Mi Conversión, de John Henry Newman
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En una Iglesia que debe re-evangelizar a sus propios fieles, es común en el católico esclarecido una cierta impaciencia para con quienes están sumidos en el marasmo de la confusión doctrinal. Por eso es conveniente leer las autobiografías espirituales de los conversos del anglicanismo (Benson, Chesterton, Newman) para entender cómo grandes inteligencias pudieron permanecer durante décadas enredados en ideas tan frágiles, sin atreverse a dar el paso hacia la luz de la doctrina católica íntegra y plena. Sus recuerdos, avalados por el testimonio de sus vidas nos vuelven más pacientes y comprensivos. |
John Henry Newman
Mi Conversión
Historia de mis ideas religiosas
Buenos Aires 2005,
198 págs.
Lo que el Célebre Card. Newman nos cuenta aquí es la historia de su evolución espiritual hasta la conversión al catolicismo. Lo hace de un modo tan detallado que por momentos parece una larga confesión de sus pecados. Todas las influencias por medio de las cuales Dios lo fue guiando hacia la verdad católica (terriblemente oscura en la Inglaterra anglicana del siglo XIX a causa de su desprestigio entre los socialmente correctos y la calumnia permanente a la que estaba sometida la Iglesia).
Sin embargo, había en los distintos movimientos internos del anglicanismo (algo parecido a la realidad eclesial católica de hoy) pensadores que buscaban arduamente esclarecerse sobre los temas fundamentales de la fe. Newman los va mencionando en detalle, mostrando cómo Dios se valió de ellos para guiarlo a su conversión, a pesar de que en el proceso de ésta, forzosamente el joven prosélito debía ir alejándose de aquellos a los que sucesivamente había admirado porque le mostraron alguna faceta, nueva para él, de la verdad cristiana.
A pesar de lo autobiográfico, es una obra apologética, porque Newman hace de su vida una prueba de la Fe y del modo en que la Providencia se vale, aún de los que están en el error, cuando hay en ellos buena voluntad y amor por la verdad.
Termina con un ensayo titulado «Respuesta General a Mr. Kingsley”… en el cual fundamenta la doctrina católica ante las objeciones más frecuentes de los anglicanos. Resulta muy interesante comprobar, leyendo estos textos y cotejándolos con los autores conversos antes citados, como el anglicanismo, antes que un corpus doctrinal y dogmático es un conjunto de formalidades exteriores sustentadas por una suerte de «contrato social”… entre los miembros, que tácitamente acuerdan no disolverse como «iglesia”… a pesar de que muy poco tienen en común entre sí, debido a su relativismo dogmático y moral. Algo que también tiene cierta similitud con la realidad eclesial de hoy.
Mientras tanto se habla de ecumenismo, no debemos perder de vista a los que realizaron el formidable movimientos de Oxford, que tantas almas acercó a la Iglesia. En especial a su fundador y autor de esta obra, el Card. Newman.
Para ilustrar el tenor de su apologética, reproducimos un breve texto sobre el catecismo y la teología moral.
DOCTRINA CATÓLICA
Si ahora los protestantes quieren saber cuál es nuestra verdadera doctrina, tanto en otras materias como en esta de la mentira, no se fijen en nuestros libros de casuística, sino en nuestros Catecismos. Las obras de patología no dan el mejor concepto de la forma y de la armonía del cuerpo humano y lo mismo que sucede con el cuerpo, sucede con el alma. El Catecismo del Concilio de Trento fue redactado con el expreso propósito de suministrar a los predicadores los temas y materias para sus sermones… y como todo mi escrito ha sido en defensa de mí mismo, puedo añadir que raramente predico un sermón sin consultar este hermoso y completo Catecismo para tomar de él, tanto mi asunto, como mi doctrina
En, él encontramos los siguientes párrafos acerca de nuestro deber de la veracidad
«No dirás falso testimonio…», etc. Póngase atención en las dos leyes contenidas en este mandamiento. En el uno se prohíbe el falso testimonio… en el otro, nos obliga a remover toda pretensión de engaño… y que debemos medir nuestras palabras y acciones por la simple verdad, como el Apóstol advierte a los Efesios tal deber con estas palabras: «Practicando la verdad en la caridad, crezcamos en Él en todas las cosas.»
El engañar con una mentira, por juego o por cumplimiento, aunque ninguno tenga pérdida o ventaja en consecuencia, sin embargo, es absolutamente impropio: porque el Apóstol nos advierte: «Dando de lado a la mentira, hablad siempre verdad.» Porque en esto hay siempre gran peligro de caer en mentiras más frecuentes y más serias, y de las mentiras por juego, se pasa al hábito de mentir, y se adquiere la fama de no ser veraz. Después, por lo tanto, para obtener crédito de lo que se dice, se hace necesaria la costumbre de jurar.
Nada es más necesario que la verdad del testimonio en aquellas cosas que nosotros ni conocemos ni podemos declaramos ignorantes, acerca de lo cual hay una máxima de San Agustín que dice: «El que oculta la verdad y el que dice una mentira, pecan igualmente… el uno, porque no quiere hacer un servicio, y el otro, porque quiere hacer una injuria.»
Es lícito, a veces, callar la verdad, pero fuera de un tribunal… porque en un tribunal, cuando un testigo es interrogado por el juez según la Iey, la verdad debe decirse en absoluto. Los testigos, sin embargo, deben ser muy precavidos, no sea que por demasiada confianza en su memoria, afirmen como cierto lo que ellos no han verificado.
A fin de que los fieles puedan con más buena voluntad evitar el pecado de la mentira, el párroco debe explicarles la extrema miseria y la torpeza de esta perversión. En la Sagrada Escritura, el demonio es llamado «padre de la mentira», pues por no haber permanecido en la verdad, es embustero y «padre de la mentira». Añadirá, además, con el fin de apartar a los hombres de tan gran gran crimen, los daños que se siguen de la mentira, que son innumerables, y a la vez mostrar las fuentes y principales clases de estos daños y calamidades. Por ejemplo: 1) Cuan grande es el disgusto de Dios y cuánto su odio para con un hombre que es insincero y mentiroso. 2) Cuán poca seguridad hay de que un hombre odiado por Dios no sea visitado por los mas graves castigos. 3) ¿Qué cosa más torpe y sucia, como dice San Juan, que una fuente que por el mismo caño echa agua dulce y salada? 4) Porque esa lengua que acaba de alabar a Dios, en seguida, al mentir, lo injuria con su mentira. 5) Por consiguiente, los mentirosos están excluidos de la bienaventuranza celestial. 6) Que lo peor de la mentira es que viene a formar una enfermedad del espíritu, generalmente incurable.
Además, también hay en esto otro daño, y grande, que afecta a los hombres en general: que por la insinceridad y la mentira se pierden la buena fe y la veracidad, que son los lazos más firmes de la sociedad humana… y cuando se rompen estos lazos, sucede en la vida tan grande confusión, que los hombres parecen no diferenciarse de los demonios.
Finalmente, el párroco adoctrinará los que excusan su insinceridad y alegan el ejemplo de hombres prudentes, los cuales, dicen ellos, usan Ia mentira en ciertos casos. Les dirá que es más verdadero que «la sabiduría de la carne es muerte». Exhortará a sus oyentes a confiar en Dios, cuando se ven en dificultades o estrecheces, y a no recurrir a cosa tan baja como la mentira. Los que atribuyen la vergüenza de su mentira a aquellos que los han engañado antes, deben ser advertidos de que los hombres no deben vengarse, ni se remedia un daño haciendo otro…» ,
Mucho más dice el Catecismo de Trento a este respecto, y es de obligación universal… en tanto que la decisión de un autor particular, en puntos de moral, no, es obligatoria para nadie.


