Sobre el Padre Maciel
Un meritorio lector y apreciado amigo de Panorama Católico nos envía esta carta a propósito de la publicación del artículo-comentario de Sandro Magíster sobre la condena al P. Burresi, publicado en su newsletter “Chiessa” (reproducido en Panorama Católico Digital Ed. 23-30/8/05). El Dr.
Un meritorio lector y apreciado amigo de Panorama Católico nos envía esta carta a propósito de la publicación del artículo-comentario de Sandro Magíster sobre la condena al P. Burresi, publicado en su newsletter “Chiessa” (reproducido en Panorama Católico Digital Ed. 23-30/8/05). El Dr. Seligmann ha visto, creemos, con más perspicacia que nosotros y aceptamos y agradecemos sus observaciones como una fraterna corrección.
Muy apreciado Sr. Marcelo González:
He leído con muchísima atención el artículo que, al parecer proveniente de L’Avvenire, se le dedica al caso del Padre Gino Burresi. Justo es admitir que si Roma ha aplicado tan severas sanciones, habrá sido para administrar, al menos, una parva proporción de justicia y que, por consiguiente, muy graves habrán sido las faltas. Y esto lo digo por que no puede acusarse seriamente a Roma de crueldad en la represión de los delitos canónicos, pues, cuando existieron, estas penas -con excepciones tan escasas como cercanas y conocidas por nosotros- han sido someras y leves en su totalidad.
No puedo, pues, sino considerar todos estos episodios del momento actual (nacionales o importados) como un esperanzador ventarrón permitido por el Dueño de la viña.
No obstante, lo que me parece algo confuso y, si acaso, poco "inocente", es la sorpresiva y completamente innecesaria referencia del articulista al supueso "caso" del Padre Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, a quien él -el autor- ve precisado de ir poniendo sus barbas a remojar, pues ya le ha dictado condena inapelable. He repasado los sitios que sostienen la acusación que tan sibilinamente se introduce en forma oblicua (de los cuales envío como ejemplo http://www.atrio.org/d020720Maciel.Htm) y me confirmo en la necesidad de esperar el fallo de la Santa Sede, como prudencia elemental.
Si se repasan los lugares de Internet como el que indico a guisa de ejemplo (¡atención! no lo recomiendo) se verá un sesgo interesado en los acusadores, quienes laudan el caso y aplican penas antes que la Sede Apostólica; contra la cual no economizan, ya que están en eso, largas parrafadas de insinuante complicidad, que hace aún más incomprensible el sentido y dirección de las acusaciones, como no sea un crescendo preestablecido de la publicidad contra el acusado y, por si acaso, contra el juez. La sospecha que inmediatamente se levanta es ésta: ¿Para qué acudir a un juez al cuál critican, sobre cuya nobleza abrigan dudas y hasta un abierto escepticismo … ? Tal vez para poder decir, al momento de llegar una absolución que en su malicia saben inevitable: "¿Vieron? Así es la Iglesia … ¡Se lo dijimos!".
El mecanismo, si me es permitido conjeturar aventurera y aventuradamente, no parece menos eficaz por ser ya algo antiguo: A propósito de un hecho real, en este caso una sentencia ejemplar y bien fundada, el articulista, componiendo su propia versión de todo el caso, le proyecta su propia interpretación, la cual sería que no ha sido otra cosa que una propedéutica para otro nuevo caso, mucho mayor en escándalo e importancia. Desde luego, el único que afirma tal cosa es … el articulista, pues de sus hechos escuetos no aparece nada semejante a lo sugerido. Se une así un extremo conocido, que es el caso del P. Burresi, con una hipótesis remota e incierta, la del P. Maciel, por medio de un nexo que existe únicamente en la mente del instigador, y extendiendo de esta forma la condena del primero, al segundo.
Este procedimiento y este análisis, en realidad, ponen bajo sospecha la honradez de "L’Avvenire", "Quotidiano di ispirazione cattolica", que emplea un medio tan desleal para echarse como un búfalo herido contra los Legionarios de Cristo y, ¡cuándo no! contra Pío XII, culpable de haber rechazado una acusación contra Maciel en los años ’50; contra Paulo VI, contra Juan Pablo II y contra el cardenal Ratzinger, quien ahora "casualmente" sería el Papa reinante, por que habrían ocultado todo estos episodios.
Si uno puede vencer primero la repugnancia -que sí, se debe- y finalmente el sentido del ridículo -que no, no se puede- y reprime primero la náusea y depués la risa, y lee las acusaciones contra el P. Maciel, que de ser verdaderas serían lo más importante, cae en la cuenta que resultan ser únicamente la ocasión para denostar a la Iglesia Católica y a su Jerarquía. La Primera es el Cuerpo Místico de Cristo y es impecable, no comete faltas; de la segunda, integrada por hombres, nada nos asombra, pues no somos hipócritas; aún así, la polvareda de la sospecha se apodera del lector ni bien intente extraer alguna acusación substancial contra el P. Maciel de una Carta enviada por los acusadores a S. S. Juan Pablo II (www.atrio.org) la cual, como indico, no es otra cosa que una retahíla de acusaciones contra la Iglesia. Los hechos motivo de la acusación o no se exponen, o se mencionan escuetamente. Lo poco que se dice sobre los supuestos hechos acusatorios es tan ridículo que a uno que, hasta donde la edad y los avatares de la vida lo han permitido, mantiene intactas las potencias glandulares implantadas en su "género·" por Dios, le dan ganas de pensar si los acusadores no habrán sido instigadores frustrados e insatisfechos de fantasías imposibles hasta para el imaginativo Quito Mariani.
Yo a Maciel no lo conozco, pero me parece de balde explicar por qué un hombre de bien no puede aceptar una acusación tan vil sin prueba alguna, o tan solo, con una polvareda de tinta, papel y no poca canallería, como prueban todas estas publicaciones.
Por último, he rastreado el origen del artículo que inocentemente Uds. copian en su meritoria publicación y que pueden encontrar en (www.dimarzio.it) y cuya autoría pertenece, originariamente, a un tal John L. Allen, Jr. que tiene en una página propia (www.nationalcatholicreporter.org), un artículo que es substancialmente igual aunque con algunas pequeñas diferencias y agregados en el publicado por Uds. En el primer sitio indicado (www.dimarzio.it) encuentro que su logo identificatorio es la escuadra y el compás masónicos entrecruzados formando dos hombrecitos (dos ‘equis’) en situación "alegre", bajo una cruz ¿Ud. cree que es casualidad … ? Yo tampoco. Véalo:
Si los hechos de los que se acusa a Maciel han sido reales, que lo condenen y fin a todo; si no han sido reales, que lo absuelvan. En cualquier caso, que se hable poco del proceso, si es que lo hay verdaderamente, y no se perjudique la tarea del magno juez y, sobre todo, no se toque la Iglesia por parte de estos católicos de ocasión, ex sacerdotes pasados al clero militante de la masonería y la sodomía ortodoxa -dicho sea esto en su más amplio sentido.
Como conozco su hombría de bien y su perspicacia periodística, le dejo plena libertad para publicar lo que desee de estas líneas, o no publicar nada, lo que de todas formas le agradeceré.
Un cordial abrazo en Xto. N. Señor de
Luis María Seligmann Serantes

