El Diario Intimo de San Martín
Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos,
EL DIARIO DE SAN MARTÍN, ESCRITO POR TERRAGNO (1)
Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos, y que ha tenido, además, una vasta actuación pública: diputado y senador nacional, ministro y jefe de gabinete.
Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos,
EL DIARIO DE SAN MARTÍN, ESCRITO POR TERRAGNO (1)
Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos, y que ha tenido, además, una vasta actuación pública: diputado y senador nacional, ministro y jefe de gabinete.
1. Se advierte en el libro que: “No se trata de una novela: cada dato, circunstancia o anécdota surge de una escrupulosa investigación histórica con base en fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”. Sin embargo, ha adoptado la forma literaria de un diario personal, redactado en tiempo presente, por el autor, es decir, el doctor Terragno.
2. Ahora bien, un diario, según el diccionario de la Real Academia Española, es la “relación histórica de lo que ha ido sucediendo por días, o día por día”. Por ello, el diario es un subgénero de la biografía, más precisamente de la autobiografía. Por lo tanto, si el autor escribe como si fuese otro quien lo hace, efectuando un relato imaginario, se trata en realidad de una novela.
3. De nada sirve que se detalle una extensa bibliografía, pues al omitirse citas al pie de página, y agrupar las fuentes al fin de cada capítulo, no puede determinarse que fundamento posee cada frase. A esto se agrega, como ya mencionamos, que el autor alega haber consultado “fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”, la mayoría de los cuales, obran en archivos europeos. De modo que quien quisiera corroborar dichos antecedentes, debería viajar al viejo continente para hacerlo.
Nos parece, entonces, que el libro comentado no es una obra histórica, pues carece de la precisión que “debe extenderse a los más mínimos pormenores”, como enseñaba don Marcelino Menéndez y Pelayo. (2)
4. Terragno ya demostró, en una obra anterior sobre San Martín (3), lo que considera antecedente válido para una reconstrucción histórica. En efecto, escribió un libro de 261 páginas, en torno a 47 hojas manuscritas (“Plan Maitland”), que descubrió casualmente en el Archivo General de Escocia. Ese escrito no constituye un documento, pues no tiene destinatario, ni fecha, ni firma.
5. En el mismo libro, el autor mantiene la duda sobre el carácter de masón de San Martín, pese a revelar –casi 20 años después- que el Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra le aseguró en 1980 en una comunicación escrita personal que: “La Logia Lautaro no fue una logia masónica sino una sociedad política secreta. Es posible que haya adoptado algún rito o formas pseudomasónicas, pero la masonería regular no tuvo conexión con la Logia Lautaro y no habría respaldado a esa organización ni sus actividades”.
6. En una muestra sorprendente de imprecisión, menciona tres supuestos:
a) Que San Martín haya sido masón.
b) Que la masonería inglesa o escocesa haya tratado a las logias pseudo-masónicas de americanos independentistas como organizaciones fraternas que, por compartir ciertos objetivos, debían conocer algunos secretos.
c) Que, conociendo los planes y el carácter excepcionalmente reservado de San Martín, algunos de sus numerosos amigos masones haya compartido con él (si no otros secretos de la masonería) información sobre proyectos en los cuales la masonería servía informalmente el interés del Reino Unido.
Todo mi esfuerzo, en este capítulo, consiste en demostrar que alguno de estos supuestos es cierto. (4)
7. En la extensa bibliografía del Diario, no se incluye ninguno de los libros que demuestran, con datos y argumentos, que San Martín no fue masón. Destacamos, al respecto, el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente, con las dudas sobre este tema. Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato. Reproducimos los documentos en:
http://forosanmartiniano.blogia.com/temas/san-martin-y-la-masoneria.php
8. En conclusión, el libro comentado puede resultar de interés para los aficionados a las novelas históricas, pero carece de significación para la historia sanmartiniana.
Foro Sanmartiniano, 12-9-09
Notas:
(1) Terragno, Rodolfo. “Diario íntimo de San Martín. Londres 1824, una misión secreta”; Buenos Aires, Sudamericana, 2009.
(2) Cit. Por: Picciuolo, José Luis. “Reverendo Padre Cayetano Bruno sdb, sacerdote e historiador eclesiástico”; Buenos Aires, Junta de Historia Eclesiástica Argentina, 2008, pág. 24.
(3) Terragno, Rodolfo. “Maitland & San Martín”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999.
(4) Ibidem, pág. 178.
www.foroazulyblanco.blogspot.com


Comentarios
Ha sido fácil y terminante
demostrar que San Martín no fue masón, ni republicano, ni «independentista», ni un mediocre novelista -modesto pendolista es mejor dicho- como el autor de este infundio, que huele a libro venal a leguas de distancia.
Como todo el mundo en 1810, San Martín era «legitimista» y así se lo hacía saber a cualquiera que seriamente lo interrogase, como los generales Miller y Guido o el Gobernador Rosas. La correspondencia está publicada, es obra «édita», no como los fabulosos manuscritos de Terraño.
La Logia Lautaro no era una logia masónica ni independentista, sino un cenáculo antiliberal y antifrancés en el cual sus miembros corrían peligro cierto y serio de ser asesinados si eran descubiertos. Las referencias de Juan M. de Pueyrredón, diputado en la Junta de Sevilla por aquellos, bastarían para probar esta afirmación.
El discurso de Rosas ante la Legislatura en 1836 es el testimonio de un testigo insigne y contemporáneo sobre qué fue nuestra Guerra de Independencia: una guerra civil entre liberales borbónicos afrancesados (no se olvide que fueron los propios reyes quienes pusieron la corona española en manos de Bonaparte) y la Tradición que se negaba a ser asesinada. San Martín estuvo del lado de la Tradición contrarrevolucionaria.
Pero San Martín es inmortal en la memoria de su pueblo; no hay hombre nuestro que haya sobrevivido con mejor éxito a la consigna masónica y antiargentina (es decir, británica) de la difamación sistemática de nuestros mejores hombres, de nuestras hazañas más cumplidas.
Así que los cagatintas de turno se ocupan de él cada tanto, a ver si la gilada finalmente empieza a bajarlos del pedestal; pero ¡no hay caso! Ni con Rosas, ni con San Martín se puede.
Ya que estamos en esta página: Parece, salvando las distancias, el caso de la Santa Misa tradicional. No hubo manera, en estos 40 años de exilio litúrgico, de hacer desaparecer algo que Dios quiere con toda evidencia. Los mayores interesados en la Misa Tradicional son generaciones que no la conocieron de chicos, y por eso mismo, difícilmente catalogables como «nostálgicos» -otra de las muletillas que se intenta convertir en pena aflictiva.
Con San Martín pasa lo mismo; ni siquiera las bombásicas estupideces de Ricardo Rojas, supuestamente elogiosas, han mellado su prestigio popular.
Desde luego, no existe el menor temor de caer en contradicciones. Por ejemplo, cuando se imputa a San Martín el haber pertenecido a la masonería, se afirma con términos que suponen una actitud condenable -y ciertamente lo sería, de ser verdad, para un católico. Pero generalmente para quienes lo sostienen, debería ser virtud, o al menos, prueba concluyente de su amplitud de miras, visión progresista, etc. etc. Es evidente, en estos casos, la intención peyorativa.
Con Terragno olfateamos lo mismo: Elogia para embarrar.
Así que: Gracias por esta nota.
Ludovico ben Cidehamete
Cierto Ludovico. San Martín
Cierto Ludovico. San Martín no fue masón, pero cómo parece que lo haya sido!
Es muy probable que sin haberlo querido y procurando un fin bueno y hasta católico haya conseguido lo que consiguió: hacerle el caldo gordo al liberalismo y a la masonería.
Lo mismo se puede decir del sector no jacobino de 1810.
Como los Protocolos de los Sabios de Sion, que no sé si serán truchos, pero se cumplieron a la perfección …