Panorama Católico

Clásicos: Mi Bella Dama (My Fair Lady)

Esa forma de opereta que es la comedia musical ha alcanzado un grado de refinamiento notable por los años '60 y '70. De allí­ recordamos Oliver, The Sounds of Music, conocida en castellano con el incomprensible nombre de "La Novicia Rebelde", y esta que traemos a referencia hoy, My fair lady, (Mi Bella Dama), con la bellí­sima Audrey Hepburn, -muerta a edad temprana- y el excelente actor Rex Harrison.

Esa forma de opereta que es la comedia musical ha alcanzado un grado de refinamiento notable por los años '60 y '70. De allí­ recordamos Oliver, The Sounds of Music, conocida en castellano con el incomprensible nombre de "La Novicia Rebelde", y esta que traemos a referencia hoy, My fair lady, (Mi Bella Dama), con la bellí­sima Audrey Hepburn, -muerta a edad temprana- y el excelente actor Rex Harrison. Mucha música agradable, escenografí­a entre realista y fantástica, un impresionante trabajo de reproducción del habla popular y muy poco de Bernard Shaw, como es de rigor. De él solo han quedado rastros de su buen humor y de su cinismo fabiano.

Es sabido que el escritor irlandés George Bernard Shaw, católico de nacimiento, inglés por elección, y socialista fabiano por apostasí­a, era un hombre de genio. Sus obras teatrales rezuman un humor punzante, cí­nico, y cargado de ideas nada cristianas. Sin embargo este vegetariano abstemio no se atreverí­a a poner exlplí­citamente ninguna indecencia. Gran amigo de Chesterton, lo que aparentemente no le sirvió de mucho (o tal vez sí­, solo Dios sabe) formó parte de una generación admirable de escritores ingleses, tanto ortodoxos como heterodoxos, de gran talento.

"Pigmalion", tal el nombre de la obra teatral original en la que se inspira esta comedia musical, tiene tanto que ver con "My fair lady" como "Oliver" con la novela de Dickens. Es decir, muy poco. Si vamos a buscar la traducción cinematográfica de estas obras, saldremos decepcionados. Pero si nos gusta el género musical, un sucedaneo de la opereta y aceptamos sus convenciones, pasaremos un  buen rato, a pesar de sus 27 canciones, algunas excecivamente largas, por cierto.

La música orquestal y el canto (Hepburn no tení­a cualidades de cantante y fue doblada por la entonces magní­fica voz de Julie Andrews) son no solo gratos, sino hasta podrí­amos decir de notable calidad. Han tenido, inclusive, la prudencia de componer unos recitados musicales para Rex Harrison, actor que tampoco tení­a talento de cantante, aunque sí­ una magní­fica voz y dicción y a quien el papel de Henry Higgins le va como a medida.

La comedia mantiene la frescura a pesar de los largos 40 años de su estreno. El misógino estudioso de la fonética, Prof. Higgins decide, a instancias de su colega el Coronel Pickering, otro lingüista renombrado, transformar a la florista Liza Doolittle en una dama que pase por tal sin dificultades en la corte de la reina de Transilvania. Esto lo hará por medio de la "educación", principalmente ligüí­stica y las "good manners". Shaw nos sugiere esta pretensión como un modo de "corrupción" burguesa. En realidad se nota poco en el film, que transita el camino menos sociológico de la comedia y el romance. Bajo esta anécdota ligera y con ocasión de las dificultades lingüísticas de la pobre Liza, que confunde todas las vocales, diptongos y se traga la aspiración de todas la haches, el director ha logrado escenas realmente graciosas.

El contraste entre el caballeroso y afable Coronel Pickering y el ogro monstruoso que es el Prof. Higgings (algo de Shaw se identificaba con este personaje) da pie a burlas a diversos tópicos, no siempre en el sentido en que Shaw lo hubiera deseado, entre los cuales el feminismo no queda bien parado. En efecto, Liza termina domesticando al misógino Higgins y se sugiere un final de matrimonio, que queda abierto.

Otro personaje inolvidablemente cí­nico y gracioso es el padre de Liza, Alfred Doolittle, bebedor y holgazán incorregible (a quien Shaw caracteriza por su apellido: haz poco), hombre absolutamente amoral y orgulloso de serlo que luego, como resultado de cierta broma de Higgins, termina dotado de una pensión de 4000 libras al año, por lo cual se ve en la penosa obligación de asumir la "moral de la clase media", llegando incluso a "casarse por la Iglesia" a fin de tener "respetabilidad", convirtiéndose en un famoso y elocuente apologista de la moralidad. Aquí­ sí­ triunfa la ironí­a de Shaw, y su desprecio por la sociedad cristiana, aun con los defectos del protestantismo.

Apta para todo publico por razones de decencia, quizás no podrí­a decirse lo mismo por razones de gusto. Si se conoce un poco el inglés se apreciará más la enorme riqueza de juegos verbales que el subtitulado sugiere solo a veces y mal. No la vean, por favor, en caso de existir, en versión doblada al castellano. Y si han doblado el canto (esa incomprensible maní­a por arruinar lo mejor de las comedias musicales, que hemos padecido con frecuencia) olví­denlo y alquilen de nuevo El Ultimo Samurai.

Dirigida por:
George Cukor

Obra de teatro
George Bernard Shaw

Guión cinematográfico
Alan Jay Lerner

Elenco:

Audrey Hepburn …. Eliza Doolittle
Rex Harrison …. Professor Henry Higgins
Stanley Holloway …. Alfred P. Doolittle
Wilfrid Hyde-White …. Colonel Hugh Pickering
Gladys Cooper …. Mrs. Higgins
Jeremy Brett …. Freddy Eynsford-Hill
Theodore Bikel …. Zoltan Karpathy
Mona Washbourne …. Mrs. Pearce
Isobel Elsom …. Mrs. Eynsford-Hill
John Holland…. Coronel Pickering
Año: 1964
Duración: 170 min
Paí­s: USA
Idioma: Inglés
Color: Color (Technicolor)

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