Panorama Católico

Respuesta de la ex hermana Mirna a un objetor

La ex hermana Mirna, de la Hijas del Divino Salvador, que fuera entrevistada por nosotros sobre la situación que vivió cuando la intervención de la Orden de la Madre Antonia de Paz y Figueroa, nos envía en forma privada esta nota, respondiendo a un comentarista, el cual dice que ella no debería de haber tenido vocación religiosa ya que meses después de su expulsión de la orden, se casó.  

La ex hermana Mirna, de la Hijas del Divino Salvador, que fuera entrevistada por nosotros sobre la situación que vivió cuando la intervención de la Orden de la Madre Antonia de Paz y Figueroa, nos envía en forma privada esta nota, respondiendo a un comentarista, el cual dice que ella no debería de haber tenido vocación religiosa ya que meses después de su expulsión de la orden, se casó.  

Creemos pertinente, con el permiso de Mirna, dar a conocer su breve respuesta, porque traduce a palabras la impresión que uno tiene al hablar con ella: a saber, que su vocación religiosa era genuina, y que fue frustrada por la persecución de la que fue víctima. Naturalmente, una mujer joven, 21 años, que había sido religiosa en los últimos años de su vida, extranjera, sin recursos y cruelmente expulsada de todas las casas de la orden, buscó refugio en el matrimonio. 

Su breve nota muestra a las claras lo que queremos decir:


Leí lo que me escribieron y me gustaria decir al respecto que la persona que dijo que 



me hicieron un favor al sacarme del convento



 debería de estar en mi lugar cuando pasé todo esto, para comprender lo que se siente y no juzgar. José, mi marido, fue 




el 




más humano y estuvo conmigo en ese momento. Solo éramos amigos. Me enamoré de él y decidimos formar una familia como Dios manda, ahora tenemos una hermosa hija, de la cual no me arrepiento. 

¡Ojalá ella llegue a ser lo que yo no pude! 




Tampoco me arrepiento de los días que viví en el convento, fueron años muy hermosos, de los cuales agradezco inmensamente a Dios y a las hermanas, 



especialmente a la Madre, Hida Rosa Ledesma.


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