Panorama Católico

Los que no soportan el rostro desfigurado de la Iglesia

Es una pena que algunos espíritus no logren un equilibrio frente a la terrible realidad que vive la Iglesia en estos tiempos. 

Es una pena que algunos espíritus no logren un equilibrio frente a la terrible realidad que vive la Iglesia en estos tiempos. Algunos, espantados por lo que sucede, terminan negando a la jerarquía y desbarran en una interminable sucesión de galimatías sobre dónde habría ido a parar la Iglesia fundada por Cristo, porque no acepta verla tan desfigurada como Cristo mismo en la Via Crucis. Otros, en cambio, tratan de negar la gravedad de los hechos. Para sostenerse en esta postura, casi por necesidad psicológica (y conveniencia clerical no pocas veces) se sienten obligados a descargar su artillería contra los tradicionalistas, analogándolos a los protestantes, a los judíos, a los paganos.
Contra este segundo modo de ver las cosas el mejor argumento es la realidad misma. Y los frutos que produce la restauración de la doctrina y los sacramentos tradicionales en las almas. Por eso, sin ánimo de polemizar, creo no obstante necesario aludir a unos artículos publicados por  la no pocas veces tendenciosa Infocatólica.

“Mucho me  temo que el cisma  lefebvriano no será superado si no es declarado abiertamente por la autoridad  eclesiástica competente, en caso de que la FSSPX no acepte firmar lo que Roma pide que firme. Cuando la  causa formidable de la unidad de la   Iglesia se confió especialmente a cardenales muy benignos con  los judíos, los protestantes, los no cristianos y los lefebvrianos (Etchegaray,  Kasper, Castrillón, etc.), las  relaciones de la Iglesia  con ellos se hizo cordial, pero casi ninguno de ellos se convirtió y entró en  la comunión plena y única con la   Iglesia.

“De hecho, la reciente llegada de anglicanos  al catolicismo ha sido más bien el fruto del marasmo de la comunión anglicana  que otra cosa. Para ganarse a los fariseos para el Evangelio podría Cristo haber  acentuado una captatio benevolentiæ, declarando los grandes valores vigentes en el fariseísmo  -que los había-, y silenciando sus enormes errores.

“Por el  contrario, Jesús optó por  llamarles a conversión con fortísimas palabras: raza de víboras, sepulcros  blanqueados, llenos de orgullo e hipocresía, capaces de tragarse un camello y  de colar un mosquito, ni entran en el Reino ni dejan entrar, etc. El resultado  fue que algunos fariseos y sacerdotes creyeron en el evangelio. Los que no se hacen como niños,  y se dejan enseñar y mandar por la   Iglesia, Madre y Maestra, no pueden entrar en el Reino.”

El  texto citado es la conclusión de una serie de tres artículos en los que el  bloguero español Luis Fernando Pérez Bustamante “revela” cartas enviadas por el  Card. Ratzinger a Mons. Marcel Lefebre en ocasión de diversas tratativas para  lograr la regularización canónica de la FSSPX. Declara que ha tomado el  material de un libro de Mons. Fernando Areas Rifán, publicado por el P. Iraburu  en su conocida editorial Gratis Date.

“Oro  puro”, dice el tandem Bustamante-Iraburu ser el libro de Fernando Rifán. Recordemos que Rifán fue  sucesor de Mons. Licinio Rangel e indirecto de Mons. de Castro Mayer en el  instituto San Juan María Vianney. Y que tanto él como su antecesor fueron  consagrados obispos por dos de los obispos a su vez consagrados por Mons.  Lefebvre y co-consagrados por Mons. de Castro Mayer en 1988.

Es  una serie de tres artículos, que comienza con una brevísima reseña un poco  sesgada de la historia de la   FSSPX para luego publicar dos cartas del Card. Ratzinger a  Mons. Lefebvre durante las negociaciones fallidas de 1988 en las que el obispo  francés pedía a Roma que autorice a la sociedad sacerdotal tradicionalista la consagración  de algún obispo sucesor.

La  particular metodología de Bustamante para exponer el tema (no admite  comentarios en los artículos I y II, y no admite comentarios en pro de la  posición contraria a la sostenida por él, entre los del artículo III), este  modo poco ecuánime de ver las cosas puede llegar a confundir a algún lector  desprevenido.

Dice  Bustamante que no permite tales comentarios porque no desea que se expongan o  defiendan los argumentos de un cismático.  Más que un argumento, parece estar pronunciando una condena. Lo que explicita en  la tercera parte de su serie, comentada en el tenor de la cita que encabeza  este comentario.

Dado  el tratamiento que se da desde Infocatólica (no por primera vez) a un tema tan  complejo, sugiero a los lectores que quieran poner la cuestión en contexto, lean  el cap. 19 de Mons. Marcel Lefebvre, La Biografía, de Mons.  Bernard Tissier de Mallarais, en el que todo el proceso está descripto con  documentación de ambas partes.

Dado  el volumen y complejidad de la documentación no la reproduzco aquí, pero sí me  permito hacerlo con la carta de Mons. Lefebvre al Papa Juan Pablo II después de  que se frustrara la posibilidad de un acuerdo para obtener el mandato de  consagración episcopal en 1988.

Carta de Monseñor Lefebvre  al Papa Juan Pablo II

Écone, 2 de junio de 1988

Santísimo Padre:
 
  Aunque los coloquios y  conversaciones con el Cardenal Ratzinger y sus colaboradores se han  desarrollado en un clima de cortesía y caridad, nos han convencido de que el  momento de una colaboración franca y eficaz no ha llegado aún.
 
  En efecto, si todo cristiano puede exigir de  las autoridades competentes a la   Iglesia que protejan la fe de su bautismo, ¿Qué quiere decir  de los sacerdotes, religiosos y religiosas?
 
  Para conservar intacta la fe de nuestro  bautismo nos hemos visto obligados a oponernos al espíritu del Vaticano II y a  las reformas inspiradas por él.
 
  El falso ecumenismo, que es la fuente de todas  las innovaciones del Concilio, en la liturgia, en las nuevas relaciones entre la Iglesia y el mundo, en la  concepción de la Iglesia  misma, conduce a la Iglesia  a la ruina y a los católicos a la apostasía.
 
  Radicalmente opuestos a esta  destrucción de nuestra fe, y resueltos a permanecer en la doctrina y disciplina  tradicionales a la Iglesia,  especialmente a lo que se refiere a la ordenación sacerdotal y a la vida  religiosa, tenemos la absoluta necesidad de contar con autoridades  eclesiásticas que compartan nuestras preocupaciones y nos ayuden a defendernos  contra el espíritu del Vaticano II y el espíritu de Asís.
 
  Esta es la razón por la que pedimos varios  Obispos, elegidos dentro de la   Tradición, y la mayoría de los miembros en la Comisión Romana, con el fin de  protegernos de todo compromiso.
 
  Ante la negativa de considerar  nuestros reclamos, y siendo evidente que la finalidad de esta reconciliación no  es de ningún modo la misma para la Santa   Sede que para nosotros, creemos preferible esperar tiempos  más propicios para el regreso de Roma a la Tradición.
 
  Por esta razón nos daremos a nosotros mismos  los medios para proseguir la Obra  que la Providencia  nos ha confiado, seguros como estamos, por la carta de Su Eminencia el Cardenal  Ratzinger con fecha del 30 de mayo, de que la consagración episcopal no es  contraria a la voluntad de la Santa Sede,  ya que fue concedida para el 15 de agosto.
 
  Seguiremos rezando para que la Roma moderna, infestada de  modernismo, vuelva a ser la Roma  católica y recupere su Tradición bimilenaria. Entonces el problema de la  reconciliación ya no tendrá razón de ser, y la Iglesia volverá a gozar de  una nueva juventud.
 
  Dígnese aceptar, Santidad, la  expresión  de mis sentimientos y  filialmente sinceros en Jesús y María.

Marcel Lefebvre

Yo  no tengo problema en vincular el artículo de Bustamante, porque considero  esencial para ajustarse a la justicia y verdad de los hechos que se escuche a  las dos partes.

Artículos de Bustamante, puede  verse aquí.
  Nota sobre la Biografía   de Mons. Lefebvre

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