Panorama Católico

Sorprende quien lo ha dicho

… que el Papa confiese que está «amargado» por lo que pasa en el Vaticano va más allá de una simple preocupación; es, en cierto modo, una confesión de impotencia y un velado reconocimiento de culpabilidad indirecta por no haber controlado lo mucho, lo decisivo, que había que controlar.

A veces la realidad nos sorprende. El texto que se reproduce parcialmente abajo, en los párrafos que tienen interés, fue escrito por un «católico» poco sospechoso de integrista. ¿Adivina quien puede haber sido?

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«La filtración de documentos tiene «amargado» al papa Francisco, según informan las fuentes. Que el Papa esté preocupado por lo que pasa en el Vaticano es previsible y natural, porque lo contrario sería casi inconcebible, inaceptable; una negativa a involucrarse en su propia jurisdicción. Pero que el Papa confiese que está «amargado» por lo que pasa en el Vaticano va más allá de una simple preocupación; es, en cierto modo, una confesión de impotencia y un velado reconocimiento de culpabilidad indirecta por no haber controlado lo mucho, lo decisivo, que había que controlar.

«Las altas responsabilidades honran a quienes las sobrellevan, pero su incumplimiento da lugar a las más graves imputaciones contra los que no han estado a su altura. La «amargura» de Francisco se parece peligrosamente a una confesión porque en las alforjas de los conductores caben tanto la exaltación como la condena. Por lo general, en estos niveles no se admiten los términos medios. Cuando alguien deserta de su responsabilidad, otras faltas que hasta es momento pasaban inadvertidas corren el peligro de ser ventiladas y de salir a la luz.

«Cabe recordar que hasta el dogma de la infalibilidad papal en asuntos doctrinarios es de carácter limitado; en todo lo demás, reina la libertad. Por más que se los escuche con reverencia, los papas ¿son tan falibles como los demás?

Lo que pasa es que el dogma de infalibilidad papal parece cubrirlo todo, y en verdad cubre poco. Más allá reina la libertad. El demonio le prometió a Adán que seríamos como dioses.En realidad, somos como dioses caídos, a quienes sólo fascinó el resplandor de la libertad, un resplandor tan falso y verdadero como una costa distante». (…)

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