Panorama Católico

Durísima protesta de la FSSPX por Asis 2011

Extractos de la Homilía de Epifanía pronunciada por Mons. Bernard Fellay en Paris, en el que se protesta enérgicamente contra la repetición de la reunión interreligiosa de Asís.

«En la teoría conocen, en la teoría ellos creen. Pero, en la realidad, ¿creen? ¿Realmente creen que Nuestro Señor es Dios? ¿Realmente creen que la paz entre los hombres, entre las naciones, está en su mano? ¿Realmente creen en todas las consecuencias inmediatas de su divinidad? … ¿Van, como los Magos, los Tres Reyes a adorar al Dios verdadero y a buscar a Dios para alcanzar la paz y para pedirle por ella? ¿Van al Rey de la Paz: Rex pacificus?» ( LEER EL TEXTO COMPLETO)

En la teoría conocen, en la
teoría ellos creen. Pero, en la realidad, ¿creen? ¿Realmente creen que Nuestro
Señor es Dios? ¿Realmente creen que la paz entre los hombres, entre las
naciones, está en su mano? ¿Realmente creen en todas las consecuencias inmediatas
de su divinidad? … ¿Van, como los Magos, los Tres Reyes a adorar al Dios
verdadero y a buscar a Dios para alcanzar la paz y para pedirle por ella? ¿Van
al Rey de la Paz: Rex pacificus?

¡Oh, cómo la historia se
repite, ¡ay!

Sí, estamos profundamente
indignados, protestamos con vehemencia contra la repetición de los días de
Asís. Todo lo que hemos dicho, todo lo que Mons. Lefebvre había dicho en el momento [de la primera Jornada Mundial de Oración por la Paz
en Asís en 1986], lo repetimos en nuestro propio nombre. Es evidente, mis
queridos hermanos, que tal cosa exige reparación. ¡Qué misterio!

Sí, a adorar: ¿qué
significa eso? Adorar significa en primer lugar: reconocer, reconocer la
divinidad. La adoración es dada sólo a Dios. Y el reconocimiento de su
divinidad implica inmediatamente la sumisión, una declaración de sumisión a la
soberanía de Dios. Es reconocer que Dios tiene todo derecho sobre nosotros, que
estamos realmente en completa y absoluta dependencia de Dios para nuestra
existencia, nuestra vida, nuestra habilidad de actuar, pensar, el desear y
querer. Todo bien, todo lo bueno que nos sucede, viene de la bondad de Dios. Y
esto no es cierto-sólo para los creyentes, no sólo para los cristianos-esto es
cierto para todas las criaturas, absolutamente todas las criaturas.

Dios, el Creador de todas
las cosas, visibles e invisibles, es el mismo que también gobierna este mundo,
el que sostiene todas las cosas por el poder de su Palabra, a Aquel en quien
todo tiene su estabilidad! Señor de la vida y la muerte, de los individuos y
las naciones! Dios todopoderoso y eterno, a quien todo el honor y la gloria le
es debida! Sí, adorar es ponerse en esta postura de humildad que reconoce los
derechos de Dios.

Vayamos, entonces, vamos a
Nuestro Señor, aunque Él oculta su divinidad, a pesar de que Él es un niño
pequeño en los brazos de su Madre, ¡Él es verdaderamente Dios! Él es verdadero
Dios, enviado por la misericordia del buen Dios para salvarnos. Porque Él se
hizo hombre, y al convertirse en un hombre que se convirtió en el Salvador, y
su nombre, dado por el mismo Dios, es Jesús: ¡el Salvador! El único nombre que
se ha dado bajo el cielo, por el cual podamos ser salvos. El único Salvador! El
único Santo, «Tu solus Sanctus» [como
decimos en el Gloria], que viene a traer algo inaudito: la invitación a la
felicidad eterna de Dios.

¿Cómo puede la gente depositar
la esperanza de recibir sus bendiciones cuando lo insultan, cuando lo ignoran,
cuando lo disminuyen? ¡Es una locura! ¿Cómo puede alguien tener esperanza de
paz entre los hombres cuando se hace una burla de Dios?

Y aquí el pensamiento
moderno hace realmente extraños tipos de proyecciones: se pretende que todas
las religiones, en última instancia, adoramos a un solo y mismo Dios verdadero.
Eso es absolutamente falso, está incluso en el Apocalipsis, lo encontramos ya
en los salmos, en el Salmo 96:5, «¡Todos los dioses de los gentiles son
demonios!» Son los demonios. ¡Y Asís estará lleno de demonios! Esta es la
Revelación, es la fe de la Iglesia, lo que enseña la Iglesia!

Ahora, ¿dónde está la
continuidad? Ahora, ¿dónde está la ruptura? ¡Qué misterio!

Sí,
mis queridos hermanos, si queremos ser salvos, hay una sola manera, y ella es
el camino de Nuestro Señor Jesucristo.

Anexos: Sermon de Mons Fellay en francés, en audio

Declaración de Mons. Lefebvre sobre la reunión de Asís de 1986http://www.dici.org/actualites/sermon-de-mgr-bernard-fellay-9-janvier-2011/

Encíclica Mortalium Animos, sobre el llamado «diálogo interreligioso».

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