Panorama Católico

Di Segni – Koch: asombrosa polémica

Refiere el blog Chiesa un sumario de la polémica entre el Gran Rabino de Roma, Riccardo Di Segni y el Cardenal Kurt Koch, presidente de la Pontificia Comisión para el Diálogo Interreligioso. Haciendo uso de los neologismos judeocristianos de moda desde la eclosión conciliar, el cardenal Koch ha dicho que la Cruz de Jesús es el ”permanente y universal Yom Kippur”.

Refiere el blog Chiesa un sumario de la polémica entre el Gran Rabino de Roma, Riccardo Di Segni y el Cardenal Kurt Koch, presidente de la Pontificia Comisión para el Diálogo Interreligioso. Haciendo uso de los neologismos judeocristianos de moda desde la eclosión conciliar, el cardenal Koch ha dicho que la Cruz de Jesús es el ”permanente y universal Yom Kippur”. Da ciertamente algunas explicaciones de su aventurada afirmación, respaldándose en dichos semejantes de Benedicto XVI en su libro “Jesús de Nazareth” (aunque, en rigor, siendo magisterio privado, deberíamos decir que el autor es Joseph Ratzinger).

Hasta donde hemos sido formados en el catecismo clásico y hemos podido profundizar algo en la teología, siempre creímos que los símbolos y las fiestas litúrgicas del Antiguo Testamento eran figuras del Nuevo.

Luego supimos que ya en vida del Pío XII, personajes como el Card. Bea anunciaba ante audiencias judías de alto coturno internacional la inauguración de una nueva era teológica. En ella, la cesación de la sinagoga, simbolizada por el velo del Templo rasgado al morir Nuestro Señor, y la subsecuente destrucción, años después, del único lugar de culto de los judíos, caía en desuso para la Iglesia.  Este cese del judaísmo como religión válida al negar al Redentor, se reinterpretaba en la teoría de las dos tradiciones. Una tradición cristiana, plena, válida, completa en sus medios de salvación, pero a la vez otra tradición judía en una situación parecida, sino igual. O inclusive, al decir de algunos, superior.

Nadie ignora la influencia de estas ideas en la reforma litúrgica posconciliar, y la funcionalidad de esta reforma al ideal ecumenista que hoy domina las mentes y los corazones del clero de todos los rangos y de los fieles.

Hasta aquí las cosas, al menos para nosotros, cuando nos sorprende el Card. Koch con este intento de captación de benevolencia: la cruz de Cristo es el “permanente y universal Yom Kippur”. Invirtiendo el orden, ha tomado la figura por lo figurado, dando, en cierto modo, más valor al rito de aquel pueblo de dura cerviz, clausurado con la muerte y resurrección de Cristo, que a la propia muerte y resurrección de Cristo.

Son modos de decir… objetará alguno. Sí, claro. Pero no son modos convenientes de decir, si hablamos de teología. Si se tratase de diplomacia o política deberíamos aclararlo antes. De todos modos, no parece materia sujeta a negociación diplomática.

Lo curioso, sin embargo, está por verse. Curioso y hasta cómico, si no tuviera un costado demasiado trágico. Es la reacción de los judíos expresada por boca de Riccardo Di Segni. Al menos, la reacción de aquellos que él representa, y que, a juzgar por la historia de estos diálogos, parece ser el interlocutor oficial de la Santa Sede.

Di Segni ha respondido con tajante claridad:
“Si los términos del discurso son los de indicar a los judíos el camino de la cruz, no se entiende el por qué de un diálogo y el por qué de Asís». 

Y a fe que tiene razón. Los judíos aceptan estos diálogos solo si se acepta que su religión es válida como camino de salvación (aún cuando rechazan expresamente a Cristo, el Mesías anunciado por los profetas). Si se los exculpa de toda responsabilidad histórica en la muerte del Salvador. Si se acepta dar a las persecuciones sufridas por sus pueblos el carácter de “shoa”, es decir, de  «holocausto» o sacrificio acepto a Dios, en cierto modo de auto-redención mesiánica. Pero que ni les pase por la cabeza a los católicos la idea de que vayan a aceptar la Cruz…, dice Di Segni implícita pero diáfanamente.

En fin, los esfuerzos de la Santa Sede por ganar la benevolencia de los judíos resultan siempre cortos. Más aún cuando, como se adivina a las claras en el texto de Koch, inspirado en el libro de Ratzinger, un atisbo de señalamiento de que la Cruz no es ajena a los judíos, aunque no posiblemente del modo en que lo plantea el Cardenal Secretario, y recibe tan brutal rechazo.

Lo es como signo de contradicción, piedra de tropiezo y permanente interpelación a las conciencias de quienes tienen todos medios necesarios para entender las profecías  y sin embargo persisten en un rechazo visceral a Cristo, y a la obra de la Cristiandad.

Nuevamente cabe preguntarse sobre el coste y el beneficio de estos diálogos, en términos de salvación de almas. Los números nos están dando muy mal a los católicos…

 A continuación, el texto de Sandro Magister.

ROMA, 5 de agosto de 2011 – La polémica ha sido poco conocida, pero ha corrido seriamente el riesgo de poner en duda la presencia de los judíos en la «Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo», convocada por Benedicto XVI para el próximo 27 de octubre en Asís.

La mecha la prendió un artículo del cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, en «L’Osservatore Romano» del 7 de julio, como ilustración del sentido de la Jornada.

En la parte final de su artículo, el cardenal Koch definía la cruz de Jesús como «el permanente y universal Yom Kippur» y señalaba en ella «el camino decisivo que sobre todo judíos y cristianos […] deberían acoger en una profunda reconciliación interior».

A continuación reproducimos con más exactitud lo que escribió el cardenal en su artículo:

«Según la fe cristiana, la paz que tanto anhelan los hombres de hoy proviene de Dios, que ha revelado en Jesucristo su designio originario, es decir, el hecho de habernos ‘llamado a la paz’ (1 Cor 7, 15). De esta paz, la Carta a los colosenses dice que nos es dada a través de Cristo, ‘con la sangre de su cruz’ (Col 1, 20). Porque la cruz de Jesús cancela todo deseo de venganza y llama a todos a la reconciliación, ella se yergue sobre nosotros como el permanente y universal Yom Kippur, que no reconoce otra ‘venganza’ si no es la cruz de Jesús, como ha afirmado Benedicto XVI con palabras muy profundos, el 10 de setiembre de 2006 en Munich: ‘su venganza es la cruz: él no a la violencia, el amor hasta el extremo’.

«Como cristianos, no menospreciamos el respeto debido a las otras religiones, al contrario, lo reforzamos, si sobre todo en el mundo de hoy en el que la violencia y el terror son utilizados también en nombre de la religión, profesamos a ese Dios que frente a la violencia ha puesto su sufrimiento y que en la cruz ha vencido no con la violencia, sino con el amor. Por lo tanto, la cruz de Jesús no es obstáculo para el diálogo interreligioso; más bien, ella indica el camino decisivo que sobre todo judíos y cristianos […] deberían acoger en una profunda reconciliación interior, convirtiéndose así en fermento de paz y de justicia en el mundo».

Sobre todo estas últimas líneas han hecho despertar la reacción del rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni (en la foto), que ya otras veces se ha mostrado menos pacífico que su predecesor Elio Toaff en las relaciones con la Iglesia Católica.

Al punto de concluir así su réplica, aparecida en la edición del «L’Osservatore Romano» del 29 de julio:

«Si los términos del discurso son los de indicar a los judíos el camino de la cruz, no se entiende el por qué de un diálogo y el por qué de Asís».

En su réplica al cardenal Koch, el rabino Di Segni insiste en el hecho que el Yom Kippur, el día de la expiación, es la fiesta litúrgica más importante del año judío. Es el día en el que se concede el perdón de los pecados, el único día en el que el sumo sacerdote entraba al «sancta sanctorum» del templo y llamaba a Dios por su nombre. Está precedido por los días de arrepentimiento y es celebrado en las sinagogas con gran presencia del pueblo. En él predomina la lectura del libro de Jonás, grandiosa representación de la misericordia divina. El ayuno es total, durante 25 horas no se come ni se bebe.

Ya el 8 de octubre del 2008 Di Segni había explicado el sentido de esta fiesta en «L’Osservatore Romano», en primera página. Y ya entonces había subrayado que en el Yom Kippur se manifiestan las «diferencias inconciliables entre los dos mundos», el mundo de los judíos y el de los cristianos, porque «un cristiano, sobre la base de los principios de su fe, jamás tiene necesidad del Kippur, de la misma manera que un judío que tiene el Kippur no tiene necesidad de la salvación de la fe propuesta por la fe cristiana».

Para confirmar esta distancia, Di Segni hace notar que la Iglesia ha retomado en su liturgia las fiestas judías de Pascua y Pentecostés, pero no la del Kippur. Tal elección es comprensible – escribe – porque «el creyente cristiano puede pensar ciertamente que la Cruz reemplaza en forma permanente y universal el día del Kippur».

Pero entonces – agrega Di Segni – el cristiano «no debe proponer al judío las propias creencias e interpretaciones como indicaciones del ‘camino decisivo’, porque de este modo se arriesga realmente a reingresar en la teología de la sustitución y la Cruz se convierte en obstáculo».

Y prosigue:

«La propia diferencia no puede ser propuesta al otro como el modelo a seguir, De este modo se supera un límite que en la relación judeo-cristiana puede haberse esfumado pero que no debe transitarse. Por lo menos, no es un modo de dialogar que pueda interesar a los judíos».

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Al lado de la réplica del rabino Di Segni, «L’Osservatore Romano» del 29 de julio publicó también la contrarréplica del cardenal Koch:

«No considero en absoluto que los judíos deban ver la cruz como nosotros los cristianos, para poder emprender juntos el camino hacia Asís. […] No se pretende entonces sustituir el Yom Kippur judío con la cruz de Cristo, aunque los cristianos ven en la cruz ‘el permanente y universal Yom Kippur’. Aquí se toca el punto fundamental, muy delicado, del diálogo judeo-católico, es decir, la cuestión de cómo se pueden conciliar las convicciones – vinculantes también para los cristianos – que la alianza de Dios con el pueblo de Israel tiene una validez permanente, y la fe cristiana en la redención universal en Jesucristo, de tal forma que, por una parte, los judíos no tengan la impresión que su religión es vista por los cristianos como superada, y por otra parte, los cristianos no deban renunciar a ningún aspecto de su fe. Por cierto, esta cuestión fundamental ocupará durante mucho tiempo el diálogo judeo-cristiano».

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Koch ha sido llamado personalmente por Benedicto XVI para presidir el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos y ocuparse en particular del diálogo con el judaísmo. Y es uno de los cardenales de curia más acorde con la visión del Papa.

Para entenderlo, basta abrir el segundo tomo del libro «Jesús de Nazaret» al capítulo cuarto, allí donde Benedicto XVI analiza la «oración sacerdotal» de Jesús en la vigilia de su pasión, que ocupa el capítulo 17 del Evangelio según san Juan.

«Esta oración – escribe el Papa – es comprensible sólo sobre el trasfondo de la liturgia de la fiesta judía de la expiación, el Yom Kippur. El ritual de la fiesta con su rico contenido teológico se realiza en la oración de Jesús, realizado en sentido literal: el rito es traducido a la realidad que él mismo significa. […] La oración de Jesús lo manifiesta como el sumo sacerdote del gran día de la expiación. Su cruz y su elevación constituyen el día de la expiación del mundo, en el que toda la historia del mundo encuentra su sentido, contra toda la culpa humana y todas sus destrucciones. […] La oración sacerdotal de Jesús […] es, por así decir, la fiesta siempre accesible de la reconciliación de Dios con los hombres».

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No es casualidad que el profeta Jonás, el profeta leído en la fiesta judía del Kippur, aparezca en el centro de los frescos de la Capilla Sixtina, entre la creación del mundo y el juicio final.

En una frase misteriosa, Jesús se señaló a sí mismo en el «signo de Jonás» (Lc 11, 29-32). Y además agregó: «Aquí hay alguien que es más que Jonás».

Ese signo de contradicción que fue Jesús para los judíos de su tiempo permanece todavía entre los cristianos y judíos y se manifiesta en el Yom Kippur.

Los judíos celebrarán la fiesta de la expiación el 10 de octubre, pocos días antes de la Jornada de Asís.

Fuente: Chiesa

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