Los que no soportan el rostro desfigurado de la Iglesia
“Mucho me temo que el cisma lefebvriano no será superado si no es declarado abiertamente por la autoridad eclesiástica competente, en caso de que la FSSPX no acepte firmar lo que Roma pide que firme. Cuando la causa formidable de la unidad de la Iglesia se confió especialmente a cardenales muy benignos con los judíos, los protestantes, los no cristianos y los lefebvrianos (Etchegaray, Kasper, Castrillón, etc.), las relaciones de la Iglesia con ellos se hizo cordial, pero casi ninguno de ellos se convirtió y entró en la comunión plena y única con la Iglesia.
“De hecho, la reciente llegada de anglicanos al catolicismo ha sido más bien el fruto del marasmo de la comunión anglicana que otra cosa. Para ganarse a los fariseos para el Evangelio podría Cristo haber acentuado una captatio benevolentiæ, declarando los grandes valores vigentes en el fariseísmo -que los había-, y silenciando sus enormes errores.
“Por el contrario, Jesús optó por llamarles a conversión con fortísimas palabras: raza de víboras, sepulcros blanqueados, llenos de orgullo e hipocresía, capaces de tragarse un camello y de colar un mosquito, ni entran en el Reino ni dejan entrar, etc. El resultado fue que algunos fariseos y sacerdotes creyeron en el evangelio. Los que no se hacen como niños, y se dejan enseñar y mandar por la Iglesia, Madre y Maestra, no pueden entrar en el Reino.”
El texto citado es la conclusión de una serie de tres artículos en los que el bloguero español Luis Fernando Pérez Bustamante “revela” cartas enviadas por el Card. Ratzinger a Mons. Marcel Lefebre en ocasión de diversas tratativas para lograr la regularización canónica de la FSSPX. Declara que ha tomado el material de un libro de Mons. Fernando Areas Rifán, publicado por el P. Iraburu en su conocida editorial Gratis Date.
“Oro puro”, dice el tandem Bustamante-Iraburu ser el libro de Fernando Rifán. Recordemos que Rifán fue sucesor de Mons. Licinio Rangel e indirecto de Mons. de Castro Mayer en el instituto San Juan María Vianney. Y que tanto él como su antecesor fueron consagrados obispos por dos de los obispos a su vez consagrados por Mons. Lefebvre y co-consagrados por Mons. de Castro Mayer en 1988.
Es una serie de tres artículos, que comienza con una brevísima reseña un poco sesgada de la historia de la FSSPX para luego publicar dos cartas del Card. Ratzinger a Mons. Lefebvre durante las negociaciones fallidas de 1988 en las que el obispo francés pedía a Roma que autorice a la sociedad sacerdotal tradicionalista la consagración de algún obispo sucesor.
La particular metodología de Bustamante para exponer el tema (no admite comentarios en los artículos I y II, y no admite comentarios en pro de la posición contraria a la sostenida por él, entre los del artículo III), este modo poco ecuánime de ver las cosas puede llegar a confundir a algún lector desprevenido.
Dice Bustamante que no permite tales comentarios porque no desea que se expongan o defiendan los argumentos de un cismático. Más que un argumento, parece estar pronunciando una condena. Lo que explicita en la tercera parte de su serie, comentada en el tenor de la cita que encabeza este comentario.
Dado el tratamiento que se da desde Infocatólica (no por primera vez) a un tema tan complejo, sugiero a los lectores que quieran poner la cuestión en contexto, lean el cap. 19 de Mons. Marcel Lefebvre, La Biografía, de Mons. Bernard Tissier de Mallarais, en el que todo el proceso está descripto con documentación de ambas partes.
Dado el volumen y complejidad de la documentación no la reproduzco aquí, pero sí me permito hacerlo con la carta de Mons. Lefebvre al Papa Juan Pablo II después de que se frustrara la posibilidad de un acuerdo para obtener el mandato de consagración episcopal en 1988.
Carta de Monseñor Lefebvre al Papa Juan Pablo II
Écone, 2 de junio de 1988
Santísimo Padre:
Aunque los coloquios y conversaciones con el Cardenal Ratzinger y sus colaboradores se han desarrollado en un clima de cortesía y caridad, nos han convencido de que el momento de una colaboración franca y eficaz no ha llegado aún.
En efecto, si todo cristiano puede exigir de las autoridades competentes a la Iglesia que protejan la fe de su bautismo, ¿Qué quiere decir de los sacerdotes, religiosos y religiosas?
Para conservar intacta la fe de nuestro bautismo nos hemos visto obligados a oponernos al espíritu del Vaticano II y a las reformas inspiradas por él.
El falso ecumenismo, que es la fuente de todas las innovaciones del Concilio, en la liturgia, en las nuevas relaciones entre la Iglesia y el mundo, en la concepción de la Iglesia misma, conduce a la Iglesia a la ruina y a los católicos a la apostasía.
Radicalmente opuestos a esta destrucción de nuestra fe, y resueltos a permanecer en la doctrina y disciplina tradicionales a la Iglesia, especialmente a lo que se refiere a la ordenación sacerdotal y a la vida religiosa, tenemos la absoluta necesidad de contar con autoridades eclesiásticas que compartan nuestras preocupaciones y nos ayuden a defendernos contra el espíritu del Vaticano II y el espíritu de Asís.
Esta es la razón por la que pedimos varios Obispos, elegidos dentro de la Tradición, y la mayoría de los miembros en la Comisión Romana, con el fin de protegernos de todo compromiso.
Ante la negativa de considerar nuestros reclamos, y siendo evidente que la finalidad de esta reconciliación no es de ningún modo la misma para la Santa Sede que para nosotros, creemos preferible esperar tiempos más propicios para el regreso de Roma a la Tradición.
Por esta razón nos daremos a nosotros mismos los medios para proseguir la Obra que la Providencia nos ha confiado, seguros como estamos, por la carta de Su Eminencia el Cardenal Ratzinger con fecha del 30 de mayo, de que la consagración episcopal no es contraria a la voluntad de la Santa Sede, ya que fue concedida para el 15 de agosto.
Seguiremos rezando para que la Roma moderna, infestada de modernismo, vuelva a ser la Roma católica y recupere su Tradición bimilenaria. Entonces el problema de la reconciliación ya no tendrá razón de ser, y la Iglesia volverá a gozar de una nueva juventud.
Dígnese aceptar, Santidad, la expresión de mis sentimientos y filialmente sinceros en Jesús y María.
Marcel Lefebvre
Yo no tengo problema en vincular el artículo de Bustamante, porque considero esencial para ajustarse a la justicia y verdad de los hechos que se escuche a las dos partes.
Artículos de Bustamante, puede verse aquí.
Nota sobre la Biografía de Mons. Lefebvre

