Panorama Católico

Don Bosco y San Francisco de Sales

Esta sencilla homilía sobre San Francisco de Sales y San Juan Bosco es una invitación a profundizar en el conocimiento de sus extraordinarias vidas, sus obras y su ejemplo. El primero es patrono de los periodistas, el segundo, de los editores. En su celo apostólico realizaron una monumental obra escrita, destinada a sus dirigidos, a modo de correspondencia o de obras apologéticas y espirituales. 

            Este
Domingo está entre dos fiestas de santos: la de San Francisco de Sales y la de San
Juan Bosco. San Juan Bosco fue el fundador de los salesianos, un nombre que
viene del de san Francisco de Sales. Entonces, estos dos santos tienen algo en
común. ¿Qué? La formación, la santificación, la salvación de las almas.

            Decía
San Juan Bosco: “Domine, da mihi animas et coetera tolle”, “Señor, dame almas y
toma todo lo demás”. Entregará toda su vida por la salvación de las almas,
especialmente las de los jóvenes, pero su apostolado también se extendió a los
países de misión…

            San
Francisco de Sales, también fue un gran apóstol; ¡convirtió 72.000 protestantes!

            Estos
dos santos se destacaron por el don de dirigir las almas en la vida interior y
el camino de la santidad. Todos los católicos deberían haber leído la “Introducción a la vida devota” del
obispo de Ginebra; santificó a muchísimos cristianos. Es de un estilo
agradable, con hermosas comparaciones hechas a partir de la naturaleza, y con
muy sabios y suaves consejos. Léanlo, queridos fieles.

            San
Juan Bosco usó tres medios muy poderosos para la santificación de los jóvenes…
y de los menos jóvenes: la confesión y la comunión frecuentes (“con estos dos
medios, decía, se puede vencer cualquier vicio”) y la devoción a la Santísima
Virgen.

            Confesión Y comunión frecuente; queridos hermanos, estoy bastante sorprendido
ver que tan pocos de ustedes aprovechan este tiempo de vacaciones para venir
asistir a la Santa Misa durante la semana. Sin embargo, varios viven cerca.  ¡No se priven de las grandes bendiciones
de Nuestro Señor!

            Además,
el Evangelio de este domingo los invita para hacer este esfuerzo tan fructuoso
para sus almas: la barca de los apóstoles amenazada por una gran tempestad
representa la Iglesia que sufre hoy día una crisis sin precedentes, en
particular con el “espíritu ecuménico de Asís”. Pidamos entonces a Nuestro
Señor, realmente presente en la Santísima Eucaristía, que impere sobre los
terribles vientos que devastan nuestra Madre, la Iglesia. La Santa Misa es el
momento más oportuno para pedirle: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”

            No
vivamos como si todo fuese bien, las almas, las familias, nuestras naciones.
¡El demonio no está de vacaciones! ¡No lo dejemos entibiarnos, no le permitamos
perder las almas utilizando, entre otras cosas, la impureza reinante del mundo
actual! ¡Más que nunca, hay que rezar!

            San
Juan Bosco tuvo una noche una visión impresionante durante el sueño; ella se
aplica perfectamente a la situación que vivimos en la Iglesia: Vio un gran
navío, sacudido por las olas y ferozmente atacado por enemigos encarnizados. Este
navío era la Iglesia; parecía que iba hundirse. Pero resistía porque estaba
amarrado a dos columnas de piedra. Encima de una estaba la Sagrada Hostia, y
encima de la otra estaba la santísima Virgen María.

            Queridos
fieles, no nos relajemos: Elijan por lo menos un día de semana para asistir a
la misa y recibir la Sagrada Comunión que es Nuestro Señor mismo con toda su
Bondad infinita y su Misericordia. Les recuerdo que también cada Domingo y
jueves, hay una exposición y bendición del Santísimo. Vengan adorarlo y
suplicarle para que nos mantenga en el camino del Cielo y que proteja nuestra
Madre la Santa Iglesia, que está sufriendo una verdadera Pasión.

            Y,
por supuesto, seamos fidelísimos al rosario cotidiano; es algo urgente, nos lo
dijo Nuestra Señora de Fátima: “Recen el rosario todos los días por la
conversión de los pobres pecadores”, y la santificación de sus almas y de sus
familias.

Ave
María Purísima

En el
Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *