Panorama Católico

Intenciones de Francisco para el mes en curso

 

«Por eso predijo ese mismo Dios que vendrían a tierra los dioses múltiples y falsos y mandó derrocar sus ídolos. Porque nada hay que haga a los hombres tan insociables y perversos en su conducta como la imitación de esos dioses», San Agustín

 

 

«Repasa un poco los mismos libros de La República, en que has mamado ese afecto de ciudadano devoto, de acuerdo con el cual los buenos no tienen tasa ni límite en el servicio de la patria. Mira, te ruego, y averigua con qué alabanzas tan espléndidas se predican allí la frugalidad y la continencia, la fidelidad y el vínculo conyugal, las costumbres castas, honestas y honradas; cuando la ciudad se distingue por ellas, entonces hay que decir que florece de veras. Ahora bien, todas esas costumbres se enseñan y se aprenden en nuestras iglesias, que crecen por doquier, como en santas escuelas de pueblos. Especialmente se enseña y aprende la piedad, con que se adora al Dios verdadero y veraz. Y este Dios no sólo nos manda, sino que nos propina su ayuda para alcanzar todas esas virtudes que informan y forman al alma humana en la sociedad divina y la dignifican para habitar la celeste ciudad. Por eso predijo ese mismo Dios que vendrían a tierra los dioses múltiples y falsos y mandó derrocar sus ídolos. Porque nada hay que haga a los hombres tan insociables y perversos en su conducta como la imitación de esos dioses, tal como sus hazañas se describen y recomiendan en vuestra literatura».

Carta de San Agustín a Nectario, funcionario imperial que le pedía al obispo de Hipona interceder para alcanzar clemencia sobre su ciudad natal por crímenes cometidos contra los cristianos, violando la ley imperial.

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