Panorama Católico

¿Diálogo Juedocatólico con Profundidad?

El Cardenal Emérito de Parí­s, Jean-Marie Lustiger, como es público y notorio, es un judí­o converso que llegó a ocupar tan alto puesto en la jerarquí­a de la Iglesia, cual es la Arquidiócesis de la capital francesa y con ella recibió el capello cardenalicio. Su predilección por los judí­os ha sido siempre pública y comprensible. Solo que su enfoque pastoral y teológico no marcha en la misma dirección de, por ejemplo, los hermanos Lehmann, judí­os conversos, sacerdotes ambos, que dedicaron su vida a la apologética dirigida a sus hermanos judí­os de sangre, a fin de llevarles la luz del Evangelio. Más vale parece marchar en sentido opuesto…

El diálogo judeocatólico puede comenzar ahora con profundidad

Según el cardenal Lustiger, arzobispo emérito de Parí­s

El cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo emérito de Parí­s, se encuentra estos dí­as en Espaí±a, en una breve visita invitado por la asociación Amistad Judeocristiana de Valencia, durante la cual impartió una conferencia en la que habló sobre la importancia, sobre todo para los cristianos, del diálogo entre ambas religiones.

El purpurado, judí­o de nacimiento (su madre fue asesinada en Auschwitz), concedió esta entrevista a la agencia Veritas, en la que pone de relieve la importancia del impulso dado por el Papa Juan Pablo II a la relación con el pueblo judí­o.

–Usted ha venido a España, entre otros motivos, para impartir una conferencia sobre la importancia del diálogo entre judí­os y cristianos. ¿Cómo está actualmente el diálogo entre judí­os y cristianos y qué avances se han producido, especialmente en el pontificado de Juan Pablo II?

–Cardenal Jean-Marie Lustiger: La obra del Papa Juan Pablo II es una obra gigantesca. Ya el Concilio Vaticano II habí­a marcado la posición de la Iglesia con respecto a las otras religiones no cristianas, y de forma particular, respecto de los judí­os. Posteriormente, en el decreto Nostra Aetate, Juan Pablo II puso en marcha esta orientación de una manera sorprendente, porque no trató la cuestión únicamente como un diplomático ni solamente como un hombre con expectativas de establecer contacto y relaciones de buena voluntad, sino que lo ha hecho a la vez como un mí­stico, un teólogo, un hombre de verdadera caridad, un hombre de fe, un discí­pulo de Cristo y sobre todo como Papa, como sucesor de Pedro.

Ha mostrado que este diálogo judeocristiano no es simplemente una obra de establecimiento de buenas relaciones, sino que supone descubrir, en la existencia del pueblo judí­o, el aspecto fundamental de la Revelación, porque se trata de la alianza que Dios ha hecho con su pueblo, sin la cual el misterio de Cristo, en quien creemos y que constituye su Iglesia, perderí­a toda su consistencia.

Comentario Druí­dico: "…de la alianza que Dios … sin la cual el misterio de Cristo … perderí­a toda su consistencia". ¡Menuda afirmación! Ambigua y tramposa. El pueblo judí­o ha sido el depositario de la promesa de Dios hasta la venida del Salvador. Luego, los judí­os que siguieron al Salvador se integraron a la Iglesia, fundada por Cristo, en tanto que a la Sinagoga se le ha retirado la promesa. Ya no es la portadora de la verdad de Dios. Por eso al morir Cristo se rasgó el velo del Templo. Por eso Cristo mismo preanunció la destrucción de Jerusalén, y del Templo, que nunca ha podido ser reconstruido. Por eso la diáspora. Además los judí­os religiosos han puesto la Ley y los profetas en un plano secundario respecto de las enseñanzas rabí­nicas compiladas en el Talmud. Esto explica su obstinación en resistir el evidente cumplimiento de las profecí­as que pueden ver en sus propios libros. Pero el Talmud ha reiterpretado estos textos en un sentido no siempre dialoguista, como el Card. Lustiger parece creer.

El Papa nos ha recordado quiénes éramos haciéndonos comprender quiénes son los judí­os. Y nos ha enseñado a entender que si amamos a Cristo y lo seguimos no podemos despreciar a su pueblo y a la gracia que le ha sido concedida.

Esta obra gigantesca de Juan Pablo II no solamente ha tocado los corazones de los cristianos, sino que ha sido comprendida por los judí­os los más diversos, desde los más ortodoxos hasta los más alejados de la práctica religiosa, los más secularizados… todos han comprendido que existí­a un hombre de Dios leal, en quien poder tener confianza. Yo creo que hoy en dí­a, después de siglos de masacres y de muerte, que no han olvidado, sin embargo tienen una verdadera confianza en la persona del Papa, que representa a la Iglesia.

Comentario Druí­dico: Es necesario decir, en honor a la verdad que cuando el Papa Juan Pablo visitó la Sinagoga de Roma debió sacarse la cruz pectoral porque los rabinos no aceptaron que el crucifijo entrara en sus muros sagrados. Y luego, cuando los judí­os fueron a Así­s exigieron que se retirasen los crucifijos del convento para realizar sus ritos… Más que confianza, yo dirí­a que creen que estamos regalados… (Atención, la respuesta anterior contiene un error. El Papa no se quitó la cruz pectoral en su visita a la sinagoga de Roma. Fotografías que nos han hecho llegar desmienten esta afirmación druídica).

–En general, pero también desde su punto de vista personal, que conoce bien ambos mundos, y que de alguna manera lo ha vivido en su trayectoria personal, ¿qué significado tiene este diálogo?

Cardenal Jean-Marie Lustiger: Es una verdadera aventura espiritual, porque la diversidad extraordinaria de las corrientes del pensamiento judí­o nos remite a toda clase de aspectos diferentes de nuestra propia fe y práctica religiosa, ¡y estamos sólo al principio de este diálogo!

Hemos llegado un punto en que puede empezar a existir este diálogo en profundidad, porque la confianza ha sido ganada, o restablecida, mejor dicho. Y no sabemos adónde nos puede conducir este diálogo. No se trata de que los judí­os se vuelvan cristianos o viceversa, pero sí­ de que lo que hay en común, no solamente como objeto de fe, sino también en cuando actitud o conducta, nos puede llevar a aclarar las diferencias entre unos y otros.

Comentario Druí­dico: Esto es precisamente el falso ecumenismo.

Por ejemplo, Jesús insiste mucho en que el que ama al Padre y al Cristo debe cumplir sus mandamientos, en que el que no hace la voluntad del Padre no lo ama realmente, por lo que debemos obedecer los mandamientos. Es lo que decí­a san Agustí­n, "Ama y haz lo que quieras", que es un resumen mí­stico, pero san Juan de la Cruz nos recuerda que no amamos si no practicamos los mandamientos.

Hay una tentación en los cristianos de olvidar la necesidad de obedecer los mandamientos como un acto de amor, como el examen mismo del amor, y de ver cómo los judí­os actualmente practican a su manera, al pie de la letra, los mandamientos porque son los mandamientos de Dios, nos hace reflexionar. Cuando Jesús dice que í‰l guarda los mandamientos, y nos pide que los observemos como í‰l lo hace. Es solo un ejemplo.

Comentario Druí­dico: ¿Qué judí­os practican los mandamientos al pie de la letra? Y en todo caso, ¿son más que los católicos que practican los mandamientos al pie de la letra? El primer mandamiento dice. Amarás a Dios por sobre todas las cosas. Cristo dice: Nadie llega al Padre sino por mí­. Quien no me ama, no conoce al Padre. Si no aman a Cristo, ¿cómo pueden cumplir los mandamientos?

–¿Por qué afirma usted que este diálogo es importante especialmente para los cristianos?

Cardenal Jean-Marie Lustiger: Yo pienso que para los cristianos este diálogo nos lleva a la integridad y a la verdad de la fe cristiana.

Comentario Druí­dico: ¿No la tení­amos ya desde Pentecostés?

Imagine que hay un barco, que hay un anclaje donde amarrarlo, si no estamos amarrados a este anclaje, podemos ir a la deriva y nos podemos perder. En cambio, no nos perdemos si estamos amarrados al anclaje, que no es el barco, pero que es necesario para su equilibrio, y la tensión que provoca su resistencia hace que nos ayude a permanecer en nosotros mismos.

Es sorprendente ver que ante esta gran "deriva" de la civilización moderna, actual, contemporánea, a la que el Concilio Vaticano II quiso responder de antemano, la posición ética, moral y antropológica sobre la condición humana de los judí­os creyentes, fieles a la tradición religiosa de Israel, y la de la Iglesia católica tienen numerosos puntos similares.

Comentario Druí­dico: Es soprendente ver lo ineficaz que resultó el Concilio para detener la "deriva" de la civilización moderna a la que se quiso anticipar. Es sorprendente que se les muestre tanto respeto a los judí­os "fieles a la tradición religiosa de Israel" y tan poco por los católicos fieles la tradición religiosa de la Iglesia.

Es como si nos encontráramos al lado uno del otro ante una luz común que hemos recibido, y esto no es sorprendente, porque en las enseñanzas de Jesús, cuando le preguntan sobre lo que hoy llamamos problemas antropológicos (la relación del hombre con la mujer, con el dinero, con el mundo, con la realidad, con el prójimo, con el pobre…) Jesús se refiere siempre al Génesis. Si tomamos a la Iglesia, al Papa Juan Pablo II, siempre hace referencia al "principio" cuando habla de relación entre el hombre y la mujer, el hombre como imagen de Dios.

Comentario Druí­dico: Francamente ¿¿¿¿¿ … ?????

Tenemos con los judí­os las mismas referencias bí­blicas y antropológicas de la condición humana. Incluyendo la fe en la redención, aunque no dibujamos al Redentor de la misma manera.

Comentario Druí­dico: ¡No dibujamos al Redentor de la misma manera! Una frase elegante para decir que los judí­os no creen que Cristo es el Redentor.

Nosotros tenemos y creemos que Dios envió a su Hijo, que es el Mesí­as. Israel espera que el Mesí­as venga, pero cree en el perdón de los pecados que Dios prometió, y en la gracia, y en la resurrección de los muertos y en la vida eterna. Esperan que el Mesí­as venga en su gloria, y nosotros también esperamos la venida de Cristo en la gloria.

Comentario Druí­dico: Esta asimilación de la Segunda Venida de Cristo con la "venida del Mesí­as" de los judí­os es un disparate teológico. Si bien es cierto que está profetizado por San Pablo que al final de los tiempos, antes de la Segunda Venida de Cristo, los judí­os se convertirán al catolicismo en masa, o al menos en un número muy considerable, esto no significa en abosoluto que estemos esperando lo mismo. Más vale esperamos lo contrario.

En resumen, tenemos un mismo encuadre bí­blico de la estructura de la fe y de la estructura antropológica, que hace que hoy en dí­a nos encontremos al lado uno del otro, aunque estemos separados por elementos de nuestra fe.

Comentario Druí­dico: Bernard Shaw decí­a que ingleses y norteamericanos son pueblos separados por un idioma común. Esta boutade lingüí­stica ha sido aplicada aquí­ por Lustiger… a la teologí­a… ¿Me pregunto si esta entrevista no es una gran broma?

–¿Cómo se ve desde ambos puntos de vista, el judí­o y el cristiano, la cuestión del laicismo, de la secularización, que tan arraigada está en Francia y que con tanta fuerza está llegando a España?

–Cardenal Jean-Marie Lustiger: Es un problema muy difí­cil, porque hemos sufrido un proceso de mutación muy grande. Es difí­cil analizar los factores de un problema cuando uno se encuentra en medio.

Hay por lo menos dos factores que se entrelazan el uno al otro. El primero es un cambio muy profundo del conjunto de la cultura, me refiero a la cultura popular, en cuanto que opuesta a la cultura de los sabios, de las élites, de las personas que han tenido la oportunidad de hacer estudios más especializados. Hoy la cultura popular abarca también a los doctores, los ingenieros, los abogados, los banqueros, los obreros, todos tienen la misma cultura, la misma televisión.

Esta cultura hoy prácticamente toma una forma nueva, que sustituye, con la imagen y la saturación de los sentidos, la reflexión crí­tica de la razón. Yo creo que esta evolución de la técnica y la civilización ha llevado a la destrucción de la razón para las masas de gente, ha sustituido la razón, que era la gran ambición y la gran esperanza al principio de la era moderna, por la afectividad y la opinión.

Comentario Druí­dico: Nos alegra poder coincidir en algo.

Tras el drama de esta civilización que llegó hasta el totalitarismo, que es a su vez la negación interna de la razón y de la esperanza cristiana, ha habido una mutación de la civilización, que es el momento en el que estamos. En estos momentos hay una serie de teologí­as cristianas, más o menos formadas, que han comprendido este cambio del que hemos hablado al principio.

Comentario Druí­dico: Suena casi como una amenaza…

Yo no sé si se puede hacer una comparación entre la laicidad y el antisemitismo, aunque hay lazos, pero hay un verdadero combate espiritual y de la verdad, para introducir en este cambio de civilización la utilidad del hombre que es su razón, su libertad, y la luz del Evangelio que nos aclara lo que somos como criaturas humanas.

Comentario Druí­dico: ¿De qué está hablando? Por momentos parece un masón, luego un protestante. Nunca suena católico. Pese a ser francés y exaltar la razón, nunca suena claro y distinto: todo su discurso parece mamado en el gnosticismo de las logias, con un poco de aderezo aquí­ y allá, de términos cristianos.

Respondamos a Dios y recibamos de Él nuestra dignidad. En realidad no sabemos adónde va esta sociedad, pero vamos a luchar para que sea lo mejor y no lo peor.

Comentario Druí­dico: "Eminencia, nosotros tampocos sabemos adónde va esta sociedad, pero después de oí­rlo a Ud. tenemos la certeza de que no va a ningún lugar bueno.

VALENCIA, martes, 7 junio 2005 (ZENIT.orgVeritas).-

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