Sordos Ruidos Oír se Dejan…
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Por primera vez un vocero informal del Establishment periodístico eclesial argentino reconoce con claridad que las relaciones interepiscopales no son tan fraternales como los fieles desearíamos. Sergio Rubín, hombre cercano al Club de San Isidro, es fiel observante de uno los mandamientos más sagrados del código periodístico oficial: nunca pronuncies nombres episcopales en vano. Mucho menos en relación con presuntas maniobras para perjudicar a alguien. Mucho menos si ese alguien es Cardenal Primado. Algo trae, este artículo, bajo el poncho. |
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Escribe Agustín Moreno Wester
La visión de Rubín
Para el periodista entrerriano, especialista en temas religiosos de Clarín, se busca la ruina del Cardenal Bergoglio desde dentro de la Iglesia, por medio de maniobras para incomodarlo con el gobierno y con Roma. El purpurado habría llegado a la Ciudad Santa con una «dura pelea a sus espaldas» (caso Baseotto), pelea en la que no tiene arte ni parte. Allí habría sido víctima de un pafleteo electrónico. Luego una operación de prensa para abortar su promoción a la Secretaría de Estado.
Como importante autoridad de la Conferencia Episcopal, al Cardenal tampoco le causa tranquilidad el recalentamiento de los conflictos entre la Iglesia y el Estado, que han ocupado las planas de los diarios en los últimos días.
Según Rubín, «los sectores más conservadores de la Iglesia argentina hace tiempo que vienen reclamando a los obispos mano dura frente a miembros del Gobierno que, directa o indirectamente, propician, no ya la legalización del aborto, sino la distribución de anticonceptivos. El grueso del Episcopado nunca quiso hacer una guerra santa por el reparto de condones».
Serían -suponemos- los mismos que han promovido el caso Baseotto para perjudicar al Cardenal, y quizás llegado al extremo de «panfletear» por email a los cardenales electores poco antes del último Cónclave con recortes periodísticos sobre hechos vinculados a los tiempos en que el actual Cardenal era superior de los Jesuitas en el Río de la Plata, bajo el último gobierno militar argentino. En ellos se refiere que algunos de sus subordinados terminaron detenidos por actividades subversivas, aunque tales actividades eran desaprobadas por el entonces Padre Bergoglio.
Lo que irrita a los «sectores más conservadores», dice Rubín, es la «tibieza» del los organismos ejecutivos de la CEA a la hora de enfrentar la acción antivida del gobierno de Kirchner. Por eso dejaron trascender la presunta intención del Papa Benedicto XVI de nombrarlo Secretario de Estado, para abortar la decisión papal. Hasta aquí la interpretación de Rubín.
Hipótesis improbable
Resulta bastante improbable que el Papa Benedicto hubiese pensado en el Card. Bergolio como Secretario de Estado. Habría que obviar -para sustentar dicha hipótesis- la estrecha relación de varios prelados argentinos con el actual Papa, prelados que están fuertemente enfrentados con el Card. Primado. También su bajo perfil en temas que para el nuevo pontífice son determinantes: a saber, su protagonismo magisterial casi nulo… su ausencia de toda iniciativa provida (según algunos, su hostilidad a todo emprendimiento en tal sentido)… su escasísima intervención personal cuando las exposiciones blasfemas del año pasado escandalizaron a los católicos de Buenos Aires y de todo el país… su permanente desmovilización de la feligresía porteña»
Cuando Rubín acusa a los sectores «conservadores» de poner obstáculos en la carrera del Cardenal afirma algo que, bajo forma de denuncia, puede leerse de manera inversa. La pregunta clásica en estos casos es ¿a quién beneficia una denuncia tan desusada? Más que defender al Cardenal, parece intentar una carambola a dos bandas: desgastar a los sectores «conservadores» que lo estarían atacando (lo cual, traducido del lenguaje elusivo periodístico a la conversación de pasillo, se transforma en nombres y apellidos bien identificados), sectores que tendrán una mayor llegada a la Curia Romana bajo Benedicto. Es decir, ante lo inevitable, al menos pongamos algunas piedras para que el camino no les sea tan fácil.
Otro costado de la maniobra de desgaste podría ser éste: la defensa de Rubín resultaría lesiva también para el propio Cardenal, poniendo en voz alta en los medios de gran tirada lo que se susurra en los corrillos eclesiásticos. Recordemos que Bergoglio tampoco tiene buen rapport con el Club para el que Rubín cumple funciones.
O tal vez, tercera lectura, las fidelidades periodísticas estén en proceso de reformulación en vistas a un eventual debilitamiento de los sectores liberales del episcopado, ante un pontificado de signo más conservador.
Visita ilustre
Otro dato para el balance es la oportunidad en que se publicó el artículo, es decir, en fecha muy cercana al arribo a la Argentina del Cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, Prefecto de la Congregación de la Familia. El mismo que fustigó al gobierno español por su promoción del matrimonio entre homosexuales.
Recientemente la UCA (Universidad Católica Argentina) acaba de realizar un seminario de debate sobre el tema de la violencia familiar en las que participaron los más conspicuos miembros del lobby abortista argentino: entre otros Eva Giberti, columnista de Página/12 y un importante dirigente de la CHA (ong que agrupa a los homosexuales).
Asimismo, algunos especialistas en temas de familia y bioética que titularizan cátedras y departamentos de esa institución han recomendado recientemente el uso del preservativo como parte de programa integral «de la Iglesia» para prevenir el Sida. Claro que junto a la abstinencia y la fidelidad. Lo han hecho en declaraciones públicas. Va a ser difícil explicar al Prefecto de la Familia como ha ocurrido esto bajo las narices del propio Cardenal, sin que, además, se hayan exigido medidas disciplinarias a las autoridades de esa Pontificia Universidad.
Quejas de los militantes provida
No faltará oportunidad, tampoco, para que las organizaciones provida formadas por militantes católicos manifiesten al Cardenal colombiano las dificultades que tienen que afrontar a la hora de actuar en el campo de las instituciones católicas, donde practicamente nunca son bien recibidos. O por qué las puertas del palacio arzobispal están sistemáticamente cerradas para ellos.
Recientemente, un colegio católico «conservador» de Buenos Aires, que había cedido sus instalaciones para la realización del Congreso Internacional por la Vida y la Familia a mediados de junio se vio en la urgencia de objetar algunos expositores, probablemente como modo de desligarse de una situación incómoda con las autoridades eclesiásticas. Sin duda medió un llamado telefónico desde los aledaños de la más alta jerarquía porteña. Esto determinó el cambio de sede al Club Español. Nuevamente los católicos provida que más reciamente militan en defensa del Magisterio han sido desplazados de los edificios católicos. Dicho Congreso, además, no ha sido auspiciado por entidad católica oficial alguna dependiente de la Diócesis de Buenos Aires.
El irritante laisser faire del Cardenal
Voluntariamente o no, el Cardenal ha dejado siempre que su personalidad se desdibuje como una sombra surrealista. Prácticamente sin contacto personal con los medios, -lo cual podría tener su costado saludable- elige, sin embargo, ocasiones para predicar sermones de tono duro, aunque dirigidos a un destinatario incierto. También nos interpela enigmaticamente con mensajes ampliamente publicitados por medio de spots radiales, como el famoso «dejáte misericordiar», una de las últimas consignas pastorales que los porteños han escuchado de su boca para la Pascua y sobre la cual todavía se preguntan sobre el sentido profundo de la expresión.
Mantiene, sin embargo, a un «vocero» y una oficina de prensa que a diario envía resúmenes de noticias eclesiales tomadas de los medios. Tanto vocero (hombre de intervenciones notoriamente infelices) como «oficina de prensa» son no solo poco eficaces para transmitir el pensamiento del Magisterio, sino que más bien parecen auspiciar la difusión de nociones contrarias a él.
Un botón de muestra: el día en que grupos provida publicaron sendas solicitadas en Clarín y La Nación en defensa de la vida, el «resumen de prensa» del Episcopado no solo las ignoraba, sino que reseñaba un artículo abortista del periódico Página/12. Hubo de mediar una airada protesta de los sectores involucrados en dichas solicitadas para que la oficina de prensa del Arzobispado se hiciera eco de este costoso esfuerzo solventado por particulares …… al día siguiente y a duras penas.
Indudablemente estos antecedentes pesarán más negativamente sobre la figura del Card. Bergoglio a la hora de las evaluaciones romanas que cualquier campaña de prensa que el pediodista Rubín pueda entrever en sus especulaciones.


