La Virtud de la Lanza
Después de muchos años de practicar a diario la confrontación polémica con el propósito de contribuir al esclarecimiento de los temas más angustiosos del catolicismo de hoy, hemos aprendido de la experiencia que este riesgoso ejercicio solo puede tener un efecto benefactor en la medida en que esté exento de intereses o pasiones personales.
Escribe el Editor y Responsable
Después de muchos años de practicar a diario la confrontación polémica con el propósito de contribuir al esclarecimiento de los temas más angustiosos del catolicismo de hoy, hemos aprendido de la experiencia que este riesgoso ejercicio solo puede tener un efecto benefactor en la medida en que esté exento de intereses o pasiones personales.
Escribe el Editor y Responsable
La convicción la tenemos desde hace mucho tiempo, lo difícil es ponerla en práctica. En especial cuando la naturaleza misma de la función polémica induce a la tentación de aferrarse a los propios puntos de vista, a devolver agravios, en definitiva a tomar las cosas de un modo personal, que es precisamente lo que se debe evitar.
Por otra parte, es legítimo dar respuesta a los cargos falsos que se levantan contra las personas, siempre dentro del marco de la cordura, la razonabilidad y el buen espíritu evangélico. Amalgamar esta dos vertientes opuestas de una misma función profesional, especialmente cuando está inspirada por un motivo apostólico, requiere de una gran cautela y el auxilio de la gracia de Dios.
Cada vez que hemos caído en la tentación de la respuesta al ataque personal, el resultado ha sido una mayor confusión. No obstante, ¿se pueden sufrir en silencio cargos calumniosos que no solo afectan el honor personal sino el de la causa que se defiende?
La distinción entre ambas cosas no es fácil. Por otro lado, aún cuando la prudencia marque la necesidad de una respuesta, la moderación reclama una respuesta de proporción justa y atinada, a riesgo de hacer más daño del que se quiere evitar.
Este tipo de situaciones nos prueban en nuestras virtudes y miserias. Saca de dentro de cada uno lo bueno y lo malo, porque de la plenitud del corazón hablan los labios.
La epístola de la misa del 5º domingo de Pentecostés, (rito tradicional) es particularmente aleccionadora en la materia, y ha sido inclusive, debemos confesarlo con licencia de los lectores, motivo de meditación para nosotros.
“Carísimos, seguid unidos en la oración: sed compasivos, amantes de todos los hermanos, misericordiosos, modestos, humildes: No volváis mal por mal, ni maldición por maldición: bendecid, por el contrario, porque a esto sois llamados, a fin de que poseáis en herencia la bendición. Pues, el que quiere vivir días dichosos, refrene la lengua del mal y sus labios de las palabras engañosas: huya del mal y obre el bien: busque la paz y sígala. Porque Dios tiene sus ojos sobre los justos, y está pronto a oír sus súplicas: pero mira con enojo a los que obran mal. Y ¿quién habrá que os pueda hacer daño, si os empleáis en hacer el bien? Pero si sucede que padecéis algo por amor a la justicia, sois bienaventurados. No temáis nada de vuestros enemigos, ni perdáis la paz: mas santificad a nuestro Señor Jesucristo en vuestros corazones”. (I Pet. 3, 8-15)
Parece un buen programa de trabajo para los que estamos en el frente de batalla de estos sitios de polémica y doctrina, de discernimiento de la realidad y urgencia en la respuesta de las cuestiones cotidianas.
Un buen modo que se hace necesario practicar es la respuesta ponderada. La velocidad no es virtud. Y el éxito mediático no constituye el objetivo, sino tan solo un instrumento para volver más eficaz el trabajo apostólico.
Declaramos, pues, en esta instancia particular, que deseamos adherir de todo corazón a los consejos del apóstol, suplicando a Dios que no nos deje caer en la tentación y nos libre del mal. Sin el auxilio de la gracia, y por la simples fuerzas humanas no hay apostolado posible, sino solo un esfuerzo rastrero, sin vuelo, que usurpa el nombre de cristiano y lo invoca a favor de las propias pasiones.
Sin embargo, habrá siempre necesidad del recurso de la fuerza.
Hoy en día poca gente puede entender el combate como un acto de amor. Y a la violencia racional, la ira ordenada al bien, la santa ira, como un instrumento de Dios. En la función de soldado de la Fe resulta evidente la necesidad de estas virtudes marciales, que no son en absoluto incompatibles sino complementarias con la mansedumbre de la persuasión y la paciencia ante el agravio personal.
Dios nos conceda la claridad, el amor a la verdad por sobre todas la cosas, la mesura y la prudencia; y también la chispa sobrenatural cuando haya que herir al enemigo, lanzando el dardo sin saña, sabiendo conferirle la virtud que los antiguos ponderaban en la lanza: herir y a la vez ser instrumento de salud de la herida. Hoy nuestra lanza nos cauteriza a nosotros mismos. Que cuando debamos herir, sepamos también cauterizar al adversario.
Un programa a tener en cuenta en esta web, tanto para columnistas como para amigos del foro. Y principalmente, para su editor y responsable.
Vale.


Comentarios
Gracias
GRACIAS.
Antonio
Muchas gracias
Muchas gracias. Me doy cuenta por quien doblan las campanas.
Antonia J. Erbin
Gracias
Estimado D. Marcelo:
Como los comentaristas que me preceden, tambien le doy las gracias, y lo felicito muy sinceramente.
En Jesucristo N.S. y en su Santa Madre, la Siempre Virgen María.
Julio Fernández.
Gracias
A todos los que agradecen.
El Moderador
Ánimo
Estimado Marcelo:
La tentación de responder con la misma fuerza siempre está presente, y es una libre determinación que solo la gracia puede superar. Lo hecho, hecho está… y si lo quieren embromar, seguramente lo harán… ¿cual es el problema?. Me decía un amigo que quien era yo para no equivocarme… y tiene razón!. Asi que perdone y perdonesé, y siga adelante campeón!. Los amigos no se quedan con las caídas sinó que están para dar el aguante. Ánimo Marcelo, por quienes lo estiman… estos no necesitan ni pruebas ni justificaciones.
Un abrazo
Matías
Da mihi animas, caetera tolle
Estimado Marcelo:
Dios lo bendiga.
Un gran obispo enseñaba esto: "Debemos observar a los enemigos de la Iglesia, conocer sus objetivos, sus tendencias, deseos, planes, métodos y armas de guerra para, después de analizar maduramente los hechos, entrar valerosamente en el conflicto y la acción, donde el enemigo sea más fuerte, y defender aquellas posiciones que estén más bajo fuego. En mi opinión, los asaltos del enemigo sobre nuestra fe y sobre la Iglesia, sus calumnias, deformaciones de los hechos y las palabras, sus mentiras, etcétera, siempre deberían ser combatidos, aplastados y rebatidos por engañosos y falsos. Pero este modo de actuar no debe ser usado para humillar a nuestros enemigos, sino más bien para que la verdad pueda triunfar y ellos sean iluminados, corrijan el error de sus conductas y vuelvan a Dios. Nuestro objetivo debería ser la salvación de las almas de nuestros enemigos, y de ningún modo su humillación, su ridiculización ni su derrota".
Pues hombre…
… ¿es que está queriendo Ud. ser santo…?
Ánimo y hasta el final.
Su amigo invisible
Tras leer este comunicado de «vale» .
¿Acaba de ser promovido a moderador y responsable? No cabe duda que si fuera fácil la autocrítica honesta no citaría lo que citó de San Pablo.
D.I.Q.
Estimado D.I.Q.
Vale es una expresión que no pertenece a Luis Osio.
La Real Academia dice:
(Del lat. vale, consérvate sano, 2.ª pers. de sing. del imper. de val?re, estar sano).
1. interj. U. alguna vez para despedirse en estilo cortesano y familiar.
El autor del texto soy yo, el Editor y Responsable:
Vale
Ya me olía yo que era usted don Marcelo
ya que el texto dice claramente: "refrene la lengua del mal y sus labios de las palabras engañosas". A lo que es dado Luis Osio es a exabruptos llenos de coraje, pero jamás se le han visto palabras engañosas como a usted.
D.I.Q.
Si Ud.lo dice…
Hay de ser así, nomás.
Don Marcelo:
Si le sirve de
Don Marcelo:
Si le sirve de aliento, le comento que lo leo desde hace mucho tiempo, y observo una marcada tendencia, en la línea editorial de Panorama y en los comentarios que Ud. hace, de armonizar el decir la verdad con caridad.
Es cierto que muchas veces nos falta caridad. Si caemos, lo importante es que rectifiquemos; el Señor nos perdona con sus sacramentos y nos fortalece con su gracia. Nos pide que luchemos
¡Ánimo! Que Cristo ha vencido al mundo y nosotros con su gracia podremos vencer nuestros defectos.
En Xto.,
P.
Por supuesto
que me sirve de aliento.
Gracias, padre. Me confío a sus oraciones.
Marcelo González
Diferencias entre hermanos
Amigo Marcelo, importante es que aquellos a quienes nos une el amor en primer lugar a la Unica y Verdadera Fe, tal como la enseñaron Nuestro Señor, Jesucristo, los Apostoles, los Padres (en especial el Doctor Angelico) y el Magisterio de los Pontifices (en especial San Pio X), y luego a la Patria nos mantengamos unidos, como ha dicho San Pedro, y si es necesario ventilar alguna diferencia hagomosla "amonestandonos fraternalmente" como queria San Pablo.