Panorama Católico

Yo fui un zurdito del Nacional de Buenos Aires

Esto que voy a contar sucedió en 1961, cuando yo atravesaba mi tercer año en el venerable y amado Colegio Nacional de Buenos Aires, en la calle Bolívar. Ya por entonces, los adolescentes allí soportados estoicamente por el Rector Florentino Sanguinetti, que en paz descanse, ostentábamos el mismo perfil que los actuales alumnos. Estábamos intensamente politizados. De cada división de 40 chicos, unos 15 participábamos del centro de estudiantes, las asambleas, las conspiraciones, las bataholas entre «bolches» y «fachos».

Esto que voy a contar sucedió en 1961, cuando yo atravesaba mi tercer año en el venerable y amado Colegio Nacional de Buenos Aires, en la calle Bolívar. Ya por entonces, los adolescentes allí soportados estoicamente por el Rector Florentino Sanguinetti, que en paz descanse, ostentábamos el mismo perfil que los actuales alumnos. Estábamos intensamente politizados. De cada división de 40 chicos, unos 15 participábamos del centro de estudiantes, las asambleas, las conspiraciones, las bataholas entre «bolches» y «fachos».

En mi caso personal, me había asociado a la rama juvenil del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, conocido como MIR Praxis y orientado por un gran pensador, el doctor Silvio Frondizi, que luego moriría asesinado durante la dictadura militar. Cuando escribo «gran pensador» me refiero a su obra memorable en dos tomos, La Realidad Argentina, publicada en los años 50, donde Silvio pronosticaba la globalización económica y cultural, bajo el nombre de Integración Mundial del Capitalismo, etapa superior del Imperialismo.

Bien. Los adherentes juveniles pertenecíamos a la categoría de «activistas» mientras que otros, más adultos, figuraban como «militantes». Las actividades de Praxis, por aquel entonces, se reducían a una militancia discreta en las villas miseria, distribuyendo panfletos e intentando participar de asambleas o cooperativas obreras. Obviamente, los pobladores eran todos peronistas, de manera que nuestra visita les resultaba un poco incómoda. Pero nos toleraban.

Sobre todas las cosas, nuestra actividad política se centraba en el propio colegio. Escribíamos en revistas murales, impresas a mimeógrafo o mediante «rotaprint», participábamos de ardientes asambleas del Centro, debatíamos las obras de Franz Fanon, Antonio Gramsci, Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Jean-Paul Sartre.

Nuestro archienemigo era el profesor de química, Luis Bontempi. Prohombre del colegio, columnista científico del diario La Prensa y anticomunista cabal. Bontempi era un hombre mayor (70 largos) que vestía siempre pantalón gris y blazer azul con botones dorados. Tenía unos pocos pelos blancos que coronaban su calva reluciente.

Bontempi entraba al claustro con cara de pocos amigos, sin saludar. En el acto se apagaba el murmullo de los alumnos. Permanecía en silencio un minuto o dos. Nosotros nos aquietábamos hasta que el profesor levantaba la cabeza y, mirándonos con seriedad, iniciaba su discurso con voz tonante:

– ¡Me jode… me jode…! – luego hacía una pausa y retomaba – ¡Me jode que se pongan de pie para saludar, se ve que tienen alma de lacayos! ¿A dónde fueron este fin de semana, a Odessa? ¿Los bolches ya recibieron la cartilla?

Bontempi sostenía que los bolches (nosotros) recibíamos desde Moscú una cartilla con instrucciones del Partido Comunista. A su juicio, dábamos un triste espectáculo en trenes y colectivos, manoseándonos con «pendejas sudadas». La cátedra de Química estaba salpicada por una serie de arbitrariedades y lagunas inconcebibles. Por ejemplo: los alumnos que portaban un apellido ilustre (recuerdo por ejemplo a Ortiz de Rozas, Peyrou, Telechea Aramburu y Charly Frondizi) recibían una nota generosa: 7 como mínimo. Otros de origen menos patricio debían conformarse con un 4. Yo, con apellido inglés, a veces zafaba con 6. Todo, independientemente de lo que escribiéramos en las pruebas escritas, que versaban siempre sobre temas que Bontempi no había explicado ni por las tapas.

Muchas veces fuimos a quejarnos a don Florentino, pero el sabio rector se encogía de hombros. Un poco, porque Bontempi era parte del riñón del colegio. Otro poco, porque Sanguinetti advertía que nosotros necesitábamos una contrapartida, un referente pedagógico del pensamiento conservador y autoritario. Es decir: que supiéramos que, saliendo de los libros de Eduardo Galeano e Ismael Viñas, había otra gente, otra realidad.

Cuando, al año siguiente, en su generosa modernidad, el rector Sanguinetti estableció el gabinete psicopedagógico y llenó el colegio de psicólogos, Bontempi estalló de ira.

Atrincherado en el gabinete de química (una especie de recinto cerrado) nos obligaba a formar fila como reclutas y allí, ordenándonos el silencio más absoluto, nos arengaba:

– ¿Saben cuál es la psicología? ¡Garrote! ¡Garrote y más garrote! ¡Sobre todo para los bolches!

En otras ocasiones, hallándose de buen humor, Bontempi nos explicaba alguna cosa sobre el sulfato de amonio o el cloruro de potasio, precipitados, reacciones y otras yerbas, siempre en tono rutinario. Como quien sabe que está diciendo algo aburrido. Y rematando la frase, expresaba quedamente:

– Todo esto sucede gracias al dedo de Dios.

Pausa. Bontempi respiraba. Alzaba la vista, abandonando por un instante las probetas y los frascos. Nos miraba.

– ¿Qué pasa, bolches? ¡Ya les ví la carita de asco! ¿No les gustó lo del dedo de Dios? ¡Así es, bolches, las cosas suceden porque lo manda Dios! Estos son los grandes misterios de la existencia, que no están al alcance de pendejos como ustedes…

Así nos chumbaba, diariamente, el brillante profesor Bontempi, de quien hemos aprendido mucho. Todos lo recordamos con afecto por su gran sentido del humor y su genial arbitrariedad.

Pero en aquel tiempo teníamos 15 o 16 años. Nuestro gran tema era «la revolución». La socialista, por supuesto. ¿Cómo sucederá? ¿Qué papel jugaremos en ella? ¿Será este mismo año, dentro de diez años, a la caída de Frondizi? Estábamos seguros de que, en un proceso histórico de irresistible aceleración, las bases obreras peronistas abandonarían a la burocracia de Andrés Framini, Augusto Vandor y José Alonso, para unirse a la vanguardia marxista con su partido armado (que éramos nosotros mismos, pero enfocados por una película de Sergio Eisenstein) y procederían a tomar el poder. Naturalmente, esta toma del poder no sería pacífica sino una verdadera revolución social, con la fórmula de la «guerra popular prolongada» (Ho Chi Minh en Vietnam) o el «foquismo latinoamericano» y finalmente el paredón de Fidel Castro y Ernesto Guevara. Eso sí: en el momento culminante de la revolución, todos los enemigos serían pasados por las armas. Como en la Revolución Rusa, la Francesa o la China. Paredones y horcas por todas partes, ya que «la violencia es la partera de la historia», según había establecido Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) o tal vez el mismo Karl Marx.

No nos atrevíamos a pensar que, en ese paredón, en esos patíbulos, serían inmolados nuestros propios padres y madres, tíos y tías, primos y primas, todos miembros de la aborrecible burguesía. Ese detalle lo dejábamos para una reflexión posterior.

Para nosotros no había nada más repulsivo que la burguesía. Siendo, nosotros mismos, hijos mimados de la burguesía argentina, enviados para nuestra educación a un colegio de excelencia histórica, sentíamos que todo lo burgués nos producía náuseas. El matrimonio burgués, las leyes burguesas, los prejuicios burgueses, la familia burguesa, los partidos políticos burgueses, las casas burguesas. En aquella época estaba de moda (entre nosotros) el arquetipo del «hombre total». Para entrar en ese molde, había que «militar». Quiero decir, realizar alguna militancia, pero no en el ámbito burgués sino en las villas obreras. Y además había que acostarse con la novia. La de uno, aclaremos. Esto nos consagraba como «hombres totales». No ya chiquilines con una noviecita burguesa para ir al cine o a tomar el té. ¡No! Una pareja militante, comprometida, involucrada, total, debía tener sexo. Y lo lográbamos, a nuestros 17 años, con chicas de 15, o más… o menos.

En fin: ese era nuestro universo mental. De aquella generación (promoción 64) saldrían los guerrilleros del año 70, cuando el izquierdismo se hizo repentinamente masivo y un remolino ideológico juntó a los trotskistas con los de la Fede (Federación Juvenil Comunista) a los social-cristianos con los tercermundistas, a los «facho-católicos» de la Guardia Restauradora Nacionalista con los «facho-populistas» de Tacuara y, todos juntos, desembocaron en el grupo Montoneros con sus agrupaciones paralelas: FAR, FAP, el ERP. Después sobrevendrían los asesinatos históricos (Aramburu, Vandor, José Alonso, José Rucci) la masacre de Ezeiza, la Triple A y la represión ilegal de Videla-Massera-Agosti.

La saga de los Montoneros sigue siendo -a mi modo de ver- la gran aventura histórica de nuestra generación. Muchos de mis compañeros del colegio están desaparecidos o muertos. Otros se exilaron. Algunos nos bajamos a tiempo del tren que conducía hacia el precipicio. Suerte. El destino que se cruza. Una novia providencial. O tal vez, sencillamente, no teníamos coraje para semejante empresa. Esas cosas. Por supuesto, están los que sobrevivieron y siguen dedicados a la política, pero ya con mucha experiencia y sin armas.

La aventura de Montoneros, como la Guerra del Paraguay, la Conquista del Desierto o la recuperación de las Malvinas, es uno de esos episodios de violencia cruel que salpican nuestra historia y no pueden dejar a nadie indiferente. Yo, al menos, leo todo lo que se publica sobre Montoneros y me conmueve encontrar nombres de ex -compañeros, porque… «yo pude haber estado ahí».

Algo debo decir para completar estos recuerdos: cuando éramos fervorosos militantes de izquierda, nunca nos interesaron los Derechos Humanos. Eran prejuicios burgueses. Eran principios que debíamos violar uno por uno, si pretendíamos realizar una verdadera revolución social con paredón, fusilados y eliminados. Aspirábamos a ser combatientes, no ciudadanos correctos de la democracia burguesa. La democracia nos parecía una estafa y un vil negocio de «marketing».

¿Cómo fue que los guerrilleros implacables se convirtieron en devotos de los derechos humanos? Eso no lo sé. Los derechos humanos eran propaganda yanqui, como lo demostraron sus grandes impulsores, Jimmy Carter y Patricia Derian, cuando hacían tambalear a los generales del proceso argentino. En mis tiempos, los DDHH no tenían nada que ver con la izquierda: eran una bandera del enemigo burgués. No comprendo cómo se operó la mutación que estamos presenciando.

¡Pero hay tantas cosas que uno no entiende!

Casi todas. 

Fuente: La Nación

Comentarios

Anónimo
11/02/2010 a las 7:38 pm

Un comentario de los lectores de La Nación
Bajo el seudonimo picazaovera, un lector comenta: «…Rolando, tengo 61 y vivì esa.- estaba en el bando contrario y me mantengo, no necesitè cambiar, porque no estaba tan equivocado.- Tengo amigos muertos y desaparecidos, cordobeses de familias tradicionales que los curas los cambiaron…»

Tengo 33, no viví esa época. Es cierto que había curas que fogoneaban a los pibes para que se hagan guerrileros? No digo que predicaran ideas de la zurda, sino que directamente instigaban al delito?

Juancho.



    Anónimo
    15/02/2010 a las 8:58 pm

    responder a Juancho….
    Si Juancho…., lamentablemente nuestra Madre Iglesia Católica APOPSTOLICA y Romana, en aquella época y hoy mas que nunca, parió con el advenimiento del Concilio Vaticano II ( Juan XXXIII mediante ) ideas progresistas y libertarias dentro de ésta y así nacieron los que estaban ocultos ( impíos), acoralador por su propia revolución interna, no esclarecidos totalmente sobre la eterna pelea entre lo trascendente (Dios) y lo biológico ( cuerpo/carne) y lo llevaron a «filosofías» que luego plasmaron a los famosos Curas para el Tercer Mundo o bulgarmente llamados tercermundistas…hubo Cardenales, obispos, Arzobispos y por supuesto pendejos devenidos a sacerdotes que llegaron a portar armas, tal el caso del Cardenal , de apellido Cardenal, de Nicaragua, trabajó para la revolución sandinista de ortega , en Perú Monseñor Gutierrez, en Brazil Elder Camara y un montón mas, en Filipinas, en Argebtina De Nevares,Farinello,Hensayne, De Nevares y cientos mas…..18 primeros obispos que crearon la teoria de la Liberación , Camilo Torres con su barba y pistolera a la vista…y un sin fín entre los que estaba Carlitos Mujica, gran tipo, pero equivocado y así te llenaría de nombres hasta el presente, donde ronda cerquita por Córdoba el genocida fray puigganne,( amparado en la diósesis deQuilmes,conel entoces revolucionario Novak ) asesinos y cobardes, como todos los mal llamados sacerdotes tercermundistas, ya que les pusieron las armas en las manos a los pibes y los mandaron al muere,( anímenos y ¡¡¡VAYAN…!!! ) , ya los Cruzados de la edad Media o los Cristeros de México,fueron traicionados por estos APOSTATAS , o los mismos Jesuitas por estos pagos…..se me hace largo de explicarte, porque el problema es ESTRATÉGICO y no focal, es del hombre en si mismo…nos vez lo que expresa Rolando de sus años mozos y no tanto, pero él no estuvo en ninguna barricada, sino preguntale de donde viene y a donde va y/o vive…. pese a que tiene esa fachada…….¡¡¡cuidado con los movimientos INDIGENISTAS..!!!, cuidado con el Foro de San Pablo ( reemplazo nuevo de la O.L.A.S. cubana, Organización Latinoamericana para la Solidaridad, creadora de los movimiento de Liberación naciónal «MLN ó ELN» ),cuidado con la Internacional Latinoamericana en formación pero ya en etapa final…, todo la misma basura ) y sobre TODO MUCHO CUIDADO CON EL PODER DETRAS DEL PODER llevado adelante por cuatro grandes familias en el globo que vivimos……Un abrazo.-BITO



Anónimo
12/02/2010 a las 11:17 pm

Profesor Bontempi.
Un santo varón.



Anónimo
13/02/2010 a las 1:35 am

DERECHOS hUMANOS
Los derechos humanos siguen siendo propaganda yanqui y los antiguos guerrilleros, viejos, resentidos, aburguesados, ladrones y politicastros «dedicados a la politica con mucha expereriencia y sin armas» tambien sirven a los yanquis y especialmente a los Ingleses que suelen financiarlos para que, gracias al invento burgues de los derechos humanos, no tengamos forma de defendernos y puedan servirse de lo que hay aqui, como y cuando quieran. Lo que son las vueltas de la historia…
Ricardo Martín Bustamante



Anónimo
17/02/2010 a las 1:08 pm

Zurdos.-
A veces la educación de excelencia no garantiza excelentes resultados.-

Los zurdos enarbolando como bandera los derechos humanos – los cuales despreciaban profundamente, como dice Hanglin aquí – mueven a risa y lástima; tanto luchar por las famosas utopías para terminar en semejante mesa de saldos y retazos, llorisqueando como maricas por las consecuencias que ellos mismos provocaron con su soberbia, pretendiendo ser la «vanguardia» de la REvolución a partir del consumo de lecturas para lobotomizados…., pobres tipos.-

Verdaderos estúpidos egresados del Buenos Aires o de la Universidad; lo que natura no dió …

Lamentablemente, otros argentinos pagaron con su vida o la destrucción de su familia el accionar de las «vanguardias lúcidas»; buenos argentinos que patrióticamente contuvieron a los idiotas útiles e impidieron transformar este país, a pasar de los pesares, en una inmensa villa miseria castrista.-

Es bueno que aparezca alguien que se haga cargo aunque sea modestamente de las idioteces sangrientas que desató la generación maravillosa; máxime cuando la mayoría no elaboró todavía el duelo por el fin de la «utopía», pese a lo cual busca sucedáneos bien burgueses.-

Eso sí, no es válida la comparación de la demencia guerrillera, con la Gesta de Malvinas, la Guerra de la Triple alianza y aún de la Conquista del desierto.-

Cada extremo de la historia exige un análisis puntual, no es toda harina del mismo costal.-

Dato al margen: creo que el Dr. Silvio Frondizi no murio durante el Gobierno militar, sino que fue asesinado por la Triple A durante el gobierno del General Perón o Isabel Perón.-

Aunque muy malhumorado (por el precepto del ayuno del día de hoy) envío saludos
El Payador Mazorquero.-



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