Sobre Causas y Efectos
El Instrumentum Laboris para el próximo Sínodo de Obispos muestra los síntomas de una creciente preocupación por la desintegración liturgica, especialmente en el rito latino, aunque omite mencionar las causas.
Escribe Agustín Moreno Wester
El Instrumentum Laboris para el próximo Sínodo de Obispos muestra los síntomas de una creciente preocupación por la desintegración liturgica, especialmente en el rito latino, aunque omite mencionar las causas.
Escribe Agustín Moreno Wester
Monumentos a las causas, cadalsos a las consecuencias, decía un famoso apologista español refiriendose a la actitud de los liberales conservadores. Promueven el desorden social y luego se horrorizan de sus resultados. Sin embargo nunca van a reconocer que el origen de los males está en lo que ellos mismos predican.
Así, mutatis mutandis, leemos en el extenso documento LA EUCARISTÍA: FUENTE Y CUMBRE DE LA VIDA Y DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA –INSTRUMENTUM LABORIS párrafos alentadores, tales como el que cito a continuación:
«Sin embargo, según las respuestas recibidas de no pocas naciones se notan, tanto de parte del clero como de parte de los fieles, errores y sombras en la praxis de la celebración eucarística, que parecen tener su origen en un debilitamiento del sentido de lo sagrado en relación al Sacramento. La salvaguardia de este sentido depende fundamentalmente de la comprensión que la Eucaristía es un misterio y un don, cuyo memorial exige signos y palabras que correspondan a la naturaleza sacramental.
«Muy a menudo son indicados en las respuestas a los Lineamenta ciertos actos que atentan contra el sentido de lo sagrado. Por ejemplo: la falta de cuidado en el uso de los ornamentos litúrgicos propios de parte del celebrante y de los ministros, así como también la falta de decencia en el modo de vestir de los que participan en la Misa… la semejanza de ciertos cantos usados en la iglesia con respecto a los cantos profanos… el tácito consenso de eliminar algunos gestos litúrgicos porque son considerados demasiado tradicionales, como la genuflexión delante del Santísimo Sacramento… una distribución impropia de la Comunión en la mano, sin una adecuada catequesis… las actitudes poco reverentes antes, durante y después de la celebración de la Santa Misa, no solo de parte de los laicos, sino también de parte del mismo celebrante… la decadente calidad arquitectónica y artística de los edificios sagrados y de los objetos destinados al servicio litúrgico… los casos de sincretismo debidos a una inculturación desconsiderada de las formas litúrgicas, mezcladas con elementos de otras religiones».
Y también: «40. De algunas respuestas a los Lineamenta, sin embargo, se deduce que a veces se difunden declaraciones contrarias a la transubstanciación y a la presencia real, la cual se entiende en un sentido sólo simbólico, y se observan comportamientos que manifiestan implícitamente tal convicción. Como muchos indican en sus respuestas, algunas veces parece que en la liturgia hay quienes obran como animadores que deben atraer la atención del público sobre la propia persona, en vez de actuar como servidores de Cristo llamados a conducir a los fieles a la unión con Él. Todo esto, obviamente, repercute negativamente sobre el pueblo, que corre el riesgo de caer en la confusión en lo que se refiere a la comprensión y a la fe en la presencia real de Cristo en el Sacramento.
«En la tradición de la Iglesia se ha creado un verdadero lenguaje de gestos litúrgicos orientados a expresar la recta fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, como por ejemplo, la cuidadosa purificación de cálices y copones después de la comunión y también cuando accidentalmente caen las especies eucarísticas en el piso, la genuflexión delante del tabernáculo, el uso de la bandeja para la comunión, la renovación periódica de las Hostias conservadas en el sagrario, la custodia de la llave del tabernáculo en un lugar seguro, la compostura y el recogimiento del celebrante en sintonía con el carácter trascendental y divino del Sacramento. Omitir o descuidar estos signos sagrados, que encierran un significado más profundo y amplio que su aspecto externo, ciertamente no contribuye a consolidar la fe en la presencia real de Cristo en el Sacramento. Por ello, en las respuestas se recomienda que los signos y símbolos que expresan la fe en la presencia real sean objeto de una adecuada mistagogia y catequesis litúrgica».
Vemos, sin embargo, estos textos inmersos en una constante referencia al «magisterio reciente», a las directivas del Concilio Vaticano II, a la «teología del misterio pascual», etc. que son las fuentes (por imprecisión, ambigüedad o inclusive por apartamiento de la tradición teológica y litúrgica) de los mismos males que el documento enumera.
También una insistencia recurrente en no adoptar «actitudes alarmistas». Es poco comprensible la coherencia de quienes nos advierten que la barca hace agua y a la vez nos invitan a no alarmarnos. Poco comprensible sino bajo la óptica enunciada al principio: un horror por las consecuencias y un apego a las causas.
Todo esfuerzo por mejorar la liturgia debe ser saludado con alegría. Pero sin perder de vista que será insuficiente a menos que los males se ataquen de raíz.

