Servidor de Concilio Vaticano II
El obispo de Orán, monseñor Marcelo Daniel Colombo, destacó que el fallecido monseñor Jorge Novak no sólo fue “el garante-servidor” del Concilio Vaticano II en la diócesis de Quilmes sino que “su vida y su ministerio serían el escenario específico y concreto donde se verificaría su efectiva acogida”.
El obispo de Orán, monseñor Marcelo Daniel Colombo, destacó que el fallecido monseñor Jorge Novak no sólo fue “el garante-servidor” del Concilio Vaticano II en la diócesis de Quilmes sino que “su vida y su ministerio serían el escenario específico y concreto donde se verificaría su efectiva acogida”.
Al recordar al primer obispo de Quilmes, de quien hoy se cumplen 11 años de su fallecimiento, monseñor Colombo destacó “sus intuiciones pastorales y su comprensión bien ajustada del momento que le tocaba transitar”.
“Absolutamente tradicional, en el sentido más pleno y legítimo de la palabra, Novak se reveló necesariamente progresista por el dinamismo de los hechos que lo llevaron a vivir heroica y decididamente la causa del anuncio misionero del Evangelio, de los pobres, de la unidad y de los derechos humanos”, subrayó.
En una reflexión titulada “La diócesis de Quilmes y el Vaticano II, monseñor Colombo, quien tuvo a monseñor Novak como formador en el Seminario, describió anécdotas del pensamiento de ese sacerdote verbita que se autodefinía como un “mediocre profesor de historia de la Iglesia”, pero a quien “no podíamos dejar de escucharlo, de apreciar cada frase, cada concepto, conscientes de su valía”.
“De su entero ministerio pastoral, pueden apreciarse algunos criterios o principios que guiaban su actuación, afirmados constantemente en sus homilías, escritos o inclusive en los diálogos personales. Los denomino, temerariamente, claves hermenéuticas de su ministerio, entendidos como aquellos conceptos que subyacen en sus gestos y en sus palabras, y que a mi juicio nos describen su personalidad pastoral y nos permiten acceder a ella: De Dios viene la inspiración y el mandato, El servicio a los pobres, medida privilegiada de nuestro seguimiento de Cristo, Hay una necesaria e inseparable conexión entre evangelización y promoción, El pobre, protagonista e interlocutor, y La historia humana, testigo de la solidaridad de la Iglesia.
El prelado reiteró “el compromiso personal que me significó releer, ahora a la luz de mi propia experiencia, incipiente y modesta, como obispo en el norte de Salta, en la Nueva Orán, las páginas todavía vivas y apremiantes del Libro del Sínodo y el magisterio del padre obispo Jorge Novak. Puedo decir que me permitieron una intensa experiencia espiritual, como un inquietante y apasionante examen de conciencia, donde me sentí confrontado por el testimonio de este gran pastor que Dios nos regaló y que nos formó sencilla y profundamente con sus enseñanzas pero sobre todo con su vida”.
“El Vaticano II se había aplicado en Quilmes en la persona de su primer obispo. Él había sido el referente vital, personal, existencial, de la incorporación de los grandes temas conciliares en la vida concreta de la Diócesis y su articulación con la propia reflexión diocesana, sobre todo en el Primer Sínodo de Quilmes. Indudablemente había un humus que posibilitó esta buena siembra, y era el clima eclesial instalado en el Gran Buenos Aires, a partir del aporte de sacerdotes, religiosos y laicos, imbuidos del espíritu del Vaticano II y de Medellín, cristalizado en la vida de comunidades parroquiales, comunidades eclesiales de base y movimientos eclesiales”.
Por último, monseñor Colombo subrayó que “fue Novak en persona, con sus colaboradores más directos, quien roturó la tierra, y puso bajo el impulso del Espíritu Santo, las semillas de esta Iglesia diocesana”, y concluyó: “Aquella mirada contemplativa, amplia y generosa, conectó de entrada nomás a este pequeña Iglesia naciente, con la historia y la vitalidad de la Iglesia universal, de la que es parte, heredera y colaboradora, según el decir del mismo obispo”.+
Al recordar al primer obispo de Quilmes, de quien hoy se cumplen 11 años de su fallecimiento, monseñor Colombo destacó “sus intuiciones pastorales y su comprensión bien ajustada del momento que le tocaba transitar”.
“Absolutamente tradicional, en el sentido más pleno y legítimo de la palabra, Novak se reveló necesariamente progresista por el dinamismo de los hechos que lo llevaron a vivir heroica y decididamente la causa del anuncio misionero del Evangelio, de los pobres, de la unidad y de los derechos humanos”, subrayó.
En una reflexión titulada “La diócesis de Quilmes y el Vaticano II, monseñor Colombo, quien tuvo a monseñor Novak como formador en el Seminario, describió anécdotas del pensamiento de ese sacerdote verbita que se autodefinía como un “mediocre profesor de historia de la Iglesia”, pero a quien “no podíamos dejar de escucharlo, de apreciar cada frase, cada concepto, conscientes de su valía”.
“De su entero ministerio pastoral, pueden apreciarse algunos criterios o principios que guiaban su actuación, afirmados constantemente en sus homilías, escritos o inclusive en los diálogos personales. Los denomino, temerariamente, claves hermenéuticas de su ministerio, entendidos como aquellos conceptos que subyacen en sus gestos y en sus palabras, y que a mi juicio nos describen su personalidad pastoral y nos permiten acceder a ella: De Dios viene la inspiración y el mandato, El servicio a los pobres, medida privilegiada de nuestro seguimiento de Cristo, Hay una necesaria e inseparable conexión entre evangelización y promoción, El pobre, protagonista e interlocutor, y La historia humana, testigo de la solidaridad de la Iglesia.
El prelado reiteró “el compromiso personal que me significó releer, ahora a la luz de mi propia experiencia, incipiente y modesta, como obispo en el norte de Salta, en la Nueva Orán, las páginas todavía vivas y apremiantes del Libro del Sínodo y el magisterio del padre obispo Jorge Novak. Puedo decir que me permitieron una intensa experiencia espiritual, como un inquietante y apasionante examen de conciencia, donde me sentí confrontado por el testimonio de este gran pastor que Dios nos regaló y que nos formó sencilla y profundamente con sus enseñanzas pero sobre todo con su vida”.
“El Vaticano II se había aplicado en Quilmes en la persona de su primer obispo. Él había sido el referente vital, personal, existencial, de la incorporación de los grandes temas conciliares en la vida concreta de la Diócesis y su articulación con la propia reflexión diocesana, sobre todo en el Primer Sínodo de Quilmes. Indudablemente había un humus que posibilitó esta buena siembra, y era el clima eclesial instalado en el Gran Buenos Aires, a partir del aporte de sacerdotes, religiosos y laicos, imbuidos del espíritu del Vaticano II y de Medellín, cristalizado en la vida de comunidades parroquiales, comunidades eclesiales de base y movimientos eclesiales”.
Por último, monseñor Colombo subrayó que “fue Novak en persona, con sus colaboradores más directos, quien roturó la tierra, y puso bajo el impulso del Espíritu Santo, las semillas de esta Iglesia diocesana”, y concluyó: “Aquella mirada contemplativa, amplia y generosa, conectó de entrada nomás a este pequeña Iglesia naciente, con la historia y la vitalidad de la Iglesia universal, de la que es parte, heredera y colaboradora, según el decir del mismo obispo”.+
Fuente: Aica
Comentario Druídico: Uno puede entender razones de afecto personal que muevan a la simpatía. Uno puede entender afinidades ideológicas. Lo que no puede uno entender es esta identificación absoluta de la Iglesia con el Vaticano II, lo que implica, no hay duda de ello, un desprecio a la historia de la Iglesia y a su doctrina. Es prácticamente un acto de apostasía. Un desprecio implícito (y en privado, explícito) por la Iglesia hasta 1965.
Todo empezó con el Vaticano II, y sin él nada tiene sentido. Bueno. Allá Mons. Colombo.
De todos modos, sería interesante que nos mostraran algún resultado, al menos en el terreno de los «pobres». Como buenos progresistas, en el fondo gente de mentalidad marxista, los pobres son un instrumento, no almas que salvar para el cielo, o aliviar de sus miserias. A nadie, según esta mentalidad, se le ocurre sencillamente hacer una obra de misericordia. Todo tiene que tener la grandilocuencia de los ideólogos, y su idéntica ineficacia para hacer el bien a alguien. Ni natural ni sobrenatural. Porque del cielo ya no se habla, ni importa, o directamente no se cree más en él. Y de aquí, de esta tierra, desde que el Vaticano II y sus «testigos y garantes» dominan la estructura jerárquica de la Iglesia, las cosas están mucho peor, las maravillosas órdenes y congregaciones dedicadas a la caridad han desaparecido o agonizan, y las instituciones se vuelven lugares de lucro y acomodo, como demuestran los últimos presidentes de Cáritas en la Argentina, por ejemplo.
Lo peor es que se quiere cubrir sus culpas con sus méritos (supuestos méritos) en el ejercicio de la misericordia hacia los pobres, y no han tenido piedad de ellos, ni en el orden natural ni en el sobrenatural. Solo su claque de burócratas beneficiados los apoyan, como una barra brava o punteros políticos. ¡Enorme hipocresía que estamos pagando en todo sentido!
Dios nos ampare.

