Panorama Católico

La Gran Revelación de Tuy (Parte II)

Verdaderamente, «el momento ha llegado», y durante dos siglos los pedidos del Cielo se han vuelto más y más acuciantes. La hora ha llegado para la Iglesia jerárquica, la que ha recibido como depósito el tesoro de la Revelación Divina, de hacer que brille toda la gloria del Inmaculado Corazón, autorizadamente y en nombre de Cristo, como la Mediadora de Gracia y Misericordia para todas las almas y para todas las naciones, para la Iglesia y para la Cristiandad.

Verdaderamente, «el momento ha llegado», y durante dos siglos los pedidos del Cielo se han vuelto más y más acuciantes. La hora ha llegado para la Iglesia jerárquica, la que ha recibido como depósito el tesoro de la Revelación Divina, de hacer que brille toda la gloria del Inmaculado Corazón, autorizadamente y en nombre de Cristo, como la Mediadora de Gracia y Misericordia para todas las almas y para todas las naciones, para la Iglesia y para la Cristiandad. Las apariciones de Fátima, con su culminación en Pontevedra y en Tuy, corresponden a las apariciones de Paray-le-Monial. Después del Sagrado Corazón de Jesús, el Inmaculado Corazón de María viene a hacer conocer en nombre de Dios la devoción debida a El en preparación de Su «triunfo», el cual a su vez anuncia el Reinado del Sagrado Corazón de Jesús.

EL MISTERIO DEL INMACULADO CORAZON DE MARIA

«En el lado derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora, con Su Inmaculado Corazón en la mano…»

«Estaban junto a la Cruz de Jesús su Madre…» nos dice San Juan (Jn. 19, 25). Que es donde Ella aparece en la teofanía de Tuy, «bajo el brazo derecho de la Cruz». Pues la Santísima Virgen María es la primera en recibir en Sí esta plenitud de gracia que mana de la Cruz, del Corazón traspasado de su Hijo muy amado. Ella recibió de esta plenitud más que ninguna otra criatura. Allí, bajo la Cruz de Jesús donde Ella está de pie, la riqueza de su misterio inefable brilla más desde entonces. Es el misterio de un Corazón incomparable, pues pertenece a la Inmaculada Concepción, es el Corazón traspasado de Nuestra Señora de los Dolores, Esposa del Divino Crucificado, Co-Redentora y «Reparadora de la humanidad caída», (14) el Corazón de la Madre de Dios y Madre de los hombres, Mediadora de Gracia y Dispensadora Universal de Misericordia para toda la humanidad redimida en el Calvario. Si, la liturgia está mil veces en lo cierto al cantar en honor de María, la invitación insistente del Apóstol a acercarse sin temor al trono de la Cruz: «Adeamus cum fiducia ad thronum Gratiae, ut Misericordiam consequamur et Gratiam inveniamus in auxilio opportuno.» (15) Sí, «acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, a fin de recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno auxilio.» (Heb. 4, 16)*.

EL MISTERIO DE UN CORAZON INCOMPARABLE

Fátima es la revelación del Corazón de la Santísima Virgen María. Siempre, en todo lugar, se habla de este Santísimo Corazón. ¿Por qué esta insistencia, sino para inducirnos a contemplar a Nuestra Señora en cada uno de Sus misterios, bajo este símbolo del corazón? Pues es tan expresivo no solamente de sentimientos, sino de la persona misma, en toda la porción espiritual. La Santísima Virgen María es una criatura tan pura, tan sublime, que aunque Ella realmente participa en nuestra naturaleza, es Su «Corazón» el que resume y expresa más exactamente todo Su ser. Esto significa que Ella es, ante todo, un alma completamente llena del Espíritu Santo, una inteligencia brillantemente reluciente, plena de Sabiduría impenetrable, una soberana voluntad infatigable trabajando sin cesar para que el amor inflame todo el mundo. Consideremos este Corazón admirable, para repetir la expresión de San Juan Eudes, listo para recibir la plenitud de Gracia con que Dios quiere colmarlo.

EL MISTERIO DEL CORAZON INMACULADO

En Tuy, la Santísima Virgen aparece sola al pie de la Cruz. Ni las santas mujeres ni San Juan aparecen allí. Esto muestra que Nuestra Señora tiene un lugar único, incomparable en el plan de la Salvación. Ella es la Electa, la mujer elegida entre todas las otras, la Hija amada y única del Padre Celestial, predestinada desde toda la eternidad para convertirse en siempre Madre Virgen, la todo-santa Esposa y Compañera del Hijo de Dios hecho hombre, la nueva Eva de este celestial Adán: «Yo salí de la boca del Altísimo, y como nube cubrí toda la tierra, yo habité en las alturas y mi trono fue columna de nube.» (Eclesiástico 24, 3)*

La escena del Calvario nos revela el misterio de la Inmaculada en su misma fuente. Bajo el brazo derecho de la Cruz, mojada con la Sangre divina, la Santísima Virgen María es el fruto primero e incomparable del sacrificio redentor, al cual Ella debe el privilegio singular de Su Inmaculada Concepción. Redimida de antemano por Su Hijo en forma muy especial, «sublimiori modo redempta» (16), Ella ha sido preservada de la solidaridad pecaminosa y de la mancha de los hijos de Adán. Como la Iglesia, que Ella tipifica, uno puede decir verdaderamente que Ella nació del costado de Cristo traspasado por la lanza durante. Su sueño de muerte, tal como la primera Eva fue sacada por el Padre Celestial de la costilla de Adán, cuando dormía en el jardín del Edén.

Este es el primer misterio inefable, que llenó de asombro a San Maximiliano Kolbe. Predestinada desde antes de todas las edades, Ella es la «Inmaculada Concepción» del Padre y del Hijo. Desde el primer instante de Su creación, Ellos la llenaron con la plenitud de Sus Espíritus de amor, de los cuales Ella es la Imagen creada, el Templo y Santuario viviente. Ave Maria, gratia plena!

Fluyendo de bajo el brazo derecho de la Cruz está el agua cristalina formando las letras de las palabras «Gracia y Misericordia». ¿Esto no expresa igualmente, después del misterio de gracia de la preeminencia en Cristo -Su corazón traspasado es la fuente de aguas vivientes (Jn. 7, 37-39)- el misterio de María, Mediadora universal de las Gracias? ¿No es la Inmaculada, «llena de gracia», hasta un punto eminente esta fuente de «agua cristalina» brotando del «trono de Dios y del Cordero», esta vez del lado derecho, de acuerdo a la letra de la profecía de Ezequiel: «Vidi aquam egredientem a latere dextro?» (Ez. 47, 1-12; Jn. 19, 34; Apoc. 22, 1). (17)

En la visión de Tuy, de acuerdo a Sor Lucía, Nuestra Señora apareció como lo hizo en Fátima. ¿No es notable que para describir a la Inmaculada como apareció en la Cova da Iria, Lucía usó esta comparación de agua cristalina -esta agua que es un símbolo del Espíritu Santo en todos los lugares de la Escritura- iluminada por los rayos del sol: «Allí, ante nosotros sobre una pequeña encina, vimos una Señora toda vestida de blanco. Ella era más brillante que el sol, e irradiaba una luz más clara y más intensa que un vaso de cristal lleno de agua centelleante, cuando los rayos ardientes del sol brillan a través de él.» (18)

La Inmaculada es un agua pura que ha brotado de un solo Principio, de la única Fuente Divina del Padre y del Hijo. Al pie del Trono de la Cruz, Ella recibe Su plenitud superabundante de Gracia y Misericordia.

EL MISTERIO DEL CORAZON TRASPASADO

«Era Nuestra Señora de Fátima con Su Inmaculado Corazón… sin una espada o rosas, pero con una corona de espinas y llamas.»

Nosotros vamos al segundo misterio. Al pie de la Cruz, Su Inmaculado Corazón está atravesado por los mismos dolores que agobiaron a Su Hijo querido. Todos los tormentos de Su Pasión traspasaron Su Corazón: la agonía, la flagelación, la coronación de espinas, los ultrajes, la crucifixión. Ella también está agobiada bajo el peso de los pecados del mundo. Su Corazón está herido mortalmente por tantos crímenes, ultrajes, blasfemias, tanta ingratitud e indiferencia, que lo traspasan como espinas afiladas.

Ella es como la Esposa en el Cantar (de los Cantares), a quien el Desposado implora compartir en su Pasión redentora: «Es la voz del amado que me llama: íbreme, hermana mía, esposa mía, paloma mía, inmaculada mía. Que está mi cabeza cubierta de rocío, y mis cabellos de la escarcha de la noche.» (Cant. 5,2; 6, 9; 2, 14)*.

Este misterio de la compasión corredentora está expresado elocuentemente en Tuy: nada se nos dice sobre el Corazón de Jesús. Solamente el Corazón de María está representado. Pero la vidente insiste que el Inmaculado Corazón no apareció de acuerdo a la iconografía habitual, traspasado con una espada y con rosas, pero si con una corona de espinas y con llamas. En otras palabras, apareció exactamente como el Corazón de Jesús se apareció a Santa Margarita María. Esto nos sugiere, con San Juan Eudes, que los Corazones de Jesús y de María no son sino un Corazón, como es lo apropiado para un Desposado y una Esposa, sufriendo juntos la misma dolorosa Pasión para nuestra salvación:

«Desde aquel momento, y hasta el final, Vuestro común amor del Padre Celestial los une aún más estrechamente, y Vuestro único amor por los pecadores, derramándose de Vuestro Sagrado Corazón, Oh Jesús, en Vuestro Inmaculado Corazón, Oh María, procura para Ti un provecho que Te hace bendito.» (19)

EL MISTERIO DE UN CORAZON DE MADRE

«Con Su Inmaculado Corazón… en Su mano derecha.» Nuestra Señora nos ofrece este Corazón. Ella nos lo da porque es nuestra Madre, nuestra verdadera Madre en (p. 485) el Cielo. Su Corazón está ardiendo con el Espíritu de Amor encendido de una ternura infinita por Sus hijos, a quienes Ella dio a luz con dolor en el Calvario, y un amor real que quiere a cualquier precio salvarlos del fuego eterno del infierno.

El Corazón de María, El Inmaculado Corazón, el Corazón traspasado de espinas, también se revela en Tuy en su gran escenario del Calvario como el corazón maternal de la nueva Eva. María es la Madre de la nueva raza humana, conquistada y redimida por la Sangre de Su Hijo, y su Compasión Co-redentora. Es Jesús Mismo quien expresa esta maternidad universal aplicada a cada uno de sus discípulos, a cada uno de los miembros de Su Cuerpo, como un solemne testamento, hablando a Su Madre y a Su discípulo amado: «Mujer, he aquí Tu hijo. Hijo, he aquí tu Madre.» Los mejores exegetas están de acuerdo con los Padres, tanto como con el Magisterio de la Iglesia, en dar a estas palabras toda la fuerza de una maternidad espiritual, sobrenatural, tan realmente concreta como la maternidad que es su prototipo, y toda la amplitud de una maternidad universal, tan vasta por derecho de la raza humana, y extendida en realidad a las multitudes de los fieles de Cristo, quienes al fin están unidos a Su Cuerpo y guiados por El a la gloria del Cielo.

Si, por su plenitud de gracia, por Su fiat en el momento de la Anunciación, cuando Ella se convirtió en la Madre del «todo Cristo», y por Su compasión co-redentora como Esposa, Nuestra Señora mereció convertirse en la nueva Eva, la Madre de todos los hombres. Ella realmente da a luz a la vida divina a todos aquellos que corresponden a esta gracia de salvación. (20)

Nosotros encontramos este concepto de la maternidad espiritual de María expresado vigorosamente en el mensaje de Fátima. Por ejemplo, en la importante revelación recibida por Sor Lucía el 29 de mayo de 1930 (21), donde Nuestro Señor enumera las blasfemias que ofenden más gravemente al Inmaculado Corazón de Su Madre: «Blasfemias contra Su divina Maternidad, rechazando al mismo tiempo reconocerla como Madre de los hombres.» La fórmula es rica en significado y muy instructiva. La Inmaculada, la Madre de Dios porque Ella es la Madre de Cristo, es también la «Madre de los hombres» con respecto «al resto de Sus hijos», como dice el Apocalipsis, porque es ella quien los dio a luz, con dolor, a la vida divina. (Apoc. 12, 7)

También debe subrayarse que en la aparición del 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra, el Niño Jesús hablando de la Santísima Virgen a Lucía no dijo «Mi Madre», sino «tu Santísima Madre, cubierto de espinas con las que los hombres ingratos lo traspasan a cada momento.»

Los escritos de Sor Lucía demuestran cuan totalmente convencida está con este pensamiento consolador y hermoso. Expresiones como estas se encuentran constantemente de su pluma: «Nuestra tierna Madre del Cielo, el Inmaculado Corazón de María», «nuestra más tierna Madre», «el Inmaculado Corazón de nuestra Santísima Madre». (22) Estas expresiones significan que María es «nuestra Madre Celestial», a quien nosotros debemos toda nuestra vida en el orden sobrenatural, porque es a través de Ella, y nunca sin Ella, que «Nuestro Padre en el Cielo», quien es la fuente de vida sobrenatural, y Jesús, Quien la mereció para nosotros, quiere dárnosla.

Comprendamos bien: este no es meramente un afecto, un lazo moral que pudiera llevar a la Santísima Virgen a amarnos como una madre y a adoptarnos como Sus hijos. ¡No! Es algo diferente, un lazo ontológico, una relación de origen que nos une a Ella.

Al merecer convertirse en Madre de Dios, la Virgen Inmaculada también mereció convertirse en nuestra Madre. Aquí están la propias palabras de San Pío X, cuya doctrina coincide una vez más con el mensaje de Fátima:

«¿No es María la Madre de Dios? Así, ella también es nuestra Madre… en el seno casto de la Virgen, donde Jesús tomó carne mortal, El también tomó un cuerpo espiritual formado de todos aquellos que irían a creer en El. Así como Ella llevó a Jesús en su seno, debe decirse que también María llevó a aquellos cuyas vidas fueron incluidas en la vida del Salvador.

«Así, todos aquellos de nosotros que estando unidos a Cristo somos», como dice el Apóstol, «los miembros de Su cuerpo salidos de Su carne y de Sus huesos», han salido del seno de la Madre como un cuerpo unido a su cabeza…

«Si entonces, la Santísima Virgen es al mismo tiempo Madre de Dios y Madre de los hombres, (Dei simul atque hominum parens est), ¿quien puede dudar que Ella emplea todo su Poder intercediendo ante Su Hijo, Cabeza del Cuerpo de la Iglesia, que derrama sobre nosotros que somos Sus miembros los dones de su gracia, especialmente la gracia de conocerlo y vivir para El?» (22a)

LA MEDIACION MATERNAL DE MARIA: «MADRE DE LA DIVINA GRACIA, MADRE DE MISERICORDIA»

Para evitar anticiparnos a las solemnes declaraciones del Magisterio, en Fátima la Santísima Virgen María nunca se llamó «Mediadora de todas las gracias», pero todo Su mensaje presupone que Ella lo es. Verdaderamente, ¿Su maternidad sobrenatural no lo implica en forma eminente? ¿Que clase de mediación puede ser más total que la mediación de la Madre que da la vida? Siendo nuestra Madre, ¿como no podría Ella otorgarnos también todos los bienes a Su disposición? En los himnos litúrgicos, y en los extralitúrgicos también, no nos cansamos de cantar con fervor: «Salve, Mater Misericodiae!, Mater Dei et Mater veniae, Mater spei et Mater Gratiae, Mater plena sanctae laetitiae, O Maria! ¡Salve Madre de Misericordia! Madre de Dios y Madre del perdón! Madre de la esperanza y Madre de la Gracia, Madre plena de santa alegría, Oh María!» Porque nuestro nacimiento a la vida divina nunca está completo aquí abajo, este lazo de maternidad, que es prolongado por los dones diarios de gracias innumerables, durarán hasta el día bendito de nuestra muerte, nuestra dies natalis. Si, Su «gran promesa» es nuestra prenda que Ella es nuestra Madre de Gracia y Misericordia, quien nos dispensará finalmente la gracia de la gracias, la gracia suprema de la perseverancia final que abre las puertas del Cielo: «A aquellos que abracen esta devoción a Mi Inmaculado Corazón, Yo prometo la salvación.» (13 de Junio de 1917)

Tal como en la eternidad, -nuestra vida divina será siempre un Don perpetuo, procedente de la Vida gloriosa y de asociarnos misericordiosamente a la Eterna Procesión Divina-, este lazo de origen uniéndonos a nuestra Madre durará eternamente.

Amemos entonces a esta Madre Inmaculada a quien nosotros debemos todo. Si, absolutamente todo, porque ha complacido a la Santísima Trinidad asociarla con Su plenitud, y a través de ella otorgarnos el Don de la Gracia, gracias actuales y gracia santificante, gracias concretas y Gracia Increada, el Don del Espíritu santificante, de este Espíritu de Amor y Sabiduría de quien María es la Imagen viviente y el Trono, el Vaso inmaculado, Arca sagrada, Morada resplendente: ¡Sede de la Sabiduría! ¡Vaso Espiritual! ¡Casa de Oro! ¡Arca de la Alianza! ¡Ruega, ruega por nosotros!

III. CONVERSION, REPARACION Y CONSAGRACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA

Nuestra Bendita Señora es como la escala de Jacob por la cual Dios viene a nosotros. El quiere que nosotros usemos la misma escala para volver hacia El.

Llenos de admiración, en la visión de Tuy hemos contemplado justamente la serie de todas la mediaciones yendo y viniendo, dispuestas con amor por nuestro Padre Celestial para hacernos partícipes de Su Gracia y Misericordia, dándonos libremente el Don de Su Espíritu divino. Primero está la mediación de Cristo, nuestro único salvador, crucificado por nuestra salvación. Allí está la mediación Eucarística de Su Cuerpo quebrado y de Su Sangre derramada, ofrecidos como sacrificio de expiación y propuestos a nosotros en la comunión como nuestra comida y bebida salvadoras. Allí está la mediación de esta agua cristalina del Espíritu Santo, la cual ha sido comunicada a nosotros. Por el Bautismo y la Penitencia nos da vida, nos santifica, y nos lava de toda mancha de pecado. Y allí está la mediación de la Iglesia, la única y fértil Esposa, haciéndonos partícipes de todos estos dones por el ministerio de sus sacerdotes quienes actúan en nombre de Cristo y ejercen Sus poderes. Finalmente, una nueva maravilla: a esta doble mediación del Hijo de Dios, el Salvador, y de Su Espíritu Santo actuando por medio de la Iglesia, está misteriosamente agregada la mediación universal de la Santísima Virgen María, Madre de Gracia y de Misericordia.

LA VIA DE LA CONVERSION: EL INMACULADO CORAZON DE MARIA

Así, el camino de nuestro retorno a Dios, la vía de nuestra conversión, está totalmente marcado. Es el camino más corto, el camino más fácil, el camino más dulce, pero también el camino más estrecho y el más cubierto y el único camino que conduce a la vida. Despreciarlo o alejarse de él es despreciar la Misericordia de Dios, insultar las predilecciones divinas de Su Corazón. Si es una locura o una mentira diabólica pretender volver al Padre mientras se ignora a Su amado y único Hijo, soberano mediador entre Dios y los hombres, (23) es una blasfemia similar, y un signo seguro de la obra del espíritu del mal, querer ir a Jesús mientras se desdeña el Inmaculado Corazón de Su Madre, a quien El ha establecido como nuestra Mediadora universal. «Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te llevará a Dios», declaró Nuestra Señora a Lucía el 13 de Junio de 1917.

Así, el maravilloso dispendio del misterio de gracia, cuyos aspectos estéticos y místicos hemos considerado, ahora se presenta a nuestros ojos como un requerimiento dramático. En el plan de Dios, el culto y el amor a la Santísima Virgen no son algo secundario y opcional. Al contrario, todo el mensaje de Fátima proclama que estas son condiciones indispensables para obtener la salvación. En Tuy, la Santísima Virgen informó solemnemente a Su mensajera de este hecho: muchas almas son condenadas porque rechazan someterse con docilidad a las predilecciones de Dios hacia Ella, porque éstas La desprecian y La insultan: «Tantas son las almas que la Justicia de Dios condena por los pecados cometidos contra Mi…»

Nosotros podemos comprender fácilmente este terrible rigor: Ya que Ella es verdaderamente nuestra Madre, la Madre de todos los hombres, nuestra Co-redentora, Abogada y la más amorosa Mediadora, ¿como no podría esta Virgen que es toda bondad, y también la Madre de Dios, la Inmaculada en quien la Trinidad toma Su deleite, no tener un derecho absoluto a la veneración, a la gratitud y al amor filial de Sus Hijos? Dios ya no sería Dios si no castigara severamente a aquellos que escupen en el rostro de tal Madre y no se arrepienten… El crimen es más grande aún, porque Dios quiere en nuestros tiempos que Ella sea mejor conocida, mejor amada y más exaltada.

Verdaderamente, «el momento ha llegado», y durante dos siglos los pedidos del Cielo se han vuelto más y más acuciantes. La hora ha llegado para la Iglesia jerárquica, la que ha recibido como depósito el tesoro de la Revelación Divina, de hacer que brille toda la gloria del Inmaculado Corazón, autorizadamente y en nombre de Cristo, como la Mediadora de Gracia y Misericordia para todas las almas y para todas las naciones, para la Iglesia y para la Cristiandad. Las apariciones de Fátima, con su culminación en Pontevedra y en Tuy, corresponden a las apariciones de Paray-le-Monial. Después del Sagrado Corazón de Jesús, el Inmaculado Corazón de María viene a hacer conocer en nombre de Dios la devoción debida a El en preparación de Su «triunfo», el cual a su vez anuncia el Reinado del Sagrado Corazón de Jesús.

EL INMACULADO CORAZON DE MARIA Y LA IGLESIA,

LA SALVACION FINAL DEL MUNDO

«Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María.» Para este fin, El quiere darnos una prueba sorprendente que a través de Ella, y solamente a través de Ella, nosotros podemos ser salvados de los peligros espantosos que nos amenazan. Enfrentados con un infierno eterno, enfrentados con el infierno sobre la tierra del Gulag Bolchevique, Dios nos presenta al Inmaculado Corazón de María como el recurso final, la última esperanza de salvación para un mundo en camino a la perdición.

Este es el oráculo que Nuestra Señora repite insistentemente: «Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores.» Y el 13 de junio de 1929, los hechos hablaron por sí mismos. «Tu has visto las hambres, las guerras y las persecuciones que agobian a las pobres gentes abandonadas al infierno viviente del Gulag, el verdadero imperio de Satán.» Bien, Nuestra Señora repite insistentemente: para salvarlas «Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón».

DIOS PROMETE UN MILAGRO A TRAVES DE LA MEDIACION DE MARIA…

Es en el contexto trágico de 1929, cuando Stalin estaba provocando el terror sangriento del Gulag a su medida, que debe comprenderse la gran promesa divina: «Fue en ese tiempo, (escribe Lucía) que Nuestro Señor me informó que había llegado el momento para mí de hacer conocer a la Santa Iglesia Su deseo de la consagración de Rusia y su promesa de convertirla.» En otro lugar Lucía recuerda Su promesa de «terminar la persecución en Rusia», «Su promesa para salvarla». Finalmente la carnicería atroz, las hambrunas cínicamente planeadas, las persecuciones, el hostigamiento por la policía, la estúpida e inhumana socialización, todo eso iba a ser terminado por la intervención todopoderosa de la Madre de Dios, esta Teotokos tan amada para el pueblo ruso, que continuó venerando sus iconos en secreto.

La conversión de Rusia por la mediación de María iba a ser un primer prodigio. Pero hay también un segundo…

…Y POR LA MEDIACION DE LA JERARQUIA CATOLICA

Este milagro extraordinario hubiera asombrado al mundo, hubiera vuelto a despertar la Fe y originado entre la gente el estallido de un himno de acción de gracias. Era imperativo que todo el mundo, herejes, cismáticos, judíos y paganos, se dieran cuenta que Dios había realizado el milagro a través de la mediación de la Reina de los Cielos, pero también en respuesta a «un acto solemne y público» de los Pastores de Su única, verdadera Iglesia, que es Católica y Romana. ¡Que admirable sabiduría en esta doble mediación! Pues juntos, ambos son esperados por Dios para el milagro largamente esperado, tan necesario para la paz del mundo. «El buen Dios promete terminar la persecución en Rusia, si el Santo Padre realizara él mismo un acto solemne de reparación y consagración de Rusia a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, al igual que ordenara a todos los Obispos del mundo católico hacer lo mismo…»

Pobre Rusia, dominada por el Bolchevismo y todavía víctima de su cisma secular, hubiera sido salvada de ambos males al mismo tiempo. Además, la liberación hubiera venido a pedido y mediante la decisión de todos los Obispos católicos obedeciendo a su cabeza, el Papa de Roma, cuya primacía universal de jurisdicción como sucesor de Pedro, la Iglesia Rusa, en su obstinada rebelión había rechazado reconocer. Sí, admiremos la estratagema divina por medio de la cual Dios quiso volver a atraer Su rebaño, por millones, la multitud de Sus ovejas descarriadas por el cisma, y al mismo tiempo asegurar la paz mundial.

¡Que plenitud de sabiduría en este gran designio de misericordia! Esto alcanzaría para mostrar que no es del hombre, sino de Dios. Cuanto más lo examinemos, más comprenderemos su divina coherencia. Nosotros comprendemos también que este designio es irrevocable, y que Dios no quiere cambiar ninguna parte de él. Cuando Sor Lucía le preguntó porque El no convertía a Rusia sin que el Papa hiciera esta consagración, Nuestro Señor le respondió: «Porque quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para extender su culto más tarde y poner la devoción a este Inmaculado Corazón junto a la devoción a Mi Divino Corazón… El Inmaculado Corazón de María salvará a Rusia. Esto ha sido confiado a Ella.» (24)

EL ULTIMO DESIGNIO DE DIOS: LA CONSAGRACION Y LA DEVOCION DE REPARACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA

¿Cual será este triunfo que ha sido predecido? La expansión universal de la devoción al Inmaculado Corazón de María. En cuanto a esta devoción, está resumida totalmente en dos palabras: consagración y reparación.

LA CONSAGRACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA

Al establecer tan estrecha conexión entre la conversión de Rusia y su consagración al Inmaculado Corazón de María, Dios quiere mostrarnos claramente de cuan supremo agrado es esta consagración para El, no solamente de Rusia, sino de todas las naciones. Lo que Lucía dice sobre el «milagro portugués» se aplica a fortiori, a la conversión de Rusia. Ella escribió al Papa Pío XII: «Esta será la prueba de las gracias que Dios hubiera otorgado a otras naciones, si como Portugal hubieran sido consagradas a Ella.» (25)

Si este es el caso, es claro que todas las otras sociedades, y las personas mismas, recibirán grandes gracias al consagrarse al Inmaculado Corazón de María. ¿Pero por qué? La Santísima Virgen no pidió al pueblo ruso o al pueblo portugués se consagraran a si mismos, sino que el Papa y los Obispos lo hicieran en su nombre. Esto es porque es la mejor manera de aceptar completamente, con amor y humildad, todas las mediaciones queridas por Dios y que son el verdadero antídoto para el orgullo moderno, donde cada individuo se erige en nómada autónomo y soberano. Si contra este pecado que es la misma esencia de la revolución democrática, es que la consagración es más agradable a Dios. Todos aquellos que ejercitan cualquier autoridad, el Papa a la cabeza de la Iglesia, el Obispo en su diócesis, el Rey como la cabeza y padre de su nación, el párroco en su parroquia, el padre en su familia, -para mostrar que ellos tienen su autoridad procedente de Dios y pretenden usarla en Su nombre y en conformidad con Su voluntad- deben hacer públicamente este acto de obediencia a la Buena Voluntad divina del Padre Celestial y de Su Hijo. Por pequeño o grande que fuera su rebaño, ellos deben consagrarlo al Inmaculado Corazón de María que es inseparable del Sagrado Corazón de Jesús, como a su Rey y a su Reina, a quienes ellos pertenecen y quienes gozan derecho total de verdadera soberanía. Ellos pueden estar seguros que a cambio de este reconocimiento filial de su poder, los Sagrados Corazones de Jesús y de María bendecirán misericordiosamente, protegerán y colmarán de gracias a todos aquellos que fueran confiados a Ellos. (26)

LA DEVOCION DE REPARACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA

Si la consagración está relacionada al misterio de las mediaciones divinas, la reparación pone en marcha este otro misterio que está igualmente en el centro del mensaje de Fátima: la comunión de los Santos.

Durante los mensajes del Angel en 1916, y otra vez durante las apariciones de Nuestra Señora el 13 de Junio y el 13 de Julio, y poco después de estas en las apariciones de Pontevedra, el Cielo pide urgentemente reparación por todos «los pecados por los que Dios es ofendido», «por los ultrajes, sacrilegios e indiferencia» que hieren el Corazón Eucarístico de Jesús, y finalmente, por «las blasfemias e ingratitud» de los hombres, que traspasan el Inmaculado Corazón de María. (27)

Es notable que en Tuy, Nuestra Señora insiste nuevamente sobre este punto, en dos formas. En primer lugar por esta grave y terrible advertencia, que nos parece un eco de la primera parte del Secreto con su aterradora visión del infierno: «Tan numerosas son las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mi, que vengo a pedir reparación. Sacrifícate tu al menos por esta intención y reza.» (28)

Oración y sacrificios ofrecidos en reparación al Inmaculado Corazón de María para arrebatar almas al infierno, este es el tema que nosotros encontramos constantemente en las cartas de Sor Lucía de esta época. Remarquemos también, que la teofanía trinitaria espectacular tuvo lugar mientras ella estaba dedicada, con generosidad, a esta obra de reparación. Cumpliendo al pie de la letra los pedidos del Sagrado Corazón a Santa Margarita María, cada semana durante la noche del jueves al viernes, entre las once y las doce de la noche, ella haría una Hora Santa de adoración y reparación. Postrada en la capilla, o de rodillas con los brazos en cruz, ella repetiría incansablemente las dos hermosas oraciones de reparación enseñadas por el Angel en el Cabeío.

Esto demuestra cuan exacta es la continuidad entre el mensaje de Fátima y el de Paray-le-Monial. Fátima es la continuación, el complemento, el cumplimiento de Paray-le-Monial, pues en el gran designio de Misericordia Divina, los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María están indisolublemente unidos. (29) Así también deben estar ellos en nuestro propio amor y en los actos de reparación que les ofrecemos.

Aun, en los mensajes de Pontevedra y Tuy, por un misterio admirable de amor y una predilección incomparable por Su Madre, parece como si el Sagrado Corazón mismo quisiera estar eclipsado, o al menos estar próximo solo a través de la dulce mediación del Inmaculado Corazón de María. Es como si Jesús nos dijera: «Los actos de reparación deben hacerse por todas las ofensas y crímenes que insultan la santidad de Mi Padre; el culto perfecto que debemos rendir hacia El, Yo mismo como Sumo Sacerdote eterno lo realicé en Mi sacrificio en la Cruz, el cual es renovado en todo momento. Para hacer reparación por las ofensas, los ultrajes que hieren Mi Corazón, alcanza para vosotros ofrecerme los superabundantes méritos del Corazón de Mi Santísima Madre, y unirla en Su dolorosa compasión. Por las injurias, las blasfemias que entristecen Su Corazón Maternal tan cruelmente, corresponde a vosotros, Sus hijos, hacer reparación por ellos consolándola, y por vuestras oraciones y sacrificios obtener la conversión de la pobre gente que ha tenido la desgracia de ofenderla gravemente. Pues ellos han merecido por este crimen imperdonable, por este pecado contra el Espíritu Santo, la condenación del fuego eterno. ¡Pues muchísimas son las almas que Mi justicia condena por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de Mi Madre!»

Esto es porque, de acuerdo al mensaje de Fátima, la obra que es propia de nosotros, la obra más al alcance de nuestras posibilidades, es la reparación al Inmaculado Corazón de María. «Tu, al menos, procura consolarme!…»

Dios es tan insistente sobre esta reparación, que la ha puesto al principio y al fin de todo el gran plan revelado en Tuy. En primer lugar, al principio, pues al mismo tiempo con el acto de consagración, Dios pide al Papa y a los Obispos «un acto solemne y público de reparación al Inmaculado Corazón de María», indudablemente por todas las profanaciones y blasfemias cometidas contra Ella en la Rusia bolchevique por tantos ateos fanáticos, pero también por la revolución comunista que es en si misma un crimen abominable, ya que ejerce injustamente un poder satánico sobre un antiguo país de la Cristiandad, que por derecho pertenece a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

La reparación figura también al fin del gran designio de Dios, que en realidad promete «terminar la persecución en Rusia», si el Papa y los Obispos la consagran al Inmaculado Corazón de María, «y si Su Santidad promete, por el fin de esta persecución, aprobar y recomendar la práctica de la devoción reparadora» de los primeros sábados de mes. Es un intercambio admirable de promesas, por las cuales Dios quiere comprometer al Vicario de Cristo a encomendar a toda la Iglesia esta devoción reparadora que El tan fervientemente desea ver practicada en todas partes.

IV. LA APARICION DE TUY, EL MOMENTO CRUCIAL DEL SIGLO

Desde entonces, después del 13 de junio de 1929, cuando Dios completó la solemne revelación de Su gran designio para la Iglesia, para Rusia, y para el mundo, uno puede decir que el drama de nuestro siglo estaba en marcha. Las consecuencias dependen, en último análisis, del Santo Padre, y de él solo. Nosotros explicaremos por qué. Y porque el mensaje de Fátima es perfectamente límpido y coherente, tres proposiciones -la verdad de las cuales es aún más notable en 1989 que en 1917 o en 1929- lo resumen todo.

1. LA PAZ DEL MUNDO DEPENDE DE LA CONVERSION DE RUSIA

«Si mis pedidos son atendidos, Rusia se convertirá y habrá paz» Si no, Rusia «propagará sus errores por el mundo, causando guerras y persecuciones… Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas.» Así, todo ya había sido dicho el 13 de Julio de 1917. Incluso, Nuestra Señora predijo la Segunda Guerra Mundial, la cual sería peor que la primera, como una consecuencia directa de la no conversión de Rusia. Nosotros pronto demostraremos la verdad histórica incuestionable de esta afirmación sorprendente. En cuanto al expansionismo (tanto ideológico como militar) profetizado por Nuestra Señora, también es un hecho de la historia, -un hecho más y más prominente- que determina que el futuro de todo el mundo dependa solamente de Rusia. Solzhenitsyn, quien vio este hecho, escribe: «El comunismo no puede detenerse en su deseo de conquistar el mundo, sea por la guerra abierta, por la acción terrorista o subversiva, o por la desestabilización de las estructuras sociales… Nada puede esperarse del comunismo en si mismo: no es posible ningún compromiso con la doctrina del comunismo, uno puede preveer tanto su triunfo total en todo el mundo, como su desaparición completa en todas partes. La única salvación para Rusia, para China y para el mundo entero consiste en rechazarlo. De otra manera, el mundo corre el riesgo de ser asolado y aniquilado.» (30)

Esta es precisamente la profecía de Fátima. Mientras permanezca bajo el yugo comunista, Rusia continuará siendo una amenaza perpetua para el mundo, porque su revolución bolchevique es como un cáncer creciendo, el cual, por su naturaleza, nunca podrá hacer otra cosa que expandirse. Nosotros debemos hacernos esta seria reflexión: el único escape, la única salvación posible para Rusia y para el mundo es su conversión… Y esto último solamente podría ser un milagro extraordinario, otorgado por Dios en Su misericordia.

2. LA CONVERSION DE RUSIA DEPENDE DE SU CONSAGRACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA

Aquí nosotros estamos entrando en el terreno íntegramente sobrenatural de la fe y de la esperanza. Aún, este hecho no es por lo tanto algo menos cierto que las cosas que están probadas empíricamente; ¡lejos de ello! A los ojos de la fe, el plan de salvación revelado en Fátima y en Tuy aparece como la obra de la sabiduría divina, que no tiene igual por su eficacia incuestionable. Si, pues para todo católico que comprende la profunda intención subyacente, y sus frutos maravillosos, los dos pedidos de Nuestra Señora aparecen como los medios adecuados, las condiciones necesarias para el milagro, que es posible, y por así decirlo necesario para la conversión de Rusia. Esta es una segunda verdad que, como la primera, es tan cierta e incluso más obvia de lo que fue en 1929.

3. LA CONSAGRACION DE RUSIA AL INMACULADO CORAZON DE MARIA DEPENDE DEL PAPA Y DE LOS OBISPOS

«Si el Santo Padre hiciera él mismo (un acto solemne de reparación y consagración de Rusia) al igual que ordenara a todos los Obispos del mundo católico hacer lo mismo… El Santo Padre debe entonces prometer aprobar y recomendar la práctica de la devoción reparadora.» El texto es claro: ¡que lugar hay allí para dudas! En el gran designio de Dios, todo depende, en último análisis, del Pontífice Supremo, y solamente de él, ya que a él corresponde ordenar a los Obispos hacer el acto pedido de consagración con él. Los fieles, por supuesto, también pueden actuar eficazmente: por sus oraciones y sacrificios ellos son dignos de esta gracia. Con todo, esto no cambia el hecho que ninguna solución decisiva para la paz y salvación del mundo pueda ser alcanzada sin el Papa. Aquí nosotros debemos ser insistentes, porque este punto del mensaje de Fátima a menudo es pasado por alto en silencio. Dios promete realizar milagros de gracia a través de la mediación del Inmaculado Corazón de María, pero con una condición formal: que los Pastores de la Iglesia se lo pidan solemnemente a Ella, y demuestren, por su obediencia a sus pedidos, que frente a los peligros extremos de la hora, esperan de Ella la liberación, y solo de Ella.

En otras palabras, desde la extraordinaria teofanía trinitaria de Tuy el 13 de junio de 1929, más que nunca antes, todo depende del Papa: «El momento ha llegado, cuando Dios pide al Santo Padre…» Queda para nosotros examinar cual fue su respuesta a los pedidos de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

NOTAS

(14) San Pío X, Ad diem illum, 2 de febrero de 1904.
(15) Misa de María Mediadora de todas la Gracias y Misa del Inmaculado Corazón de María.
(16) Ven. Pío IX, Ineffabilis Deus.
(17) Ez. 47, 1-12; Jn. 19, 34; Apoc. 22, 1.
(18) Ver nuestro Vol. I, p. 112.
(19) Padre Georges de Nantes, Via Crucis, 1974.
(20) Ver por ejemplo A. Feuillet, Jesus et sa Míre, la maternidad espiritual de María, p. 135-139. A la luz de «la mujer que da a luz» del Apocalipsis 12, el autor deja hablar a Jesús: «Mujer, he aquí Tu hijo», toda Su riqueza de afirmación de una realidad mística permanente, merecida por la Cruz pero ya preexistente en realidad, como la gracia de la Inmaculada Concepción: «el Cristo agonizante ve a María y al discípulo amado, y El dice algo que nadie ve y nadie sabe: que María es la Madre del discípulo y el discípulo Su Hijo. Que significa esto sino que este episodio no relata la creación de algo nuevo, sino la simple revelación de una realidad que ya existe.» (p. 138) Cfr. también la misma exposición desarrollada de M. Braun, «La Míre des fideles»: La Míre du disciple, p. 97-129 y La Fémme de l’Apocalipse, p. 131-176, Casterman, 1953.
(21) Cfr. supra, p. 265, y ss.
(22) Carta del 9 de mayo de 1929 a Sor Lucía (Uma vida p. 365). La carta del 24 de julio de 1927, dirigida a su madre, y dedicada íntegramente a la devoción de los cinco primeros sábados es aún más significativa: «Una devoción… que nuestra querida Madre Celestial ha pedido», «nuestra querida Madre», «nuestra Santísima Madre con Jesús en el Calvario», «la más tierna de las madres», «de esta forma consuela a tu Madre Celestial, y trata de hacer que muchos otros la consuelen en la misma forma» (Cfr. supra, p. 261-262). Ella pudo apenas ser más insistente sobre el Corazón maternal de María.
(22a) Ad diem illum, 2 de febrero de 1904.
(23) «Si Dios fuera vuestro Padre, vosotros me amaríais, pues de Dios Yo procedo y vengo… Pero vosotros buscáis matarme… Vosotros sois de vuestro padre, el diablo.» Jn. 8, 39-44.
(24) Carta al Padre Goníalves, 18 de mayo de 1936. Doc., p. 414.
(25) Cfr. supra, p. 427-428.
(26) Observemos que es en este mismo espíritu que los Obispos portugueses hicieron la consagración de su país en 1931. Nosotros también tendremos la oportunidad de citar ejemplos históricos elocuentes que ilustran la fecundidad sobrenatural incomparable de tal consagración: la consagración de Francia a Nuestra Señora por el Rey Luis XIII en 1638, la parroquia de Nuestra Señora de las Victorias consagrada el 3 de diciembre de 1836 al Santísimo e Inmaculado Corazón de María por Padre des Genettes, o finalmente la parroquia de Ars, consagrada por su santo párroco (San Juan María Vianney) aquel mismo año, 1836, a María concebida sin pecado.
(27) Nosotros ya hemos explicado en detalle este aspecto importante del mensaje, cfr. Vol. I, p. 86-89 y supra, en el capítulo sobre «La Gran Promesa», p. 153 etc., «La Devoción Reparadora, un secreto de misericordia para los pecadores».
(28) Cfr. supra, Parte I, Capítulo VII, nota 36.
(29) Hasta tal punto que, respecto a los pedidos divinos de la consagración de Rusia, Sor Lucía a veces habla de una «consagración de Rusia a los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María», la cual es necesariamente dirigida al mismo tiempo al Sagrado Corazón de Jesús. Es tan cierto que «…venir al Corazón de María es venir a Jesús; honrar el Corazón de María es honrar a Jesús, invocar al Corazón de María es invocar a Jesús…» San Juan Eudes, Le Coeur Admirable, Vol. II, cap. V. Cfr. San Luis-Marie Grignion de Montfort, La verdadera devoción a María, Nº148.
(30) L’erreur de l’Occident, p. 89, 1980.
* Sagrada Biblia, B.A.C., Madrid, 1954.

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