doble, es como algunos llamados «tradicionalistas», sea por espíritu sectario, por conveniencia, por crasa ignorancia o por pensar simplemente que esa postura es la que conviene a su Tradicionalismo, sostienen las mismas tesis históricas falsas de los revolucionarios y masones, que tanto daño han hecho. Si la masonería y sus aliados tienen un interés especial en destruir la honra de nuestros Padres, lo combato pero lo comprendo. Pero cuando el ataque viene de la retaguardia, de aquellos que deberían una especial reverencia a los Padres de la patria, aunque representen a un sectgor que ideológicamente no está libre de algún reproche, me dan ganas de asaltar el 5º Mandamiento de la Ley de Dios.
Mis recomendaciones fueron unas modestas propuestas de debate histórico. Su respuesta no asomó la cabeza, ni siquiera abrió la puerta, a ninguna dellas.
Quiero hechos y pruebas, no recensiones bibliográficas.
Finalmente: no me molesta que imite mi estilo; le he criticado su desconocimiento de la Historia, no su buen gusto.
L. b-C.
distingamos:
El Sr. Calderón no acusó a San Martín de masón. Lo que dijo fue que, en forma culpable o no, su gesta le vino a la masonería como anillo al dedo. Esto es indudable y es una postura mantenida por los más destacados pensadores. No la inventó Calderón.
El Sr. Tereré sí lo acusó de aquello. Con él no coincido. Creo que la Argentina, como todo país, necesita heroes. La imagen del heroe como tal tiene más valor que la objetiva heroicidad que pudo o no haber tenido el personaje. Es la cuestión de la simbología y su valor. Por eso no hay que atacar, sean cuales sean sus pasados, a Belgrano y a San Martín.
Entonces sí hace muy bien L. b-C. en llamarlos Padres, como mayúscula.
En definitiva, realcemos lo que realce al espíritu, que mientras eso se logre la utilidad de cara al futuro será infinitamente más grande que lo que pueda o no surgir de una revisión de nuestros hereos y sus actos puntuales.
Pues, me pregunto:
¿qué lograríamos en enterarnos que nuestros heroes no lo son tanto?
¿Acaso no nos sirven las arengas con sus ilustres nombres?
Y todo esto es así porque prima más el espíritu de cara al futuro que el «dato» puntual que, tal vez, aunque cierto, nos haga mal el conocerlo.
El hombre es espíritu encarnado que necesita del arquetipo. Necesitamos la estampa del bravo caballo blanco de largas crines y eterna cola, la espada luminosa, el heroe intacto y los Andes entre el cielo inmenso y la cruda nieve que nos helaría a nosostros pero que al heroe no afecta ni acobarda en su virilidad inconmensurable, cual jinete apocalíptico que corta en dos al injusto y opresor de las almas sencillas…
Parecerá a simple vista una tontería, pero no lo es.
Nunca olvidemos que somos ESPÍRITU encarnado. En nuestras obras futuras la «imagen» del heroe es la que nos inspirará.
Para el caso, los heroes griegos eran mitad dioses y mitad hombres, en rigor no existieron, pero a Grecia les sirvieron enormemente.
No perdamos esto de vista, que importa más que la historia y sus datos.
El futuro, se trata de el futuro.
Otto Rino.
Seguramente San Martin
era catolico y monarquico. Y hasta es probable que quería formar una América unida por la Religión y la Monarquía, pero esto no quita, que, en el mejor de los casos, fue ingenuo, puesto que su capacidad militar, fue usada por los masones revolucionarios liberales para sin sobresaltos, construir Estados Constitucionales Revolucionarios, enemistados entre sí y con la madre patria, funcionales a los intereses británicos y masónicos. Si es cierto como dicen algunos revisionistas, que su lucha fue contra los Borbones masones y sus ejercitos en América, resulta contradictorio que después de acabado con estos, no se ocupara con el mismo empeño, de los masones de America, que se valieron de sus triunfos militares para hacer lo que quisieran. Cuando San Martin termina las guerras de la Independencia, era un hombre joven de menos de 50 años, que bien podía utilizar su capacidad militar para ver coronada su obra con una America unida bajo el poder de la Religión y la Monarquia, y no la anarquia en la que la dejó. Y no vengan conque no aceptaron su propuesta, o que Rivadavia lo perseguia etc etc. Un hombre que realizó las grandiosas campañas militares, como San Martin, seguramente tenía la capacidad , autoridad, y prestigio, para poner orden interno, y borrar sin mucho trabajo a sus enemigos, ya que muchos de los caudillos se plegarían a una campaña de esta naturaleza
Anónimo:
Lo que usted dice es correcto, pero prefiero la postura de Otto Rino: NO SACUDAMOS LOS TRAPITOS, QUE NO GANAMOS NADA Y HASTA PODEMOS PERDER MUCHO !!!
San Martín es «el Santo de la Espada» para los argentinos y DEJÉMOSLO AHÍ !!!
Ninguna duda nos debería caber de que la espada de San Martín, si bien no era flamígera como la del arcángel, al menos sacaba chispas en el cruce fatal contra las armas portadas por los inicuos que a su paso le puso a este Padre de la Patria el Destino (con mayúscula las tres veces), espada que él supo manejar con la agilidad del puma de las pampas, con la fiereza del tigre de bengala, la precisión del cirujano y la contundencia de una carta documento.
Rino C. Ronte.
¡Sí!, ¡Rino C. Ronte, sí! ¡Exacto!
¡No tengo la menor duda que entre San Martín y Martín Karadagián, ganaba San Martín!
Esteban Quito.
ricien desensillo
No sè quien es LCB, sin duda con una sigla y desde el anonimato es un tipo desafiante, y no es que me importe mucho su apellido para fundar su bravata, ni tampoco me abruma el rejucilo bibliogràfico que despliega, pero me gustaría saberlo ya que intuyo que tras esa sigla nos podamos encontrar con que sus tan mentados antepasados a los que conoce al dedillo, no resulten ser sus antepasados sino los mios. Probablemente prejuzgo, pero siento olor a tuco, como el de aquel Belgrano, genovés comerciante, hijo de un estafador contrabandista de esclavos y coimero, inicio de la gran aristocracia porteña alos que en general, el zapato les apretaba por el mismo lado. Ya recibidos los buenos consejos sobre la lectura, me atrevo recordarle lo de Don Miguel de Cervantes a propósito de su personaje; lea menos señorito, que a las cabezas nuevas la lecturas excesivas les indigesta la cesera, pocos libros y buenos. Los Borbones han sido una larga dinastía y meter a todos en el mismo saco suena bastante ligero, sus diatribas sobre Fernandito y su progenie resultan pocas frente a las que se puedan decir y están bastante remanidas. Debo confesar, por otra parte, que la erudición del anónimo me deja anonadado y que ciertamente yo se muy poco; unas pocas lecturas y un cierto reflejo de criollo viejo con familia de casi quinientos años en américa, todos guerreros con sangre derramada en todas las luchas de esta pequeña historia, desde Tucapel , pasando por Salta, Tucumán, el Brasil, el Paraguay y hasta la Campaña al Desierto, le aseguro que me resulta un poco extraño que me endilguen la falta de conocimiento de mis antepasados. Es cierto que si la Argentina es un asunto de estos últimos doscientos años hay que festejar con Cristina. Yo no encuentro muchas razones para festejar nada y no me resulta muy difìcil encontrar padres para mi patria empezando por un Gaspar Calderòn, sobrino de Valdivia, muerto con él en batalla; con mucho más entusiasmo en Hernandarias, verdadero americano (Calderón también, por cuarto apellido) y sin ninguna duda en Don Pedro de Ceballos (Calderón también por tercer apellido), genio militar y polìtico que señaló el veradero derrotero que debía seguir la américa y que apuntaba justamente en una campaña hacia el Brasil, formador de los Rosas (que se abstuvieron de participar en aquella revolución miserable) , inspirador de la conquista de la patagonia, muy probablemente asesinado por los masones. Es más, para su mayor desconsuelo, reconozco una gran paternidad en el Franchute de Liniers, vendeano de ley, y no me desagrada para nada el General Elio, hombre de lealtades y tradición, muerto asesinado por los masones borbones. No me siento muy hijo de ese hato de recién llegados, galleguetes en el mejor de los casos. ( San Martín era de padres peninsulares, no americano, de baja condición – suboficiales- que logró cierto renombre (más bien malo) al prestarse para la destrucción de la república jesuítica – de la cual fue interventor/demoledor- esperando un premio por tomar una función que ningún bien nacido quería y que una vez hecho le pagaron con descrédito). En fin, capaz que tienen razón e Inglaterra no tuvo nada que ver con el proceso de Independencia americano. Quizá San Martín no estuvo bajo las órdenes de Beresford ni se enroló en la logia mirandista de obediencia escosesa, ni fué a Inglaterra desde donde vino, ni tiene nada que ver que terminara de suboficial a General en dos pasos, que sea una casualidad que previo a San Lorenzo le pasara revista un reconocido espia del Foreign Office, que su ejèrcito estuviera plagado de oficiales ingleses, que su marina sea casi exclusivamente inglesa, sobre barcos ingleses… en fin, sin duda estoy equivocado y tiene razòn el siglado; resulta que era carlista. Es más no se me escapa que todas esas cosas pueden haber sido un juego necesario, un pacto con lo único que tenía a mano y con la reserva de sacárselo de ensima a la primera de cambio. Pero salió al revés. Es más, es posible que como dicen su posterior estadía en Bélgica fuera un asunto por conveniencia de cambio monetario, y que fué casualidad que lo propusieran como comandante en jefe de la revuelta inspirada y financiada por Inglaterra en contra de Francia, en fin… todo esto puede obviarse porque fué el padre de tres países sólidos, católicos, hispanos….
Asunto aparte, voy al comentario siguiente. ¿Debemos mantener un mito de supuestos héroes, mal que les quepa? ¿ O será verdad que la Verdad nos hará libres? (aunque por casualidad por hay la diga un zurdo) No concluyo por ahora. Reconozco que no estoy acostumbrado a pensar en cómo construir un mito, sólo he sabido educar mis hijos, y trato de que sea con lo cierto aunque duela. Me voy a almorzar. DARDO CALDERÓN
El asunto de San Martín es tan complejo …
que lo mejor es dejarlo ahí.
L. b-C. (Ludovico ben Cide Hammet) cita y parece real lo citado.
D. Calderón también refiere sobre el Santo de la Espada cuestiones innegables (en especial en su último comentario).
La verdad, por ahora, no se sabe. Entonces las posturas posibles son 2:
1) hacer valer el beneficio de la duda a favor del Libertador.
2) los puntos oscuros mencionados por Calderón -ya que reales como oscuros realmente son – usarlos para sostener lo que él sostiene.
Ninguno vencerá en una batalla aquí en PANO cuando aun no se ha avanzado lo suficiente en el estudio de la historia sobre el particular. A lo máximo que se puede llegar es a conclusiones según el propio olfato y de inclinaciones afectivas. A nada más, por más que se quiera hacer incanzables intentos de argumentar con solidez. En 50 años quizás sí. Hoy no.
Conforme
Este último comentario me deja bastante conforme. No recurro a otro sistema de comentarios porque de casualidad he aprendido a manejar algo de donde estoy. Soy profundamente analfabeto computacional.
Con toda sinceridad debo aclarar que el rumbo al que me han llevado mis pocas reflexiones sobre San Martín, es un rumbo al que no me aferro con ninguna pasión y del que sería gratamente corregido si se pudiera; sin embargo, cada vez que retomo alguna lectura sobre la cuestión, para mi mal, me inclina más a pensar que el personaje era posiblemente un agente inglés, y no me gusta pensar así… y es más, me encuentro en una compañía nada deseable, y pierdo compañías bastante agradables… pero ese es el destino. Y me está pasando a menudo. Tengo una horrible sospecha de que el pensamiento nacionalista (del que me siento parte) ha hecho ciertos retoques en la historia argentina, más al uso de la política que en resguardo de la ciencia. Y quizá haya que hacerlos; mi problema es que no puedo. Primeramente por el escepticismo congénito que me dice que en política no hay nada más que hacer, y segundo, por reflejo.
Sé que el buen LCB está lleno de correctas intenciones y hasta me gustaría que tenga razón, pero previo a entrar en sus razones le encuentro un obstáculo bastante serio para hacer historia. Demasiada pasión y demasiado ego. Una persona que se siente llamada a corregir como los apóstoles o como el mismo Cristo, ya me parece que no está en todos sus cabales. Luego una persona que habla de la historia (no recuerdo la frase exacta) » como aquello que se puede probar concretamente» no sabe bien que es la historia. La historia es una reconstrucíón mental del pasado, que es imposible reconstruír en sí mismo. Es una ciencia práctica, que como tal, debe ejercerse desde las virtudes y en especial, desapasionadamente. Esta reformulación del pasado es una tarea bastante parecida a la de la literatura, donde el historiador desde su perspectiva vital y moral, desde la amplitud o estrechez de su visión, resulta o no capaz de capturar el personaje y recrearlo. Por ejemplo, si alguien no tiene mucha idea sobre sexo, pues se perderá una gran parte del personaje Napoleón y no comprenderá gran párte de la historia de su época (Polonia fué salvada en una cama). Viejas beatas abstenerse de tales consideraciones. Por el contrario, veo que en San Martín este tema no tiene preponderancia para el análisis histórico, sus asuntos sexuales nada tiene que hacer fuera de su ámbito absolutamente privado y una consideración o indagación al respecto no nos llevaría más lejos que una indagación sobre sus movimientos de vientre. De la misma manera agarrarse bronca contra tal o cual personaje porque le «gustaba el frito» (así decía mi abuela de aquel asunto amatorio), o porque se estaba yendo al infierno, también es bastante tonto. El historiador sólo quiere captar el personaje de la mejor manera y repensar las cosas como él las hubiera pensado, no como YO las pienso. Dos grandes enemigos tiene la historia, el documentalista que no permite salir de allí y que condena toda ponderación (que como digo tiene siempre algo de literatura) y el que se cree llamado a ejercer el juicio divino de la historia. No es un enemigo el que usa la historia para ejemplificar en política, siempre que de alguna manera avise. Mucho me he divertido con el Catilina para uso de Perón, no tiene desperdicio y forma parte de un género dentro de la apología y la polémica. Considero que muchos de los nacionalistas han hecho esto con la historia argentina; darnos una historia que nos sirva para reconstruir una nación. Pero así como poco llegamos a saber del verdadero Catilina en aquella magnífica obra, sucede que poco llegamos a saber de la historia argentina en estas otras. Súmese a ello que el pequeño y reciente fragmento al que ha sido reducida nuestra historia patria, no logra tomar la distancia necesaria para hacerse muy objetivo. Entiendo por ello que a veces, los próceres tenía que forzosamente ser próceres y que San Martín era quien poseía cierto consenso en los bandos enfrentados para atribuírle la suma de las apreciaciones, al igual que Belgrano, que aparecía como el té de boldo, no había hecho ni bien ni mal, pero resultaba acomodable.
Les aseguro que he tratado de mantener esa postura durante mucho tiempo, pero tengo la sensación de que no ha servido. Que esta nación (que nunca llegó a serlo) está definitivamente truncada y que manetner ciertas ficciones no pasa de ser un juego un tanto infantil o mejor dicho ingenuo y que ya resulta hora de enfrentar los personajes desde la historia; pura y simplemente, ya que el enemigo comienza a parecer más verídico que nosotros, la distancia temporal descubre nuevas cosas y la juventud comienza a pensar que le hemos vendido un camelo; por ello… es que jugando con la época y el personaje, tratando de pensar como ellos, es que se me van ocurriendo ciertas cosas que comparto con Uds y a las que estoy abiertamente dispuesto a cambiar si me muestran otras. Veía por ejemplo, no hace mucho, el testamento de Don Pedro Ceballos… invocaciones a la Virgen, a los Santos, cuatro mil misas para expiar sus pecados, construcción de capillas, en suma, tres cuartas partes dedicadas a su alma purgante. Por otro lado, veía el testamento de San Martín… una sóla alusión a DIOS (lisa y llanamente al mejor estilo deísta) y ningún reproche ni reparo para su alma inmortal. Se trataba de un hombre reflexionando sobre su muerte y allí no estaba la virgencita de luján ni nada parecido (también Stalin habló de la Santa Rusia cuando había que llevar a la guerra a los campesinos) y así muchas otras cosas.
Cuando hablé de mis antepasados no era como jactancia, quería decir que por reflejo congénito me suele ser bastante fácil entender aquella época que significó para mi familia un paso de la catolicidad a la masonería… a su modo… para no salir completamente de una historia que resultaba impensable sin ciertas compañías y sin duda pensando en la Patria (y en sus intereses). Donde los hombres, aún con el grave desmérito de la apostasía, eran todavía caballeros. De la misma manera se me hace bastante incomprensible la historia reciente (de Perón a esta parte) porque se me hace imposible meterme en el cuerpo de un personaje con el que no «vibro» en ninguna de sus frecuencias, dentro del cual me siento incómodo y disgustado. No es que yo sea un aristócrata, sino que guardo ciertos reflejos y la argentina plebeya y guasona no me entra por ningún lado. Por el contrario entiendo muy bien los viejos liberales y masones ¡fueron mis abuelos! me llamo Dardo por Dardo Rocha, padrino de mi abuelo.
Finalizando el descargo, para la historia hay que ser muy grande, capaz de entender la mentalidad de todos los personajes y meterse dentro de ellos para valuarlos y recrearlos sin ponerlos a juicio, que ese no es el metier, sino para entregarlos como se entrega un personaje de novela y no de folletín o propaganda.
Ultimo ejemplo. Marcelo es un buen periodista de temas religiosos y sin duda es un hombre piadoso alejado de porquerías… no hace mucho cuando hice una broma sobre tener alegres amantes, me espetó que estas dan sida. Sin duda alguna Marcelo no sabe nada de amantes y las confunde con prostitutas, lo cual es muy bueno para lo suyo, pero no tan bueno para comprender una Du Barry, o una Pompadour (exelente pensadora de las relaciones internacionales para mal de los Ingleses), o de una Eva Braun o de mil otras que prestaron ingentes servicios a grandes personajes. En fin, lamentable todavía LCB no me convence, pero le ruego haga el esfuerzo, y por otra parte, que intente repensar el personaje desde la perspectiva de un mundo donde los recién llegados, los que no provenían de la aristocracia, tenían un sólo camino para llegar… la masonería. ¿Habrá sorteado nuestro personaje ese condicionamiento? No sin mella por lo menos…
Gratamente por su atención, les saludo. DARDO CALDERON.
¡Pues era ud. un alma gemela…!
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Levantadas están
desde el inicio, ya que lo del tuco era una tocada de oreja para que salte la fecha donde sus abuelos bajaron del barco (dato nada menor). Sin embargo no crea que no sigo bastante mi rumbo en lo general y en lo particular. En lo general, repito que no necesito que el Padre de mi Patria ande por el mil ochocientos. Me sobra con saber que la Madre de mi Patria fue la Católica Isabel, y de ahí pa tras, España es tan mía como de cualquier peninsular, y mucho más en algunos aspectos. Guste o no guste, culpe al que culpe, al decir República de Chile o Argentina o Perú, estamos hablando de un proceso de decadencia del Católico Imperio Español y no más que eso somos, ya digo, salvo el honorable intento de Rosas que no pasó de intento. Guste o no guste, culpe a quien culpe, las llamadas guerras de independencia no son otra cosa que guerras civiles cuyo resultado nefasto nos permite dudar de la conveniencia del bando y no dudar de la conveniencia que resultó para el enemigo común. Dada mi proximidad provinciana, la sangre me tira para los Pincheira, debe ser esa necesidad que tenemos los católicos tradicionales dentro de la modernidad, que para nuestra tranquilidad resulta siempre preferible estar en el bando que pierde.
En lo particular, su singladura se me hace temblorosa y a cada paso me salen objeciones, algunas basadas en lecturas hechas más allá de veinticinco años y contando que no soy proclive a la cita. Vea Ud a modo de ejemplo y dentro del espíritu que ambos hemos sabido entender. En aquellos años había escuela militar para nobles y otra para plebeyos. Tengo leído que San Martín no entró en la de nobles. Tengo leídas las cartas de su señora madre y de sus hermanos que durante años reclamaron la condición de nobleza – y su paga consecuente- que se les prometió por los servicios en Yapeyú y que nunca se cumplieron (parece que a los hermanos finalmente se los pasó a la oficialidad noble. Tengo entendido que San Martín se ciscó en las cartas putas y arregló el asunto de su destino sin mendicidades y porque le sobraban cojones para arrebatar lo que otros pedían. Tengo entendido que su condición plebeya lo puso en un lugar en que no recibió gran educación y ya de pequeño le tocó la escuela de la guerra, corríjame pero recuerdo que con algo de catorce años ya servía los cañones en áfrica. Por lo que tengo entendido que los grados militares son una cosa en los nobles y otra en los plebeyos, y que en suma, se parecían a lo que hoy entendemos como oficialidad y suboficialidad, términos que usé para mejor comprensión. Recuerdo haber leído unas cartas de una ortografía espantosa en las que el prócer trata por muchos meses de obtener el reemplazo de su caballo que le fuera robado en ocasión de un asalto que le costó un buen sablazo en la cabeza. Colijo que a un oficial noble y educado en las escuela correspondiente, ni le fallaba tanto la ortografía ni le faltaba un caballo (¡qué alegría debe haber experimentado en estas tierras donde el más mugriento tenía tropilla del mismo pelo!) y no existía la parafernalia administrativa española (borbona si usted quiere) para pedir un pingo siendo uno de los más calificados para montarlo (no dejo de recordar la atropellada a pingo puro de la batería de artillería que le valió una medalla). Veo al personaje juntando bronca, manso…, pero determinado, preparandose para mostrarle a todos esos señoritos cuantos pares son tres botas. Lo veo buscando el ascenso por otro lado, veo una cierta necesidad de revancha, no totalmente plebeya… en un tono napoleónico.
Recuerdo haber leído una lista bastante grande de oficiales ingleses… ya la buscaré si se hace útil, pero hay bastantes calles en mendoza con nombres ingleses: O Brien, Paroissiens (que de médico tenía lo que yo de carpintero y que fuera dejado a cargo del gobierno de Perú y cuyos contactos con el Foreign Office parece que no eran pocos; también partidario de la Carlota Joaquina – gorda lesbiana según la perichona- y que se proponía para hacer entrar a su inglés marido en el ruedo, sabedores de que la gorda dejaría todo aspecto noble a otro) Tengo un amigo Wilkinson que sin duda es descendiente de uno de estos ingleses. Vamos al tema de Maitland, se puede explicar en varias claves, pero el mismo Diaz Araujo reconoce su existencia. El tema de la marina, San Martín estuvo en toda la gestión de la compra de los barcos, asunto bastante complejo, cuya conclusión hace decir a Diaz Araujo que San Martín era insospechable y que a mi me hace nacer más sospechas que antes, ya que ese asunto que se los hizo pagar con impuestos a los comerciantes escoceses, me suena a triangulación para esconder el financiamiento. ME QUEDAN DOS: o era agente inglés, o jugó con los ingleses, únicos posibles aliados, a los que oportunamente pensaba sacar del juego. La tercera es la suya, Dios lo quiera.
Mi escepticismo que lleva al desánimo político, lo acepto a los efectos de conservar amistades atacadas de un optimismo y un derroche de ánimo tan loables como inútiles. Los procesos históricos son implacables y mi única esperanza es en la otra Patria, que esta ya se fué al corno y hoy nos encontramos resistiendo sobre nuestros dormitorios, en esta última lucha que es sobre lo bueno contra lo malo, ya sin matices ni gatopardos. Nos gobierna la última mierda y estamos tratando de que no asesinen los niños.
En lo que más coincidimos es en los retos de las patronas. Calculo que debe sufrir usted de los mismos males de todos nosotros, no hay lugar para decir lo que se debe decir en los sitios pagos y oficiales y simplemente somos voces que gimen en el desierto, probablemente no tan bien preparados por el tiempo que lleva llenar la olla. Pero quién nos quita lo divertido? DARDO CALDERON ( ps, para no ser tan concertador, Belgrano era un mamerto que nunca debió salir de su almacén de ramos generales, y eso que mi madre, hija de genoveses, hacía unos tucos que te la voglio dire).
Don Dardo, ya que le gustaría saber quién es Ludovico L. b-C….
… me permito sugerirle hacer ejercicios, que en nuestros días son el camino (vico) natural que tempranamente adoptan quienes se inician en el juego (ludo) con Internet.
Para este caso de su interés le sugiero los siguientes ejercicios: copie (con las comillas incluídas y las palabras agregadas que van sin comillas) y pegue cada línea en cuatro sucesivas búsquedas del Google,
«Ludovico ben Cidehamete»
(Esta búsqueda brinda 1690 resultados, no pocos no pacíficos)
«L. b-C. » Ludovico
(Esta búsqueda arroja 98 resultados, algunos no incluídos en las otras)
«Ludovico b-C.»
(Brinda sólo un puñado de resultados)
«Ludovico ben Cide Hammet»
(Arroja muy pocos resultados, es una grafía inusual)
También es ilustrativo buscar «Ludovico» en el buscador de PANORAMA CATOLICO y cernir los resultados, porque lógicamente hay algunos otros pocos Ludovicos. Hay búsquedas más exhaustivas, Google no llega a conocer ni el 20% de las páginas de red. Para cernir en el Google, repita cada búsqueda agregando, a los dos primeros rótulos, y de a una, palabras sin comillas como Perón, historia, religión, católica, Papa, etc.
Cordialmente,
Á. B. L.
A DARDO CALDERON SOBRE LUDOVICO BEN CIDEHAMETE (iii)
Aunque L.b.C. en algún lado indica residir en Río Negro, la dirección IP provista por el padre Fabián, 190.30.7.100, corresponde a DISTRITO FEDERAL, BUENOS AIRES (APOLO -GOLD-TELECOM-PER), según puede verse en < http://www.ip2location.com/free.asp >
Otra vez slds.,
Á. B. L.
A ABL sobre Ludovico Ben Cidehamete
Estimado ABL,
Ud. sabe que siento una gran admiración y un profundo respeto por su saber, y también lo sé generoso y agradecido. En definitiva, Ud. es un hombre de bien. Por eso deseo aclarar algo: el susodicho Ludovico Ben Cidehamete es un buen amigo mío, un amigo personal. Con sus mismas virtudes: es erudito en muchos temas, es generoso con amigos y no solo con amigos, y es agradecido. Alguien a quien la Patria le debe un reconocimiento que Dios permita reciba.
Sus investigaciones en Internet van descaminadas. Por citarle un caso, Ludovico B.C.H. reside parte del año en Rios Negro y otra parte en Buenos Aires. No ha mentido.
Si algo me sorprende y se lo he hecho saber en correo privado, es cierta ferocidad en su post contra Dardo Calderón, que presumo habrá sido algún momento anímico, ya que no es su modo habitual. Su modo habitual es la ironía fina y el buen trato.
Por eso le pido a todos, a Ud., a Dardo y al propio Ludovico, que sostengan esta interesantísima polémica empezando de nuevo, en un foro, y dejando de lado cuestiones personales.
Todos los ignorantes tenemos derecho a exigirles a los conocedores que nos participen de su saber, y que no disputen en un plano de antipatía personal.
Es un ruego a todos, que canalizo a través de Ud., amigo A.B.L. a quien se componedor.
Paz, y Dios con todos.
El Moderador
Particularmente en esta Semana Santa que comienza…
FEROCIDAD CONTRA DARDO CALDERON, ¡ AARF, GUAU GUAU ! 🙂
Primera noticia sobre esa ferocidad, Marcelo; no hay ni hubo nada que se le parezca, palabra de honor. Al contrario, en la correspondencia particular y diálogo personal con otros panoramistas he mostrado siempre mi sincera cordialidad y el mayor respeto por Dardo. ¡Por cierto que sería lindo podernos conocer personalmente !
Gracias mil por sus aclaraciones sobre ben Cidehamete, Marcelo; la tarea que asumí (que en realidad me costó muy poco trabajo, porque empleo un buscador múltiple de entrada también múltiple y gran velocidad) fue simplemente señalar la información que provee Internet; la consulta de Dardo muestra que él mismo no sabía como procurársela, y Vd. aun no había salido de fiador personal (no ideológico, bien entendu) de este Ludovico (que, aussi bien entendu, no es nuestro inefable Ludovicus Bellicosi Ossius & Ripas, señor del Vale). Yo no he dicho que Ludovico ben Cidehamete hubiera mentido, sino que una pista dice que es abogado en Rio Negro y otra lo muestra empleando una máquina en Buenos Aires; no he pretendido que viviera recluído en uno solo de ambos lugares.
En cuanto a las numerosas críticas que integran las 1700 referencias a ben Cidehamente en Internet, si bien reproduje -a fuer de muestra- el razonado diálogo del sacerdote Fabián (quien entre sus razonasmientos opina muy negativamente de ben Cidehamete, diciendo que «Es un ser anónimo que se esconde en subterfugios virtuales con aparente solvencia doctrinal pero con serios errores doctrinales y morales. Sin lugar a dudas, su intención es la controverisia o confusión de los participantes. La especialidad de su aporte es el litúrgico. Por lo menos es en esas entradas dónde ha participado (ignoro si lo ha hecho en otras ya que puede haber usado otro sobrenombre que no he detectado). Aparenta solvencia, pero tiene errores garrafales, propio de un novato. Más bien, diría, de un catecúmeno. Veamos esta burrada (sí, así, literalmente) que se mandó: /…/») departiendo con la moderadora de otro sitio de red llamada Gabriela acerca de las intervenciones de ben Cidehamente en sus sitios < http://padrefabian.com.ar/que-es-un-hoygan/ >, también aclaré que era necesaria una lectura crítica por desconocer qué factores ideológicos podían intervenir distorionando el cuadro presentado por el sacerdote y aquella moderadora de otro sitio.
En fin, son ejemplos -encomiosos y peyorativos, a veces neutros, muchas otras veces interesadamente exaltatorios o calumniosos- de las informaciones y desinformaciones que hoy surgen cuando cualquiera realiza una búsqueda en los archivos de Internet, donde suelen aparecer sobre cada uno juicios de todo tipo propios de las circunstancias más diversas. A mí, verbigracia, me han acusado de no existir (denuncia interesante para sesudos penaiistas y teólogos), y otra nota, biográfica, me pone como fallecido hace rato…
También le agradezco mucho, Marcelo, su inmerecidas palabras conceptuosas sobre mí; ¡haré lo más que pueda para mantenerme lo menos lejos posible de merecerlas!
Cambiando de tema, anoche charlaba al esquipe con un panoramista de Tucumán, inquietos ambos. ¿ Alguno concretó algo sobre la pintada atea pagada como publicidad en los colectivos de Mar del Plata ? ¿ O todo quedó en Gerede, en cháchara para tranquilizar nuestras conciencias, y ninguno hemos procurado siquiera aportar un mísero aerosol ?
Un fuerte abrazo,
Á. B. L.
Sobre ferocidades
En realidad, no hablaba de Ud. sino de Ludovico vs. Dardo Calderón.
Un cordial saludo.
No sabia que mi persona
No sabia que mi persona interesase tanto a alguien. Aunque fuera negativamente.
A.B.L. critica exactamente lo que él mismo hace: presentarse en páginas ajenas sin sus nombre y apellido para dar juicios sobre cuestiones de toda índole. Es propio de la civilización cristiana respetar el derecho a hablar en público y en privado, pláticas de todo tipo y clase. Aunque los tradicionalistas no lo crean y los liberales digan que es obra dellos.
No investigo la vida de los foristas, no por que no me interesen los demás, sino por que es mala educación. Ni hurgo sus entradas en otros sitios, ni nada ajeno al cometido de mi debate presente.
Si hablo en público, en privado, o con quien se me de la real gana, no es cosa que incumba a nadie. Veo en esta agresión personal de ABL la manera, acaso la única que dispone, de eludir las respuestas pendientes ….
El «lindísimo» del P. Fabián dijo toda clase de estupideces, aún más serias que las que muchas veces propala A.B.L., sobre la nueva traducción del Misal que, como ya muchos saben y otros intuyen, es una estafa (más) de n. Conferencia Episcopal, como lo fue la Comunión en la mano. En todo caso, invito a cualquier testigo de buena fé a ingresar a la página del P. Fabián e intentar dejar un comentario. Lo primero que se advertirá será que los visitantes son invitados a dejar sus comentarios.
Y que en el renglón dedicado al correo electrónico del remitente se lee: «Email (no será publicado)»
Desde luego, el P. Fabián, demostrando qué clase de valor tiene para él su palabra (repito: invitando a dejar comentarios y prometiendo NO publicar el correo electrónico) publicó la dirección de correo electrónico y, creyéndose «piola», supuestamente bloqueó el IP de mi computadora, el cual también CREYO publicar … como si no pudiese dejarse un mensaje desde cualquier computadora, o cambiarse el IP a gusto a cada ratito… o no supiese qué es la «IP dinámica». No, el pobre, además de demostrar mala fe, es un ignorante. Y eso queda probado en ese «post» que contesté, donde tampoco él resondió, sino con insultos e improperios, los argumentos que expuse.
Ese debate, por afecto al sacerdocio católico quise dejarlo en la penumbra, por que me pareció penoso en todo sentido; pero lo usó innoblemente A.B.L. y posiblemente ahora la seguirán usando algunos otros. No hacía falta presentar mi intervención como algo furtivo (otra bajeza más) por que el nombre del remitente estaba y sigue allí escrito …. Ahora, ya que está publicado todo esto a pesar de mis intentos en contrario, puede Ud., apreciadísimo Moderador, darlo a publicidad si no perjudica su página.
Dice que le molesta la grandeza de Rosas, allá él. Pero presentarlo como un «hecho terrorista» estilo yanki me recuerda muchísimo cierta publicidad oficialista de cuando yo era un chiquito. No parece que que tenga buenas razones, que hasta ahora no las he leído y han quedado sin responder mis afirmaciones históricas; no se explica por qué no refutó argumentos, en vez de atacar personas como, en este caso, a mí. Es evidente que este señor no tiene espíritu «foral», es decir, no le gusta el debate propio de los foros de Internet, sino lucirse, o aplastar a los demás, a los que no concuerdan con él. Y entonces recurre a esta bajeza por que se quedó pinocho de razones ….
Lo de la persona que «groserísimamente» insultó a la sra. Eva Perón no sé qué es, ni me interesa demasiado. Dicha señora, por motivos que para comprenderlos habría que haber nacido en Buenos Aires de familia argentina, no me resulta atractiva en nada; sí, acaso, indiferente. El suyo es un aporte folklórico «post mortem» a la mitología idolátrica de un partido liberal que no sabe cómo sacarse de encima su lastre marxista y extranjerizante. Pero jamás la hubiese insultado ni lo he hecho, por que no está en mi índole hacer tal cosa con una pobre mujer muerta en penosísimas circunstancias y casada con un sujeto que era una pena en vida. En todo caso, parece sí estar en la índole de A.B.L. acusar falsamente a los demás y dedicarle insultos gratuitos.
Y a todo esto, bueno sería esperar primero la respuesta a mis preguntas históricas. Claro, si las saben; si no, ¡abur amigos!
De cualquier modo, amable Moderador, le ruego encarecidamente que imponga ciertas reglas de orden mínimo en sus foros; yo no he mancillado el honor de nadie. Si les he puesto por delante su ignorancia, no he obrado peor que un maestro, o que un apóstol o que Cristo mismo. En tal supuesto, no debería ser criticado ni insultado, porque imito algo bueno; a lo más, merecería ser invitado a abandonar algún tono imprecatorio que a veces, mi pasión me impide reprimir.
Muchas gracias, y le pido me perdone si le he causado molestias.
Ludovico ben Cidehamete
Amigo Ludovico,
Dos cosas.
1-No impondré reglas de orden (entre otras cosas porque no creo en los reglamentos), sino que trataré de cumplir más eficazmente mi función de moderador, que no he cumplido bien. Mi post dirigido a ABL y destinado también a Ud. y a Dardo apunta a eso, a corregir mis errores en este caso.
2-Siendo todos cristianos católicos, como lo sé, propongo retomar asunto con más serenidad para bien de la verdad y honor de la Verdad a Quien servimos, mal, pero servimos. Sobre la verdad, en las cosas que no nos han sido reveladas, bien podemos tener diferencias. Pero en el servicio de la Verdad toda diferencia cede.
Tengo la certeza de que entre quienes están debatiendo este tema no hay ningún enemigo de la Iglesia ni de la Patria. Si, como veo está ocurriendo, retomamos un camino pacífico, más allá de las pasiones de cada uno, que se manifiestan de modo distinto, todo se andará.
Un cordial saludo.
Paz y Dios con todos.
El Moderador
NO FUI YO, CIDEHAMETE, DEBEN SER LOS GORILAS, DEBEN SER
Para poner serenidad, cantemos un baión.
Alguien preguntó por usted, yo le expliqué cómo se busca en Internet , y ahora usted chilla porque lo deschavaron. ¿Pero en qué año vive, don ben Cidehamete?
Serenidad, serenidad, como buscaba Heidegger. Mucha Gelassenheit. Para poner serenidad, cantemos un baión: «¡San Martín, Rosas, Perón, un solo corazón!» ¿O prefiere aquello de «»Yo te daré, te daré Patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con C: café» ?
Datos sobre todo esto se encuentran con los ingenios buscadores de Internet. Y también sobre la gente, y sobre las identidades virtuales. Y hasta sobre la gente que chilla al cohete porque se identifica del todo con sus identidades virtuales.
Lejos de ser innoble, es práctica habitual en 2010 buscar huellas en la red para lograr formarse un mejor concepto de cualquier interlocutor. Si no quiere dejar sus datos, no los suba a la Red, pero si los pone en público sepa que hasta los robots los identifican: Nemo nunquam propriam turpitudinem alegans, que traducido significa calavera non chilla.
Comprendo que lo saque de quicio ver que su error es ya irreparable, pero por más desquiciado que se encontrase no hallaría fundamento para sostener, como se le ocurre hacer y lo hace, que «parece sí estar en la índole de A.B.L. acusar falsamente a los demás y dedicarle insultos gratuitos.» Le parece nomás, Cidehamete; le parece.
Yo no lo acusé de nada. ¿Quiere victimizarse para que lo consuelen o compensen?
Yo no lo insulté jamás. ¿Quiere hacerse el ofendido?
Yo no le he criticado nada, simplemente puse una máquina a reunir información sobre el nombre o pseudónimo con que usted firma sus opiniones, rastreando algo de su historial. Lo mismo que no le dejo hacer conmigo porque, como hoy sabe cualquier adolescente, no es de este siglo mantener largamente una identidad pública, salvo propósito de venderla (páginas propias).
Todas las demás referencias internéticas son virtuales.
Lo interesante son las coincidencias, vea. Ese padre Fabián y la última media docena de comentaristas en PANO que se refieren a usted coinciden en criticarle ciertos rasgos a su identidad virtual. ¿Ve, Cidehamete? Para eso sirven los aparatos buscadores: detectan coincidencias y las ofrecen para su madura consideración. No para ofenderlo: critican a su identidad virtual, no a usted.
El único que no le criticó nada fui yo. Nada. Absolutamente nada.
¿Por qué chilla, entonces?
«¡San Martín, Rosas, Perón, un solo corazón!»
Cantemos un baión. O la música de fóbal de Juan Raimundo Streiff. ¿O no sabe cuál es? (¡No realice una innoble búsqueda por Internet, no!)
¿O es que en realidad usted era aquel comentarista que necesita una cortadora de césped para los pelos del brazo? Porque en ese caso me ofende el groserísimo insulto a Evita, sin hablar de la interesada indiscriminación y perpetua atribución al peronismo de cuanto falsificador izó sus banderas en beneficio propio, desde Casildo hasta Aníbal Fdez. Espero pues con ansias que sea verdad lo que usted afirma, «Lo de la persona que ‘groserísimamente’ insultó a la sra. Eva Perón no sé qué es»…
Pero Marcelo tiene mucha razón. Caridad. Hemos de ser componedores y traer serenidad, máxime en estas santas fechas. ¡ Ya sé qué hacer, don ben Cidehamete ! Lo invito a leer de vuelta mis tres intervenciones. Verá que no lo he insultado, no lo he criticado, y nada tiene que reprocharme. El único culpable debe ser ese antiperonista asqueroso que está subiendo a Internet tantas páginas con referencias indiscretas a la identidad virtual con la que usted se identifica, «Ludovico ben Cidehamete». Debe ser ese antiperonista, que andará por ahí.
¿Se acuerda, ben Cidehamete? Era 1955, no 2010. La Revista Dislocada trasmitía por Splendid una parodia de Mogambo, película con Clark Gable y Ava Gardner escenificada en Africa. En ella salía un científico con unas copas de más que ante cada ruido selvático decía atemorizado: »deben ser los gorilas, deben ser'». La frase fue adoptada por la gente. Ante cada cosa que se escuchaba y sucedía, la moda era repetir «deben ser los gorilas, deben ser». Y Aldo Cammarota, Armando Libreto y y Néstor D’Alesandro compusieron un baión, que tocaba Feliciano Brunelli y cantaba Roberto Morales…
En su caso también, ben Cidehamete. La culpa, de poner todo eso sobre la identidad virtual con la que usted se identifica, no la tiene el gobierno. Ni yo tampoco. Deben ser los gorilas, deben ser. Véalos con una sonrisa amable en
http://www.youtube.com/watch?v=c6V1DSAbv2s
o para alcanzar mayor serenidad deléitese con la música que sigue, que calma hasta a las fieras y empieza con los cantitos barraqueños de Juan Raimundo Streiff de 1926; la bajada es gratis:
http://www.mediafire.com/?7l3tweymajb
Sonrisas cordiales de
Á. B. L.
Como se equivoca (otra vez)
Como se equivoca (otra vez) en casi todo lo que afirma le propongo, por expreso pedido del Moderador, al que añado gustosamente mi propia decisión, desensillar hasta que aclare.
Sí le pediré no insultar a los tanos, que tanto bien nos han hecho en todo sentido (menos Mons. Melani) y por que no tienen nada que ver con esta polémica. Ni sus antepasados, ni los míos (a uno de los cuales Ud. elogia mcuho… y lo agradezco) tienen que ver con ésto aquí y ahora; se trata de una polémica que, apasionada -como creo debe ser todo lo antinente a la Religión o la Patria o la familia- se resuelve necesariamente en el terreno de los hechos históricos demostrables.
Dígase que, en mi caso, contó y sigue contando el hartazgo que me causa oir difamar a hombres sin tacha.
Pero si considera que he insultado a sus antepasados -cosa que ciertamente no he hecho- lo retiro sin más trámite, por que no es así como procedo.
Si piensa seguir el sapientísimo consejo cervantino que menciona, no entre en esta polémica; es un ruego, no una reconvención. El conocimiento del pasado es tarea también libresca, nos pese o no nos pese.
La «larga dinastía» de los Borbones no me interesa, sino tangencialmente. Los considero poca cosa de todos modos, inútiles en todos los lugares donde Dios los puso para hacer el bien y, salvando casos singulares muy precisos, una calamidad para la monarquía cristiana. Si Ud. no quiere, no los volveré a mencionar. Y le aseguro que será un gran bien para mí.
Le propongo no tirarnos nuestros antepasados a la cara, por que más de uno podría pasar un «calorón» impensado. Y por que no discutimos nobleza de sangre, sino hechos pasados.
También de Liniers podemos platicar alguna cosa, siempre que no olvide los nombres de Sassenay y Bonaparte. El resto, es fácil.
Confiesa Ud. no saber gran cosa de este asunto, así que le propongo evitar ciertas frases (como ésta: «San Martín era de padres peninsulares, no americano, de baja condición – suboficiales- que logró cierto renombre (más bien malo) al prestarse para la destrucción de la república jesuítica – de la cual fue interventor/demoledor- esperando un premio por tomar una función que ningún bien nacido quería y que una vez hecho le pagaron con descrédito») que lo ponen en muy mala situación.
Dice Ud. al final de su reclamo, que no sabe cómo sería ésto de construir un mito: Santo Tomás recuerda que las cosas se reparan con lo mismo que se contruyen, y se destruyen de modo inverso. En tal caso, creo que Ud. algo debe saber, por que escribe esto: «Quizá San Martín no estuvo bajo las órdenes de Beresford ni se enroló en la logia mirandista de obediencia escosesa, ni fué a Inglaterra desde donde vino, ni tiene nada que ver que terminara de suboficial a General en dos pasos, que sea una casualidad que previo a San Lorenzo le pasara revista un reconocido espia del Foreign Office, que su ejèrcito estuviera plagado de oficiales ingleses, que su marina sea casi exclusivamente inglesa, sobre barcos ingleses… en fin, sin duda estoy equivocado y tiene razòn el siglado; resulta que era carlista. Es más no se me escapa que todas esas cosas pueden haber sido un juego necesario, un pacto con lo único que tenía a mano y con la reserva de sacárselo de ensima a la primera de cambio. Pero salió al revés», que contiene muchísimas falsedades. Se las señalaré:
1. San Martín nunca estuvo bajo las órdenes de Béresford, sino bajo las órdenes de un general español, Joaquín Castaños, perteneciente al Ejército comandado por Béresford, pero en una unidad bajo los órdenes directas del gral. Jeremy Blake; y solamente en la batalla de Albuera. Beresford en aquel tiempo era general del Ejército de Portugal y mariscal de España; y en una epoca en que todavía no se conocían bien en España las invasiones inglesas. No digo que lo desconociera el gobierno; sino que había sdio escamoteado al público, merced a la alianza anglo-española antifrancesa que se hubiese visto perjudicada por el pundonoroso sentido del honor de los oficiales españoles. En esta única acción en que se hallaron juntos Beresford y San Martín, se consumó la victoria española de Albuera.
2. Nadie, nunca, ha presentado prueba alguna, ni directa ni semidirecta sobre la pertenencia de José de San Martín a la masonería; son suposiciones. A la sazón, por el tiempo de su regreso a la Patria, Miranda estaba preso y moribundo en Cádiz mismo. Es el mismo tipo de infamia que la montada sobre su supuesta ascendencia india, o que impugna la paternidad de don Juan de San Martín (capitán del Ejercito Español, no suboficial) para haceo hijo de Diego de Alvear (quien llegaría a tierras rioplantenses 3 años después del nacimiento del joven).
3. Para pasar a América desde la sitiada Cádiz, en 1811, había que tomar un barco inglés, por que españoles no había ninguno que pudiera pasar el bloqueo ¿Lo pensó alguna vez? Tomó pues nuestro héroe, en efecto, un barco inglés con pasaje hasta América, y dejó asentada en su foja de servicios que pedía la baja para «pasar a la América», así que, nada pensar en engañar a los superiores que, quizá, estuvieran más al tanto de lo que pensaba hacer el joven teniente coronel de lo que Ud. cree. No lo olvide: NINGÚN GENERAL DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA FUE ENVIADO A AMÉRICA.
4. Los ascensos de San Martín. Le aclaro que nunca fué suboficial. Arroje a la letrina el libro en que lo leyó. En su foja de servicios consta que, a los 19 años, edad inusual, era «subteniente primero», es decir, había tenido algún ascenso, y consta que sus ascensos fueron «por méritos de guerra». La terrible guerra en África, en cuyas batallas principales de la época está presente nuestro joven oficial y la guerra contra los franceses, en cuyas dos victorias más despampanantes estuvo este oficial, en cargos importantísimos. A los 30 años de edad, San Martín, por méritos de guerra adquiridos en la asombrosa batalla de Baylén, es ascendido en el campo de batalla a Teniente Coronel por el general Joaquín Castaños, quien refrendará un mes después la decisión con el despacho correspondiente. Y además, se le condecora. En un ejército esclerótico como era el español de aquella época (muy semejante al que existía en España en 1936), un teniente coronel de esta edad era impensable. Y nada de acuerdos en tenidas secretas: ¡Méritos de guerra!, ascensos en el campo de batalla, para despejar toda duda. La foja de servicios de San Martín existe y le recomiendo leera.
5. La Argentina JAMÁS ASCENDIÓ A SAN MARTÍN A GENERAL. Don José era general del Ejército de Chile, y del Protectorado del Perú, pero no de la Argentina, hasta su ascenso post mortem en 1888 (no estoy seguro de la exactitud de esta fecha, sí del hecho). De modo que eso de «suboficial a General » en un relámpago…
6. Lo del «espía ingles» circa San Lorenzo, ya lo comenté, y para saber qué pasó, hay que leer la copiosa correspondencia del inglés. Pocos días atrás, respondí una objeción fundada en un artículo de la señora Mary Graham, que contiene algunas cosas poco edificantes sobre San Martín, en mi propia página y ante la hidalguía de un lector que tenía dudas sobre el Libertador. Es el mismo caso: no fiarse nunca de lo que dicen autores ingleses si no están corroborados por testigos más imparciales.
7. «Plagado de oficiales ingleses». Que yo sepa, había un solo general inglés, William Miller, que no lo trajo San Martín sino O’Higgins. No era nada raro en aquella época, ni se consideraba traición ni crimen, que un soldado profesional eligiera dónde y para quién pelear. Luego de la paz de la Santa Alianza, América era el lugar de la guerra, y hacia ella afluyeron centenares, tal vez miles, de soldados de toda Europa, especialmente españoles, franceses e ingleses, pero también alemanes, como nuestro general Rauch, italianos (nacido en Malta), como Azopardo, y algún ruso. De todos modos, el ejército de San Martín que partió de Mendoza NO TENÍA UN SOLO OFICIAL INGLÉS. En Chile había varios, no muchos, contratados por O’Higggins, como el cretino y ladrón de Cochrane. A Miller, los peruanos lo tienen por un héroe nacional. Y los chilenos, al almirante ladrón inglés; inclusive, su flota de guerra siempre tuvo un buque que lleva su nombre. Y el muy cretino se robó el tesoro íntegro del Ejército patriota, obligando finalmente a San Martín, entre otras cosas, a abandonar la guerra por falta de recursos.
8. San Martín nunca tuvo una Marina suya; la que había, sí, era una flota chilena, pagada, contratada y armada por los chilenos y puesta disposición de San Martín, que desconfió siempre de estos aventureros y solamente quiso confiar en su amigo Guillermo Brown y en sus bravos oficiales puestos a almirantes: el mismo Miller («general de Marina»), Zapiola, Rosales, que estaba loco y era un lunático que se robó un barco en tiempos de Rosas, Drummond, que era francés, el Granadero Bouchard, que era liberal antimonárquico. Y tuvo razón.
Y sí, es cierto que la Verdad nos hará libres.
I. D.
L. b-C.
Ajá; algo así como …
«el San Martín de la Historia», contrapuesto al «San Martín de la Fe», es más o menos lo que Ud. propone. Algo medio hipócrita, me parece. Un escritor positivista contemporáneo (de San Martín), un sujeto ínfimo llamado De Weiss, decía que «un prejuicio útil es más razonable que la verdad que lo destruye, y si no yerro el tiro, es lo que Ud. me propone.
Pues bien: No acepto.
Creo que la Verdad debe prevalecer, a cualquier costo; tan persuadido estoy de que este camino es el que Dios señala, y que nos será finalmente favorable a los patriotas, que jamás abdicaré de él. Los que piensan como Ud., sostienen (sin pruebas, sin razonamiento alguno y sobre todo, sin contestar mis argumentaciones) conjeturas que no se animan a defender con razones: «A mí con razones no me váis a convencer…», decíame un gallego hace años.
Ergo, vuestra posición es meramente ideológica, no histórica; hacen lo mismo que los «resctatistas de la Memoria»: Nada más que engrosar su colección de calificativos, sin mencionar hechos, fechas, situaciones, consecuencias.
Cuando comenzó la Guerra en América, en 1810, pongamos por fecha convencional, el Imperio español estaba muerto, liquidado y enterrado bajo la bota del Emperador de los Franceseses, que los Borbones habían hecho entrar en España por el Tratado de Fontainebleu. Lo que quedaba no era imperial, ni católico, ni legítimo, sino barro, barro puro.
Y el problema de Vuestras Mercedes para aceptar verdad tan simple y tan acabadamente probada, es su «borbonismo», ese estigma invencible que lleva en sí el carlismo dinástico y que produjo los Sabino Arana, Carlos Hugo y sus seguidores marxistas.
Decir que la Independencia americana fué «funcional a los ingleses» (sin aportar ni una mínima prueba de esta «funcionalidad») o procurada por la masonería (sin aportar otra prueba que los escritos infundados de los propios masones …. sujetos que se han pasado su existencia buscándose parientes o asociados hidalgos y nobles….) es indudablemente funcional a una excusa exculpatoria para la España decadente-borbónica de los siglos XVIII y XIX y para desimplicar de su evidente responsabilidad personal y directa, a los propios monarcas. Como siguen haciendo ahora los obispos españoles con Juancarlitos «el sordo» … a su conciencia (si la tuviese).
Si respeto la institución monárquica y soy partidario de ella tras los pasos de San Martín, Belgrano, los Anchorena, etc., no estoy obligado a respetar a los Borbones, que han sido como los proxenetas de tan ilustre institución y, contando con las pruebas presentes, no creo se hayan enmendado. Con la posible excepción, repito, de don Alfonso XIII, el más noble de los reyes españoles de los últimos 250 años. Pero no era Borbón más que por su abuela Isabel… Y era bastante menos borbón que su nieto.
Hechos, señor mío, hechos. La Historia se escribe sobre los hechos, que son la fuente de la VERDAD inclaudicable, no sobre conjeturas viciosas e interesadas.
Es evidente lo que digo; y sobre todo, queda confirmado por la elección de la figura del General San Martín para fijar un personaje congenial como ningún otro con la Tragedia americana de aquellos días. Y por eso, tanto interés en sembrar dudas y arrojar injurias sobre él. Esta actitud suya de preferir un «prejuicio útil» a la verdad, que con todo el respeto que le debo, la repruebo completamente como inmoral.
A la verdad me atengo, cualquiera que sea. Si nuestra guerra llamada de Indpendencia es lo que yo digo y lo demuestro con pruebas fehacientes, QUIERO QUE SE ME RECONOZCA INMEDIATAMENTE, como prueba de honradez intelectual.
Si, por el contrario, la postura de su parte estuviera mínimamente cimentada en la VERDAD, no dude en esperar mi reconomiento, que lo tendrá. Pero conociendo como conozco esta cuestión, eso no sucederá nunca.
Fíjese Ud., como prueba (y respuesta) en esta inmensa memez: «Si es cierto como dicen algunos revisionistas, que su lucha fue contra los Borbones masones y sus ejercitos en América, resulta contradictorio que después de acabado con estos, no se ocupara con el mismo empeño, de los masones de America, que se valieron de sus triunfos militares para hacer lo que quisieran. Cuando San Martin termina las guerras de la Independencia, era un hombre joven de menos de 50 años, que bien podía utilizar su capacidad militar para ver coronada su obra con una America unida bajo el poder de la Religión y la Monarquia, y no la anarquia en la que la dejó. Y no vengan conque no aceptaron su propuesta, o que Rivadavia lo perseguia etc etc. Un hombre que realizó las grandiosas campañas militares, como San Martin, seguramente tenía la capacidad , autoridad, y prestigio, para poner orden interno, y borrar sin mucho trabajo a sus enemigos, ya que muchos de los caudillos se plegarían a una campaña de esta naturaleza».
Esto es desconocer la realidad y no haber leido (acaso no tener la menor idea de lo que significaban) mis adelantos anteriores sobre su lucha contra los Carrera, los Cochrane, Rivas Agüeros, etc. por un lado, y los Valdéz, Canterac, Osorios, Abreus, por el otro. San Martín se pasó la vida combatiendo la masonería, o por lo menos a muchos masones importantes. Los masones no se valieron de sus triunfos militares hasta su alejamiento, como cualquiera que se apodera de una gloria ajena. Los masones españoles, ingleses y franceses se apoderaron de las victorias de los españoles contra Bonaparte ¿o no? y corrompieron España inmediatamente después de la Guerra de la Independencia (española). Lo que es elogiado en FErnando VII, es criticado en San Martín. Y nadie dice ni mú….
Por otra parte, el poder obtenido por San Martín cristalizó en Juan Manuel de Rosas, el general Portales, Agustín Ithurbide y algunos hombres católicos que surgieron en América, NO EN ESPAÑA donde no había ninguno ni parecido….
¿O Usté quiere poner a Fernando VII, a Serrano, Espartero, Pavía, ¡Mendizábal (oh, Dios)! como héroes del catolicismo? Y no nos engañemos: esto es lo que esperaba a América si nuestras armas no hubiesen triunfado. Vamos….
Después, el despistado afirma que «cuando San Martin termina las guerras de la Independencia…». Vea amigo: San Martín NUNCA PUDO TERMINAR LAS GUERRAS DE LA INDEPENDENCIA… ¿se enteró, lo leyó alguna vez o lo aplazaron en Historia Argentina en 4º y 5º año del Secundario? Está bien que la educación aquí no sea gran cosa, pero si no lee ni siqueira un Manual «Anaya» de Historia, nunca sabrá por qué. Finamente, o al menos eso espero, digo a su anterior comentarista QUE ES UN IGNORANTE.
Luego, esto: «…podía utilizar su capacidad militar para ver coronada su obra con una America unida bajo el poder de la Religión y la Monarquia, y no la anarquia en la que la dejó…». O sea, es justamente lo que intentó hacer, invitando a don Carlos de Borbón a pasar a América para ser coronado Rey. Ahora, por qué no sucedió y por qué ni siquiera le contestaron su propuesta, debería preguntárselo a don Carlos. Con todo y habiendo abandonado tan miserablemente a quienes lo reclamaban como rey al otro lado del mar, tuvo poco tiempo después don Carlos el tiempo suficiente para intentar destronar a su sobrina menor de edad, legítima reina de España (o por lo menos, hasta donde lo eran los Borbones).
La capacidad militar de San Martín no era su genial condición de soldado, sino la posibilida de: juntar tropas, pagar sueldos, hacer intendencia, disciplinar a chuscos sin sentido militar, formar oficiales…. Todo eso se hace con plata, contante y sonante, que Buenos Ayres le negó desde la caída de Pueyrredón. ¿Tiene el sabihondo comentarista idea alguna sobre CÓMO Y CON QUÉ SE PAGÓ LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA…?
Punto cerrado, me parece.
Lo último: «qué muchos caudillos se plegarían a una …» limpieza política. En efecto, tal como nuestro ilustre corresponsal ignora, San Martín lo dijo («volveré mis bayonetas sobre Buenos Ayres….»), lo intentó, mediante una alianza con los caudillos del interior, que efectivamente lo apoyaban en su mayoría, pero sin grandes recursos militares, por que todos ellos (los recursos) estaban puestos en la campaña militar en el Perú y Colombia, aún inconclusa. Este señor extrae de una afirmación falsa (la conclusión de la guerra de la Independencia, que terminaría estando San Martín en Bruselas …. en 1824) conclusiones enormes. Eso, estimado señor, se llama ignorancia y presunción. Si ud., o su partenaire, desean discutir historia, lo mejor es estudiarla. Las guerras civiles argentinas son una consecuencia, precisamente, de esta Alianza de San Martín con los caudillos: «Religión o Muerte», dice Facundo en los Llanos riojanos; y Bustos en Córdoba lo sostiene con armas, dinero y soldados; a FAcundo y a San Martín. Estanislado López, el «Patriarca», conspira contra y con, unos y otros, envidioso y tenaz, hasta topar con un jovencísimo Rosas en el Tratado de Paz de 1820, donde se pone freno temporal a los liberales y se permite seguir con la guerra de la Independencia. Pero José Miguel Carrera, con plata inglesa y base en Montevideo, boycotea la Guerra contra los maturrangos y roba, saquea y mata por las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y San Luis. Después, se va a la todería a protegerse. Finalmente, será capturado y fusilado. Y su fusilamiento, el de un traidor y criminal, será achacado por la Masonería a la crueldad de San Martín (distante unos 5.000 km del lugar del hecho) POR QUE SAN MARTÍN ERA MONÁRQUICO Y CARRERA REPUBLICANO …..
Lo demás, estúdienlo Uds.
Termino aquí; he probado mi buena fe exponiendo hechos y recomendado estudios con cita expresa de algunas fuentes posibles; nada de esto ha sucedido ni se ha tomado en cuenta, por lo que quedo dueño absoluto de un campo de batalla que el adversario ha abandonado sin disparar más que su lengua; pero no puedo evitar que se siga denigrando A NUESTRA PATRIA ARGENTINA, permitiendo la suposición de que nuestros fundadores fueron fascinerosos, cobardes, masones, parricidas y traidores. Sigan así: le están haciendo un «juego funcional» a los ingleses, a los masones y a los enemigos de la Argentina y de América.
En Xto. N. S. y María Ssma.
L. b-C.
Soñer L b C no se enoje
Soy el anónimo que le causó tanto enojo, no fue mi intención, y de historia se bastante poco, pero me parece que Ud lee muchos cuentos de adas.
Le Pregunto
1)¿ Por que casi todos los generales subordinados de San Martin ( Paz, Lavalle, Lamadrid, Las Heras, Pringles etc) pelearon a las órdenes de los masones, contra los caudillos.?
2)¿Por que cuando regresó de las campañas «libertadoras», no desenvainó su espada contra los masones unitarios, Rivadavia incluido, que ponian al frente de sus ejercitos a los propios subalternos de San Martin?
3)¿Que hacia Jhon Parish Robertson en San Lorenzo.
4) ¿Como San Martin nombra a un General Napoleónico, de alto rango, Miguel Brayer, como Jefe de Estado Mayor en Chile?
Me parece que la Historia Argentina ,fue muy mal escrita, por los liberales quienes hicieron un cuento al servicio de sus intereses, y que los revisionistas, si bien descubrieron algunos de los engaños, armaron otro cuento, nada mas que al revés del primero. También creo que tenemos verdaderos fundadores de nuestras patrias hispanoamericanas, con el Padre Antonio Ruiz de Montoya, quien murió en olor de Santidad, y pocos lo conocen. Joel.
No me enojaré, amigo Joel…
1ª No es cierto; casi todos los oficiales (no generales, ahora verá por qué) de San Martín apoyaron la causa católica, el federalismo, como Pacheco, Pinedo, Dorrego (asesinado por esta causa), Belgrano, Las Heras (llamado para ser gobernador de Buenos Aires en varias ocasiones extremadamente peligrosas, precisamente por no ser hombre de partido), Guillermo Brown, amiguísimo del general correntino y nacido en Irlanda, no en Inglaterra. Y miles más, que fueron removidos del Ejército por la reforma militar de Rivadavia, o degradados, o postergados sus ascensos. Lea algo sobre esta «reforma militar» por favor. Rivadavia, Alvear y los demás audaces que se habían apoderado del Gobierno porteño con pretensiones de unitarismo nacional, sólo ascendieron a sus amigos liberales, pero la guerra con el Brasil exigió que los militares fueran profesionales y no figurines, así que hubo que incorporar a algunos cuantos removidos por la Reforma de Rivadavia. Así que lo Ud. dice no es verdad.
2ª Ya respondí esta pregunta en otra parte. Sólo le diré: San Martín vuelve a Buenos Aires dejando inconclusa la Guerra de la Independencia por que, al ordenarle el gobierno de Buenos Aires volver sus armas contra los caudillos abandonando la guerra contra los maturrangos, su desobediencia fue castigada suspendiendo los suministros al Ejército, los cuales únicamente se reenviarían si San Martín abandonaba el mando. Así que, para que pudiese terminarse esa guerra, para la cual el (a veces) masón Bolívar no había querido ayudarlo con armas, dinero y tropas, San Martín tuvo que venirse a Buenos Aires sólo y desarmado; y disfrazado, por que los liberales habían puesto partidas de asesinos a lo largo del camino entre Buenos Aires y Mendoza, a ver si podían liquidarlo. No pudieron, pero él tampoco pudo triunfar. De modo que no es cierto lo que Ud. piensa, ni tampoco estaba concluída la Guerra de la Indpendencia como para bajar con Ejército y todo a liquidar liberales. No señor, no fue posible; primero, había que liquidar a los liberales de allí, que eran poderosísimos.
3ª Pregúntele a él; es decir, lea su correspondencia. Es posible que fuera un espía inglés que, de paso, informaba a San Martín. Eso se llama contraespinoaje y no creo que nadie merezca una censura por hacerlo.
4ª ¿Y qué….? ¿No nombró Luix XVIII a TODOS los generales ymariscales de Napoleón en el Ejército Real en 1815? Y se le pasaron al Corso más de la mitad, en los «100 días». Averigüe por qué.
Uste se contradice; al principio afirma saber poco y nada de todo esto; pero el juicio con que concluye su entrada merecía, me parece, alguna erudición algo mayor y no un simple juicio sentimental, un «… amímepareceDEque…»
¿Usted operaría, demoraría 24 horas la operación o no operaría, en un caso de pancreatitis aguda? Salvo que sea Ud. médico, y de los buenos, no parecería oportuno expedirse sobre semejante cuestión, en la cual, seguro, le va la vida al paciente. Algo semejante ahi aquí.
Cordialmente
L.b-C.
Estimado L-b-C
Tengo un muy buen amigo que piensa exactamente igual que Ud.y por ello a veces discutimos, aunque trato de no hacerlo porque pierde los estribos y realmente se enoja y mal. Esto me llevó a terciar en esta discusión. Tengo la impresión que su postura, la de mi amigo, esta impregnada de ideología, su odio por los liberales, que debiera ser por el liberalismo, lo lleva a exaltar en desmedida, lo que pudieran tener de bueno personajes como San Martin y Rosas. Así Juan Manuel de Rosas, sería el restaurador de la Religión Católica, lo que tiene mucho de cierto pero no del todo, porque la restauración empieza por uno y Rosas santo no era. Y San Martin, sería el Católico Monarquico que lucho contra los franceses de Napoleon, y contra los Borbones anticatolicos, y en favor de la Hispanidad lo que tiene algo de cierto pero mucho de cuento. Si bien los revisionistas ponen en descubierto las falasias de los liberales, creo que exageran las virtudes y terminan por crear un mito, al reves pero tan falso, o un poco menos, que el de los primeros. Como los Peronistas ¿vió?. Aprovecho para preguntarle a Ud. que sabe mucho: ¿Por que San Martin se retira del Perú? ¿Que se sabe de los documentos, destinados a Tomas Guido, que justificarian esta inexplicable y reiterada actitud de San Martin? Digo reiterada, porque San Martin primero abandonó la lucha contra Napoleón, despues abandona la lucha contra los Borbones, y por último abandona la Argentina en poder de los jacobinos como Rivadavia. Demasiados abandonos ¿no le parece?
Cordialmente.
Apreciado Anónimo:
¿Sabe por qué los que han llegado a pensar como su amigo nos enojamos tan fácil…? Por que sólo encontramos a nuestro alrrededor gente que dice: «creo …», «creo….», «creo….».
La Historia es ante todo una ciencia, no un juego libre de opiniones infundadas. No es una cuestión de FE con artículos infalibles e irreformables, de lo que uno cree que pudo haber sido, pobremente fundado en simples conjeturas o gustos personales. La Historia se aprende (no se «construye») al comprás de las pruebas, que se encuentran en el trabajo pesado, arduo y maloliente de los archivos, en las lecturas largas y monótonas, y en cierto ejercicio intelectual -que en el historiador debe volverse hábito intelectual, además de ser un talento natural- que consiste en «re» vivir tal y como se hacía en los tiempos estudiados, en comprender las mentes y la época, a fin de no traicionar lo más importante en cualquier reconstrucción histórica: la «forma mentis» del protagonista estudiado, esa misma que dio paso a los actos morales que constituyen el aporte subjetivo de los hechos históricos.
No se puede considerar que se tiene derecho pleno y sin consecuencias, a afirmar alegremente: «A mí éste me parece que era tal o cuál cosa….», «Fulano fué un traidor…», «Juancito, como militar, era un incompetente….» y cosas por el estilo, por que lo leyó en el Clarín de anteayer, o en la Revista de La Nación o en la peluquería; o los más aventajados, se lo escucharon en un programa «interesantísimo» de Televicio a algún zoquete monumental, o ¡a Maradona! (se lo juro, lo ví yo mismo…). O lo que es peor, lo «estudiaron» en alguna novela procaz de Isabel Allende, El Peruano Macaneador, Pacho O’Donell, García Jámilton, Felipe Pigna-colada o Macaneador Chumbita. Escritas, publicadas y leídas para descubrir si nuestros antepasados sabían qué hacer la noche de bodas…..
Esto es igual a exhibicionismo, difamación, sensacionalismo. De Historia, ni mú.
No saben ni siquiera (perdóneme, Ud. me lo puso delante…) adónde fueron a parar los papeles de San Martín… o por qué, cuándo y en qué circunstancias San Martín dejó el Ejército español, o cómo fue expulsado de América por los liberales…. y a pesar de eso, conjeturan que fue un aventurero, o un genio, o un mal tipo, o un buen tipo. ¡Eso no es Historia! Eso es ideología.
Confiéseme, querido Anónimo, que es saber bastante poco para juzgar tanto.
La frivolidad científica, la superficialidad y las posturas ideológicas son hoy día lo corriente en esta materia -y por favor ¡vive Dios! no lo tome como ofensa personal. Si en el pasado era un modo interesado de hacer prevalecer la propia posición, la cual sin alguna «falsificacióncita» era difícilmente digerible en lo moral, hogaño es común y corriente creer que de Historia se PUEDE opinar libremente, y que está bien hacerlo, que SE DEBE tener una postura histórica acorde con la ideología…
Por que, tanto en esto como en casi todo lo que va componiendo la vida moral del hombre moderno, resulta que uno «agarra» y se compra un paquete, el «pack», el «combo» o como le digan en la Villa 31 (que es el lugar en donde nuestra juventud extrae su gramática corriente y usual) y que incluye juicios históricos, religiosos y personales completamente funcionales entre sí, teóricamente demostrativos de la verdad de la ideología adquirida.
Se lo digo con pena y pesar, no con soberbia, aunque mis palabras puediesen sonar duras, por que el hombre moderno, tanto el que está del lado «bueno», el que es «propia tropa», como el «malo», el que está «del otro lado», son exactamente iguales en su conformación mental nada rigurosa, llena de mitos y de sentencias fijas, pronunciadas e ilevantables, lo que, propiamente, se llama IDEOLOGÍA, y que vale para todo: para la Religión, para la Historia, para la Política, para esto, lo otro y lo demás allá.
La ideología, se decía en mi juventud, era un sucedáneo de la Religión, que en definitiva, es un aspecto sobrenatural del ser humano. Pero es probable que, además, sea en nuestros tiempos terminales el sucedáneo de la inteligencia, en todo cuanto supone un abdicación de la busqueda personal de la Verdad a través del uso del intelecto, aplicado a la realidad. Y allí, lo que pasa es que la que está trastocada es la naturaleza misma. En definitiva, es una especie de psicosis, ¡qué quiere que le diga!
Desde luego que la primera víctima es la REALIDAD, cuya referencia es el necesario término de la VERDAD. La realidad está dentro de mí, en el «combo» tan arduamente adquirido a precio de vida, y no en las cosas…
1º San Martín no se retira del Perú, en el sentido de «abandonar». Si Ud. ha leído mis otras entradas, ya sabrá que: A) El gobierno de Buenos Aires le ordena volver para aplastar a los federales (a quienes San Martín sostiene). Al desobedecer, no se le envían más recursos económicos ni de Intendencia. B) El «almirante» chileno-inglés Cochrane huye del Callao con el tesoro del Ejército a bordo. Nunca más osó cruzarse con el General argentino, siendo bastante afamado un episodio ocurrido en un teatro de París, que el «almirante» abandonó con colitis aguda al creer que San Martín asistiría a la misma función… (eso pasa por creer cosas sin pruebas). C) San Martín pide ayuda económica a Bolívar que, negándosela, ve la oportunidad de sacarse de encima a un hombre extraordinario que ensombrecía su inmensa vanidad.
Así que la única salida para obtener recursos y terminar la lucha ERA IRSE…
2º Los papeles de San Martín, según Balcarce «una gran caja de madera repleta de papeles ordenados», estaba destinada a ser enviada a Tomás Guido. Así lo dice el testamento del Libertador. El sonso del yerno de San Martín se la manda a Mitre, Bartolo, quien le promete que la remitirá al general amigo de San Martín. Nunca llegará a destino y Mitre jamás explicará qué se ha hecho de esos papeles… Échele un galgo.
3º Sus tres supuestos «abandonos» son una interpretación antojadiza, por que podrían interpretarse exactamente al revés sin menoscabo ninguno de la realidad. Hizo las cosas bien por donde pasó: Estuvo en España, ganó batallas para el Rey y prestigio para su Ejército, encontrándoselo en todas las (pocas) victorias que tuvo el ejército peninsular en aquellos años. En América, su obra, inmensa y única (subvalorada ÚNICAMENTE por algunos compatriotas desagradecidos), hizo imposible el restablecimiento del poder borbónico en la parte Sur del continente, y militó DEFINITIVAMENTE en el hecho de que el liberalismo no fuera la única fuerza política dominante COMO OCURRIÓ indefinidamente EN ESPAÑA DESDE EL RETORNO DE FERNANDO VII. Rosas, Juan Manuel y Portales, Diego son, de alguna manera, su obra más lograda, al poner él las bases para que estos dos grandes hombres pudieran gobernar todo el Sur americano y entenderse como hermanos.
Por último, estimado anónimo, repare Ud. en un detalle: He contestado a cada persona que me ha dirigido la palabra con argumentos, con citas, con hechos, cuyo relato pueden encontrar en la lectura de historiadores serios, cuyos nombres he dado oportunamente y no repetiré. ¿Qué queda, a cambio…? Señores bienintencionados que «piensan que…», «creen que ….», etc.
Su juicio histórico está abotargado del todo; juzgan a San Martín un enemigo por que no cumplió con los requisitos mínimos del «combo». Tampoco fué exitoso, y abandonó varias empresas en marcha, el Cid don Rodrigo Díaz de Vivar. ¿Era un felón, un miserable, un masón, o fué «funcional a los ingleses» este delendador de moros …. y de malos reyes? Con maniqueísmo ideológico no vamos a ningún lado.
Casí me arrepiento de haber entrado en esta polémica. Lo hice, primero, por respeto a los participantes. Sí, en efecto, créalo Ud.. Cuando se desprecia a alguien NO se HABLA CON ÉL; a lo sumo, se le grita alguna orden, si es que va a obedecerla… Cuando se dialoga, se explica y se razona con alguien, es porque se respeta su inteligencia y se acepta como un hecho probado su amor a la Verdad, y admítese sin dificultad su honradez y honestidad. Que el tracto de la discusión sea duro, áspero, es indiferente, por que muchas veces es la forma de argüir, al modo en que N. Señor lo hacía para conmover corazones. Salvando la distancias infinitas… En segundo lugar, pensé que el Moderador, queridísimo amigo y alma nobilísima, vería con agrado mi participación por tratarse de asuntos que yo conocía. Y tercero, para impedir una injusticia evidente: La difamación de un muerto a quien debemos muchísimo todos los argentinos.
Lo saludo en el Señor, en este Lunes de Semana Santa
L.b-C.
No se enoje amigo L-b-C
Yo no he ofendido ni despreciado a San Martin, y solo he dicho que, cuanto menos, fue ingenuo y que abandonó. Ud. ha dicho todo lo demás. El propio Tomas Guido, que seguramente tenia mas conocimiento que Ud. de los hechos, le recriminó lo del abandono. Lo de los recursos podía ser una excusa, al iniciarse la campaña desde mendoza, con un San Martin casi desconocido, pero no para quien terminaba de liberar Argentina Chile y Peru.
Lo saludo en Cristo Nuestro Señor en esta Santa Semana.
¿San Martín era masón?
Texto extraído del librito “El secreto de San Martín” de Estela Arroyo de Sáenz
¿Y la masonería?
Lo anteriormente dicho bastaría para probar que San Martín no fue masón; separado del gobierno de Buenos Aires a raíz de su desobediencia genial, no se hubiera atrevido a promulgar ese artículo (el art. 1º del Estatuto Provisional de Perú que establece la Religión Católica, Apostólica, Romana, como religión del Estado, reconociendo el gobierno como uno de sus primeros deberes el mantenerla y conservarla por todos los medios que estén a su alcance. Cualquier ataque público o privado a sus dogmas o principios, será castigado con severidad) ya que su único sostén era la Logia Lautaro. Esta Logia a la cual perteneció era puramente política, sin ninguna de las prácticas antirreligiosas que se atribuyen a la masonería. Lo prueba el hecho de no figurar en ningún registro de ella, y también la opinión autorizada de quienes lo fueron. Dice Mitre: «Las Sociedades Secretas formadas por sudamericanos con tendencia a la emancipación de América, se asemejaban mucho por su organización y propósitos políticos a las Carbonarias, calcadas sobre los ritos de la masonería, pero no tenían de ellas más que sus fórmulas y sus símbolos. En la Lautaro los fines eran: trabajar por la independencia americana, y no reconocer por gobierno legítimo sino el elegido por la libre voluntad de los pueblos. Mala como organismo político, contrariaba las individualidades con una ciega disciplina… cuando alguno de los hermanos era elegido para el supremo gobierno de un Estado, no podía tomar por sí resoluciones graves sin consultar a la Logia». ¿Habría permitido una Logia antirreligiosa ese arttículo 1ºdel Estatuto Provisional?¿O el nombramiento de Generala y la entrega del bastón de mando a la Virgen?¿Y si por el contrario, estos actos públicos tuvieron por fin congraciarse con el pueblo católico, qué sentido tendrían esos otros privados, como el bautismo de su hija (realizado a los tres días de nacida con la sola presencia del sacerdote, los padres y los padrinos), la manda de Misas o su Oratorio en Chile? Mitre al escribir su historia, consultó a Zapiola, uno de los fundadores de la Lautaro y éste respondió que «fue una sociedad política secreta, no masónica por el catolicismo de San Martín, O´Higgins y otros miembros». Aún más, según Vicente Acuña el juramento de la Lautaro era «defender la patria unido a los hermanos americanos y confesar la fe Católica, Apostólica, Romana».
La idea de formar la Logia, dice Ricardo Rojas, la trajo San Martín de Europa, en su viaje con Zapiola y Alvear. Sus propósitos fueron: fortalecer la autoridad, organizar la opinión pública, disciplinar la milicia (recordemos su antigua aversión al desorden y la anarquía), propagar la emancipación americana.
Las derrotas militares y la anarquía de los partidos convencieron al General sobre la conveniencia de una asociación secreta, no de principios masónicos, sino inspirada en sus métodos. La Lautaro fue autónoma y tuvo el sello personal de San Martín.
Y Sarmiento, que era masón, declara: «Cuatrocientos hispanoamericanos de toda la Península se entendieron para formar una sociedad secreta conocida como Lautaro. Para guardar tan comprometedores secretos, debieron revestirse de fórmulas, grados, signos de las sociedades masónicas, pero no eran una masonería».
Por si fueran pocos estos testimonios, podemos pensar que su acogida en Europa cuando se vio obligado a dejar la patria, pobre y olvidado, no fue la que se reserva a un miembro de la masonería internacional.
«Nada mejor para terminar con los falsos argumentos vertidos por historiadores, masones o no, que sustentan tamaña temeridad y mentira histórica, que la información dada por la misma fuente de la masonería mundial: la Gran Logia Unida de Inglaterra, bajo cuya jurisdicción, según los falsarios de nuestra historia, actuaron principalmente las logias y los próceres sudamericanos, a quienes atribuyen filiación masónica».
«Cabe acotar que esta Gran Logia es considerada por todos los masones, como la Gran Logia Madre del Mundo y en sus registros consta toda la información relativa a los hermanos masones de todos los países vinculados a ella, incluida la Argentina. Pues bien, el 21 de agosto de 1979 respondieron a la carta que se envió consultándolos al respecto que 1) La Logia Lautaro era una sociedad secreta política, fundada en 1812 y no tenía relación alguna con la francmasonería regular; 2) la logia mencionada jamás apareció anotada en el Registro o en los archivos ni de los antiguos ni de los modernos, ni de la Gran Logia Unida de Inglaterra: no hubieran sido reconocidas como masónicas en este país entonces ni posteriormente; 3) que el General Don José de San Martín, de acuerdo a nuestros archivos, nunca fue miembro de las logias bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra…
REFRESCANDO LA MEMORIA SE ACLARA EL ENTENDIMIENTO
Tal vez algunos comentaristas observan y analizan la historia argentina con la cabeza metida adentro del ropero. Parecen ignorar que Francia comenzó a comerse a España a partir de 1700, cuando los franceses lograron instalar en el trono español a Felipe V (el rey del cuadro invertido), miembro de la casa borbónica. Durante las luchas por la independencia, San Martín y Belgrano primero pelearon contra el imperio francés instalado en España (mientras estuvo Napoleón) y luego contra la yunta anglofrancesa. Acá siempre se peleó contra el imperio anglofrancés y el funcional portugués, nunca contra España (que terminaron de inactivarla con la expulsión de los jesuitas en 1767). Sabemos a quien obedece aquel imperio. Parece mentira que a esta altura, después de doscientos años, la intelectualidad argentina no pueda siquiera advertir, todavía, dónde está el enemigo. (Cómo se reirán de nosotros los europeos).
Un cordial abrazo para todos,
Tere
L. b-C., usted ha afirmado:
…»donde Fernandito primero y su desgraciada hija después (inicua y desconsideradamente desconocida como reina legítima por su tío don Carlos)»…
No le negaré que leyó mucho tal como nos lo cuenta. Lo que es seguro es que leyó mal o al menos que toca algunos temas que desconoce.
Espero que sus gustos sean por la historia, pero no por las leyes … que si así fuera, denota un desconocimiento (no solo histórico) jurídico sobre el particular del todo escandaloso. Lo que es peor: sobre el particular existen sólidos estudios que así lo demuestran que tienen más de 100 años.
Hable de lo que sabe. Nada más. Y de lo que no, lea, lea mucho, pero bien.
El Sr, L. b-C. es un caso difícil.
Por un lado culpa a don Dardo de que su supuesta «ideología» tradicionalista ingenuamente o no le echa fichas a los masones, pero por otro lado asegura que don Carlos no tuvo legítimos derechos sucesorios sobre el trono español luego de la muerte de Fernando VII (disparate jurídico), tesis mantenida por los masones españoles (que no eran justamente los carlistas; eran los isabelinos) en aquel momento.
L.b-C., qué le pasa? Sigue a los masones a veces y a veces no? Será que los sigue siempre aunque sin mala intención?
gracias por los datos
Gracias por los datos señor Enríquez.
Un abrazo,
Leonardo Milani
Recuerdo justo
San Martín no fué masón, por lo menos oficialmente, al menos «afiliado»…y es justo recordar, y rendirle un pequeño homenaje, a Don Patricio J. Maguire, que demostró con documentos la cuestión.
Envió cartas a la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de Inglaterra, a la sede central, preguntando si entre sus registros había algún José de San Martín en alguna logia, y si figuraba la Logia Lautaro inscripta como logia masónica, y obtuvo la respuesta oficial negativa en los dos asuntos: no había ningún san Martín en ningún lado, y la logia Lautaro no era masónica. Publicó las fotocopias de las cartas en el número 3 de la recordada «Informaciones sobre Masonería y otras sociedades secretas».
Mas allá de algunas diferencias que se puedan tener con él, creo que merece un homenaje por la valentía que tuvo para llevar adelante esa empresa.
Claro que no era amigo de Caponnetto…estuvo en el Partido de la Independencia y terminó en el Partido Nacionalista Constitucional, siempre apoyó todo lo que fuera patriota y católica…aunque no se llevaba bien con Cabildo.
Que Dios lo tenga en su gloria a Don Patricio.
Un abrazo para todos,
Leonardo Milani
Por razones prácticas…
…abro un nuevo «hilito».
Se me impugnó mi afirmación sobre la ilegitimidad de la pretensión de don Carlos al trono, por que no había dado razones ni, supuestamente, sabía nada de leyes. Ahora veremos.
La Monarquia española, siguiendo las líneas de la castellano-leonesa, admitía que el hijo del rey fuese él mismo rey, aunque fuese mujer o, inclusive, hijo natural, si era el único. Léase la ley de Partidas en su parte interesante; no les diré dónde, por que así fomentaré las buens lecturas históricas. Si le da Ud. todo digerido a los demás, la molicia hace estropicios con la inteligencia…
Si les gusta saber más, puede leerse con provecho el estudio eruditísimo de don Claudio Sánchez-Albornoz (sí, era republicano, y hasta fue presidente de la República en el exilio; pero fue un exquisito historiador, a quien conocí bastante bien) «Instituciones Medievales Españolas», obra que vendía hace unos años nuestro queridísimo amigo .*.*.*. que se dedicaba a la venta de libros; y bastante buenos.
La monarquía, como institución, siempre fue concebida como un derecho real llamado «vinculación», esto es, una forma determinada E INMUTABLE de sucederse los bienes interesados, entre los distintos propietarios sucesivos. Este régimen lo establece el fundador, o los fundadores, y jamás puede modificarse. Por esta razón, los términos de la transferencia de una corona de una persona a sus sucesores ha sido siempre una cuestión tan puntillosa y delicada.
Este fue uno de los argumentos decisivos, le aviso por las dudas quisiera impugnarlo, para anular la abdicación de Carlos IV a favor de Napoleón Bonaparte en Bayona, luego de la «retracción» de la abdicación anterior en su hijo Fernando. La abdicación es, en principio, irrectractable, por que es una renuncia a un derecho que, una vez transferido, exige seguir el orden sucesorio establecido. En fin ….
Pero en fin, la cuestión de la abdicación de Bayona es decisiva, porque si las reglas de la institución monárquica, de la sucesión concretamente, no fueran inmutables, los reyes de España serían legalmente los descendientes y herederos de Napoleón Bonaparte ….
En España, cuya monarquia tenía en tiempos visigóticos un claro rasgo electivo (aunque siempre se eligiesen miembros de la familia reinante para la sucesión, como el caso de don Pelayo lo prueba; véase la obra de Sánchez-Albornoz) al establecerse una dinastía se la respetaba puntillosamente. Jamás se pretirió a una mujer, hija de REy, por el sólo hecho de serlo, institución ésta que, bajo el nombre de ley sálica, provenía de los bárbaros acampados más allá del Rin y que, a pesar de ser retomada por los descendientes de Carlomagno, nunca fue netamente romana, cristiana o europea. Y por supuesto, JAMÁS FUE UN INSTITUCIÓN LATINA.
La «ley sálica» era, pues, de hecho y de derecho, un instituto completamente ajeno a las tradiciones españolas y al derecho español. Hoy en día, la Constitución española ha recogido algunas pocas reglas sobre aquellos tiempos, y respecto de la sucesión monárquica dice así: «La sucesión en los derechos dinásticos seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos». Ésa es una regla netamente española, castellana por más perfecto decir, y notablemente pasó intacto a la Constitución masónica de 1978. La mujer no es preterida, sino preferido el varón en el mismo grado, y ya.
Al faltar sucesión dinástica en 1700 a la muerte de don Carlos II, en lugar de componerse, como era tradición en España y se había hecho en el pasado, una junta que eligiera al nuevo rey ante la desaparición total de los VARONES de la dinastía reinante, como fuera en el caso del Compromiso de Caspe que abrió las puertas de la corona de Castilla a la dinastía de la Gran Isabel, se procedió, contrariando aquellas reglas vigentes hasta entonces, a ejecutar el testamento de don Carlos II.
Ya he dicho que el orden sucesorio en la monarquía, como vinculación que es, no puede alterarse por nadie ni por nada. O existe, o se extingue y se debe crear uno nuevo. Esta era la tradición de Castilla y León y puede consultarse el caso, la jurisprudencia y los principios, en cualquier Vida de San Vicente Ferrer, que integró como compromisario la junta de Caspe.
Luego, la designación de heredero por institución testamentaria era imposible en una vinculación, visto que, por imposición misma del instituto jurídico-dinástico, no correspondía a ningún titular reinante, modificar a su gusto la regla de institución o fundación que, como digo, estaba ya en las Partidas. Carlos II instituye a heredero del Reyno a un hijo de UNA MUJER de la familia de Austria. Por lo tanto, no aplica la Ley Sálica, sino que simplemente, realiza lo que se llama «institución hereditaria con subsitución propia», algo que en nuestro régimen no puede hacerse, pero antes sí. Un conocido autor ESPAÑOL, dice que la substitución hereditaria es «… la disposición testamentaria en virtud de la cual el causante llama a la titularidad de la herencia a un posterior heredero en defecto del primeramente nombrado o después de él». Esto es, se ignora la representación.
Por estas razones, por que el orden sucesorio de la monarquía castellana no podía modificarse por nadie, ni siquiera el Rey, puesto que no era un derecho que él hubiese instituido (es como si Ud. dijera que su derecho a la propieda de su casa, se extiende a los satélites que pasan sobre ella….), esta omisión al principio hereditario que suponía la institución de heredero, fue rechazada por muchos. Y fue rechazada también por la casa de Austria, que tenía en su pretendiente a un hijo de una también hija de Felipe IV (padre de «El Hechizado»), casada con Leopoldo I. Y esto dió lugar la Guerra de Sucesión Española.
Sin entrar en los detalles de cuál de los dos pretendientes tenía razón (de hecho, el francés era hijo de la mayor de las hijas de Felipe IV), quisiera dejar sentado que ambos, y especialmente el triunfante, sentaron su derecho sobre la HERENCIA DE LAS MUJERES, faltando la línea masculina.
Al asumir Felipe V, nieto de Luis XIV como rey de España, modifica la sucesión española (en un típico y despótico gesto francés) dictando una pragmática por la cual se impone la Ley Sálica; pero, temeroso de lo que pudiera sobrevenir, o acaso con la conciencia de haber cometido un grave delito, NO LA PUBLICA jamás en vida. La repone también Carlos IV en la famosísima «Pragmática SAnción», pero tampoco la publica, acaso por las mismas razones, aunque las que aluden sean de política exterior; que todo lo justifica…
Así, llegamos a 1832, en que el rey Fernando VII yace moribundo; sabiendo de la existencia de esta ley dictada por sus antepasados, la deroga y la entrega a su ministro Calomarde, para que la publique junto con la anterior y restaure los derechos de su hija Isabel de Borbón al trono de España. Luisa Carlota, de Borbón dos Sicilias, arranca el papel de las manos del MInistro y lo quema, y abofetea al enviado del Rey. Pero éste se repone y deja en claro que la Ley Sálica no rige en España.
Se podría decir que, si los títulos de los reyes Borbones a la modificación de la institución dinástica son nulos, sería también nula la disposición de Fernando VII que anula la «Pragmática Sanción». Esto lo dijeron muchos, por eso lo menciono. Es, como se ve, una tonta trampa dialéctica, por que si los reyes no pueden modificar el Estatuto original de la Monarquía (al menos sin consentimiento del pueblo, dicen las Partidas) todas la dictadas son nulas absolutamene y, en consecuencia, son inexistentes tanto las leyes que proponen, como las que reponen y derogan la Ley Sálica la cual, como no existía antes, tampoco existiría ahora.
La cuestión hasta aquí, clara pero arrevesada por los hechos históricos, no es difícil de comprender.
Por este motivo, siempre se han considerado nulos los Pactos de Familia realizados entre los Borbones de España y los de FRancia, por que el derecho dice que los pactos sobre herencia futura son nulos de nulidad absoluta; y por que no puede modificarse la constitución de la monarquía sin el concurso de los pueblos. En fin, que una «emanación» del Pacto de Familia, como es esta Ley Sálica, no merecía sino correr la misma suerte.
Don Carlos María Isidro sabía esto y, seguramente, mucho más. Él no tenía derecho al trono español sino en segundo lugar, tras su sobrina Isabel. Que ésta fuera dominada por los masones y pervertida por sus guardianes a puntos inimaginables, sólo justificaba impugnar su gobierno por «ilegitimidad de ejercicio», pero no por ilegitimidad de origen, de ningún modo. Pero se prefirió levantar una cuestión dinástica. No niego, ni negaré jamás, que la Guerra Carlista se «reconvirtió» en una lucha mortal entre católicos y liberales (en todo caso, las posiciones fueron más abiertas y claras en América, donde la lucha también llegó), en la cual triunfaron estos últimos, pese a mis preferencias personales y al inmenso sacrificio de muchísimos españoles y argentinos. Pero es una reconversión que no parte de un derecho original y que, justa y todo por ser atingente al ejercicio ilegítimo de un poder político, debió haber sido planteada de este modo desde el principio, y no lo fue.
Reitero que hay que saber comprender lo que significó para hombres de aquellos días la Verdad jurídica, el DERECHO, trasvertido en el mundo moderno en el famoso «gallego pleitista» que menciona Castellani. Alguien que no quiere los beneficios económicos de una sentencia, sino la simle declaración de su derecho. En este renglón, con infinitas calamidades por medio, los liberales llevaron siempre las de ganar con Isabel II, con su hijo Alfonso XII (a quien llama «Borbón» a no ser por su madre … Su presunto padre, Francisco de Asís Borbón, llevaba el día de su casamiento con la Reyna, «más puntillas que la novia….») y su posteridad.
Es MUY difícil demostrar la legitimidad de la rama Borbón-Parma (pese a mi amistad ….), sobre todo, por que ésta recae dinásticamente en el hermano mayor, notable marxista. Y para su exclusión, se utiliza el mismo argumento que debió usar don Carlos María Isidro en 1833….
No, si las contradicciones parecen no enrojecer a la casa de Borbón.
I. D.
L.b-C
L. b.C.
Lo que se le impugnó
L. b.C.
Lo que se le impugnó sigue tan impugnado como antes.
Ha esgrimido argumentos de defensa de una postura, como buen abogado que nos enteramos por Á.B.L. que es, pero no son los suyos argumentos que puedan hacer sombra a los de los más distinguidos juristas españoles que analizaron el tema de la sucesión dinástica a la muerte de Fernando VII.
Para citarle solo un autor: el muy erudito jurista valenciano Aparisi y Guijaro, en la obra La Cuestión Dinástica.
Aparisi estuvo en un comienzo con los liberales, pero su honestidad intelectual lo llevó a reconocer la causa dinástica carlista.
Hay mucho más, pero con este será suficiente y será para usted un inmenso placer leerlo.
Averigüe si le era lícito a Fernando hacer valer La Pragmática Sanción archivada desde la época de su difunto padre y porqué.
También entérese acerca de cuál es el requisito que evita la nulidad al modificar una ley Fundamental y si aquel existió al momento de modificar la ley semisálica.
Le ruego no se ofusque porque no le despliego los argumentos aquí. No soy tan caritativo como usted. Lo debo reconocer.
Otro poco se debe a que no tengo tiempo.
Atte.
Mi estimado anónimo de las 9,23
… desgraciadamente esto es un foro, no una cátedra.
Si desea sostener un punto de vista, debería fundarlo, no mencionar autores cuya opinión no da Ud. El que menciona lo conozco y, aunque le parezca mentira, tiene el mismo derrotero mental que yo, pero con algunos apasionados saltos poéticos (y dialécticos) hacia el lado de su corazón. No me atrevería a criticarlo por que me identifico con él bastante más de lo que parecería. Pero así, no puedo aceptarlo.
Sobre todo, siendo que Ud. lo ha mencionado, pero no citado.
Si no tiene tiempo ahora, lo espero, con mucho gusto.
Y además, por que pensaba utilizar la obra como argumento en CONTRA de Fernando VII, de quien allí se dicen pestes, tanto por parte del autor, como por parte de quienes él cita. Como Jaime Balmes.
Para que vea en qué se metió, le voy a citar algunos párrafos del libro que me recomienda Usté mismo, a ver si se anima y argumenta como es debido.
Sobre Isabel II, un texto de Balmes que el a. hace suyo: «Os aconsejó la obediencia y lealtad debidas á la augusta persona que ocupa el trono, de quien nadie podrá negar que es Reina católica y mujér de nobles y elevados sentimientos.»
Sobre el orden sucesorio y si un rey por sí solo podía revocarlo, modificarlo, o suprimirlo: «Convengo, pues, en que á la muerte de Carlos II debia considerarse vigente en España la ley 2ª, tít. XIX de la Partida y doy de gracia que Felipe V, á pesar de las circunstancias extraordinarias en que se hallaba, y del carácter singular del que estaba revestido, no pudiese proceder á su derogacion sin el concurso del reino, y eso que la ley de Partida fué dada sin este concurso. Al expresarme en estos términos, implícitamente afirmo que una ley de sucesión debe considerarse como ley fundamental ó constitucional del reino, y que un Rey por sí solo, á pesar de su soberanía, no puede establecerla ó derogarla.» QUE ES LO QUE YO AFIRMÉ. De paso le diré que el autor está equivocado en torno a la sancion de la Ley de Partidas; sabemos que dicha ley fue una recopilación y no una ley nueva; luego, el rey no precisaba el concurso del reino para su sanción, por que últimamente no era una ley en sentido material, sino formal, en cuanto recogía las leyes anteriores vigentes en una colección y las unificaba en un solo volúmen, compuesto de algunos libros. Pero ley nueva, eso no. En cambio, si por hipótesis se buscaba modificar la ley de sucesión española, eso sí requería el concurso del reyno que, aparentemente, no tuvo jamás. DE todos modos, la ley de Partidas fue objetada por las Cortes de Zamora, hacia finales del siglo XIII y no recuperó vigor hasta su tardía promulgación por Alfonso XI.
Jovellanos cree capaces de hacerlo, y acusa a los hijos de Alfonso X de haberse robado algunas partes de la ley de Partidas por que, habiendo destronado a su padre, el rey sabio, estos textos los dejaban sin derecho alguno y ponían en evidencia su crimen. Pero Aparisi no puede aceptar que Felipe V, o su heredero, solamente por el hecho de ser reyes, hayan podido hacer «desaparecer» las actas de Cortes de 1713 donde, supuestamente, se reformaba el orden sucesorio de la institución monárquica. Evidentemente, el partido carlista no tuvo acceso a estas actas en ningún momento. Y ya en 1789, tiempo de la Pragmática SAnción, no existía interés en ocultarlas sino lo contrario. ¿Las escamoteó María Cristina de Borbón….? ¿Isabel II, que tenía 1 año?
El resto del libro es interpretación personal, apasionada como la que más, de aquellas dos frases liminares y de la suerte de la reforma planteada por Felipe V. No muy jurídica en realidad, porque parte del supuesto histórico, dudoso como el que más, que la Ley de Partidas fue derogada por Felipe V (al menos en este renglón) en 1713; pero esa ley jamás fue promulgada …. Y no hay juicio concorde de juristas e historiadores. Y el acta original, no aparece por ningún lado…
Dejémos esto por ahora. Sobre todo, por que sobre el problema planteado por mí sobre la ilicitud del «pacto sobre herencia futura», ni mú. El historiado Lafuente, por ejemplo, que no es precisamente un liberal, pero sí un profesional, adopta la postura que yo defiendo aquí.
Espero sus comentarios.
Cordialmente
L. b-C.
ME dejé en el tintero electrónico …
… lo siguiente:
En definitiva, la tesis mía es que el Carlismo derivó rápidamente, después de Vergara, hacia un movimiento católico antiliberal y antimasón, al comprender el estado de España luego de la Guerra de la Independencia y la situación heredada de Fernando VII. Despreocupándose de la legitimidad que, recién en vísperas de restaurarse la monarquia con Amadeo de Saboya, readquirió interés. Nunca hubo, en el fondo, derecho a plantear una cuestión dinástica, sino la NECESIDAD de plantearla, visto que los católicos habían quedado enredados, metidos en una red, por los liberales, que utilizaban las personas de la familia real -liberales, masones u homosexuales- para deshacer las combinaciones más esforzadas de los católicos. En América pasó lo mismo, pero nosotros fuimos más rápidos y en el Congreso de Tucumán, no obstante la abrumadora mayoría de monárquicos que componían esa asamblea, se proclamó la República, afin de evitar a Francisco de Paula Borbón, a Carlota Joaquina de Brasil o a cualquiera de los numerosos Borbones desagradables, que eran la mayoría.
No obstante, ya Balmes había dado su dictamen fatal:
«Suponed por un momento que Carlos V hubiese tremolado la bandera liberal y Doña Cristina se hubiera cobijado baja la bandera de la Tadición. ¿Hubierais vosotros defendido a D. Carlos? De ningún modo; habrías peleado por D. Cristina, es decir, por la religión de nuestos mayores. No fue, pues, sólo una cuestión dinástica, sino cuestión religiosa la que defendíais en los campos de batalla…»
Vázquez de Mella responde en una entrevista, suponiendo que don Jaime fuese liberal: «No puede ser; así como el que firma pactos con la revolución no puede romperlos, sin perder el Trono si en él está, así D. Jaime no dejará de ser lo que sus mayores, porque sus tradicionalistas le abandonarían…… si todas nuestras personas reales se hicieran liberales, nosotros no cambiaríamos de ideas. El suelo fértil de España ¿no produciría un Rey antirrevolucionario?»
Creo que esta sentencia de Vázquez de Mella es terminante y definitiva como definición de Tradicionalismo. Será carlista, si el carlismo es católico; si no, no.
Como verá, lo que se impugnó sigue tan flojo como antes.
L. b-C.
L. b.C. usted quiere
L. b.C. usted quiere impugnar, pero no impugna.
RAZONES DE PURA ÍNDOLE LEGAL (exclusivamente en puntos 1 y 3):
1) La ley PROMULGADA por Felipe V NUNCA fue derogada legalmente, ya que no puede derogarla un acuerdo secreto tomado por Carlos IV con las Cortes en 1789, QUE NUNCA FUE PROMULGADO, ni la Pragmática Sanción firmada por Fernando VII en 1830, la que fuera revocada por él mismo por medio de un codilicio en forma de decreto del 18 de septiembre de 1932.
2) Esto lo sabía María Cristina, Fernando y hasta lo reconoce por carta de 1939 doña Eulalia, infanta y hermana de Alfonso XII, ambos hijos de la mismísima Isabel II.
3) Con lo dicho en 1 alcanza, pero ADEMÁS la «supuesta» derogación de la ley de 1713 aparece en la Novísima Recopilación PROMULGADA en 1805, lo que INVALIDA la supuesta derogación de 1789.
4) El asunto es demasiado claro para darle tantas vueltas …
5) Bibliografía elemental:
a) Aparisi y Guijarro (texto citado antes).
b) Federico Suárez Verdaguer. «La Pragmática sanción de 1830».
c) Ramón Oyarzún. «Pretendientes al trono de España) – este libro tiene de interesante las cartas de los fernandistas reconociendo los legítimos derechos de don Carlos. También en discursos –
d) Melchor Ferrer, Tejera y Acedo. «Historia del Tradicionalsmo Español», puntualmente Tomo II y el Apédice de Leyes Sucesorias. – Esta es la obra más importante sobre carlismo que se haya escrito alguna vez -.
Afectuosamente.
Un humilde caballero de la Corte vagabunda de mi rey y señor.
A ver, a ver …
A lo 1) Tiene razón, pero no importa, por que lo que he sostenido es que NO existió realmente la ley de 10 de mayo de 1713 de Felipe V. En todo caso, recién se habría promulgado en 1805 al hacerse lo propio con la Novísima Recopilación. Pero lamentablemente, y como Ud. sabe, ésta jamás tuvo vigencia en América pues su promulgación tuvo efecto únicamente para el Reino de España.
A lo 3) No discuto este hecho (la derogación) sino la existencia legal de la modificación de las Partidas por parte de Felipe V. Luego, no me interesa, ni a nuestro estudio, si Carlos IV o Fernando VII la derogaron.
A lo 2) En efecto, lo sabía la reina viuda que mandó publicar, por primera vez, la famosa Pragmática Sanción; pero no pudo publicar el Acuerdo de 10 de mayo de 1713 de las Cortes, por que no existía…. Así, es: nadie encontró nunca el Acta correspondiente y hoy tampoco existe ni siquiera copia della.
Veamos: Si Carlos IV la hubiese destruido, no se hubiese tomado el trabajo de derogarla, exponiéndose como lo hizo con su Pragmática Sanción. Lo mismo, dígase de Fernando VII, que no tenía por qué hacer algo en un sentido ni en otro y, en todo caso, tampoco le beneficiaba la desaparición de las Actas, cuya existencia y contenido, su decreto de 18 de septiembre suponía.
Luego, quedan Felipe V, Luis I, Fernando VI y Carlos III ¿la destruyó alguno dellos? De Luis I lo dudo, por la brevedad de sus días como rey. Fernando VI fue un hombre duro y caprichoso y medio loco, pudo ser, pero carecía de interés práctico en suprimir la ley de Felipe V. Carlos III, a su vez, no parece haber tenido especial interés en un sentido u otro, por que ley sálica o no, lo que estaba en juego en sus días no era la sucesión masculina, muy abundante. Recordemos que la ley tradicional española no excluía a las mujeres, pero en igualdad de grado PREFERÍA A LOS VARONES, de manera que el problema era más bien hipotético. De Felipe V, ni hablar, por que era el promotor de la modificación.
¿Por qué no se encuentra, pues, dicha Acta, tan esencialmente asociada la suerte de la dinastía española…? Una explicación, la primera, es ésta: El ACta no se encuentra por que nunca existió. O por que fue destruida.
Esto sostienen muchísimos historiadores (Lafuente uno dellos), junto a otras impugnaciones que se hacen a las Cortes de 1713 (de lo cual consta parcialmente que se hubieran reunido) como por ejemplo, que faltaron los procuradores de muchos reynos de España y esto, invalidaba la reunión. O que no había sido convocada ex profeso para el fin que, supuestamente de sorpresa, introdujo Felipe en su Orden del día.
Por que otra objecion, no respondida, es si el Rey, con Cortes y todo, podía realizar una modificación tan substancial a la Constitución Española sin convocarlas EXPRESAMENTE para ello. Ud. ya ha visto que Aparisi juzga que no.
Bien: responda.
Atte.
L. b-C.
L. b-C.
Me pide que responda
L. b-C.
Me pide que responda pero casi que ya no es necesario… hemos avanzado hasta donde era preciso.
En este último comentario suyo RECONOCE que la ley Sálica, sin ninguna duda, existía como ley Fundamental en España a 1805.
Yo entiendo que existió de este modo desde 1713, pero, para no extendernos (y solo por eso), hasta le concedo que no, que recién estuvo PROMULGADA en 1805.
Siendo que ahora nos pusimos de acuerdo que en 1805 estaba vigente y PROMULGADA la ley Sálica para España (a más de esto no lograremos llegar), tenemos que al momento de sustraerle la corona a don Carlos (hecho posterior a 1805) esto sucede en violación de esta ley Fundamental (Sálica) por parte de Fernando VII. Por lo tanto, hay nulidad.
Unicamente a esto quería llegar. A nada más. Llegando nada más que a esto tenemos probado que desde Isabel hasta Juan Carlos I son todos y cada uno de ellos USURPADORES del Trono Hispano. Usurpación expresamente reconocida por los usurpadores, como le indicaron antes citando la fuente.
Y si son USURPADORES es incorrecta la afirmación inicial que usted le hiciera al Sr. Dardo Calderón sobre la «injusta», «inicua», (o algo por el estilo) negativa de don Carlos en reconocer el derecho sucesorio de su sobrina. La legitimidad dinástica hispana es la carlista.
Era esa mi única intención, el resto es decorado esgrimido por un buen abogado (cómo no reconocérselo !¡)para asegurar agua en su molino (lo que no está mal).
Atte.
Pragmatica
Amigo, se ve que Usted es leído, pero de derecho español no sabe un pomo. La pragmática de 1713 fue promulgada por rey y Cortes, conformada por diputados con mandato imperativo para tratar el tema sucesorio. Vea la Novísima Recopilación de 1805.
Perdón… Pero vuestras
Perdón… Pero vuestras discusiones se están tornando aburridas y sin provecho espiritual ni intelectual…
Recapacitemos y aprovechemos esta Semana Santa para pedir las gracias que necesitamos para santificarnos…
Con afecto.
Qué tengan una Semana Santa abundante en gracias.
Margarita del Río (sus pétalos siguen pegaditos pero un poco mustios)