Ciudadano Francés, Súbdito Español
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Nuestro corresponsal Pedro Fernández nos envía su visión crítica en una comparativa entre la actitud de los españoles y la de los franceses ante la Constitución Europea. España, de la que Napoléon llegó a decir que no era parte de Europa (Afrique commence aux Pyrénées) cuando sus ejércitos fueron derrotados, la primera nación que venció por las armas al comunismo, hoy prefiere ceder su soberanía y formar parte de una supernación europea bajo el signo del compás y la escuadra. La Francia masónica y laica, sin embargo, ha tenido una reacción más independiente y viril. En España se limitaron a no ir a votar. En Francia se empeñaron en votar por el Non, y quebraron la dictadura del «consenso democrático», poniendo en evidencia el abismo que hay entre el pueblo y sus presuntos representantes. |
Por Pedro Fernández Barbadillo
¡Qué envidia siento por los franceses! Tienen las virtudes que echo de menos en los españoles: son un pueblo con orgullo nacional y con criterio. Por el contrario, nosotros no sabemos si merece la pena vivir juntos y nos limitamos a obedecer cualquier consigna.
El domingo pasado los franceses se rebelaron contra la dictadura de sus partidos y de sus fabricantes de opinión. Se puede decir, y es cierto, que la V República instituida por el general De Gaulle, está en crisis, que el sistema de partidos ha degenerado hasta convertirse en una partidocracia, que el desprestigio de la clase política es tan grande que los movimientos antisistema captan casi un 40% de los cada vez más escasos votantes; pero también lo es que el pueblo mantiene su criterio y toma decisiones por sí mismo. Incluso hay políticos que se atreven a contradecir las órdenes de sus jerarquías respectivas.
En España basta que los medios de comunicación dominantes difundan los mensajes que interesan al sistema, en especial a la izquierda, como el carácter injusto de la última guerra de Irak, las bondades de la Constitución Europea, la conveniencia de negociar con ETA, para que millones de personas los hagan suyos sin vacilaciones y actúen en consecuencia. Actúan, por tanto, como súbditos, que esperan el pronunciamiento del Poder para saber cómo deben pensar. Aquí se nos dice que Turquía es parte de Europa y nos lo creemos.
En Francia, la disidencia del régimen no es un estigma. Los hay que se pronuncian en contra del discurso dominante, y no sólo no son repudiados por una sociedad acobardada, sino que se les presta atención. Los franceses se comportan, pues, como ciudadanos conscientes de sus derechos: pagan impuestos y exigen que el Poder esté a su servicio.
La mal llamada Constitución Europea ha sido elaborada por un ex presidente de la República francesa y masón, el antiespañol y protector de etarras Valery Giscard d’Estaing. Su contenido beneficiaba a las dos filiaciones de Giscard: la francesa y la masónica. Pese a que la Constitución reforzaba la preeminencia de Francia en la Unión Europea de 25 miembros, los franceses se han movilizado como pocas veces en los últimos años y la han rechazado.
En febrero, cuando a los españoles nos dieron permiso para votar, los grandes medios de comunicación y partidos convocaron al voto afirmativo. ¿Cuántos debates sobre el sí y el no hubo en la televisión pública? Como en otras ocasiones, se emplearon como consignas la reverencia cateta que siente la mayoría de los españoles hacia el concepto sacrosanto de Europa y el miedo a un futuro siniestro. ¡Cuánta gente decía que optaba por el sí para evitar unos males siniestros o porque se lo había recomendado su político de cabecera! Al final, el pueblo español se pronunció mediante el patético medio de quedarse en casa. «Esto no va conmigo; es muy complicado. ¡Que lo solucionen los políticos, que para eso les pago!», se dijeron millones de súbditos. Parece que a muchos de nuestros compatriotas sólo les importan el adosado y la salida del fin de semana; hasta los niños son un estorbo, por eso tenemos la menor tasa de natalidad de Europa.
Yo de los franceses envidio hasta su número de inmigrantes, que es ya menor al que tenemos en España.
Minuto Ditigal, España.


