Puede un católico rezar con quien no tiene Fe católica
Mismo si por razones logísticas o de otro tipo esta eventualidad no se verificara, el mufti pidió a su comunidad en Damasco que “acepte el apelo hecho por el papa a todas las religiones, de rezar por la paz en Siria”. Los musulmanes sirios serán invitados a rezar por la paz simultáneamente con el papa, en las mezquitas de Damasco y en todo el territorio nacional.
Grupos musulmanes, comunidades tribales, drusos, ismaelitas, y otros componentes de Siria unidos en oración con el Papa
El gran mufti de Siria, Ahmad Badreddin Hassou, líder espiritual del islam sunita en dicho país, se dijo profundamente tocado por el apelo que ayer hizo el papa por la paz en Siria antes de la oración del ángelus. Y expresó su deseo de estar presente en la plaza de San Pedro para la vigilia de oración por la paz en Siria, anunciada por el santo padre el sábado 7 de septiembre.
Como indicó la agencia Fides, un pedido fue enviado por le líder islámico al nuncio apostólico en Damasco. Mons. Mario Zenari, y en los próximos días se evaluará la posibilidad de concretizar este deseo. Mismo si por razones logísticas o de otro tipo esta eventualidad no se verificara, el mufti pidió a su comunidad en Damasco que “acepte el apelo hecho por el papa a todas las religiones, de rezar por la paz en Siria”. Los musulmanes sirios serán invitados a rezar por la paz simultáneamente con el papa, en las mezquitas de Damasco y en todo el territorio nacional.
Según el mufti, “todos se dan cuenta que el papa es un padre que tiene en su corazón el futuro del pueblo sirio, y que quiere proteger a toda la sociedad siria, en sus diversas componentes, para que no sea destruida por las divisiones religiosas o por los fanatismos”.
Como supo Fides de fuentes locales, grupos musulmanes, comunidades tribales, drusos, ismaelitas, y otros componentes de la sociedad de Siria se unirán en la oración.
Fuente: Católicos on line
Comentario Druídico: Esto dice el Papa Pío XI en Mortalium animos
1.- Ansia universal de paz y fraternidad
Nunca quizás como en los actuales tiempos se ha apoderado del corazón de todos los hombres un tan vehemente deseo de fortalecer y aplicar al bien común de la sociedad humana los vínculos de fraternidad que, en virtud de nuestro común origen y naturaleza, nos unen y enlazan a unos con otros.
Porque no gozando todavía las naciones plenamente de los dones de la paz, antes la contrario, estallando en varias partes discordias nuevas y antiguas, en forma de sediciones y luchas civiles y no pudiéndose además dirimir las controversias, harto numerosas, acerca de la tranquilidad y prosperidad de los pueblos si que intervengan en el esfuerzo y la acción concordes de aquellos que gobiernan los Estados, y dirigen y fomentan sus intereses, fácilmente se echa de ver -mucho más conviniendo todos en la unidad del género humano-, porqué son tantos los que anhelan ver a las naciones cada vez más unidas entre si por esta fraternidad universal.
2.- La fraternidad en religión. Congresos ecuménicos
Cosa muy parecida se esfuerzan algunos por conseguir en lo que toca a la ordenación de la nueva ley promulgada por Jesucristo Nuestro Señor. Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso numero de oyentes, e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a los infieles de todo género, a cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.
3.- Los católicos no pueden aprobarlo
Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.
Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.
Encíclica Mortalium Animos, Pìo PP XI nº 1-3

