Panorama Católico

Tormentas en el Vaticano

ROMA, 8 de febrero del 2010 – Dentro de pocos días, del 11 al 13 de febrero, se reunirá en el Vaticano la pontificia academia para la vida, cuyo presidente es el arzobispo Salvatore Fisichella (en la foto).

ROMA, 8 de febrero del 2010 – Dentro de pocos días, del 11 al 13 de febrero, se reunirá en el Vaticano la pontificia academia para la vida, cuyo presidente es el arzobispo Salvatore Fisichella (en la foto).

La reunión se preanuncia tormentosa. Algunos miembros de la academia son críticos respecto a que Fisichella sea idóneo para presidirla. Entre ellos sobresale monseñor Michel Schooyans, belga, profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina, apreciado especialista en antropología, en filosofía política, en bioética. Es miembro de tres academias pontificias: la de ciencias sociales, la de santo Tomás de Aquino y – precisamente – la de la vida. El Papa Joseph Ratzinger lo conoce y lo aprecia. En 1997, como cardenal prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, escribió el prefacio a un libro suyo: «L’Évangile face au désordre mondial».

En miras a la reunión, Schooyans ha escrito una dura denuncia contra la «trampa» en la que Fisichella también habría caído: el uso engañoso del concepto de compasión.

La denuncia está reproducida completamente más abajo. En ella el nombre de Fisichella no aparece. Pero hay referencias precisas a un artículo suyo aparecido en «L’Osservatore Romano» en materia de aborto, que cuando salió publicado provocó un auténtico alboroto que finalmente obligó a la congregación vaticana para la doctrina de la fe a emitir una «Clarificación».

*

Ese artículo de Fisichella salió el 15 marzo del 2009. Y se refería al caso de una jovencísima niña-madre brasileña, a la que se le hizo abortar, en Recife, los dos gemelos que llevaba en su seno.

En los días previos, el caso de esta niña había inflamado polémicas virulentas, no sólo en Brasil, sino también en otros países y sobre todo en Francia.

Los diarios franceses se habían lanzado contra el «fanatismo» y la «dureza de corazón» de la Iglesia, en particular del arzobispo de Olinda y Recife, José Cardoso Sobrinho, que había condenado el doble aborto, y se inclinaban sólidamente en defensa de la niña y de aquellos que la habían «salvado» haciéndola abortar.

Las acusaciones a la Iglesia carente de «compasión» eran muy ásperas y golpeaban al mismo Papa Benedicto XVI, que apenas salía de la difícil experiencia de los furiosos ataques por el caso Williamson de pocas semanas antes.

Lucetta Scaraffia, comentadora sobresaliente de «L’Osservatore Romano», estaba en aquellos días en París y puso en alarma al director del diario vaticano, Giovanni María Vian.

Este, de acuerdo con su editor, el secretario de Estado cardenal Tarcisio Bertone, confió a monseñor Fisichella el encargo de escribir un artículo que calmase los ataques a la Iglesia y al Papa.

Fisichella lo escribió. Bertone lo examinó y aprobó palabra por palabra, sin hacerlo revisar previamente por la congregación para la doctrina de la fe, como en el Vaticano se hace, por norma, para las tomas de posición que tocan la doctrina.

En la tarde del 14 de marzo el artículo salió en la primera página de «L’Osservatore Romano», con la fecha del día siguiente.

En él, Fisichella escribía que el caso de la niño brasileña «ha ganado las páginas de los diarios, sólo porque el arzobispo de Olinda y Recife se ha apresurado a declarar la excomunión para los médicos que la han ayudado a interrumpir el embarazo», cuando por el contrario, «antes que pensar en la excomunión», la niña «debía en primer lugar ser defendida, abrazada, acariciada» con esa «humanidad de la que nosotros, hombres de Iglesia, debemos ser expertos anunciadores y maestros». Pero «no ha sido así».

Y continuaba:

«A causa de la más que joven edad y de las condiciones precarias de su salud, la vida [de la niña] estaba en serio peligro a causa del embarazo en curso. ¿Cómo actuar en estos casos? Decisión ardua para el médico y para la misma ley moral. Opciones como ésta […] se repiten cotidianamente […] y la conciencia del médico se encuentra sola consigo misma en el acto de verse obligado a decidir qué es lo mejor que se debe hacer».

Al final del artículo Fisichella se dirigía directamente a la niña: «Estamos de tu parte. […] Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no los que te han permitido vivir».

*

El artículo suscitó reacciones inmediatas de sentido contrario: por una parte las protestas de los defensores de la vida de todo concebido, sin excepciones, por la otra el aplauso de los defensores de la libertad de abortar.

La arquidiócesis de Olinda y Recife, considerando que pública e injustamente el Vaticano la desautorizaba respecto a las acciones que había realizado, reaccionó con una publicada en su sitio web el día siguiente, en la cual acusaba a Fisichella de no estar informado sobre los hechos y de poner en peligro la misma doctrina de la Iglesia sobre el aborto.

El arzobispo Cardoso Sobrinho pidió a las autoridades vaticanas publicar sobre «L’Osservatore Romano» esta nota suya. Pero no obtuvo respuesta.

A Cardoso Sobrinho le expresaron su solidaridad una gran cantidad de obispos del Brasil y de todo el mundo. Pero mientras tanto – durante el silencio del Vaticano – en muchos diarios de diferentes naciones tomo cuerpo la tesis de que la Iglesia había aprobado el aborto «terapéutico»: tesis a la que también parece dar respaldo una declaración del 21 de marzo del portavoz vaticano, el Padre Federico Lombardi, mientras el Papa estaba viajando al África.

El 4 de abril «L’Osservatore Romano» volvió fugazmente sobre el argumento, pero sin satisfacer a los críticos del artículo de Fisichella. Más aún, causó el efecto contrario. En una nota de crónica el diario vaticano citó una declaración de una famosa periodista laica, Lucia Annunziata, ex presidente de la televisión italiana de Estado, que reconocía a la Iglesia «una transparencia nunca antes vista» y este era el motivo de su felicitación:

«Me refiero a la intervención de monseñor Fisichella sobre el caso de la niña brasileña, publicado por ‘L’Osservatore Romano'».

Para un buen número de miembros de la pontificia academia para la vida, la medida estaba colmada. El mismo 4 de abril, 27 de ellos, de un total de 46, firmaron una carta a su presidente Fisichella, pidiéndole que retire sus «erradas» posiciones expresadas en el artículo.

El 21 de abril Fisichella les respondió por escrito, rechazando la solicitud.

Los primeros días de mayo, 21 de los firmantes de la anterior carta se dirigieron entonces al cardenal William Levada, prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, pidiendo a la congregación un pronunciamiento clarificador sobre la doctrina de la Iglesia en materia de aborto.

La carta fue entregada el 4 de mayo y la congregación para la doctrina de la fe la giró al cardenal Bertone, ya que – fue explicado a los remitentes – «el artículo de Fisichella había sido escrito por solicitud del cardenal secretario de Estado y había sido aprobado sólo por él».

Pero al no recibir de Bertone ninguna garantía de clarificación, algunos miembros de la pontificia academia para la vida decidieron dirigirse directamente al Papa.

Christine de Marcellus Vollmer, venezolana que vive en los Estado Unidos, presidenta de la Alliance for Family y de la Latin American Alliance for Family, y otros cuatro miembros de la academia se reunieron algunos minutos con Benedicto XVI después de la audiencia general de un miércoles. La audiencia les había sido gestionada gracias a los buenos oficios del cardenal Renato Martino.

Los cinco académicos entregaron a Benedicto XVI un nutrido dossier, con un gran número de artículos de prensa que recitaban en coro que, gracias al artículo de Fisichella, la Iglesia había definitivamente abierto las puertas al aborto «terapéutico».

El Papa Joseph Ratzinger se mostró sorprendido y triste. Murmuró: «Se debe hacer algo… Se hará algo».

El 8 de junio, Benedicto XVI discutió la cosa con el cardenal Bertone y ordenó publicar una declaración que reconfirmase como inmutable la doctrina de la Iglesia respecto al aborto.

Mientras tanto, la arquidiócesis de Olinda y Recife envió al Vaticano un memorando con el informe detallado de lo que la Iglesia del lugar había hecho y seguía haciendo para ayudar a la niña y a sus familiares, así como había protegido hasta el último a los dos hijos que había llevado en su seno.

El memorando terminaba pidiendo justicia para el arzobispo Cardoso Sobrinho, que si es que no se daba entonces se procedería a una denuncia canónica contra Fisichella.

Pero pasaron semanas y en el Vaticano no se movió una hoja. Christine de Marcellus Vollmer y otros académicos resolvieron entonces realizar un gesto de presión extrema. Amenazaron con renunciar colectivamente a la pontificia academia para la vida. Día tras día las adhesiones iban aumentando. Llegaron a ser 17 cuando finalmente, en la tarde del 10 de julio, en «L’Osservatore Romano» salió la esperada «Clarificación» de la congregación para la doctrina de la fe sobre el artículo de Fisichella.

La nota, hecha pública sin llamar la atención, no decía que el artículo de Fisichella estaba equivocado, sino solamente que había sido objeto de manipulación e instrumentalización». Un expediente retórico que ha permitido tanto a Fisichella como a Bertone – ambos miembros de la congregación para la doctrina de la fe – salir de la situación con un mínimo de daño.

Pero lo feo no ha pasado, para el arzobispo presidente de la pontificia academia para la vida. En los próximos días se encontrará frente a los académicos que han pedido su cabeza. Y la volverán a pedir.

Fuente: Chiesa

Comentario Druídico: Todo el penoso incidente del que diéramos cuenta en su momento podría llegar, como señala el comentarista, a costar la cabeza del Presidente de la Pontificia Academia de la Vida. Su penosa intervención no condice con los antecedentes de Mons. Salvatore Fisichella , y, además, la intervención del Card. Bertone resulta al menos parcial, cuando no sospechosa de albergar segundas intenciones.

Al salirse de la rutina normal para la publicación de artículos que comprometen la doctrina de la Iglesia, y persistir en la defensa de una intervención de prensa tan nociva, Mons. Bertone ha demostrado poner sus intereses privados, cualesquiera que estos sean, por sobre la misión de predicar la verdad. Además de hacer una flagrante injusticia al obispo de Recife. El recambio, para mayor preocupación, amenaza ser traumático, mientras que el daño realizado a los fieles y al propio clero, muchos de los cuales habrán adoptado esta neo-doctrina como una «puesta al día» de la Iglesia sin más examen, es inconmensurable. Particularmente porque la prensa laica (e incluso alguna prensa católica) ha adoptado y difundido con entusiasmo los dichos de Mons. Fisichella y la penosa intervención posterior del P. Lombardi. Muy pocos y con escaso énfasis publicaron la rectificación. 

Sería muy necesario volver a los tiempos en que este tipo de declaraciones eran redactadas con la precisión magisterial clásica, sin concesiones al sentimentalismo ni al «circiterismo» conceptual, un veneno de consecuencias terribles para la Fe y la Moral. 

Comentarios

Anónimo
08/02/2010 a las 3:59 pm

¿Qué nos extraña tanto …?
… si a fin de cuentas, este buen hombre no es más que otro modernista bien vestido, afeitado y con un cierto lustre romano.
Pero ¿quién ha indagado algo sobre su postura ideológica personal?
Resulta que don Rino es un estrecho seguidor de las ideas del gran «mártir» del modernismo moderado, Hans U. von Balthasar, sobre cuyas obras ha cimentado el prestigio de las dél. Si en los seminarios se enseña a Rahner, de Lubac, Congar, von Balthasar o Chenu ¿cómo sorprenderse de sus inmensos furcios y metidas de pata…? Es natural que sucedan.
No hay que impresionarse demasiado por las sotanas de raso morado, el sobrepelliz de encaje de Bruselas ni las esclavinas romanas: lo que hay adentro o debajo es lo mismo que el modesto y desarrapado curita de la Iglesia de acá a la vuelta, que sólo sabe hablar «del otro» (no del demonio, en cuya existencia no cree, sino del «otro metafísico»… ), del amor (sobre cuyo contenido y extensión, si los tiene, jamás lograremos arrancarles una palabra), anunciar «jornadas de reflexión» (oportunidades de hacer y decir pavadas y gestar hijos ilegítimos…) y cosas por el estilo.
Pero en este caso, todo el adorno exterior, el boato, es parte de la estratagema.
No considero posible que fuera casual todo el episodio ni la diócesis elegida: el obispo de Recife, mons. Cardoso Sobrinho, es el sucesor del zurdito Helder Camara, por cuya causa estuvo durante años tratando de desmontar la siniestra organización tejida por el «obispo rojo» en esta zona del Brasil, y hasta tuvo éxito. El planteo sentimental fue poco serio y nada oportuno, por ser quien es el dictaminante y, sobre todo, por que contiene una mentira indirecta o bien, una afirmación engañosa que no considero, no puedo considerar, inocente: la sugerencia de que también la niña de 9 años fuera excomulgada por motivo del aborto, lo cual es doblemente falso.
La niña, por su edad y condición, estaba fuera del alcance de la ley penal canónica, pues era aún inimputable (CIC, c. 1323) ¿no lo sabía Fisichella? No le importaría, en todo caso, y por eso escribe: «Carmen, estamos de tu parte. Participamos contigo del sufrimiento que has probado, quisiéramos hacer de todo para restituirte la dignidad que te fue arrebatada y el amor del que tendrás aún mas necesidad. Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no aquellos que te han permitido vivir y te ayudarán a recuperar la esperanza y la confianza, a pesar de la presencia del mal y la perversidad de muchos».
O sea, sugiere sibilinamente que la niña ha sido excomunicada, al decir que son otros y no ella quienes merecen la sanción.
Y no es un error, ya que antes ha dicho: «Carmen, en primer lugar, debió ser defendida, abrazada, acariciada con dulzura para hacerle sentir que estábamos con ella, todos sin distinción alguna. Antes de pensar en la excomunión era necesario salvaguardar su vida inocente…», poniendo a la par dos premisas no equivalentes, dos cuestiones diferentes.
Fisichella es lo que en porteño básico se denomina «un turro».
Este engaño dialéctico no pudo haber sido obra de la imprevisión momentánea o de la pasión circunstancial, igualmente imperdonables en un académico e intelectual destacado; fue entonces un efecto fríamente calculado para decomisarle la autoridad al Obispo del lugar que, ¡bendito sea Dios! se ha portado como el mejor. Y para desautorizar la doctrina cierta y exacta de la Iglesia, que quedó a la miseria y, se me ocurre, ha sido la verdadera víctima de la violación. Y de paso, prestarle un pequeño servicio a los médicos abortistas, que en realidad, eran los auténticos destinatarios de la condena y, en la tesis del arzobispo éste, quedan como mártires de su juramento hipocrático.
Hipócrita es él, y Dios me perdone si me equivoco, que pienso que no, por que el asunto fue muy grave.
Por lo tanto, postulo que Fisichella sea destituido y enviado a hacer penitencia a un convento de clausura (verdadero), por ejemplo, con los redentoristas de Escocia que arreglaron sus diferencias con Roma hace unos meses, o algún convento ortodoxo provisto de abruptas escarpas, desas que disuaden a los herejes de volver a intentarlo nunca jamás…
Su renuncia es desdorosa, para él y para la Iglesia que sostiene la Academia pontificia que preside. Así que ¡remoción o muerte!
Cordiales saludos en Cristo Nuestro Señor y María Santísima
El Buey parlanchín



    Anónimo
    10/02/2010 a las 2:38 am

    YA BASTANTE MAL ESTUVO PARA INVENTARLE MÁS COSAS…
    Coincido en lo desafortunado de lo que hizo este Obispo.

    Pero no hace falta poner en su decir lo que no dijo, para hacerlo impugnable (yo abajo agrego otra impugnación, no muy original de mi parte).

    Dice Ud.:

    «Este engaño dialéctico no pudo haber sido obra de la imprevisión momentánea o de la pasión circunstancial,»

    Pero el engaño dialéctico al que usted se refiere no existe.
    Igualmente seguramente tal «autoengaño» suyo por exceso de interpretación sobre la intención del citado en ese punto, sí fue obra de una imprevisión o una pasión interpretativa momentánea suyas. Pero tal vez esté de acuerdo en que no habría de creerse que sea usted por tal cosa, un turro. Aunque se equivocó.
    Sí es bueno siempre saber con qué bueyes aramos. Sobre todo al enjuiciar las intenciones ajenas.

    Usted dice antes:

    «O sea, sugiere sibilinamente que la niña ha sido excomunicada, al decir que son otros Y NO ELLA quienes merecen la sanción.»

    Pero al «Y NO ELLA» ¡lo pone usted!, y ni siquiera está sugerido en la cita que usted trae. Porque lo que usted cita, fíjese que dice esto:

    «… Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, NO AQUELLOS QUE TE HAN PERMITIDO VIVIR y te ayudarán a recuperar la esperanza …».

    No hay allí ninguna sugerencia sibilina como la que usted señala con sus palabras: «al decir que son otros Y NO ELLA quienes merecen la sanción».
    Fisichela dice SON OTROS -hasta ahí podría creerse en lo que usted dice- pero después dice claramente algo que excluye su hermeneusis: «NO AQUELLOS…», es decir, en sus palabras está absolutamente excluida esta niña que usted incluye en ellas.
    El sufrimiento al que hace referencia Fisichela antes, es obvio que habrá sido del caso en la vida de esta pequeña, pero no se desprende que se esté refieriendo a ningún sufrimiento por una presunta excomunión.

    Yendo a la conducta del Obispo, también me parece lamentable de las palabras de éste, que parece excluir a quienes se opusieron al aborto, de estar entre quienes «ayudarán a recuperar la esperanza» a la niña. Tal vez también me equivoque en cómo lo entiendo a eso, pero lo entiendo como que los pone como una especie de «villanos». En tal caso, suena bastante franichela y demagógico -y así me suena a mí- y me quedo con su señalamiento, que averiguaré, de la intención específica de oponerse al Obispo que se hizo cargo de la Diócesis en que estuviera Helder Cámara. Dado haber advertido el error de hermenéutica que le señalo, me quedan ciertas dudas también sobre este último particular.

    Saludos cordiales

    El carro



      Anónimo
      11/02/2010 a las 2:57 pm

      Don Carro:
      Fisichella dice (y yo copio) : «Carmen, en primer lugar, debió ser defendida, abrazada, acariciada con dulzura para hacerle sentir que estábamos con ella, todos sin distinción alguna. Antes de pensar en la excomunión era necesario salvaguardar su vida inocente…».
      ¿Esta frase predica sobre un sujeto homogéneo…? Aplica a la niña un predicado correspondiente a los médicos (a los cuales, además, exculpa, por que: ¡qué difícil situación ladeyos! ¿viste?). Del aborto como mal social y político, o política y socialmente fomentado, ni una palabra; del aborto como PECADO MORTAL GRAVÍSIMO, niente; de la niña como víctima de una política satánica de destrucción moral, ni una sugerencia; y en estos empeños tan modesto resulta que Monseñor se gasta todo su prestigio de Presidente de una Pontificia Academia. En «abrazar, besar, amar» a una pobre niña en la cual la Iglesia local, el ordinario local, NO HA PENSADO PRIMERO, como él, que sí lo ha hecho; pero de «imaginaria», nomás, de chamuyo digamos. Por que el que estaba ahí, era el obispo local, que quedó «de garpe», y no él.
      No; la carta o comunicado lo considero engañoso. Y sumada a las «imperfecciones» del resto del texto y del contexto, la sugerencia meramente sentimiental, sobre cuya realidad nada podía saber y nada sabía de hecho, de que la Iglesia ha estado cruel con la niña, es bien clara: La niña DEBIÓ SER (luego significa : «no fue») abrazada, mimada, etc. en lugar de «pensarse primero» en la excomunión. Esto es dialéctico (en el mal sentido, como es de obvia demostración) y una prueba irrefutable de la turrez acusada.
      Mire esta frase que Ud. cita y analícela sin prejuicios en su propio contexto: «Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, NO AQUELLOS QUE TE HAN PERMITIDO VIVIR y te ayudarán a recuperar la esperanza». ¿Quienes son los sujetos de esta equívoca frase? Ciertamente, no lo son la madre, ni los médicos, por que ellos son los «te han permitido vivir» (sic) y serían, atienda a esto, per favore: los que «te ayudarán a recuperar la esperanza».
      ¿Un obispo diciendo esto…? La Esperanza es una virtud teologal que se infunde misteriosamente en las almas ganadas por la Fe, otra virtud teologal, primaria, digamos, en tanto lleva útil y finalmente a la Caridad (el amor a Dios) y media en la Esperanza. Esto no se obtiene por medio de un aborto, de un crimen, siendo que son, precismente, el medio idóneo para perder el estado de Gracia. La gracia y las virtudes teologales se adquieren principalmente (no únicamente) por la vida sacramental. Y la vida sacramental en Pecado Mortal es un sacrilegio que empeora el reato del pecado.
      ¿No se los dirá nunca a los médicos y a la madre, que están excomulgados ….? ¿No sabe que no era necesario «pensar» en una excomunión que, siendo automática, no hace falta ni siquiera «pensarla» por que sigue al hecho criminal como una consecuencia necesaria e inmediata…? ¿No les sugiere, él, que es sacerdote, que se arrepientan, ni siquira eso, sino que afirma muy sueltito que el aborto LE HA DEVUELTO LA ESPERANZA Y LA VIDA A LA NIÑA ….? El hombre, discúlpeme Ud., es un flor de turro, sino un infiltrado.
      Los «argumentos» sentimentales que Ud. señala bien y acertadamente, son el manto encubridor, el «carro de fuego» sobre el cual se monta una mentira hábilmente urdida.
      La lucha contra el aborto y toda la corrupción moral que lo rodea, en el catolicismo es absoluta y a muerte, por que nosotros SABEMOS a dónde va, como los Evangelistas sabían el motivo de la matanza de los Inocentes dispuesta por Herodes. Esta no es una batalla «naturalista» por la vida y la Familia (con o sin foros defensistas) sino una guerra sobrenatural entre Dios Nuestro Señor, sus ángeles y sus santos y el demonio y sus secuaces, a ver quién se queda con el resto final de la humanidad.
      El objetivo de Satanás es claro: corromper y matar la vida eterna en el hombre, para la cual ha sido creado y a la cual debe llegar.
      No se olvide, estimado amigo, que don Rino es un seguidor de de Lubac, un GRAN seguidor de Lubac. Estudie a Lubac, qué piensa de todas estas cosas, y después charlamos de nuevo. Pero sobre todo, fue y es un apasionado comentarista de H. Urs von Balthasar. Aquí, no hay espacio para exponerle los graves errores teológicos (sutilísimos y fascinantes, en la pluma de este encantador sacerdote suizo, como se desprende de las cartas dirigidas a cierta también encantadora escritora ammiga dél) que se pueden desarrollar desde sus tesis sobre los efectos del pecado mortal.
      Si no quiere, no lo investigue, pero lea, eso sí, recta y linealmente la declaración de Fisichella y, sin prejuicios, dígame que «sensación» le deja. Y esa, es la que se busca crear con este tipo de declaraciones sensacionalistas. Una sensación, un estado de ánimo superficial, que vaya permeando lo periférico hacia lo interior, volviéndose una manera de pensar. Esto se llama, en buen romance, lavado de cerebro. Y en porteño, una turrada.
      Lo demás, el contorno tercermundista del pobre obispo local, estúdielo y después hablamos. Esto, al tano Melani por ejemplo (al que le acaban de poner un coadjutor) no se lo hacían ni locos, por que el Tano … estaba del otro lado.
      Abortos hay todos los días en todas partes, pero ni por pienso tantos como afirman los abortistas. Luego: ¿por qué elegir el caso brasileño para esta declaración extemporánea? ¿Por que no otro caso, más grave, que los hubo? ¿Por qué hacerle el juego a la prensa mundial ….? ¿Imprudencia… En un obispo presidente de una Academia Pontificia …? Vamos. Yo creo que el caso se eligió por que el obispo reaccionó como … un obispo católico, y eso no se puede permitir. Había que pararlo. Y dejarlo pataleando en el aire. Aunque terminó él así.
      En la Argentina, desgraciadamente, ya ha habido algunos casos; ¿leyó Ud. algún comentario episcopal sobre la excomunión automática de padres, madres, médicos, jueces, diputados, gobernadores, fiscales y toda la troupe de borrachos de sangre que rodea siempre estos casos? Yo tampoco, y es necesario, por que en el estado en que quedaron luego de los crímenes, se irán al infierno si mueren inconfesos.
      Y Rino Fisichella no estará cerca para «abrazarlos, mimarlos» y confesarlos.
      Cordialmente
      El Buey MUY parlanchín



        Anónimo
        13/02/2010 a las 8:15 pm

        Carro embarrado
        Me parece que me espanté ante un mosquito, y estaré en riesgo de tragarme un camello si sigo con mi mosquito.

        Si bien, en lo puntual no veo igualmente que predique lo de la excomunión respecto de la niña, atiendo al resto de sus argumentos, que en parte son los que ya de por sí lo hunden a este Obispo, con su hacerle “ooooso” al Diocesano de Recife, quien hizo lo debido, y con caridad cristiana, además.

        Más allá de cómo sustentó anteriormente su juicio sobre Fisichella, dada su respuesta actual se me da por aplicar aquello de que “cuando el río suena, es porque agua trae”.

        Y además me da usted otros argumentos nuevos -que me explican más del ruido que trae el río- y en esencia entiendo que aquella declaración iría de la mano con una intención de vaciar las virtudes teologales a través de su franelización o concepción vaciada, meramente sentimental y así, viciada.

        El año pasado, tal vez luego de leer la impugnación de Dom Cardoso, pensé del Obispo Fisichella, que había estado como un hewlett de packard.
        Lo pensé intempestivamente, porque si uno va hacer una acusación como la que él hizo –suponiendo que cupieran las cosas que dice- debe asegurarse que su acusado es responsable de las omisiones que se le imputan, cosa que no eran tales, lo cual configura una calumnia.

        No puedo saber que este sujeto dijo tales cosas a propósito, pero usted me da mejores argumentos para sospecharlo, que los míos para negarlo.
        Y en tal caso, usted tiene razón, es un flor de turro.

        Las cuestiones teológicas o doctrinarias implicadas, en función del modernismo, o presunto modernismo de este Obispo, le confieso que se me escapan, porque no tengo conocimiento de De Lubac, ni de von Balthasar, si bien a este último lo tengo conceptuado como de mucha influencia actual, pero errada filosofía y por lo tanto teología –por lo menos lo suyo, según dijo un erudito teológo tomista, viene de un sustrato filosófico hegeliano, y a eso sí lo tengo por malo-.
        La frase que me quedó, de la conferencia del tal erudito y tomista sacerdote, filósofo y teológo, es que “mientras no se solucione el problema de la vuelta al tomismo –o salida del idealismo, no recuerdo con precisión- en el pensamiento actual la Iglesia, no se va a salir de la crisis en que está inmersa”.

        Respecto de mi corrección anterior, no es que no la crea cierta, pero me parece que su indignación abreva en otras aguas más profundas que aquellas que le señalé, y en definitiva le agradezco que me lo haya hecho saber.

        Le confieso que no había leído la nota completa, sino el principio, y su comentario. No leí la nota, porque seguí el caso el año pasado, y más que la lectura de las declaraciones de Fisichella provocarme un estado sentimental, me dieron ganas de putearlo, sobre todo con la aclaración posterior de Cardoso. Me pareció un garca.
        En mi comentario anterior le corregí algo a Ud. simplemente por lo puntual del caso, pero creo que dejando de lado tontamente otras cosas que usted me señala.

        Ahora luego de leer su respuesta, leí la nota, y –mal por mí, sospecho que no la leí antes para no amargarme- es mucho mejor de lo que yo creía lo que dice dado que me puse al tanto de que los movimientos fueron unos cuantos y al parecer van a lograr una toma de posición correctiva –y correcta-. Si logran tal cosa, eso no quita, por supuesto, el tema de que… pasó…, lo cual se junta, en mi mente al menos, con unas cuantas otras cosas que pasaron.

        Lo de cuáles son los otros que merecen la excomunión, yo lo entiendo del padre y de quienes sabían que el padre violaba a la chica y pudiendo hacer algo no lo hicieron, con lo cual…, no me faltarían ganas de pegarles una patada en el tujes por lo menos, aunque todavía no sea excomulgable.
        Igualmente, ya no pongo más las manos en el fuego en el sentido de que esa declaración no buscara generar equívocos –dejando de lado que además relativiza el aborto-
        Y a esta altura, darle mucha importancia a ese aspecto puntual dejejando de lado toda la actitud general de Fisichella -sumado a la morosidad con que se publicó una cierta retractación en L´ Osservatore Romano tal como leí ahora- sería por mi parte, nuevamente, espantarme ante un mosquito y tragarme un camello (camello que es por lo menos, cómo lo mandó al frente al Diocesano en ese tema, siendo nada menos que Presidente de la Pontificia Academia para la vida –que ya tenía en cuenta antes-, y la sospecha que empiezo a compartir de su convicción, de que su comunicado fue intencional, lo cual sería gravísimo, y no lo defiendo más).

        Lo que no veo tan claro es que el caso de esta niña fuera tan leve, 9 años violada (o símil) por su padrastro. Es bastaaaante grave.

        Lo que dice usted “de chamuyo digamos”, sí, estoy de acuerdo, parece un politiquero.

        Me quedo con esto que usted me dice, para tenerlo en cuenta:

        “Y esa, es la que se busca crear con este tipo de declaraciones sensacionalistas. Una sensación, un estado de ánimo superficial, que vaya permeando lo periférico hacia lo interior, volviéndose una manera de pensar.”
        Y en tal caso, sería una turrada…

        Le mando un cordial saludo, y agradezco sus señalamientos

        El carro (embarrado)

        P D: que el Cardenal Bertone estuviera implicado en la (no) «aclaración» del tema lo hace más sospechoso a todo, ¿no?



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