Sobre la Providencia Divina y el Temor de Dios
Te llama por tu nombre
Seas quien seas,
Dios se fija en ti a titulo individual.
Te llama por tu nombre.
Te ve y te comprende tal como te hizo.
Te llama por tu nombre
Seas quien seas,
Dios se fija en ti a titulo individual.
Te llama por tu nombre.
Te ve y te comprende tal como te hizo.
Sabe lo que hay en ti, conoce todos los pensamientos
y sentimientos que te son propios,
todas tus disposiciones y gustos, tu fuerza y tu debilidad.
Te ve en tus días alegres y también en los de tristeza.
Se solidariza con tus esperanzas y tus tentaciones.
Se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos,
por todos los altibajos de tu espíritu.
Ha contado los cabellos de tu cabeza y ha medido tu estatura.
Te rodea con sus cuidados y te lleva en sus brazos,
te alza y te deposita en el suelo.
Ve tu auténtico semblante ya esté sonriendo
o cubierto de lagrimas, sano o enfermo.
Vigila con ternura tus manos y tus pies,
oye tu voz, el latido de tu corazón y hasta tu respiración.
Tú no te amas a ti mismo más de lo que Él te ama.
Sermones Parroquiales, N° 9
El temor de Dios es el principio de la sabiduría; hasta que no veáis a Dios como un fuego consumidor y no os acerquéis a El con reverencia y santo temor, por ser pecadores, no podréis decir que tenéis siquiera a la vista la puerta estrecha. El temor y el amor deben ir juntos; continuad temiendo, continuad amando hasta el último día de vuestra vida. Esto es cierto; pero debéis saber qué quiere decir sembrar aquí abajo con lágrimas, si queréis cosechar con alegría en el más allá
Sermones Parroquiales, N° 24

