Sobre las discusiones doctrinales Roma – FSSPX
Dos objeciones al principio mismo de que la Fraternidad de San Pio X ingrese en las discusiones doctrinales que probablemente se suscitarán pronto con las autoridades de la Iglesia en Roma, ayudarán a enmarcar la naturaleza, objetivo y limitaciones de dichas discusiones. La primera objeción dice que la Doctrina Católica no está sujeta a discusión. La segunda dice que ningún católico debe atreverse a discutir con representantes del Papa, como si estuviera con él en pie de igualdad. Ambas objeciones aplican en circunstancias normales, pero las circunstancias actuales no son normales.
En lo que se refiere a la primera objeción, es claro que la doctrina Católica que no se cambia y no se puede cambiar no está sujeta a discusión. El problema es que el Vaticano II emprendió exactamente el cambio de dicha doctrina. Por ejemplo ¿puede, o debe un Estado católico tolerar la práctica pública de religiones falsas? La Tradición Católica dice que «puede», pero únicamente para evitar un mal mayor o lograr un bien mayor. El Vaticano II dice «debe», bajo toda circunstancia. Pero si Jesucristo es evidentemente el Verbo encarnado, nada más que el «puede» es verdad. Por el contrario, si el «debe» es verdad, entonces Jesucristo no es más necesariamente reconocido como Dios. El «puede» y el «debe» están tan distantes de sí como Jesucristo siendo Dios por naturaleza divina o por elección humana, es decir, entre que Jesús sea, o no sea, objetivamente, ¡Dios!
Dos objeciones al principio mismo de que la Fraternidad de San Pio X ingrese en las discusiones doctrinales que probablemente se suscitarán pronto con las autoridades de la Iglesia en Roma, ayudarán a enmarcar la naturaleza, objetivo y limitaciones de dichas discusiones. La primera objeción dice que la Doctrina Católica no está sujeta a discusión. La segunda dice que ningún católico debe atreverse a discutir con representantes del Papa, como si estuviera con él en pie de igualdad. Ambas objeciones aplican en circunstancias normales, pero las circunstancias actuales no son normales.
En lo que se refiere a la primera objeción, es claro que la doctrina Católica que no se cambia y no se puede cambiar no está sujeta a discusión. El problema es que el Vaticano II emprendió exactamente el cambio de dicha doctrina. Por ejemplo ¿puede, o debe un Estado católico tolerar la práctica pública de religiones falsas? La Tradición Católica dice que «puede», pero únicamente para evitar un mal mayor o lograr un bien mayor. El Vaticano II dice «debe», bajo toda circunstancia. Pero si Jesucristo es evidentemente el Verbo encarnado, nada más que el «puede» es verdad. Por el contrario, si el «debe» es verdad, entonces Jesucristo no es más necesariamente reconocido como Dios. El «puede» y el «debe» están tan distantes de sí como Jesucristo siendo Dios por naturaleza divina o por elección humana, es decir, entre que Jesús sea, o no sea, objetivamente, ¡Dios!
Sin embargo las autoridades Romanas de hoy en día claman que la doctrina del Vaticano II no representa ruptura alguna con el dogma Católico, sino su evolución continua. A no ser que – ¡Dios no lo permita! – la FSSPX también esté abandonando el dogma Católico, no pretende discutir con estas autoridades si Jesús es Dios, tampoco someter a discusión la doctrina Católica, por el contrario, espera persuadir a cualquier Romano que quiera escuchar que la doctrina del Vaticano II se opone gravemente a la Doctrina Católica. Con respecto a esto, aún cuando el éxito de la FSSPX resulte mínimo, ésta consideraría aún que era su deber dar testimonio de la Verdad.
Pero los Romanos pueden responder diciendo «Nosotros representamos al Papa. ¿Cómo es que se atreven a discutir con nosotros?» Esta es la segunda objeción, y para todos aquellos que piensan que la Roma Conciliar está en la Verdad, esta objeción parece válida. Pero es la Verdad la que hace a Roma y no Roma la que hace la Verdad. Nuestro Señor en repetidas ocasiones declara en el Evangelio de San Juan que su doctrina no es de él, sino de su Padre (Juan VII, 16). Y si Jesús no tiene la facultad de cambiar la Doctrina Católica, mucho menos está en el poder de su Vicario el cambiarla, es decir ¡en la capacidad del Papa! Si entonces el Papa, por el libre albedrío que Dios le dio, decide apartarse de la Doctrina Católica, hasta ese punto ha abandonado su estatus Papal, y únicamente hasta ese punto -sigue siendo Papa- él y/o sus representantes se colocan por debajo de quienquiera permanezca fiel a la Doctrina del divino Maestro.
Por lo tanto, cualquier católico que se adhiera a la Verdad adquiere el mismo estatus que el Papa habrá puesto de lado, en la medida en que se separe de la Verdad. Así como dijo el Mons. Lefebvre cuando estaba ante las autoridades Romanas que lo interrogaban por su desacuerdo con el papa Paulo VI, «¡Soy yo el que debería estar interrogándolos a ustedes!» El defender la Verdad de Dios Padre es el orgullo y la humildad, la vocación y la gloria de la pequeña FSSPX del Arzobispo. Si las discusiones con Roma significaran el más mínimo peligro de la FSSPX de ser infieles a esta vocación, es ahí cuando no deberían de haber discusiones.
Kyrie eleison.
Londres, Inglaterra


Comentarios
¿más claro?
No creo que mons Williamson esté siendo más claro, porque más bien parece que sus comentarios rayan en el sedevacantismo, con unos artilugios doctrinales y teóricos para no ser acusado de tal, pero sí lo suficiente para alimentar la cizaña de varios. Parece partir del supuesto que las discusiones no van a dar grandes resultados, lo que demuestra su poca fe y también deja ver poco compromiso con la salvación de las almas que siguen sin culpa errores neomodernistas.
Las discusiones doctrinales no son una instancia de poner en discusión la Doctrina Católica, si no que se pone en discusión ciertas doctrinas (en este caso las del Vat II) para determinar si son o no Doctrina Católica; La diferencia es abismante. También hay que recordar que hay temas que son teológicamente discutibles por no haber sido definidos.
El asunto es sencillo, el Papa puso sobre la mesa el Vat II y lo somete a discusión con la FSSPX, cosa que no había ocurrido antes con ningún otro Papa ni ningún otro grupo; los tiempos han ido cambiando muy poco tal vez, pero la tendencia es clara y permite tener grandes esperanzas. Y si los resultados son pocos, siguen siendo muy considerables en atención a los bienes eternos que están en juego: la salvación de las almas.
Luis Alberto Salvatierra
Amigo Luis Alberto, me parece que está siendo injusto
con Mons. Williamson. Puede ser que el no crea en el resultado de estas conversaciones. No es el único, pero eso no lo hace sedevacantista. Creo que dice claramente el motivo por el cual «se puede» discutir con el Papa en esta excepcional circunstancia.
Vea, ser optimista o pesimista sobre el resultado de las conversaciones es una cuestión personal. Lo claro es que son conversaciones necesarias, únicas e impensables hace varias décadas y aún hace un par de años, y que la debilidad o la falibilidad humana hacen posible una defección. Pero las defecciones no se dan porque se hable con los modernistas, sino porque el alma humana está sujeta al pecado y el entendimiento a la confusión. Y si la gracia no falta… tampoco faltará algún buen éxito de la magnitud que Dios quiera.
Lo que dice Mons. Williamson, creo, es que si hay un riesgo no debe haber conversaciones. Creo que al decir «el mínimo riesgo» -y salvo que profese un incurable angelismo- se refiere a riesgos temerarios, a improvisaciones, a ir a improvisar y quedar entrampado. La FSSPX ha hecho un camino prudencial muy lento y bien acotado.
Pero los riesgos existen, esto no es ninguna novedad. Él mismo corre riesgos al hacer estas declaraciones. Su objeción es la prueba.¿Quién está exento de riesgos?
El problema es si vale o no vale la pena tomarlos. Si quien tiene que hacer lo que es su deber de estado corre riesgos, también tiene gracias de estado. Es una decisión prudencial, y para tomar este tipo de decisiones también hay que tener gracias de estado. Por lo cual para mí y creo que Ud. comparte, este «riesgo» vale la pena, no es temerario. Otros podrán pensar distinto. El asunto es no impostar los cargos, juzgando las decisiones como si nosotros estuviéramos ahí y supiéramos exactamente de qué va la cosa. En definitiva, no ser impostores.
En fin, no comparto esta vez su punto de vista.
Le mando un abrazo cisandino.
El Moderador
A Monseñor Williamson
Monseñor: Es coherente Vd. con su posición de siempre. Pero, me pregunto: la Fraternidad San Pío X pidió estas conversaciones. No me parece concreto empezar a condicionarlas y casi ningunearlas antes de que empiecen.
Piense que a Roma -según su posición- le cuesta ello un gran sacrificio y el tener que dar muchas explicaciones a grupos que desde otra posición, no están por la labor.
Puestos en esta actitud su mensaje no parece muy distinto del de Schönborn. Tiene Vd. en ese tema una responsabilidad histórica. Encomendar el asunto a la Providencia e ir viendo cómo se desarrollan los acontecimientos, y no dejarse instrumentalizar por nadie de dentro ni de fuera de la Fraternidad.
Respuesta al P. Ceriani de Benito Krizet:
Estimado Padre, le respondo por este medio que sé que tanto usted como los foristas de Radio Cristiandad también leen, pues he intentado contestarle allí sin éxito luego de varios intentos.
Por supuesto que no prejuzgo ninguna mala intención, sino únicamente desperfectos técnicos.
Seguidamente transcribo la respuesta que no he podido mandarle por aquella otra web no sin antes agradecer a la redacción de PCI esta posibilidad, pues entiendo que es un tema muy debatido últimamente y poco comprendido, donde se pone en juego la salvación de muchas almas:
Reverendo Padre Juan Carlos Ceriani.
Con inmenso agrado he visto que ha argumentado contra mis anteriores dichos con ánimo de disputa y no de discordia, ánimo que también es el mío.
Habiendo usted sido quién ha refutado respetuosamente los errores sobre la nefasta libertad religiosa del R.P. Julio Meinvielle, no puedo menos que sentirme honrado con sus palabras.
Sigo creyendo que no son idénticos los cánones de los dos Códigos, pero eso ahora carece de importancia, siendo que usted no niega la aplicación de canon 751 del nuevo.
Dicho canon 751 dice:
«Se llama cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos».
Entonces, lo que sin dudas tenemos son 2 casos posibles de cisma:
1) el que se concreta con el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice.
2) el que se concreta con el rechazo de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos.
Ahora el 2º caso no nos interesa. No trata éste el tema en cuestión, sino el caso de ortodoxos, etc, quienes mantienen la sucesión apostólica y tienen sacramentos válidos, pero son cismáticos por “rechazar la comunión con los miembros de la Iglesia”.
En cambio, sí nos interesa el 1º caso, pues es éste es el que LES PEGA DE LLENO a los llamados “sedevacantistas”.
Nadie puede dudar que los sedevacantistas “rechazan (abiertamente) la sujeción al Sumo Pontífice”, luego, por coincidir el delito normado con la conducta exteriorizada y subjetivamente querida, HAY DELITO DE CISMA.
De más está decir que este no es el caso de la justa desobediencia al Santo Padre en ciertas ocasiones que usted cita siguiendo a varios santos, pues no es lo mismo “desobedecer justamente” (como hace la FSSPX) que “rechazar la sujeción” (rechazar estar sujeto) al Sumo Pontífice.
Sin embargo, usted dice: “En ese caso, es evidente que el “sedevacantista” está impedido de someterse al Sumo Pontífice hasta que haya quien ocupe legítimamente la Sede Suprema. Por lo tanto, no sería cismático. Por otra parte, no todo cismático (como no todo hereje) está, necesariamente, fuera de la Iglesia. La Teología Fundamental lo prueba enseñando que, A VECES, los cismáticos ejercen la jurisdicción. Por lo tanto, en el caso de que algún “sedevacantista” fuere también cismático, no estaría por ello, necesariamente y automáticamente, fuera la Iglesia” (la mayúscula del A VECES es mía).
De estos dichos, comparto con usted que, por ejemplo, si un obispo cualquiera es internamente sedevacantista, luego lo exterioriza motivando la aplicación del canon correspondiente (el 751), hasta que no se le aplique dicho canon mantendrá su jurisdicción.
El problema está en que ese NO ES EL CASO de los llamados aquí sedevacantistas!
Hagamos ahora la pregunta con los que SÍ ESTÁN EN EL CASO en cuestión:
Qué jurisdicción tiene Mons. Morello, por ejemplo?
Respuesta: NINGUNA.
Yo puedo entender, estimado Padre, a los sedevacantistas hace ya 40 años aleguen que “si no hay Papa no hay cisma”. Es un error que “no hay Papa”, pero es verdad que no habiendo Papa no habría cisma por no poder haber “rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice”.
Lo que no puedo entender es cómo, en su pública postura, que es también la mía, usted puede afirmar que no están en cisma cuando con toda claridad los sedevacantistas han realizado, asumiendo el riesgo y con plena conciencia, la conducta descrita en la norma como DELICTUAL y sin tener ellos (los que aquí concretamente llamamos sedevacantistas) NINGUNA jurisdicción.
En Xto.
Benito Krizet.
Aclaración.
Debo reconocer públicamente que mi comentario finalmente ha sido subido a la web de Radio Cristiandad.
Evidentemente el problema está en que no soy bueno con la tecnología.
Benito Krizet.
Bueno, mejor así
Conste que se publicó a su pedido, y sin ánimo de polemizar con R.C.
Sí, estimado Benito
Sí, estimado Benito Krizet,
El ‘luteranismo’ de los sedevacantistas pone en peligro la salvación de muchas almas. Fieles que al principio siguen a estos sedevacantistas ingenuamente y luego son «atrapados» entre sofismas y presiones varias. Los buenos fieles son los que suelen caer en estas redes, claro.
Y me refiero principalmente a los sedevacantistas que conozco, aquí en la Argentina, al mando de Monseñor Morello.
Espero que todo este enredo se vaya aclarando al igual que la ambiguedad jurídica que aún ofrece la FSSPX.
Atte,
V-Ana