Castigan a la Monja Bailarina por “Acrobática e Indecorosa“
El autor, de claras simpatías progresistas, señala con sutileza la confusión que campea entre los superiores religiosos. La de la monja en cuestión, sin atreverse a decir claramente los verdaderos motivos (conducta impropia de una religiosa, reñida con la modestia y el espíritu de una mujer consagrada a Dios, expresamente prohibida por la regla de la congregación) practica una melange conceptual que da pie a la (merecida) burla del columnista.
El autor, de claras simpatías progresistas, señala con sutileza la confusión que campea entre los superiores religiosos. La de la monja en cuestión, sin atreverse a decir claramente los verdaderos motivos (conducta impropia de una religiosa, reñida con la modestia y el espíritu de una mujer consagrada a Dios, expresamente prohibida por la regla de la congregación) practica una melange conceptual que da pie a la (merecida) burla del columnista. La culpa es nuestra, porque les damos de comer.
Por Francesc-Marc Álvaro
LA VANGUARDIA
La monja acróbata
La noticia me impresionó, y la foto del acto en cuestión (que La Vanguardia ofrecía el pasado miércoles a todo color), más, debo confesarlo: una monja católica belga de 29 años ha sido reprendida por la superiora de su convento por haberse marcado un baile espectacular con un misionero, durante la vista del Papa Benedicto XVI a Colonia, en el marco de la XX Jornada Mundial de la Juventud. La superiora sostiene que el baile de la rítmica y ágil hermana Johanne Vertommen se produjo «de manera acrobática e indecorosa». Antes que nada, nótese que la superiora une, en su reprimenda, una categoría moral (indecorosa) y una categoría técnica (acrobática) que muy bien podría formular un jurado de aquel programa de TV3 llamado Bojos pel ball. Si cierta Iglesia sigue estas reprimendas híbridas, un tertuliano de la COPE, por ejemplo, catalogaría la actitud de un católico gay de «suburbana e impúdica» o la actitud de un cura liberal de «muy documentada y disolvente». Cosas veremos.
Pero el centro del asunto es otro. La hermana Vertommen, tras la bronca, ha declarado que se dejó llevar «por el entusiasmo del grupo» y ha admitido que su desmelene «ha perjudicado a mi comunidad» y que «debería haber pensado lo que yo representaba». Para la generación de los que crecimos con el televisivo ballet de Giorgio Aresu y, más tarde, atravesamos la edad del pavo con la ayuda de la película Dirty dancing, el entusiasmo de la monja acróbata merece, además de todas las indulgencias, el más sincero y solidario encomio. La hermana Vertommen ha señalado el camino, ajena al dictado de su superiora. Habrá que perseverar.

En la fotografía, puede observarse que la improvisada bailarina, a pesar de vestir el hábito y calzar botas tipo chiruca, se eleva bastantes centímetros del suelo cual ave ligera, en un giro que realiza con la ayuda de su robusto y anónimo ( ¿sabremos su nombre?) partenaire, que luce unas deportivas sandalias. Si el padre Jony puede tocar sus hits de rock duro con el permiso de su obispo (y ya es la segunda vez en pocos días que cito al párroco clónico del cantante Rosendo), ¿por qué motivo la hermana Vertommen no puede expresar su talento acrobático?
La misma semana que la joven monja era reprendida por mover el esqueleto (estaría bien saber si la música era una lambada, unos bailes regionales o Los pajaritos), un pastor anglicano casado y con dos hijas fue ordenado sacerdote católico en Tenerife. ¿Acaso el baile moderno no merece tanto apoyo como el diálogo ecuménico? De momento, la hermana Vertommen es un reclamo excelente para las almas descarriadas, caso del que suscribe.

