Caballeros cristianos se necesitan…
El Quijote es mi libro de cabecera. Desde siempre me ha inspirado Cervantes mediante esta su obra, y por su desastrada vida, una inmensa ternura. Y una insondable admiración.
Traído y llevado, como es -de rigor- el destino de los nombres grandes, la abundancia de sentidos, sentimientos y sensateces que se puede vendimiar de esta obra, sencilla e inmensa, compleja y lineal, ha sido juguete de los vientos hermenéuticos, que la han hecho cabecear y rolar impiadosamente. Y asimismo, barca encallada en el banco del olvido, cuando mentes brillantes pero muy al tono de la época han creído que su celebridad tenía más de provinciano y nacional que de universal y atemporáneo.
Así, soldado, alcabalero, poeta y autor de teatro, siempre de menguado éxito, don Miguel supo servir fielmente su ideal, a veces sentido –porque la vanidad es prenda de todo artista- pero nunca soberbio, pues era un hombre de corazón grande y cristiano. Tal así, que sus ironías, aunque filosas, son como de filo de madera: marcan pero no hieren. Tal así que su alma comprensiva, experimentada en las cosas del mundo y en la ciencia de las personas, no puede mirar a casi nadie con iracundia, que no sea, tal vez, a los que increpaba como “gente endiablada y descomunal”. Curioso momento del Quijote en que se enfrenta a una procesión de clérigos.
El Quijote es mi libro de cabecera. Desde siempre me ha inspirado Cervantes mediante esta su obra, y por su desastrada vida, una inmensa ternura. Y una insondable admiración.
Traído y llevado, como es -de rigor- el destino de los nombres grandes, la abundancia de sentidos, sentimientos y sensateces que se puede vendimiar de esta obra, sencilla e inmensa, compleja y lineal, ha sido juguete de los vientos hermenéuticos, que la han hecho cabecear y rolar impiadosamente. Y asimismo, barca encallada en el banco del olvido, cuando mentes brillantes pero muy al tono de la época han creído que su celebridad tenía más de provinciano y nacional que de universal y atemporáneo.
Así, soldado, alcabalero, poeta y autor de teatro, siempre de menguado éxito, don Miguel supo servir fielmente su ideal, a veces sentido –porque la vanidad es prenda de todo artista- pero nunca soberbio, pues era un hombre de corazón grande y cristiano. Tal así, que sus ironías, aunque filosas, son como de filo de madera: marcan pero no hieren. Tal así que su alma comprensiva, experimentada en las cosas del mundo y en la ciencia de las personas, no puede mirar a casi nadie con iracundia, que no sea, tal vez, a los que increpaba como “gente endiablada y descomunal”. Curioso momento del Quijote en que se enfrenta a una procesión de clérigos.
Acaso las buenas partes de su persona, la edad madura en que compuso la obra y su pobreza consuetudinaria, solo aliviada por pequeños favores de quienes más creían hacer caridad que justicia, y luego merecer el nombre de Mecenas, hayan dado a su personalidad un tinte poco corriente entre los grandes artistas, y mucho menos corriente entre los pequeños.
Don Miguel era una enciclopedia viva de saber popular, con algo de ciencia doctoral y por sobre todo un finísimo equilibrio. Virtud esta que sin duda debe más a la gracia, aunque se supone la natura.
Su desbordada imaginación, su asombrosa memoria, sus naturales ambiciones artísticas se sometieron, -verdadero milagro- a la resignada aceptación de su “fracaso”, incluso cuando el hijo más conspicuo de su “fracaso” tomaba alas en el mundo entero aún en vida del padre. La fulminante popularidad de su Quijote le redituó poco en duros, y algo más en nombre, que a fuerza hacerse tan popular el personaje, dejó en olvido al autor, sin contar con la desgraciada usurpación de autoría que medió entre su primera y segunda parte.
Las figuras y figurones que pueblan la obra dan cuenta de casi todo el espectro popular español. La fineza con que el autor los retrata magistralmente – no siendo la menor de sus magistrales virtudes el registro de su lenguaje, modos de pensar y de obrar- constituyen tipos humanos locales y universales. Y esto con el humor que es propio de un espíritu sano, que asimila lo que ve y oye, purificándolo, como quien tiene hígado suficientemente generoso para filtrar lo tóxico y dejar pasar lo nutriente y sano.
Claro, un hígado sometido a este régimen de trabajo ha de sufrir, pero casi nada de la bilis pasa a su obra. Algún regusto, ora aquí, ora allá del amargor que el metabolismo incorpora para el proceso, debidamente acaramelado por la inmensa bondad de su alma generosa y grande.
Magnánimo, así era don Miguel. Celoso de la verdad, caballero de la honestidad, “casto, puro, celeste, animoso”, lo ha llamado el poeta en sus “Letanías”. (¿Acaso Don Quijote no es Cervantes?). Irreconciliable enemigo de los gigantes, por lo que les es propio, la soberbia descomunal, raza que ha de ser extirpada de la tierra. Y condescendiente con los pecadores de la carne y de la infirmitas.
Lanza incansablemente en ristre contra follones heréticos, -heréticos de toda suerte de herejías, las de la Fe y las de la caballería-. Caballero de celada de cartón, que más confía la suerte de su rostro a la divina protección que a los hierros teatrales de su blindaje. Caballero de yelmo de Mambrino, en cuya cabeza, inestablemente, sin celada ni encaje, solo servirá para atajarle las piedras más groseras que le arrojen palurdos de a pié y clérigos de a mula.
Hombre que empeñó su fortuna, magra fortuna, en conocer y adoptar las leyes de la caballería según estas se referían en los costosos libros de la época. Incansablemente pobre, en sus andanzas por los caminos, cuando la fortuna le deparó un magro botín, lo dio por entero a su servidor. Así como la gloria de los gobiernos de ínsulas, contentándose él mismo con descender a las profundidades o elevarse hacia el empíreo ya en la cueva de Montesinos, ya en la aventurada travesía del Clavileño.
El día que la Hispanidad resucite, si Dios lo quiere, ha de ser un ejército dirigido por quijotes. Habrá más sanchos que quijotes, lo que no está mal, porque así es el orden de las cosas después de que perdimos la Edad Dorada, aquella en la cual nadie sabía el significado de “tuyo” y “mío”. Dichosa edad y dichosos tiempos aquellos…
Hoy, en plena Edad de Hierro, tuyo y mío se defiende con la espada, y se entrega con la cruz de la espada, como San Martín, que dividió su capa con el Pobre tajándola con el filo de la suya.
Hoy, como siempre, es necesario dar el combate. Los caballeros son necesarios. No los que pintan blasones soberbios heredados, que no son los hijos de sus obras, sino los caballeros de escudo blanco, aquellos que vienen a fundar dinastías, aunque más no sea modestas, pero ornadas por la Fe, la lealtad y la prudencia. No caballeros que hagan rechinar a cada rato el filo de espadas de fantasía, sino hombres de las cosas reales, bendecidos con la sagrada locura de la verdad y las obras inmortales de la magnanimidad.
Obras pequeñas cuyo alcance resulta insondable porque Dios las usa para sus designios. Obras que salen al paso al correr del camino, sin plan previo, movidas por el acontecer de cada día y de su afán.
Obras de justicia y de misericordia, en la medida que la mano pecadora admita blandir la espada en defensa de una y en amparo de otra.
Obras que se hacen después de velar las armas, auque sea en el pozo de una venta, a falta de capilla. Obras que se sostienen, a pesar de una lealtad incomprendida. Obras que se ponen todas al servicio de la Dama cuya es la belleza y la donosura máxima de las virtudes. Cuya es la excelencia, aunque revista por tiempos de aldeana y huela a ajos y a otros tufos viles.
El Caballero no se dejará engañar. Hay un sentido de la Fe. Hay un sentido de los fieles. Y la Fe es también la fiducia, la confianza, y la lealtad.
Caballeros cristianos hacen falta, aunque vistan de paisano. No sansones carrascos disfrazados de caballeros, pedantes y resentidos.
Por eso siempre el Quijote me ha inspirado ternura y admiración, porque él no es un caballero de logotipo, sino de humana y sobrehumana virtud.


Comentarios
Hermoso, Marcelo
Le envidio la prosa. No las ideas ni la exhortación, que las compartimos.
Cuánto tiempo!
Te acordarás Marcelo, de esa llamada que les hize cuando todavía Panorama se publicaba en papel? Recuerdo que mi «director espiritual» no me quería decir quienes estaban «detrás de la publicación», y que «él ya los conocía», preocupado por mi interés.
Recuerdo cuando me contaste como Zenit les «ganó de mano» como medio oficial de la Santa Sede (en manos de los Legionarios), y que la aspiración de Panorama era ser la voz de la Iglesia Católica en los medios.
Qué tiempos aquellos! Y todavía no había conocido la maravilla de una Santa Misa Extraordinaria…
Felicitaciones!
Crux Australis
No me acuerdo.
Zenit no es publicación oficial de la Santa Sede, no lo es siquiera el Osservatore Romano.
Respecto a ese comentario, realmente no recuerdo haber dicho eso, tal vez sea una trampa de la memoria. Nuestra aspiración fue siempre ser un medio de la tradición católica, solo que con un enfoque distinto, que el tiempo demostró exitoso. Hablar de la misa tradicional era pecado hace poco más de cuatro o cinco años. Cuestionar el Concilio sigue siendo pecado, pero ya es pecado venial. En eso hemos sido pioneros, sin duda.
De hecho hoy los blogs católicos tradicionales se cuentan por decenas. Y los «comentarios druídicos» han sido adoptados por muchos bajo distintas formas.
Bueno, hemos hecho escuela, y sin más mérito que estar en el lugar oportuno en el momento oportuno.
De todos modos, amigo CRUX, no entiendo bien la relación de su comentario con el artículo.
Recuerdo bien
Tiene que ver con los años de lucha que usted sigue en la tradición y la divulgación de la misma. No se ponga en guardia, que el significado es simplemente una palabra de aliento, luego de su artículo.
En cuanto al dialogo, recuerdo que alguien me atendió cuando llamé a la redacción, quizá no era usted. Estimo que fue un intento de explicar la dificil situación de la Tradición a alguien que evidentemente no la conocía.
Saludos
Crux Australis
Gracias, amigo Crux
Disculpe si le he parecido desconfiado. Ultimamente me veo obligado a desentrañar el sentido de algunos mensajes, que parecen lo que no son.
Otros resultan muy claros, pero lamentablemente poco cristianos. Aluden a mi vida privada, a mi familia, como en tono de amenza. Evidentemente no provienen de caballeros cristianos.
Le mando un abrazo.
Marcelo González
Me gustaría volver a hablar con Ud. (si es que fue conmigo con quien habló) Le ruego me escriba privadamente. Puede usar el formulario de CONTACTO que está en el menú principal.
Pioneros
Me da mucha pena que el que dice llamarse «caballero católico» se ufane de ser pionero en eso de disentir con la Santa Madre Iglesia en cuestiones de fe y moral. Le recuerdo que en disentir no es pionero y que los pioneros en disentir ya no están en la Iglesia.
Mariano
Vea Mariano,
No disentimos con la Iglesia. Es un problema que requiere cierta disposición de su parte para entender y también cierta información. Hay diversos niveles de obligatoriedad, por decirlo así, en la obediencia debida.
1) En materia de Fe y moral. Absoluta
2) En materia de gobierno, relativa. Por algo se han instituido instancias canónicas de apelación.
3) En lo referente a la fama de los miembros del clero, es obligación de los fieles no hacer públicas sus miserias, salvo que el callarlas fuese un daño mayor. De todos modos, no nos dedicamos a esa materia, que tanto rédito produce.
4) Pero estamos en época de herejías (vea Ud. los artículos del P. Iraburu que tenemos en la página principal. El P. Iraburu está muy lejos de ser un tradicionalista contestatario). Solo nos separa una visión de las causas: él cree que todo se limita a un problema de interpretación, nosotros creemos que hay graves deficiencias en los textos del CVII. Y el Santo Padre ha accedido a poner en cuestión estos puntos…
Bueno, finalmente, esta y otras decisiones que ha venido tomando el Santo Padre son antiguos reclamos de los que Ud. llama «disidentes», lo que demuestra que, más allá de los pecados de cada uno, los problemas son reales y la autoridad de la Iglesia no solo los está viendo sino que está comenzando, apenas comenzando, a poner en su carril. Pero remontar el páramo litúrgico llevará décadas… Recuperar vocaciones, restituir la disciplina religiosa, la claridad doctrinal y la práctica moral en los fieles será arduo.
Espero que en su corazón pueda ver con claridad este punto.
LÉON BLOY SOBRE EL QUIJOTE
«No me gusta Don Quijote. Ese libro demasiado famoso me entretuvo cuando tenía dieciséis o dieciocho años. Después me fastidió y me indignó. No puedo soportar que las grandes cosas se pongan en ridículo, y la caballería, sin ninguna duda, es una de esas grandes cosas, una de las más bellas que los hombres hayan visto jamás.
Es posible que Cervantes no quisiera denigrarla, tal como suponen algunos de sus compatriotas – aunque esto es difícil de creer- y que sólo pretendiera ridiculizar ciertas extravagancias de su tiempo, cuyo recuerdo ya no existe después de tres siglos. Pero su libro permanece, y es una mancha imborrable.
Si no se tratase más que del pobre caballero de la Triste Figura se podría aceptar su locura; pero Sancho Panza es intolerable. El apetito brutal, continua, sistemáticamente, victoriosamente opuesto al Sueño; el vientre que tiene siempre razón frente al Entusiasmo, y la risa grosera de la multitud frente al rostro doloroso de la Poesía, eso es lo que no puedo soportar.»
Léon Bloy, Diarios.
La toma de Paysandú: 1 de enero de 1865 (Guerra del Paraguay)
La toma de Paysandú (1 de enero de 1865)
(Guerra del Paraguay, genocidio masónico de un pueblo cristiano)
Mientras Mitre hacia la comedia de “la neutralidad”, el 16 de octubre de 1804 el imperio invade el territorio Oriental con doce mil hombres a mando del general Mena Barreto, ocupando Cerro largo. El 28 de noviembre fue tomada la ciudad de Salto, siendo enseguida sitiada la ciudad de Paysandú., que resiste tenazmente la agresión.
Ante la primera acción de guerra de la Triple Alianza, el ataque a Paysandú, Urquiza permanece impasible en Entre Ríos, ante el clamor de los federales entrerrianos que se salían de la vaina por acudir en ayuda de sus “hermanos orientales”. Muchos ya no confiaban de don Justo, y algunos cruzan el Uruguay, entre ellos Rafael Hernández, hermano del autor del Martín Fierro, quien salva milagrosamente su vida luego de la caída de Paysandú. “La heroica Paysandú” resiste por varios días el ataque de tropas muy superiores, incluido el bombardeo de la escuadra brasilera abastecida en pleno día en la rada de Buenos Aires por el gobierno de Mitre, quien se decía “neutral”.
Pese a las declaraciones de “neutral” Mitre, el Vizconde de Río Branco refiere lo siguiente:
“En el primer ataque de Paysandú, nos faltaron municiones, y nosotros los fuimos a encontrar en los parques de Buenos Aires. En esta ciudad se establecieron hospitales en que fueron curados nuestros heridos. Nuestra escuadra pudo operar contre el gobierno oriental en las aguas de la República Argentina” (O´Leary.Hist.de la Guerra de la Triple Alianza.p.51)
¡Singular manera de Mitre de interpretar la palabra “neutral” !
El padre Ereño le reclama a Urquiza: “Estoy llorando, Sor. Gral. de rabia y de desesperación a presencia del crímenes tan atroces que se perpetran bajo capa de libertad y civilización en el año 64” (Fermín Chávez. José Hernández, pluma y espada de la Confederación Argentina.)
El jefe colorado le pide a Urquiza que le venda unos “caballos marca flor” que necesita, y don Justo le contesta el 16 de diciembre por intermedio de Melitón Lescano: “Nuestro amigo Enrique Castro me escribe pidiéndome unos caballos de mi marca y le contesto que yo no mando caballos marca flor a los aliados de los macacos”. Sin embargo el estanciero de San José no perdería la venta y en la carta a Lescano lo ordena que buscase 10 o doce caballos “por ahí” y se los enviara al jefe colorado. Tampoco perdería el negocio de caballos con “los macacos” a quienes más tarde le vende prácticamente toda la caballada entrerriana.
El 1° de enero de 1865 comienza la matanza, y el “Diario del sitio y defensa” da el siguiente detalle:
“A la una de la tarde es muerto de un balazo de fusil el coronel Tristán Azambuya. Así, sin disminuir pelea, viene la noche. La mitad de la guarnición ha quedado fuera de combate, y por falta de gente no es posible enterrar nuestros muertos queridos. ¡Duerman en paz al pie de los débiles y arruinados muros que con tanta valentía defendieron! ¿Cuántos seguirán mañana? ¡Pero morir por la patria es gloria! Somos dignos de Artigas y de los Treinta y Tres. Nuestra sangre no ha degenerado”. (Julio Cesar Vignale. Consecuencias de Caseros. 1946)
Entre Ríos entera se desespera por la agresión a Paysandú ante la pasividad del señor de San José, y un testigo urquicista, Julio Victorica, ante los estragos de los cañones brasileños, comenta: “La contemplación paciente de semejante cuadro era insoportable. Entre Ríos ardía indignado ante el sacrificio de un pueblo hermano, consumado por nación extraña. El general Urquiza no sabía ya cómo contener a los que no esperaban sino una señal para ir en auxilio de tanto infortunio” (Julio Victorica. Reminiscencias históricas, en Revista de Derecho, Historia y Letras, tomo VI. Buenos ires, 1900) Urquiza permanecía imperturbable.
Asesinato de Leando Gómez – El «infame espectáculo»
El poeta Guido y Spano califica los sucesos como “infame espectáculo”. Paysandú resiste heroicamente durante varios días hasta quedar prácticamente derrumbada totalmente por el bombardeo de la escuadra brasilera, y los incendios y saqueos unitarios. Defendida hasta las últimas consecuencias y hasta el completo agotamiento de hombres, armas y municiones, finalmente Leandro Gómez se rinde, y comienza la matanza de la Paysandú rendida.
Leandro Gómez se rinde con un puñado de hombres ante el Jefe de la tercera brigada de Río Grande, quien le indica que será conducido ante le barón de Tamandaré. Un testigo presencial describe los hechos:
“El jefe brasileño dobla una calle y se encuentra con un oficial de Flores, el comandante Francisco Belén, acompañado de treinta hombres; éste se dirige al jefe brasileño e invocando el nombre del general Flores, le exige la entrega del general Gómez; éste se resiste, el otro insiste. El jefe brasileño le dice que el Barón es garantía de la capitulación, y por último le pide orden por escrito de Flores.
En ese interín llegó Goyo Suárez y a nombre del general Flores pide nuevamente la entrega del general Gómez y sus compañeros; el jefe brasileño los entrega.
Comandante Belén, recíbase Ud. de esos hombres – dice Goyo Suárez – Echan a andar y llegan a un portón de fierro. Belén da la vos de “Aquí nomás”. Por la parte de adentro de eso portón se ejecuta el terrible suplicio de la víctima ilustre…Lo estropean, lo desnudan y lo cosen a puñaladas. Uno de los Mujica (Eleuterio) le descarna la pera, estando aún vivo el general. Los compañeros siguen la misma suerte: reciben la muerte a puñaladas y balazos” (Julio Cesar Vignale. Consecuencias de Caseros. 1946)
De esta forma actuaba “la civilización”, y el diario la “La Nación” del 3 de enero de 1865 leemos: “La gran cuestión para nosotros no es saber si candor Gómez le tiene miedo a laas balas. Es saber lo que mejor conviene a la libertad y a la civilización en el Río de La Plata. Quiroga, el Chacho, López Quebracho, el fraile Aldao, eran hombres muy valientes ¿Qué ha dado a su valor a la civilización de los pueblos argentinos?”
Al menos le reconocía la “valentía” de aquellos hombres. Por otra parte me pregunto que ha dado a los pueblos argentinos la “cobardía” de Mitre, que presenciando la batalla de Caseros escondido en un monte cercano, al ser preguntado por parte del general Cesar Díaz las razones de su actitud, Mitre le confiesa: “Estoy economizando sangre”.
“Vive en Entre Ríos un anciano coronel Espíndola, a quien en otro tiempo le oí decir que en Caseros encontró al comandante Mitre, con su batería, detrás de un monte y que habiéndole preguntado por lo que allí hacia, Mitre le contestó: Estoy economizando sangre” (Alfredo F. de Urquiza. “Campañas de Urquiza. Rectificaciones y ratificaciones históricas. Buenos Aires. 1924) (AGM.PLA.p.301)
Nunca, general…
Estos hechos aberrantes ante la pasividad de don Justo abren más la brecha en las disidencias dentro del partido federal, y los testimonios de protesta por la actitud de Urquiza le llegan de distintos lados, como la carta que el coronel Navarro le hace llegar desde Nogoyá:
Mi querido general:
Acabamos de saber con profundo sentimiento la toma de Paysandú y la muerte de sus principales jefes. Los atentados y crímenes que cada día cometen los infames brasileños, no llenan de coraje y solo ansiamos el momento de vengar la sangre de los mártires de Paysandú.
Los amigos creemos y esperamos que V.E. no podrá mirar con calma las bárbaros crímenes de los brasileros”
Pero Urquiza se mantiene imperturbable y ya no se borraría de los oídos federales que observaban y escuchaban impotentes desde la otra orilla, el tronar de los cañones de Paysandú. Mitre le miente a Urquiza diciendo que no quiere al guerra, y le miente a la Nación Argentina ocultando una declaración de guerra que ya tenía en mano, para poder actuar como “país agredido”. Este ocultamiento premeditado puede consultarse en las investigación históricas realizadas entre otros por José Maria Rosas y Fermín Chávez.
El desprestigio de Urquiza ante los federales de Entre Ríos ya era grande, y ante la orden a López Jordán de convocar soldados para formar en el ejecito para la guerra del Paraguay, los bravos entrerrianos se niegan a marchar hacia el norte, produciéndose rebeliones y dispersiones. Nuevamente don Ricardo López Jordán se lo dirá a Urquiza con todas las letras:
“Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca general, ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos a pelear a porteños y brasileros. Estamos pronto. Esos son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú. Estoy seguro del verdadero sentimiento del pueblo entrerriano” (Chávez. Fermín. Vida y muerte de López Jordán.p.133)
Los entrerrianos están dispuestos incorporase para hacer al guerra a “porteños y macacos”, pero se resisten a pelear contra paraguay, yas tropas convocadas por Urquiza, se desbandan en Basualdo y en Toledo.
La comedia continúa
El 2 de enero cae Paysandú a sangre y fuego, y al Imperio solo le faltaba atar en forma pública a sus aliados Mitre y Flores, para asegurar su próximo paso: sojuzgar al Paraguay. Fue encargado de esta misión el Vizconde de Río Branco, que llegó a Buenos Aires el 2 de noviembre de 1864.
Mitre, que seguía con la comedia de la neutralidad, no quiso comprometerse todavía en un pacto de alianza, pero prometió solemnemente que no permitiría al Paraguay el paso de sus ejércitos por territorio argentino, en caso de qu lo solicitase para operar contra Brasil. Esta promesa tenía el valor de un pacto; la experta diplomacia brasileña sabía que el Paraguay tendría que solicitar ese permiso y forzar el paso se le negaba, en cuyo caso la alianza era fatal. Mitre negará luego el permiso de paso, y luego demoraría en dar a conocer la declaración de guerra recibida del Paraguay, para considerarse “agredido” por Paraguay, tal como lo demuestra el historiador José Maria Rosa a través de los documentos analizados.
Fuentes:
– García Mellid, Atilio. Proseso a los falsificadores de la Guerra del Paraguay.
– O´Leary, Juan E. Historia de la Guerra de la Triple Alianza. Carlos Schauman Editor. Asunción.1992
– Chávez, Fermín. Vida y muerte de López Jordán. Edit. Theoría
– Vignale, Julio Cesar. Consecuencias de Caseros. 1946
– de Urquiza, Alfredo F. “Campañas de Urquiza. Rectificaciones y ratificaciones históricas. Bs. As. 1924
– Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. Eudeba. Bs.As. 1978
– Victorica, Juilo. Reminiscencias históricas, en Revista de Derecho, Hist. y Letras, t.VI, Bs. As. 1900
– Rosa, José Maria. Historia Argentina. Editorial Oriente. Bs.As.
– Rosa, José Maria. La Guerra del Paraguay y las montoneras arentinas. Bs.As.
– Rosa, José Maria. Rosas y el Imperialismo – La caída. Offsetgrama. Bs.As. 1974.
– La Gazeta Federal http://www.lagazeta.com.ar
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– Candido L´pez, «El manco de Curupaytí»
.
Fuente: http://www.lagazeta.com.ar
Ataque a fragatas inglesas HSM Coventry y HMS Broadsword 25-5-1
–
http://www.youtube.com/watch?v=nlWWyq_50r4
–
Estos tampoco son caballeros de logotipo. No se dejaron engañar. Hay un sentido de la Fe. Hay un sentido de los fieles. Y la Fe es también la fiducia, la confianza, y la lealtad