Panorama Católico

¿Qué pensarán san Gregorio y San Agustin?

Allí, después de los salmos y la lectura del Evangelio, el Papa dijo que “la celebración de hoy está marcada por un profundo carácter ecuménico que forma parte del espíritu camaldolense contemporáneo. Este monasterio camaldolense ha establecido lazos con Canterbury y la Comunión Anglicana que son ya tradicionales. La de hoy es la tercera vez que el obispo de Roma se reúne con el arzobispo de Canterbury en la casa de san Gregorio Magno. Y es justo que sea así, porque precisamente en este monasterio, hace algo más de 1.400 años, el Papa Gregorio escogió a Agustín y otros cuarenta monjes para enviarlos a anunciar el Evangelio a los anglos”.

Ciudad del Vaticano, 12 Mar. 12 (AICA)

   

Benedicto XVI mantuvo el pasado sábado un encuentro privado en el Vaticano con el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.
         
          Por la tarde, el líder de la Iglesia anglicana y el Papa pronunciaron sendas homilía en el monasterio romano de San Gregorio Magno al Celio, escenario simbólico de las relaciones entre católicos y anglicanos.
         
          Allí, después de los salmos y la lectura del Evangelio, el Papa dijo que “la celebración de hoy está marcada por un profundo carácter ecuménico que forma parte del espíritu camaldolense contemporáneo. Este monasterio camaldolense ha establecido lazos con Canterbury y la Comunión Anglicana que son ya tradicionales. La de hoy es la tercera vez que el obispo de Roma se reúne con el arzobispo de Canterbury en la casa de san Gregorio Magno. Y es justo que sea así, porque precisamente en este monasterio, hace algo más de 1.400 años, el Papa Gregorio escogió a Agustín y otros cuarenta monjes para enviarlos a anunciar el Evangelio a los anglos”.
         
          El pontífice recordó el testimonio que san Gregorio ofreció a la Iglesia “con un servicio irreprensible y lleno de celo por el Evangelio. Se puede aplicar a Gregorio lo que san Pablo escribió de sí mismo: en él, la gracia de Dios no ha sido vana. Este es, en realidad, el secreto para la vida de todos nosotros: acoger la gracia de Dios y permitir su acción con todo el corazón y todas las fuerzas. Este es también el secreto de la alegría y de la paz profundas”.
         
          “En la base de todo –explicó el Papa- está la gracia de Dios, el don de la llamada, el misterio del encuentro con Jesús vivo. Pero esta gracia requiere una respuesta por parte de los bautizados; requiere el compromiso de revestirse de los sentimientos de Cristo: ternura, bondad, humildad, mansedumbre, magnanimidad, perdón recíproco y, sobre todo, como síntesis y coronamiento, el ‘agape’, el amor que Dios nos ha dado mediante Jesús y que el Espíritu Santo ha infundido en nuestros corazones”.
         
          A continuación, Benedicto XVI recordó que la congregación de los monjes camaldolenses de la Orden de san Benito ha cumplido mil años de historia “nutriéndose cotidianamente de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, tal y como se lo enseñó su fundador, san Romualdo, según el ‘triplex bonum’ de la soledad, la vida en común y la evangelización”. Numerosos santos, beatos y mártires, hombres de ciencia, historiadores, pastores de la Iglesia, “figuras ejemplares de hombres y mujeres de Dios (…) han mostrado los horizontes y la gran fecundidad de la tradición camaldolense”.
         
          Finalmente, el Santo Padre expresó su deseo de que “todos los fieles, católicos y anglicanos, (…) visitando en Roma los sepulcros gloriosos de los santos apóstoles y mártires, renueven también el compromiso de orar constantemente y trabajar por la unidad, para vivir plenamente según aquel ‘ut unum sint’ que Jesús dirigió al Padre”.
         
          Por su parte, el arzobispo Rowan Williams se refirió también a la comunión “cierta aunque imperfecta” entre la Iglesia Católica y la Anglicana. Ambas comparten “la visión de la restauración de la plena comunión sacramental, de una vida eucarística que sea plenamente visible, y, por tanto, de un testimonio plenamente creíble, de modo que el mundo, confuso y atormentado, pueda entrar en la luz acogedora y transformadora de Cristo”. Al mismo tiempo, “nuestro reconocimiento del único Cuerpo en la vida corporativa del otro es inestable e incompleto. Sin embargo, sin tal reconocimiento definitivo no somos totalmente libres para compartir el poder transformador del Evangelio en la Iglesia y en el mundo”.
         
          Al concluir las vísperas, el Santo Padre y el Arzobispo de Canterbury se dirigieron a la capilla de San Gregorio, donde encendieron dos cirios para honrar la memoria de san Gregorio Magno y de san Agustín de Canterbury.
         
          El templo recuerda la tarea evangelizadora de San Gregorio el Grande, quien partió en el siglo VI a convertir las islas británicas.
         
          Fue la tercera visita en 20 años de un líder anglicano al Vaticano, después de las que realizaron sus antecesores en 1989 y 1996, durante el papado de Juan Pablo II.+

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