Liga Antidifamatoria: Salven al Vaticano II
«Si “Nostra Aetate” y la “Lumen Gentium” no se consideran doctrinas fundamentales de la Iglesia y fuera posible desafiarlas sin cuestionar la autoridad de la Iglesia, entonces (y no sólo en las relaciones entre católicos y judíos) nos estamos yendo por un camino muy difícil”, dijo Foxman, de la Liga Antidifamatoria.
«Alienta al Vaticano a asegurarse de que la secta católica que enseña el anti-judaísmo estará obligada a aceptar las enseñanzas oficiales positivas de la Iglesia sobre judíos y el judaísmo, antes de ser plenamente aceptada de nuevo en la Iglesia Católica Romana».
“Estamos seguros de que el Papa Benedicto XVI seguirá exigiendo a la Sociedad de San Pío X, que sustenta opiniones antisemitas y antijudías, a aceptar las enseñanzas positivas de la Iglesia acerca de los judíos y el judaísmo desde el Concilio Vaticano II en 1965, antes de aceptarla de nuevo en la Iglesia Católica Romana”.
«Si “Nostra Aetate” y la “Lumen Gentium” no se consideran doctrinas fundamentales de la Iglesia y fuera posible desafiarlas sin cuestionar la autoridad de la Iglesia, entonces (y no sólo en las relaciones entre católicos y judíos)nos
estamos yendo por un camino muy difícil”.
Comentario Druídico: Tal vez no sorprendente habiendo corrido tanta agua bajo los puentes, pero siempre resulta de rigurosa fuerza probatoria: la presión que los lobbies de la comunidad judía hacen en defensa del Vaticano II, de un modo militante y hasta con tono admonitorio.
Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó a la gracia de Cristo, a otro evangelio:
No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban, y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo os predicare otro evangelio del que os hemos predicado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, así ahora digo otra vez: Si alguno os predicare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
Qué, ¿persuado yo ahora a los hombres, o a Dios? ¿Acaso busco agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio predicado por mí, no es según hombre;
pues yo ni lo recibí de hombre, ni tampoco me fue enseñado, sino por revelación de Jesucristo.
Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y que adelantaba en el judaísmo sobre muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.
Mas cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia,
revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles; no consulté en seguida con carne y sangre. (Gal. I, 6-16)
Esa es la misión del católico: predicar el único Evangelio a todos, incluyendo a los judíos, con absoluta claridad. Es un mandato de caridad, la caridad de Cristo nos apremia para sostengamos en alto, sin titubeos, la bandera del evangelio de Cristo. No para «agradar a los hombres».
Pues bien, parece que desde el Concilio Vaticano II muchos en la Iglesia han decidido «agradar a los hombres» y no salvarlos… Han pactado y se han comprometido y ahora son víctimas de las presiones de los que perturban y quieren pervertir el Evangelio.
Por eso los que fomentan estas falsas doctrinas se perturban tanto cuando la autoridad de la Iglesia da algún lugar al tradicionalismo.
No parece demasiado difícil de entender…

