Stat Crux dum volvitur Orbis
La noticia no alcanzó la relevancia que merece, si bien varios medios internacionales y locales la dieron a conocer. Un raro crucifijo de 40 metro de altura, con un Cristo de 600 kg. dedicado a Juan Pablo II se desplomó sobre un grupo de peregrinos a horas de su canonización.
La noticia no alcanzó la relevancia que merece, si bien varios medios internacionales y locales la dieron a conocer. Un raro crucifijo de 40 metro de altura, con un Cristo de 600 kg. dedicado a Juan Pablo II en Brescia, Italia, en 1998, con motivo de su visita, se desplomó sobre un grupo de peregrinos a horas de su canonización.
La cruz en su caída mató a un joven peregrino de 21 años, que al tener cierta dificultad motriz no pudo escapar de la amenaza a tiempo. Hirió a otros.

Imagen de Il Corriere della Sera, en la que aparece también una fotografía de la víctima.
Uno de los lectores que nos han remitido la noticia encabeza su correo con una frase que merece ser título: “Stat Crux dum volvitur orbis”: La Cruz permanece erguida mientras el mundo gira.
Este antiguo lema monacal destaca una verdad hoy completamente olvidada: que la Fe permanece a pesar de las vicisitudes y cambios de la historia, de las cosas pasajeras, de la ideas humanas, de los hechos que marcan la historia. Algo que parece olvidado por el clero, ansioso de mostrarse «aggiornado«.
Juan XXIII fue canonizado (dudosamente) por querer «abrir las puertas y ventanas de la Iglesia al mundo». Ese fue el fin de «su» Concilio, aprovechado con maestría por los neomodernistas para tomar el control jerárquico de la Iglesia. A partir de allí, todo pasó a ser «dinámico», se puso en «movimiento». ¿Hacia dónde? Hoy lo vemos sin mayor esfuerzo. Al menos lo ven quienes tienen algún sentido de la Fe y no se han dejado arrastrar por el poder hipotizador de la «Iglesia de la publicidad».
Juan Pablo II quiso poner en obra el Concilio, pasando por su cedazo todo aquello que aún permanecía tradicional en la Iglesia: el derecho, el catecismo, y hasta el Santo Rosario. Pidió perdón por los hechos más gloriosos de la historia cristiana. Se reunió con falsas religiones y sectas «por la paz», contrariando expresamente la advertencia de que la paz de Cristo no es aquella que «da el mundo».
En otro lado ya nos hemos referido a las serias dudas sobre la legalidad de estas canonizaciones. Pero su validez solo importa hoy en el mundo mediático, como casi todo.
Sin embargo esto pasará, como pasa todo en el orbe, mientras la cruz permanece. Y para mostrar y demostrar la locura de esta cruz torcida que se quiere poner en movimiento con el mundo, contrariando el sentido común y hasta la ley de gravedad, este inmenso crucifijo se cayó mientras un grupo de peregrinos ingenuamente fue a rendir honores al ahora canonizado Juan Pablo II. Otra curiosidad que resalta la nota del Il Corriere: la víctima vivía en la calle «Juan XXIII».
Mientras no vuelva a presidir la Iglesia una cruz recta que se eleve al cielo, todo está en riesgo de derrumbe, lo que aún queda en pie. Trabajo este, de «poner en movimiento» lo que debe permanecer quieto y fuera de la movilidad decadente del tiempo que Francisco ha asumido con notable entusiasmo.
Fuente: Il Corriere

