Panorama Católico

Señor, danos muchos santos sacerdotes

En efecto, por el sacerdote de Jesucristo, los ciegos ven y los sordos oyen: la ceguera y la sordez espirituales son enfermedades muy extendidas hoy. A la luz de la verdad, los hombres prefieren la libre opinión. “No soportan la sana doctrina, se eligen maestros a granel, desvían sus oídos de la verdad y se vuelven hacia fábulas, dice san Pablo. Por eso dice el mismo San Pablo al sacerdote: “Haz obra de predicador del Evangelioproclámalo, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, ruega, exhorta con paciencia siempre y afán de enseñar”. No se trata ni de diálogo, ni de martillazos grandilocuentes, pero sí de la verdad de Nuestro Señor trasmitida por amor a las almas: La verdad con la humildad y la caridad sacerdotales son los remedios que necesitan los ciegos y los sordos de este pobre mundo, y también los tuertos y los que perdieron el oído fino, esto es los católicos que no profundizan su conocimiento de la verdadera religión, que practican la polémica estéril de los inmaduros o la política de la avestruz de los timoratos. “¡Señor, danos sacerdotes!”

En efecto, por el sacerdote de Jesucristo, los ciegos ven y los sordos oyen: la ceguera y la sordez espirituales son enfermedades muy extendidas hoy. A la luz de la verdad, los hombres prefieren la libre opinión. “No soportan la sana doctrina, se eligen maestros a granel, desvían sus oídos de la verdad y se vuelven hacia fábulas, dice san Pablo. Por eso dice el mismo San Pablo al sacerdote: “Haz obra de predicador del Evangelioproclámalo, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, ruega, exhorta con paciencia siempre y afán de enseñar”. No se trata ni de diálogo, ni de martillazos grandilocuentes, pero sí de la verdad de Nuestro Señor trasmitida por amor a las almas: La verdad con la humildad y la caridad sacerdotales son los remedios que necesitan los ciegos y los sordos de este pobre mundo, y también los tuertos y los que perdieron el oído fino, esto es los católicos que no profundizan su conocimiento de la verdadera religión, que practican la polémica estéril de los inmaduros o la política de la avestruz de los timoratos. “¡Señor, danos sacerdotes!”

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos fieles,

            Movidos por una santa impaciencia, los discípulos de San Juan Bautista preguntaron a Nuestro Señor: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”. Y, respondiendo Jesús, les dijo: “Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan.

            Se realizó la profecía mesiánica de Isaías. Los milagros cumplidos por Nuestro Señor son la prueba que El es el Salvador prometido por Dios. Y estos milagros físicos representan los milagros morales de la curación y salvación de las almas.

            La Santa Iglesia, que es “Jesús continuado y difundido, tiene la misión de renovar estos milagros de la gracia en las almas hasta el fin del mundo. Hubo santos que incluso curaron los cuerpos y resucitaron muertos, pero la misión esencial de la Iglesia es santificar las almas y salvarlas de la muerte eterna. Y lo hace por el ministerio de los sacerdotes; lo hará, si Dios quiere, por vuestro futuro ministerio, queridos seminaristas: curarán ciegos, cojos, sordos, leprosos y resucitarán muertos.

·      En efecto, por el sacerdote de Jesucristo, los ciegos ven y los sordos oyen: la ceguera y la sordez espirituales son enfermedades muy extendidas hoy. A la luz de la verdad, los hombres prefieren la libre opinión. “No soportan la sana doctrina, se eligen maestros a granel, desvían sus oídos de la verdad y se vuelven hacia fábulas, dice san Pablo. Por eso dice el mismo San Pablo al sacerdote: “Haz obra de predicador del Evangelio; proclámalo, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, ruega, exhorta con paciencia siempre y afán de enseñar”. No se trata ni de diálogo, ni de martillazos grandilocuentes, pero sí de la verdad de Nuestro Señor trasmitida por amor a las almas: La verdad con la humildad y la caridad sacerdotales son los remedios que necesitan los ciegos y los sordos de este pobre mundo, y también los tuertos y los que perdieron el oído fino, esto es los católicos que no profundizan su conocimiento de la verdadera religión, que practican la polémica estéril de los inmaduros o la política de la avestruz de los timoratos. “¡Señor, danos sacerdotes!”

·      El sacerdote de Jesucristo también cura los cojos, les da incluso alas: Tantas almas caminan en esta vida sin fortaleza, tropezando con los obstáculos del mundo, cayendo en sus asechanzas, arrastrándose en la sensualidad, aturdidos por el respeto humano, las mentiras, las inmoralidades de los medias y la informática desenfrenada. El sacerdote, por sus exhortaciones, sus consejos, por el ejemplo de su vida, cura la pereza espiritual, enciende las voluntades desanimadas y las conduce por el camino de la santidad. “¡Señor, danos santos sacerdotes!”

·      En fin, el ministro de Nuestro Señor Jesucristo tiene el poder de purificar a los leprosos y resucitar a los muertos. Sobre los 200 000 seres humanos que agonizan cada día en el mundo, ¿cuantos ya son muertos espiritualmente? La lepra del pecado, incubada o declarada, es lo peor que le puede suceder a un alma. Ningún premio nobel de medicina la puede curar. El pecado es una lepra, esto es, una enfermedad que desfigura, provoca anemia, es contagiosa, vuelve monstruoso al hombre y lo mata. Los rasgos de la imagen de Dios se convierten en los de un ser deforme, como los de una caricatura, esto es, un rostro cuyos defectos resultan acentuados, desmedidos. Ya no forma parte de la familia de Dios, la imagen de Nuestro Señor ha desaparecido en el pobre pecador, es una criatura vagabunda sin destino, o mejor dicho con un destino espantoso, un destino eterno de fealdad y de odio, un destino sin Dios para siempre. ¡Pobre criatura! ¡Pobre ser también el que, poco a poco, de concesión en concesión, se acerca de este tremendo estado de pecado mortal!

¿Quien es el médico especializado, (y sin honorarios), que dará la salud completa a esta pobre alma, la curará, la resucitará, le dará la paz interior, y la belleza y la vida de la gracia, principio de la Vida Eterna? El sacerdote, con la absolución sacramental, el sacerdote con la receta de la oración perseverante, de la asistencia a la Santa Misa y de la huida determinada de las ocasiones, el sacerdote cuya oración y penitencia apoyarán su buena voluntad para no caer de nuevo. ¿Por qué las almas hoy en día van de secta en secta, consultan psicoanalistas, gurús, cartománticos y brujos de toda especie, buscan músicas new age y hacen sesiones de yoga y de zen, pasan horas dialogando con anónimos por computador? ¿Por qué? Porque los confesionarios están sin sacerdotes. Entonces muchísimas almas son como ovejas extraviadas que siguen mercenarios en pastos envenenados. “¡Señor, danos muchos santos sacerdotes!”

            Sí, sacerdotes consumidos por el deseo de salvar los pobres pecadores, y de salvarlos con los medios que Nuestro Señor instituyó: la Santa Misa, los sacramentos, el ministerio eclesiástico. Y nuestro ministerio será tanto más eficaz que dejaremos a Nuestro Señor vivir cada vez más en nosotros, para que nuestra oración, nuestras palabras, nuestro ejemplo, nuestras penas, toda nuestra vida, ya no sea nuestra sino la de Jesús, el Sumo Sacerdote, el único Salvador de las almas, por la intercesión de la Santísima Virgen, su Madre y la nuestra.

Ave María Purísima

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Comentarios

Anónimo
09/12/2009 a las 5:16 pm

Santos, ergo fieles
Señor, danos santos sacerdotes!! clamamos a diario, al concluir el Santo Rosario.

Pero no serán santos si no son capaces de guardar fidelidad al compromiso contraído. Ya estamos hasta la coronilla con las campañas iniciadas por sacerdotes que no supieron respetar su compromiso con la comunidad sacerdotal en la que recibieron el Orden Sagrado. Da mucha pena… y bronca también, porque alimentan con su resentimiento a quienes escudan tras la máscara sedevacantista su enorme EGO personal, esa soberbia que mata la vida espiritual. Cada vez que me asomo a Radio Cristiandad verifico que son muertos que hablan. Sólo les queda la obsecuencia hacia los rebeldes, como Méramo y Ceriani, la mutua alabanza, y la descalificación a cualquiera que llegue hasta su página gritando «El rey está desnudo».

Artemio



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *