Panorama Católico

Santa Teresita y la devoción mariana

Este año la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario coincide con la fiesta de santa Teresita. Les hablaré, entonces, de la devoción mariana de Santa Teresita.

Dos ideas predominan en su devoción a la Santísima Virgen:

Una admiración y veneración inmensas para con Ella.

Un recurso a María como el de una niña a su madre, con total confianza.

Este
año la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario coincide con la fiesta de santa
Teresita. Les hablaré, entonces, de la devoción mariana de Santa Teresita.

Dos
ideas predominan en su devoción a la Santísima Virgen:

Una admiración y
veneración inmensas para con Ella.

Un recurso a María como el de una niña a su
madre, con total confianza.

Hay
que recordar la curación milagrosa que Nuestra Señora de las Victorias concedió
a Teresita cuando todavía era niña. “De repente, la Santísima Virgen me
pareció hermosa, tan hermosa, que nunca había visto nada más bello. Su rostro
respiraba bondad y ternura inefables. Pero lo que me llegó hasta el fundo del
alma fue la encantadora sonrisa de la Santísima Virgen. En aquel momento, todas
mis penas se desvanecieron
”.

Este
acontecimiento está al principio de la devoción mariana de Teresita, sencilla
como ella, totalmente confiada y llena de veneración.

Tenía
también una especial devoción a una estampita de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro. Dirá, en su terrible agonía: “¡Oh Dios mío, oh Dulce Virgen María,
venid en mi socorro

!”

Un
año después de la maravillosa sonrisa de María, escribió esta oración: “Querida
Virgencita, haz que su Teresita no se atormente nunca más
”. Pidamos a menudo la gracia de la paz interior, Dios es un Dios de
paz. El diablo es un eternamente atormentado. Si sufrimos algo, sepamos sufrir
sin atormentarnos, sin perder la paz interior, la cual acompaña siempre la cruz
aceptada. Hay que refugiarse en el Corazón de María que es, decía Teresita, “la
única fortaleza de la que el enemigo no nos puede expulsar”
.

En
los dos últimos meses de su vida, Santa Teresita tuvo dos pensamientos bellos y
muy edificantes sobre la Santísima Virgen; le dejo la palabra:

En el día 21 de agosto (extractos): “¡Cuánto
me hubiera gustado ser sacerdote para predicar sobre la Santísima Virgen! Un
solo sermón me habría bastado para decir todo lo que pienso a este respecto.
(…) Para que un sermón sobre la Santísima Virgen me guste y me aproveche, es
necesario que me haga ver su vida real, no su vida supuesta; y estoy segura que
su vida real fue en extremo sencilla. (…) Sabemos muy bien que la Santísima
Virgen es la Reina del Cielo y de la tierra, pero es MÁS MADRE QUE REINA

, y no se debe decir que a causa de sus prerrogativas eclipsa la
gloria de los santos, a la manera que el sol, al amanecer, hace desaparecer a
las estrellas. ¡Dios mío, qué extraño es esto! ¡Una madre que hace desaparecer
la gloria de sus hijos! Yo pienso todo lo contrario
(¡de hecho las estrellas del manto de la Guadalupana se ven muy
bien! Y no dijo la Virgen a Juan Diego: “Haz lo que te pido porque soy tu
Reina”, dijo: “¿No estoy aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y
protección? ¿No soy yo la fuente de tu vida? ¿No estás bajo los pliegues de mi
manto? ¿Bajo el cobijo de mis brazos? ¿Hay algo más que puede necesitar?”
– Es realmente una Madre la que está hablando –).
Creo,
dice Santa Teresita, que Ella aumentará en
mucho el esplendor de los elegidos. Está bien de hablar de sus prerrogativas,
pero no hay que pararse ahí; si en un sermón se ve uno obligado desde el
principio hasta el fin a exclamar y hacer: ¡Ah, ah!, ya se tiene bastante.
¡Quien sabe si algún alma no llegará hasta a sentir desvío hacia una criatura
tan superior, y se dirá: “Si esto es así, con tal de ir a brillar como se pueda
en algún pequeño rincón”! Lo único en que la Santísima Virgen es superior a
nosotros es que no podía pecar, que estaba exenta del pecado original. Pero por
otra parte, tuvo menos suerte que nosotros, puesto que no tuvo ni tiene a una
Santísima Virgen a quien amar. ¡Es una dulzura más para nosotros, y una dulzura
menos para Ella! En fin, en mi cántico “Por qué te amo, ¡oh María!”, he dicho
todo lo que predicaría sobre ella:

Viniste
a sonreírme de mi vida en la aurora,

¡Sonríeme
en la tarde…, que ya va oscureciendo…!

No
temo el resplandor de tu gloria suprema,

He
sufrido contigo, y ahora yo deseo

Cantar
en tus rodillas, María, por qué te amo,

¡Y,
repetir por siempre que soy tu hija, quiero… ¡
(25ª
y última estrofa).

En el día 8 de setiembre, pocos días antes de
morir, Santa Teresita escribió, al dorso de la estampita de Nuestra Señora de
las Victorias, su última y audaz oración a Nuestra Señora: “¡Oh María, si yo
fuera la Reina del cielo y vos fueseis Teresa, quisiera ser Teresa a fin de que
vos fueseis la Reina del cielo!”
.

Reina
dignísima y ¡más aún Madre que Reina! Y “en comparación con el amor de su
Corazón, ¡los corazones de todas las madres reunidos serían como un trozo de
hielo
!”, afirmó el Santo Cura de Ars.


¿Que será, entonces, queridos hermanos, la Bondad de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor de su Corazón? Un misterio
infinito, un océano sin fin en el cual nuestras almas se sumergen durante la
Comunión, y se sumergirán en la Eternidad del Cielo… Si María es aún más Madre
que Reina, Nuestro Señor, verdadero Dios, nos revela también aún más su
Misericordia que su Gloria eterna (excepto una vez, en su Transfiguración):
desde su nacimiento en Belén hasta su muerte en la Cruz, humildad y caridad fueron
las principales características de su vida terrestre, y lo son en la Sagrada
Eucaristía. Es también lo que todos los santos y santas del Cielo, estén o no
canonizados, tienen en común, ya que son el fundamento de toda santidad.

Queridos
hermanos, del mismo modo, nuestra vida cristiana, religiosa, sacerdotal, debe
seguir ante todo, si no queremos vivir en una tremenda y peligrosísima ilusión,
el ejemplo de Nuestro Señor, humilde, manso, caritativo, paciente, compasivo,
rezando mucho, ofrecido en sacrificio; así agradó, glorificó a su Padre y
cumplió la Obra de la Redención. Si no, ¿para qué tener la fe en la Divinidad
de Nuestro Señor o alguna ciencia sobre la Santísima Trinidad o la Virgen, si
las ofendemos por nuestra falta de humildad y de caridad, como dice la
Imitación de Cristo
?

Pidamos
a Santa Teresita que nos dé su sencillez, su
profunda humildad, su caridad ardiente, para que tengamos, como ella, en particular en este mes
de octubre, una verdadera, inmensa y constante devoción a la Madre de Dios y
nuestra Madrecita, la Virgen del Santo Rosario.

Ave
María Purísima – En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo. Amén.

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