Panorama Católico

Miércoles de Cenizas

MIÉRCOLES  DE CENIZA

I Clase  – Ornamentos morados

La liturgia de este día es doble: imposición de la ceniza y sacrificio eucarístico. Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. La ceniza se imponía en la iglesia de la Colecta o reunión, es decir, la de Santa Anastasia; el sacrificio se celebraba en la iglesia de la Estación, la de Santa Sabina, que se alzaba en el Aventino, Llevando la ceniza sobre sus cabezas, el Papa y los cristianos de Roma iban desde Santa Anastasia hasta Santa Sabina, con los pies descalzos, implorando misericordia, para empezar los ejercicios de la milicia cristiana con el santo ayuno de la Cuaresma y para luchar contra los espíritus del mal con las armas de la abstinencia. (Bendición de las cenizas). Es un resto de la penitencia pública a que se sometía a los pecadores en los primeros siglos.

MIÉRCOLES  DE CENIZA

I Clase  – Ornamentos morados

La liturgia de este día es doble: imposición de la ceniza y sacrificio eucarístico. Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. La ceniza se imponía en la iglesia de la Colecta o reunión, es decir, la de Santa Anastasia; el sacrificio se celebraba en la iglesia de la Estación, la de Santa Sabina, que se alzaba en el Aventino, Llevando la ceniza sobre sus cabezas, el Papa y los cristianos de Roma iban desde Santa Anastasia hasta Santa Sabina, con los pies descalzos, implorando misericordia, para empezar los ejercicios de la milicia cristiana con el santo ayuno de la Cuaresma y para luchar contra los espíritus del mal con las armas de la abstinencia. (Bendición de las cenizas). Es un resto de la penitencia pública a que se sometía a los pecadores en los primeros siglos. Antes de ser apartado de los fieles, el pecador era salpicado con ceniza, símbolo de penitencia, y vestido con el humilde hábito penitencial. Al suprimirse el uso de la penitencia pública, alrededor del año 1000, la ceremonia se extendió a todos los cristianos. Todo cristiano fervoroso debe presentarse con humildad y espíritu de penitencia a recibir la ceniza y a escuchar las graves palabras que pronuncia el sacerdote al imponerla: «Acuérdate, hombre, que eres polvo y al polvo has de volver». Los textos de la Misa están inspirados todos en esta idea de la penitencia. Dios es siempre misericordioso para con todos los que se convierten a Él. (Introito); pero importa rasgar los corazones más que los vestidos (Epístola). El que ayune generosamente, no por agradar a los hombres (Evangelio); el que reciba con la debida piedad las venerables solemnidades del ayuno (Oración), ese podrá cantar: «Te exaltaré, Señor, porque me recibiste y no alegraste a mis enemigos sobre mí. Clamé a Ti y me sanaste» (Ofertorio).

1º – Bendición de la Ceniza.

   Antes de la Misa conventual o parroquial se bendice la ceniza, sacada de los ramos benditos del año anterior. Los ministros del altar usan ornamentos morados, cual corresponde a ese rito penitencial. Tanto los textos como el canto que los acompaña son una exhortación a la compunción del corazón y a la penitencia y enmienda de la mala vida pasada. Asistamos con devoción y santa tristeza a esta ceremonia venerable que nos introduce en el ayuno de la sagrada Cuaresma, y al llegarnos el turno para recibir la ceniza bendita, inclinemos humildemente la cabeza, y acatemos con resignada sumisión la sentencia de muerte que, en nombre del Creador, nos dicta a cada uno hoy la Santa Iglesia

  El sacerdote, revestido de capa morada, o sin casulla, procede a la bendición de la ceniza. El Coro empieza cantando:

Antiphona. Ps. 68, 17. Exáudi nos, Dómine, quóniam benígna est misericórdia tua: secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum réspice nos, Dómine. Ps. ibid., 2. Salvum me fac, Deus: quóniam intravérunt aquæ usque ad ánimam meam. V. Glória Patri.

Repetitur Exáudi nos.

  Antífona. Escúchanos, Señor, ya que tu misericordia es benigna: vuelve a nosotros, Señor, tus ojos, inmensamente compasivo como eres y bondadoso. Ps. Sálvame, Dios mío: Porque las aguas de la tribulación han anegado mi alma. V. Gloria al Padre.

Se repite: Escúchanos.

   Luego el sacerdote dice:

   V. Dóminus vobíscum
   R. Et cum spíritu tuo   

    V. El Señor sea con vosotros
    R.
Y con tu espíritu 

Oremus                           Oratio

Omnípotens sempitérne Deus, parce pæniténtibus, propitiáre supplicántibus: et míttere dignéris sanctum Angelurn tuum de cœlis, qui bene+dícat et sanctí+ficet hos cíneres, ut sint remédium salúbre ómnibus nomen sancturn tuum humíliter implorántibus, ac semetípsos pro consciéntia delictórum suórum accusántibus, ante conspécturn divinæ cleméntiæ tuæ facínora sua deplorántibus, vel sereníssimam pietátem tuam supplíciter obnixéque flagitántibus: et præsta per invocatiónem sanctissimi nóminis tui; ut, quicúmque per eos aspérsi fúerint, pro redemptióne peccatórum suórum, córporis sanitátem, et ánimæ tutélam percípiant. Per Christum Dóminum nostrum.    

R. Amen.

Oremos                            Oración (2)

Oh Dios eterno y todopoderoso, sé propicio a los que te ruegan, perdona a los pecadores arrepentidos: y dígnate enviar del cielo a tu santo Ángel, que ben + diga y santi + fique estas cenizas, para que sean remedio saludable para todos aquellos que humildemente invocan tu santo nombre, confiesan que son pecadores, y, arrepentidos de sus faltas, se postran delante de Ti implorando tu misericordia: concédeles, por la invocación de tu santísimo nombre, que todos los que fueren espolvoreados con estas cenizas, en remisión de sus pecados, consigan la salud del cuerpo y la protección
del alma. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

Oremus                           Oratio

Deus, qui non mortem, sed pæniténtiam desíderas peccatórum: fragilitátem conditiónis humánæ benigníssime réspice; et hos cíneres, quos, causa proferéndæ humilitátis atque promeréndæ véniæ, capítibus nostris impóni decérnimus, bene+dícere pro tua pietáte dignáre: ut, qui nos cínererem esse, et ob pravitátis nostræ deméritum in púlverern reversúros cognóscimus; peccatórurn ómnium véniam, et pr?mia pæniténtibus repromíssa, misericórditer cónsequi mereámur. Per Christum Dóminum nostrum.    

   R. Amen.

Oremos                               Oración

Oh Dios, que no quieres la muerte, sino la conversión de los pecadores: mira con suma compasión la condición de la humana flaqueza, y dígnate, misericordioso, ben + decir Tú mismo estas cenizas, que vamos a recibir sobre nuestras cabezas en señal de la humildad cristiana y prenda del perdón que esperamos para que, reconociendo que somos polvo y en polvo debemos convertirnos, merezcamos alcanzar de tu misericordia el perdón de todos los pecados y el galardón prometido a los que hacen penitencia. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

Oremus                           Oratio

Deus, qui humiliatióne flécteris, et satisfactióne placáris: aurem tuæ pietátis inclína précibus nostris; et capítibus servórurn tuórum, horurn cínerum aspersióne contáctis, effúnde propítius grátiam tuæ benedictiónis: ut eos et spíritu compunctiónis répleas et, quæ juste postuláverint, efficáciter tríbuas; et concéssa perpétuo stabilíta et intácta manére decérnas. Per Christum Dóminurn nostrum.    

   R. Amen   

Oremos                               Oración

Oh Dios, que te dejas vencer por la humillación y te aplacas por la penitencia: escucha misericordiosamente nuestros ruegos y derrama generoso la gracia de tu bendición sobre las cabezas espolvoreadas de ceniza de tus siervos; de suerte que los llenes del espíritu de compunción y a la vez atiendas eficazmente sus justas peticiones, disponiendo, además, que duren para siempre, firmes e intactas, las gracias. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

Oremus                           Oratio

Omnípotens sempitérne Deus, qui Ninivítis in cínere et cilício pæniténtibus, indulgéntiæ tuæ remédia præstitísti: concéde propítius; ut sic eos imitémur hábitu, quátenus véniæ prosequámur obténtu. Per Christum Dóminum nostrum.

   R. Amen   

Oremos                               Oración

Oh Dios omnipotente y eterno, que concediste los remedios de tu perdón a los ninivitas mientras hacían penitencia en la ceniza y el cilicio: haz de modo que nosotros tan fielmente les imitemos en la penitencia, que alcancemos también la gracia de tu perdón. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

2º – IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

   Terminadas estas Oraciones, el Celebrante, impuesto incienso en el turíbulo, rocía la Ceniza tres veces con agua bendita diciendo la Antífona Asperges, sin canto y sin salmo, y la inciensa tres veces.

   Luego el Sacerdote más digno del clero se acerca al Altar, le impone la Ceniza en la cabeza al Celebrante que permanece de pie. Si no hay otro Sacerdote, el mismo Celebrante, vuelto al Altar e inclinado, se la impone a sí mismo en la cabeza, sin decir nada.

  Entre tanto, canta el coro:

Antiphona.                          Joël. 2, 13.

Immutémur hábitu, in cínere et cilício: jejunémus, et plorémus ante Dóminum: quia multum miséricors est dimíttere peccáta nostra Deus noster.

Antífona

Cambiemos nuestro vestido por la ceniza y el cilicio: ayunemos y lloremos en la presencia del Señor; pues es nuestro Dios inmensamente misericordioso para perdonarnos los pecados.

Alia antiphona                 Ibid., 17.

 Inter vestíbulum et altáre plorábunt sacerdótes minístri Dómini, et dicent: Parce, Dómine, parce pópulo tuo et ne claudas ora canéntium te, Dómine.  

Otra Antífona

Entre el vestíbulo y el altar, llorarán los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo; y no cierres la boca de los que a Ti claman, oh Señor.

   Sigue el responsorio

Esther 13 ; Joël. 2. Emendémus in mélius, quæ ignoránter peccávimus: ne súbito præoccupáti die mortis, quærámus spátium pæniténtiæ, et inveníre non possímus. * Atténde, Dómine, et miserére: quia peccávimus tibi. V. Ps. 78, 9. Adjuva nos, Deus salutáris noster: et propter honórem nóminis tui, Dómine, líbera nos. -Atténde, Dómine, et miserére: quia peccávimus tibi. V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. – Atténde, Dómine.    

Enmendémonos y mejorémonos en aquello en que por ignorancia hemos faltado: no sea que, sorprendidos por la muerte, busquemos el tiempo de arrepentirnos y no podamos encontrarlo. *Óyenos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra Ti. V. Ayúdanos, oh Dios Salvador nuestro; y líbranos por la gloria de tu nombre. Óyenos, Señor. Gloria al Padre. Óyenos, Señor.

    El sacerdote mientras se cantan las antífonas y el responsorio, con la cabeza descubierta, primero impone las cenizas en la cabeza(3) al mas digno del clero, de quien recibió las cenizas, luego a los ministros sagrados revestidos, de rodillas frente  al altar, diciendo:

Genesis 3, 19. Meménto, homo, quia pulvis es, et in púlverem revertéris.

Acuérdate, hombre, que eres polvo, y que en polvo has de convertirte (4).

    Luego vienen los demás, primero el clero por orden (de mayor a menor), luego el pueblo se acerca al comulgatorio, y, de rodillas, recibe del Celebrante la Ceniza, como ya se ha dicho de los ministros. Terminada la imposición de la Ceniza, dice el Sacerdote:

   V. Dóminus vobíscum
   R. Et cum spíritu tuo      

    V. El Señor sea con vosotros
    R.
Y con tu espíritu 

Oremus                           Oratio

Concéde nobis, Dómine, præsídia milítiæ christiánæ sanctis inchoáre jejúniis: ut, contra spiritáles nequítias pugnatúri, continéntiæ muniámur auxíliis. Per Christum Dóminum nostrum.

   R. Amén.     

Oremos                               Oración

Concédenos, Señor, la gracia de comenzar, con los santos ayunos, la carrera de la milicia cristiana: a fin de que, luchando contra la perversidad de los espíritus malignos, seamos protegidos por las armas de la continencia. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

Y sigue la Misa:

3º – MISA
ESTACIÓN EN SANTA SABINA  
(I clase – Ornamentos morados )

   En la Misa que se dice luego de la bendición e imposición de las cenizas se omiten todas las oraciones que se dicen al pie del Altar, así como las oraciones Aufer a nobis y Orámus te, Dómine, pero no el beso al altar.

Antiphona ad Introitum. Sap. 11, 24, 25 et 27. Miseréris omnium, Dómine, et nihil odísti eorum quæ fecísti, dissímulans peccata hóminum propter pœniténtiam et parcens illis: quia tu es Dóminus, Deus noster. Ps. 56, 2. Miserére mei, Deus, miserére mei: quoniam in te confídit anima mea. 

V. Glória Patri.

Antífona de Entrada.

De todos, Señor, te compadeces, y nada aborreces de lo que creaste, disimulando los pecados de los hombres y perdonándoselos en atención a su penitencia; porque Tú eres el Señor, Dios nuestro. Ps. Compadécete de mí, oh Dios, compadécete de mí:   porque en Ti confía mi alma.

V. Gloria al Padre.

Oratio

Præsta, Dómine, fidélibus tuis: ut jejuniórum veneránda solémnia, et cóngrua pietáte suscípiant, et secúra devotióne percúrrant. Per Dóminum.   

   R. Amén.   

  Oración

Concede, Señor, a tus fieles, la gracia de empezar con piedad sincera la venerable solemnidad de los santos ayunos y de observarlos hasta el fin con una constante devoción. Por nuestro Señor Jesucristo.

R. Amén.

Epístola

   Llamamiento a la penitencia y a la conversión íntima y sincera de todos los hombres, aun de los más impíos, que suena, después de los desenfrenos y alborotos del Carnaval, a un misericordioso pregón venido de ultratumba. 

Léctio Joélis Prophétæ.

Joël. 2, 12-19

Hæc dicit Dóminus: Convertímini ad me in toto corde vestro, in jejúnio, et in fletu, et in planctu. Et scíndite corda vestra, et non vestiménta vestra, et convertímini ad Dóminum Deum vestrum: quia benígnus et miséricors est, pátiens, et multæ misericórdiæ, et præstábilis super malítia. Quis scit, si convertátur, et ignóscat, et relínquat post se benedictiónem, sacrifícium, et libámen Dómino Deo vestro? Cánite tuba in Sion, sanctificáte jejúnium, vocáte cœtum, congregáte pópulum, sanctificáte ecclésiam, coadunáte senes, congregáte párvulos et sugéntes úbera: egrediátur sponsus de cubíli suo, et sponsa de thálamo suo. Inter vestíbulum et altáre plorábunt sacerdótes minístri Dómini, et dicent: Parce, Dómine, parce pópulo tuo: et ne des hereditátem tuam in oppróbrium, ut Dóminéntur eis natiónes. Quare dicunt in pópulis: Ubi est Deus eórum? Zelátus est Dóminus terram suam, et pepércit pópulo suo. Et respóndit Dóminus, et dixit pópulo suo: Ecce ego mittam vobis fruméntum et vinum et óleum, et replebímini eis: et non dabo vos ultra oppróbrium in géntibus: dicit Dóminus omnípotens.

   Lección del Profeta Joel

Esto dice el Señor: Convertíos a mí de todo vuestro corazón, con ayuno y con llanto y con gemidos. Y rasgad vuestros corazones y no  vuestros vestidos, y convertíos al Señor Dios vuestro: porque es benigno y misericordioso, paciente y clementísimo, y su bondad sobrepasa nuestra malicia. ¿Quién sabe si se inclinará a piedad y os perdonará, y os dejará gozar de la bendición y el poder ofrecer sacrificios y libaciones al Señor, Dios vuestro? Tocad la trompeta en Sión, santificad su santo ayuno, convocad a junta, congregad al pueblo, purificad toda la gente, congregad los ancianos, juntad los párvulos y los niños de pecho; salga el esposo de su lecho, y la esposa de su tálamo. Entre el vestíbulo y el altar, llorarán los sacerdotes, ministros del Señor y dirán: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no  abandones tu heredad al oprobio, para que la dominen las naciones. Porque dirían las gentes: ¿En dónde está el Dios de ellos? Mas el Señor miró con amor a su tierra, y perdonó a su pueblo. Y habló el Señor, y dijo a su pueblo: Yo os enviaré trigo, y vino, y aceite, y os llenaréis de todo eso: y nunca ya más permitiré que seáis el escarnio de los gentiles: dice el Señor omnipotente.

Graduale. Ps. 56, 2 et 4 Miserére mei, Deus, miserére mei: quoniam in te confídit ánima mea. Misit de cælo, et liberávit me, dedit in oppróbrium conculcántes me.   

Tractus Ps. 102, 10. Dómine, non secúndum peccáta nostra, quæ fécimus nos: neque secúndum iniquitátes nostras retribuas nobis. V. Ps. 78, 8-9 Dómine, ne memíneris iniquitátum nostrárum antiquárum: cito antícipent nos misericórdiæ tuæ, quia páuperes facti sumus nimis. (Hic genuflectitur) V. Adjuva nos, Deus salutáris noster: et propter glóriam nóminis tui, Dómine, líbera nos: et propítius esto peccátis nostris, propter nomen tuum.

Gradual. Compadécete de mi, oh Dios, compadécete de mí; porque en Ti confía mi alma. V. Envió del cielo su socorro y me libró: cubrió de oprobio a los que me pisoteaban.

Tracto No nos trates, Señor, como lo merecemos por los pecados que hemos cometido, ni nos castigues con arreglo a nuestras iniquidades. V. No te acuerdes, Señor, de nuestras culpas pasadas, sino adelántate Tú en seguida con tu misericordia, por que hemos quedado empobrecidos hasta el extremo. (Aquí se arrodilla) V. Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro; y, por la gloria de tu nombre, líbranos, y perdona nuestros pecados, por causa de tu nombre.

Evangelio

      El ayuno cuaresmal que hoy  iniciamos los cristianos solemnemente, para ser agradable a Dios y provechoso a nuestras almas debe revestir, según este Evangelio, las siguientes cualidades: Humilde sinceridad de corazón, santa alegría espiritual y ausencia de vana ostentación. Haciéndolo así, acumularemos tesoros preciosos en el Cielo; de otro modo, la mortificación del ayunador no será recompensada.

U Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthaeum

Matth. 6, 16-21

In illo témpore: dixit Jesus discípulis suis: Cum jejunátis, nolite fíeri sicut hipócrita, tristes. Extérminant enim fácies suas, ut appáreant homínibus jejunántes. Amen dico vobis, quia recepérunt mercédem suam. Tu autem, cum jejúnas, unge caput tuum, et fáciem tuam lava, ne videáris homínibus jejúnans, sed Patri tuo, qui est in abscóndito: et Pater tuus, qui videt in abscóndito, reddet tibi. Nolíte thesaurizáre vobis thesáuros in terra: ubi ærúgo et tínea demolítur: et ubi fures effódiunt et furántur. Thesaurizáte autern vobis thesáuros in cœlo: ubi neque ærúgo neque tínea demolítur; et ubi fúres non effódiunt nec furántur. Ubi enim est thesáurus tuus, ibi est et cor tuum.

  U Continuación del Santo Evangelio según San Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando ayunéis no os pongáis tristes, como los hipócritas, los cuales desfiguran su rostro para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo, que ya recibieron su paga. Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava bien tu cara, para que no conozcan los hombres que ayunas, sino solamente tu Padre, que está en lo más secreto, y tu Padre que ve lo más oculto te lo premiará. No amontonéis tesoros en la tierra, donde el orín y la polilla los roen, y donde los ladrones los desentierran y los roban. Mas atesorad para vosotros tesoros en el cielo, en donde ni los consume el orín ni la polilla, y donde los ladrones no los desentierran ni los roban. Porque en donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

Antiphona ad Offertorium.  Ps. 29, 2-3. Exaltábo te, Dómine, quoniam suscepísti me, nec delectásti inimicos meos super me: Dómine, clamávi ad te, et sanásti me.

Antífona del Ofertorio.

Yo te ensalzaré, Señor, porque me has amparado, y no has permitido se burlen de mí mis enemigos: Señor, a Ti clamé y me sanaste.

Secreta

Fac nos, qu?sumus, Dómine, his munéribus offeréndis conveniénter aptári: quibus ipsíus venerábilis sacraménti celebrámus exórdium. Per Dóminum nostrum.

Secreta

Haz, oh Señor, te rogamos, que nos preparemos debidamente para ofrecer estos dones, con los que damos principio a la celebración del venerable sacramental de la cuaresma Por nuestro Señor Jesucristo.  

Prefacio de Cuaresma

Vere dignum et justum est,

aequum et salutáre, nos tibi

semper et ubíque grátias ágere:

Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus. Qui corporáli jejúnio vítia cómprimis, mentem élevas, virtútem largíris et praémia: per Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Coeli, coelorúmque Virtutes, ac beata Séraphim, socia exsultatióne concelébrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti jubeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:

   Sanctus, Sanctus, Sanctus…

Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias siempre y en todo lugar: Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con el ayuno corporal reprimes las pasiones, elevas el espíritu, nos enriqueces de virtudes y premios, por Jesucristo nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu Majestad, la adoran las Dominaciones y se sobrecogen de respeto las Potestades. Los Cielos y las Virtudes celestiales y los bienaventurados Serafines la ensalzan con el mismo júbilo. Por lo que te pedimos te dignes escuchar juntamente con las suyas nuestras voces, al prorrumpir en esta respetuosa alabanza: Santo, santo, santo, etc.

Antiphona ad Communionem. Ps. 1, 2 et 3. Qui meditábitur in lege Dómini die ac nocte, dabit fructum suum in témpore suo.

Antífona de Comunión.

El que medita la ley del Señor día y noche, dará su fruto a su tiempo.

Postcommunio

Percépta nobis, Dómine, pr?beant sacraménta subsídium: ut tibi grata sint nostra jejúnia, et nobis proficiant ad medélam. Per Dóminum.

Haz, oh Señor, que el sacramento que acabamos de recibir nos fortalezca: a fin de que nuestros ayunos cuaresmales te sean a Ti gratos y a nosotros nos sirvan de
medicina saludable. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Oración sobre el pueblo

  A continuación el Celebrante dice: Orémus y el Diácono (y si la Misa es rezada, o sin ministros, el mismo Celebrante) añade:
 

     Humiliáte cápita vestra Deo.  

Inclinántes se, Dómine, majestáti tuæ, propitiátus inténde: ut qui divíno múnere sunt refécti, cæléstibus semper nutriántur auxíliis. Per Dóminum.

     Humillad vuestras cabezas ante Dios.   

Atiende, Señor, propicio, a los que se inclinan ante tu Majestad, para que los que han sido alimentados con el don divino, sean siempre fortalecidos con auxilios celestiales. Por Jesucristo Nuestro Señor. 


NOTAS

·       (1) La ceniza es símbolo de penitencia, y bendita por la Iglesia, se trueca en un sacramental que nos mueve a desarrollar en nosotros el espíritu de humildad y de sacrificio.

·       (2) Quien lea con atención ésta y las siguientes Oraciones de la Bendición de la Ceniza, observará cómo está expresado en ellas el significado penitencial y purificador de la misma.

·       (3) Las mujeres deben levantarse los velos o los sombreros, para facilitar al Sacerdote la imposición de la ceniza en la cabeza.

·       (4) Polvo somos, efectivamente, puesto que del limo de la tierra salió Adán y de Adán descendemos todos, y en polvo hemos de convertirnos, al poco tiempo de ser encerrados en el ataúd y depositados en el cementerio. ¿Y por qué se ensoberbece y presume tanto el hombre? ¿y por qué mima e idolatra tanto al cuerpo? y ¿por qué ordena toda su vida, y su talento, Y sus riquezas, y sus inventos para complacerlo y regalarlo?

·       (5) Si, como dice Job, «la vida del hombre es una milicia sobre la tierra», es principalmente en la Santa Cuaresma cuando el cristiano verdadero debe combatir contra el demonio (con oración y humildad), contra el mundo (con menosprecio de él y alejándose de sus pompas, fiestas y vanidades) y contra la carne (con ayunos, abstinencias, trabajo más rudo y madrugadas).

·       (6) Los judíos acostumbraban a rasgar los vestidos y a mesarse los cabellos, cuando recibían alguna mala noticia o se sentían presa de algún gran dolor. 

·       (7) Nada hay tan antipático y mezquino como el ayunador cuaresmal cariacontecido y gemebundo, que, más que un cristiano, hijo amante de Dios, semeja un esclavo atormentado.

·       (8) Esta «Oración sobre el pueblo» es hoy un agregado propio y exclusivo de las misas feriales de Cuaresma, mientras que antiguamente era un complemento final de todas las synaxis, y especial mente de las presididas por el Papa o el Obispo. La Iglesia las ha conservado únicamente en las ferias de Cuaresma, por ser ellas, entre todas, las que tienen un carácter más solemne y episcopal.

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Comentarios

Anónimo
18/02/2010 a las 2:26 am

Miércoles de Ceniza. Una verdadera penitencia
Estimado moderador,
Le cuento que este miércoles fui a misa por ser miércoles de ceniza.
Mi primer asombro: en el momento de imponer la ceniza la imponía el celebrante (un obispo) un sacerdote más y ¡cuatro laicos! Sí así como lo lee, cuatro ministros de la comunión (una mujer por supuesto para cumplir el cupo femenino) imponían las cenizas!!! Decidieron que quien puede lo más puede lo menos, lo cual en principio es cierto; pero eso muestra el absurdo de los ministros de la comunión. No me animé a pedir las cenizas en la mano para demostrar que soy un cristiano adulto y autoimponérmelas yo, pero siguiendo la «lógica» de estos personajes habría que hacerlo.
Quiero saber yo quién es esa tipa, por más buena que sea, para imponerme cenizas y decirme descaradamente «conviértete y cree en el evangelio»?!?!?!?!?!?!?!?! ¿Quién le dio vela en este entierro diríamos en criollo?
Pronto los tendremos pidiendo ministros extraordinarios de la penitencia (quien puede lo más puede lo menos no?), ministros extraordinarios de la confesión, del matrimonio… del bautismo, de todos los sacramentos.
UN DISPARATE!



    Anónimo
    18/02/2010 a las 3:47 pm

    PENITENCIA
    es «tener la pena».

    ¿Y para que sigue yendo a esos aquelarres y soportando esas penas que Dios no le pide?

    ¿Dios se complace con eso?

    La solución: VOLVER LA VISTA (y la vida) A LA ANTIGÜEDAD que no muerde.

    Y, si no, EL CALAVERA NO CHILLA.

    Cordialmente. L.U.Terio



      Anónimo
      18/02/2010 a las 8:38 pm

      Aclaro
      Estimados,
      Soy Cipriano, el que padeció la ceremonia de las cenizas. He ido a misas extraordinarias, incluso de la FSSPX (no tengo ganas de discutir el asunto).
      Contaba mi padecimiento en la susodicha ceremonia. Las penas o penitencias que manda Dios no las elegimos muchas veces. Dios manda lo más impensado. No tenía opción (por cuestiones laborales) de ir a una misa en modo extraordinario. Fui a la que pude.
      Le doy datos: Parroquia Nuestra Señora de Loreto en Capital Federal, Coronel Díaz enfrente a la Clínica del Sol. Iglesia repleta, la gente en general es muy devota; hay 7 misas los domingos, todas llenas. La iglesia tiene capacidad para 400 personas o más. Es enorme y muy fea.
      El párroco es Joaquín Arrieta quien dijo al terminar la misa que «el ayuno no era obligatorio (sic)»



        Anónimo
        18/02/2010 a las 10:39 pm

        Dios no manda ni penas ni
        Dios no manda ni penas ni penitencias. Dios ama sus creaturas, las penas vienen por acción del pecado y las penitencias se las impone el sacerdote o uno mismo. Dios nos saca del pozo donde caemos como pobres pecadores.
        Vea los frutos que usted cosechó en esa Misa y saque conclusiones de porqué Dios lo guió allí. Seguro que no fue por castigo sino para que usted entienda algo. ¿Qué? Pues no lo se, es para usted. Discierna.



    Anónimo
    18/02/2010 a las 7:29 pm

    No hay que ir a las filas
    No hay que ir a las filas donde están los ministros extraordinarios de la comunión. Vayamos al ordinario y listo, de alguna manera se debe hacer notar la falta. Parece que el apuro hace que pongan una legión de gente.



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