Rodríguez, el Decente
La petulancia del presidente Rodríguez es insoportable. Cuando la mayoría socialista, comunista y separatista del Congreso decidió subvertir el orden tradicional de la vida humana y aprobar el matrimonio homosexual, Rodríguez intervino por sorpresa para explicarnos -sin réplica de la oposición, como en Cuba- que gracias a él España «es más decente».
Escribe Pedro Fernández Barbadillo
La petulancia del presidente Rodríguez es insoportable. Cuando la mayoría socialista, comunista y separatista del Congreso decidió subvertir el orden tradicional de la vida humana y aprobar el matrimonio homosexual, Rodríguez intervino por sorpresa para explicarnos -sin réplica de la oposición, como en Cuba- que gracias a él España «es más decente».
Escribe Pedro Fernández Barbadillo
La petulancia del presidente Rodríguez es insoportable. Cuando la mayoría socialista, comunista y separatista del Congreso decidió subvertir el orden tradicional de la vida humana y aprobar el matrimonio homosexual, Rodríguez intervino por sorpresa para explicarnos -sin réplica de la oposición, como en Cuba- que gracias a él España «es más decente».
Una de las definiciones que corresponden a un socialista es la de un laicista que crea su propia moral y la impone a las demás… como intérprete supremo de sus dogmas él decide cuándo queda exento de ellos. El caso del matrimonio homosexual es uno de ellos. Si España es más decente ahora es lógico deducir que era indecente antes Entonces, cabe preguntarse qué clase de individuo era Rodríguez, pues ha ocupado un escaño desde 1986. Entre ese año y 1996 Rodríguez apoyó con su voto a los Gobiernos de Felipe González, que no introdujeron el matrimonio homosexual en el Código Civil. Y entre 1986 y 1993, el PSOE gozó de mayoría absoluta. Que sepamos, Rodríguez no presentó ninguna proposición de ley para erradicar semejante discriminación. Por lo que se ve entonces, Rodríguez era un indecente, un miserable, un ruin y un homófobo.
Pero la indecencia de Rodríguez no se limitó a ese asunto. En esas legislaturas, su corazón, henchido de «un ansia infinita de paz», no se conmovió con los GAL ni con la corrupción del Gobierno al que él respaldaba ni con la participación de soldados de reemplazo en la guerra contra Irak por la invasión de Kuwait, decidida por González, ni con los bombardeos de la OTAN, de la que España forma parte, sobre Yugoslavia sin mandato de su venerada ONU.
¿Tal vez Rodríguez se ha arrepentido de su anterior cinismo debido a las prédicas de Pedro Zerolo? Podríamos pensarlo, pero no lo creemos, pues su indecencia se mantiene en otros asuntos. No es propio de un gobernante decente y solidario recibir al valido del sultán marroquí en su residencia y dejarle marchar sin condenar la represión sobre los saharauis y la lenidad en impedir que cientos de seres humanos se arriesguen a morir en el mar para huir de su país.
Tampoco es decente que Rodríguez no haya condenado los últimos atentados de ETA, que han podido asesinar a varias personas, quizás alguna de ellas homosexual. Ni es decente que, después de prometer que escucharía a los ciudadanos, se haya negado a recibir al Foro de la Familia, que congregó a casi 10 veces más personas en Madrid que la marcha del Orgullo Gay. Por último, es de un indecente el oír las amenazas de muerte vertidas por un militante de un partido aliado suyo, Esquerra Republicana de Cataluña, contra un puñado de intelectuales -algunos de los cuales, encima, han votado al PSOE- sin chistar.
Para la mayoría de los ciudadanos, la decencia es un concepto objetivo… en el caso de Rodríguez él es la medida de la decencia. Se levanta con espíritu decente y a todo lo que haga en ese día transmite esa condición. A ver cuándo se levanta magnánimo y nos baja los impuestos.
Pero ojo, que ya dijo Rodríguez en el Congreso que España era «más decente», no que fuera la esencia de la decencia. Ese punto omega se conseguirá cuando, dentro de unos meses, se acepten como matrimonio la poligamia y el animalismo y Zerolo pueda meter en la cárcel a quien le mire mal.
¡Pobres Segundo Marey y Juan Carlos García Goena, víctimas de los GAL, el uno secuestrado y el otro asesinado! Si hubiesen sido homosexuales, quizás Rodríguez el Decente se habría preocupado por ellos durante sus primeras legislaturas en el Congreso.

