Panorama Católico

Sínodo y Verdad

Un artículo profundo sobre las desviaciones doctrinales que propone el Card. Kasper con la aparente bendición de Francisco, que ha calificado su propuesta como «teología de rodillas».

           El próximo Sínodo de Obispos ha sido precedido por una batahola de los medios que lo relaciona con una significancia histórica mayor a la importancia eclesiática como mera asamblea consultativa de la Iglesia. Algunos se están quejando de la guerra teológica que promete ser el Sínodo, pero la historia de todas las reuniones episcopales de la Iglesia (ése es el significado etimológico del término “Sínodo” y de su sinónimo “concilio”) ha estado conformada por conflictos teológicos y amargos debates sobre errores y divisiones que han amenazado la comunidad cristiana desde sus principios.

            Hoy el tema de la comunión de los divorciados (vueltos a casar) es sólo el vector de una discusión enfocada más bien en conceptos doctrinales complejos, como la naturaleza humana y la ley natural. Este debate pareciera traducir, a nivel antropológico, las especulaciones trinitarias y cristológicas que sacudieron a la Iglesia desde el Concilio de Nicea (325) hasta el Concilio de Calcedonia (451). En ese tiempo, las discusiones rondaban sobre la determinación de la naturaleza de la Santísima Trinidad, que es el único Dios en Tres Personas y en definir en Jesucristo la Persona del Verbo, que subsiste en dos naturalezas, la divina y la humana. La adopción del Concilio de Nicea del término griego homoousios, que fue traducido al latín como consubstantialis y, luego del Concilio de Calcedonia con las palabras “de la misma naturaleza” de la Divina sustancia, para afirmar la perfecta igualdad del Verbo y del Padre, marca una fecha que nunca debe olvidarse en la historia de la cristiandad y concluye una era de desorientación, confusión y drama de las conciencias similar a la que estamos actualmente inmersos.

            En aquellos años la Iglesia estaba dividida entre la “derecha” de San Atanasio y la “Izquierda” de los seguidores de Arrio, (los términos son del historiador de los concilios, Karl Joseph von Hefele). Entre los dos polos fluctuaba el tercer “partido” de los semi arrianos, ellos mismos divididos en varias facciones. El término homoiousios, que significa “de sustancia similar” fue puesto contra el Niceno homoousios, que significa “de la misma sustancia”. No es una cuestión menor ni sin consecuencias. En la aparentemente mínima diferencia entre las dos palabras, yace un abismo: por un lado, Identidad con Dios, y por el otro una cierta analogía o similitud que hace de Cristo un hombre común.

            La mejor reconstrucción histórica de este período es la del Cardenal John Henry Newman, Los Arrianos del Cuarto Siglo (tr. It. Jaca Book, Milano, 1981) un estudio en profundidad que saca a la luz la culpabilidad del clero y el coraje de “la gente común” en mantener la ortodoxia de la Fé. Atanasio, como diácono y campeón de la ortodoxia, luego como obispo, fue forzado tantas como cinco veces a abandonar sus diócesis, a transitar el camino del exilio.

            En 357, el Papa Liberio lo excomulgó y dos años después de los Concilios de Rimini y Seleucia, que constituyeron una suerte de gran Concilio Ecuménico, representativo de Oriente y Occidente, abandonó el término Niceno “consustancial” y estableció una equívoca postura intermedia entre San Atanasio y los arrianos. Fue para esa época que San Jerónimo acuño la expresión según la cual “El mundo entero gimió y se asombró de verse arriano”.

            Atanasio y los defensores de la ortodoxia y la Fe fueron acusados de estancarse obstinadamente en las palabras y de ser desafiantes e intolerantes. Son las mismas acusaciones que se hacen hoy contra aquellos que, dentro o fuera del recinto del Sínodo, quieren levantar la voz con intransigente firmeza en defensa de la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio cristiano, como los cinco cardenales (Burke, Brandmuller, Caffarra, De Paolis y Muller), quienes, habiéndose expresado individualmente, recopilaron sus declaraciones en defensa de la familia en un libro que a esta altura se ha convertido en un manifiesto: “Permaneciendo en la Verdad de Cristo: Matrimonio y Comunión en la Iglesia Católica”, que también debe su publicación a Cantagalli. La praxis de la Iglesia primitiva, del jesuita Henri Couzel.

            Los escritores del “Corriere della Sera” y de “La Repubblica” se han venido rasgando las vestiduras a causa del enfrentamiento teológico actualmente en curso. El 8 de septiembre, el mismo Papa Francisco, instó a los recién nombrados obispos a “no malgastar energía en enfrentamientos y choques”, olvidando que él mismo asumió la responsabilidad de esos choques cuando confió la tarea de dar los primeros pasos de danza del Sínodo al Cardenal Walter Kasper. Como ya lo señaló Sandro Magister, fue en verdad Kasper con su informe del 20 de febrero de 2014 quién empezó las hostilidades que dispararon el debate doctrinal, volviéndose, consecuentemente y lejos de sus intenciones, en el representante de uno de los partidos. La reiterada formula atemporal del Cardenal Alemán es: lo que tiene que cambiar no es la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio sino la pastoral (praxis) de los divorciados vueltos a casar. Esta fórmula encierra en sí misma una significancia devastadora y es la expresión de un concepto teológico contaminado desde su raíz.

            Así que para entender el pensamiento de Kasper, necesitamos volver a uno de sus primeros trabajos, quizás el principal, “Lo Absoluto en la Historia en la última Filosofía de Schelling”, publicado en 1965 y traducido por Jaca Book en 1986. De hecho, Walter Kasper pertenece a la escuela de Tubinga, que, como escribe en este estudio, “inició una renovación en teología y en todo el catolicismo alemán con el encuentro de Schelling y Hegel” (p. 53). La metafísica es de Schelling (1775/1854), “un gigante solitario” (p. 90), de cuyo carácter panteístico y gnóstico trata en vano de liberarlo el teólogo alemán.  En su último libro, Philosophie der Offenbarung (La Filosofía de la Revelación), en 1854, Schelling se opone a la Cristiandad histórico dogmágtica. “Schelling –comenta Kasper- no veía la relación entre lo natural y lo sobrenatural en una manera estática, metafísica y extratemporal, sino más bien de una manera dinámica e histórica. La esencialidad de la Revelación cristiana es realmente ésta, que es historia” (p.  206).

            También para Kasper la Cristiandad, antes de ser doctrina, es historia, o “praxis”. En su libro más famoso, “Jesús, El Cristo” (Queriniana, Brescia 1974), desarrolla su cristología en una clave histórica que es derivada de La Filosofía de la Revelación del alemán idealista. El concepto trinitario de Schelling es el de los Sabelianos y Modalistas heréticos, precursores del Arrianismo. Las tres Divinas Personas son reducidas a tres “modos de subsistencia” de una sola persona – naturaleza (Modalismo), mientras que la esencia de la Trinidad es realizada en la manifestación de “Sí misma” al mundo. Cristo no es el intermediario entre Dios y el hombre, sino la realización histórica de la Divinidad en el proceso Trinitario.

            Coherentemente con la cristología y eclesiología de Kasper, la Iglesia es, primero y ante todo, “pneuma” “Sacramento del Espíritu”, una definición que para el Cardenal alemán “corrige” la jurídica de Pío XII en Mystici Corporis (La Iglesia, Lugar del Espíritu, Queriniana, Brescia 1980, p. 91). El campo de acción del Espíritu Santo no coincide de hecho, como lo quiere la Tradición, con el de la Iglesia Católica Romana, sino que se extiende a una más vasta realidad ecuménica, la “Iglesia de Cristo” de la que la Iglesia Católica es parte.

            Según Kasper, el Decreto del Vaticano II sobre ecumenismo presiona por el reconocimiento de que la única Iglesia de Cristo no está limitada a la Iglesia Católica, sino que es compartida con otras iglesias y comunidades eclesiales (ibid, p. 94). La Iglesia Católica está “donde no hay un Evangelio selectivo”, pero todo es expandido de una manera acompasada, en el tiempo y el espacio (La Iglesia Católica – Esencia, Realidad, Misión, Queriniana, Brescia 2012, p. 289). La misión de la Iglesia es “salir de sí misma” para recuperar la dimensión que la hace universal. Eugenio Scalfari, quien está actuando como un tercer Papa (i.e. después del Papa emérito y el reinante), aun desde su ignorancia teológica, atribuye la misma idea al Papa Francisco, afirmando que, para él, la Iglesia misionera es aquella que “tiene que salir de sí misma e ir al mundo” a través de la implementación del cristianismo en la historia (“La Repubblica”, 21 de septiembre de 2014).

            Estas teorías están reflejadas en la teología moral de Kasper, según la cual, la experiencia del encuentro con Cristo disuelve la ley, o mejor, la ley es una traba de la que el hombre debe liberarse para encontrar la misericordia de Cristo. En su teología panteística, Schelling absorbe el mal dentro de Dios. Kasper absorbe el mal en el misterio de la Cruz, en el que él ve la negación de la metafísica tradicional y de la ley natural que procede de esta. “Para Schelling el paso de una filosofía negativa a una filosofía positiva es al mismo tiempo el paso de la ley al Evangelio” (The Absolut in History, p. 178), escribe el Cardenal alemán, que ve a su vez en el paso de la ley al Evangelio la primacía de la praxis pastoral sobre la doctrina abstracta.

            Desde este punto de vista, la doctrina moral del Cardenal Kasper es, cuando menos, Antinomianista. Antinomianismo es un término acuñado por Lutero contra su oponente de la izquierda, Johan Agricola (1494-1568), pero viene de las antiguas y medievales herejías indicando el rechazo del Antiguo Testamento y sus leyes, que eran vistos como meras constricciones y restricciones, en contraste con el Nuevo Testamento, vgr. Para la economía de la Gracia y la libertad. Más generalmente Antinomianismo significa el rechazo de la ley moral natural que tiene su raíz en el rechazo de la idea de naturaleza. Para los cristianos antinomianistas no hay ley porque no hay una universal naturaleza humana objetiva. Las consecuencias son la desaparición del sentido de pecado, la negación de la moral absoluta y la revolución sexual dentro de la Iglesia.

            Dentro de esta perspectiva es entendible como el Cardenal Kasper en su reciente libro, que apareció en Alemania en 2012 y fue luego traducido al italiano por Queriniana en 2013, (Misericordia. El Concepto Fundamental del Evangelio – La Llave de la Vida), propone romper con el equilibrio tradicional entre la justicia y la misericordia, haciendo de esta, (yendo contra la Tradición), el principal atributo de Dios. No obstante, como el padre Serafino Lanzetta observa en un excelente análisis de este volúmen, “la misericordia perfecciona y completa la justicia pero no la anula; la presupone, de otra manera no tendría en sí misma ninguna razón para existir”. La desaparición de la justicia y la ley hace incomprensibles el concepto de pecado y el misterio del mal, excepto para reintegrarlos a una postura teosófica y gnóstica.

            Encontramos este error de nuevo en el postulado de Lutero de “sólo misericordia”. Siendo abolida la mediación de la razón y la naturaleza, para Lutero el único camino para alzarse a Dios es en “la fe confiada” que tiene sus preámbulos no en la metafísica racional, de la que debe ser completamente liberada, sino en un profundo sentimiento de desesperación, que tiene a su vez su objeto típico en la “misericordia” de Dios, en vez de en las verdades reveladas por Él.         Esta cuestión, como lo ha demostrado Silvana Seidel Menchi en Erasmus in Italy 1520-1520 (Bollati Boringhieri, Turín 1987), es desarrollada en la literatura herética del siglo XVI gracias la influencia del Tratado de Erasmus De Inmense Dei Misercordia (1524), que abre las puertas del cielo a los “hombres de buena voluntad” (ibid, pp. 143-167). En las sectas originadas en Erasmo y Lutero que constituyeron la extrema izquierda de la Reforma Protestante, los errores anti Trinitarios del siglo IV reaparecieron: Arrianismo, Modalismo, Sabelianismo, (todos) basados en el rechazo o la distorsión de la idea de Naturaleza.

            El único camino penitencial posible para alcanzar la Misericordia Divina es el rechazo del pecado en el que estamos inmersos, y en el reconocimiento de la Ley Divina de respeto y amor. Esta ley está enraizada en la naturaleza humana y está grabada en el corazón de cada hombre “por el dedo del mismo Creador” (Rom 2, 14-15). Constituye el juicio supremo de cada acción y evento humanos en su totalidad, esto es, en la historia.

            El termino naturaleza no es abstracto. La naturaleza humana es la esencia del hombre, es lo que es antes de ser una persona. El hombre es una persona, detentador de derechos inalienables, porque tiene un alma. Y tiene un alma dado que, al contrario de cualquier otro ser viviente, tiene una naturaleza racional. Lo natural no es lo que se origina desde los instintos y deseos del hombre, sino lo que corresponde a las reglas de la razón, la que a su vez, debe conformarse a un orden objetivo y a principios inmutables. La ley natural es racional e inmutable, y, porque es inmutable en tanto es espiritual, es la naturaleza del hombre. Todos los individuos de la misma naturaleza actúan o deberían actuar de la misma manera, desde que la ley natural está escrita no en la naturaleza de este o aquél hombre, sino en la naturaleza humana considerada en sí misma, en su permanencia y estabilidad.

            El Cardenal Kasper no cree en una ley natural absoluta y universal. En el Instrumentum Laboris, el documento oficial del Vaticano que prepara el terreno para el Sínodo de octubre, este repudio de la ley natural está claramente en evidencia, aun cuando presentado en clave sociológica más que teológica: “El concepto de ley natural ha resultado ser, en diferentes contextos culturales, altamente problemático, si no completamente incomprensible”  (n. 21) –dice- “Hoy, no sólo en Occidente sino cada vez más en todas partes del mundo, la investigación científica plantea un serio desafío al concepto de naturaleza. La Evolución, biología y neurociencia, cuando son confrontadas con la idea tradicional de ley natural, concluye que no es “científica”. De acuerdo con el programa de Kasper, el espíritu del Evangelio cuyos valores deben ser comunicados “de una manera comprensible al hombre de hoy” contrasta con la ley natural. De donde considera necesario “poner mayor énfasis en el rol de la Palabra de Dios como un instrumento privilegiado en la concepción de la vida matrimonial y la familia, y recomendar mayores referencias a la Biblia, su lenguaje y narrativas. En relación a este punto, los encuestados proponen poner el tema en discusión pública y desarrollar la idea de inspiración bíblica y el “orden en la creación”, que permitiría una relectura del concepto de ley natural en una forma más significativa en el mundo de hoy. (…) La recomendación fue hecha también para involucrar a los jóvenes directamente en estas materias.” (n. 30).

            Las consecuencias inevitables de esta nueva idea de moralidad que los padres sinodales tendrán que discutir, están delineadas por Vito Mancuso, en “La Repubblica” del 18 de septiembre. La ley natural “es una carga demasiado pesada de llevar”; de donde necesitamos enfocarnos en una profunda jornada de renovación en materia de ética sexual” que resultará en “la subsecuente necesaria apertura: sí a la contracepción; sí a las relaciones prematrimoniales; sí al reconocimiento de las parejas homosexuales”.

Ante este catastrófico itinerario hacia la inmoralidad, ¿por qué estar sorprendidos de que cinco cardenales hayan publicado un libro en defensa de la moral tradicional y que otros cardenales, obispos y teólogos los hayan respaldado en su posición? Contra aquellos que llaman a una nueva doctrina y disciplina pastoral, el Cardenal Pell escribió, “una barrera infranqueable” ha sido puesta, basada en “la casi completa unanimidad que en esta materia ha dado pruebas la historia católica a lo largo de dos mil años”.

            Es de esperar que habrá un encuentro libre y abierto, sin la imposición de reglas que falsifiquen lo que está en juego. Y lo que está en juego no es una simple diversidad de opiniones, sino la clarificación de la misión de la Iglesia. Es de esperar asimismo que los prelados fieles a la Tradición no sean intimidados y sean capaces de soportar pacientemente la violencia de los mass media, e incluso la injusta e intensa censura eclesial que habrán de enfrentar.

            Todavía tenemos la mejor canción (p. 8) escribe el Cardenal Pell, y Atanasio es todavía un modelo para nuestros tiempos y para todos aquellos que no se bajan de la recta batalla en defensa de la Verdad.

Fuente: Il Foglio / Rotate Caeli

Versión castellana The Whiskerer

Comentario Druídico: El Card. Kasper, indudablemente, ha puesto a la teología de rodillas. Falta el degüello final.

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