Panorama Católico

Premuras y Rémora

 Recientemente, al celebrar la Santa Misa en Luján, el Cardenal Jorge Bergoglio cambió la fórmula de la Consagración.  Con lo cual adelantaría  modificaciones en el lenguaje de las ceremonias que entrarán en vigencia próximamente. Algunas consisten básicamente, por lo que se sabe, en la expurgación del término “vosotros” sustituido por “ustedes” y el cambio de las palabras “tomad” por “tomen”, “comed” por “coman”, “haced” por “hagan”, “orad” por “oren”, etc. Todo explicado por el reemplazo de un tratamiento elitista o distante. Aunque, paradójicamente, el pronombre “ustedes” que ha abierto la brecha, es el plural de “usted”, cuya raíz cortesana -“vuestra merced”- más bien refleja un trato alejado y ceremonioso…*

 Recientemente, al celebrar la Santa Misa en Luján, el Cardenal Jorge Bergoglio cambió la fórmula de la Consagración.  Con lo cual adelantaría  modificaciones en el lenguaje de las ceremonias que entrarán en vigencia próximamente. Algunas consisten básicamente, por lo que se sabe, en la expurgación del término “vosotros” sustituido por “ustedes” y el cambio de las palabras “tomad” por “tomen”, “comed” por “coman”, “haced” por “hagan”, “orad” por “oren”, etc. Todo explicado por el reemplazo de un tratamiento elitista o distante. Aunque, paradójicamente, el pronombre “ustedes” que ha abierto la brecha, es el plural de “usted”, cuya raíz cortesana -“vuestra merced”- más bien refleja un trato alejado y ceremonioso…*

         Cualesquiera sean las explicaciones, no parece que alcancen para justificar la premura de estos cambios. Sobre todo confrontándola con la lentitud o pasividad frente a determinados sucesos que están ocurriendo en los últimos tiempos. Abusos admitidos en el templo sin oposición alguna; sumados a las extrañas ceremonias promiscuas, a la “teodanza” y las frecuentes invenciones caseras de algunos oficiantes.

Moda y derrota   Señalaba un observador prevenido, que en la actualidad es común que muchas chicas, señoritas y señoras, anden forradas en estrechas camisas y -sin exagerar- pantalones como pintados sobre los glúteos, muslos y pubis. Seguro, sin intención de seducir, pero inevitablemente resaltando aspectos aptos para inquietar al otro sexo. Más todavía con la cadencia del andar y el moderno desenfado gestual. Al pronunciarse el calor –diría el crítico- las breves remeras pegadas al cuerpo mostrarán fatalmente el ombligo y anticipos de ropa interior, con asomo de la cadera y el final de la espalda. Las piernas, sí, cubiertas con botas marciales.

                  Es evidente en verdad, que está imperando la moda “sexy” en todas partes. En el colegio, en el trabajo y hasta en la iglesia… siendo imposible ignorar la conmoción que tales exhibiciones producirán en los muchachos. Todo en fin robustece las viejas advertencias sobre el influjo de la moda en los hábitos decadentes. Hasta llegar a lo más grave, al reconocerse la derrota catastrófica que en esto sufre la Iglesia, otrora tan celosa de las costumbres y del respeto al templo. Adonde  también los hombres de cualquier edad suelen concurrir con atuendos indecorosos; desde shorts o pantalones de gimnasia, a musculosas y chancletas…  Se habla con derrotismo de la tiranía de la moda, pero cabe pensar que pese a la desproporción entre la marea que inunda los usos y las magras posibilidades disuasivas o correctivas, podría hacerse algo… Por lo menos en los templos. Y aquí se complica más el enredo, porque hoy día no se percibe en ellos ninguna diferencia con la calle; incluso a veces permitiéndose escenas inconcebibles…

                    No cabe duda que al poner freno a las irreverencias, adicionalmente se contribuiría a la compostura varonil; a la vez suscitando el antiguo recato, pudor, decencia, honestidad y demás cualidades femeninas, ahora reemplazadas por la venta de “rubor” en las perfumerías. Tal vez podría ser un lema positivo ¡Volver al saco y a las faldas! …

                        Pero desgraciadamente los nuevos vientos, ya bastante tempestuosos, han aflojado las defensas y prácticamente no se habla más que de “inclusión” y otras inquietudes socioeconómicas de ese tipo. Hasta parecerían preteridas las antiguas advertencias morales. No hace mucho, en ocasión de referirse al documento de “Aparecida”, el señor Cardenal pidió a los sacerdotes que “no sean puritanos y no centren sus homilías en los aspectos morales, sino en el anuncio de Jesucristo. Hablamos de lo moral porque es más fácil. Además, y esto es mal gusto, se eligen temas de la moral matrimonial y los vinculados al sexto mandamiento porque parecen más coloridos. Así damos una imagen de Iglesia tristísima» (cfr. La Nación, 2.10.07). Por supuesto que estas palabras, traídas aquí con todo respeto y sin descartar quizás alguna impropiedad periodística en la extracción del

PREMURAS Y RÉMORA

 Recientemente, al celebrar la Santa Misa en Luján, el Cardenal Jorge Bergoglio cambió la fórmula de la Consagración.  Con lo cual adelantaría  modificaciones en el lenguaje de las ceremonias que entrarán en vigencia próximamente. Algunas consisten básicamente, por lo que se sabe, en la expurgación del término “vosotros” sustituido por “ustedes” y el cambio de las palabras “tomad” por “tomen”, “comed” por “coman”, “haced” por “hagan”, “orad” por “oren”, etc. Todo explicado por el reemplazo de un tratamiento elitista o distante. Aunque, paradójicamente, el pronombre “ustedes” que ha abierto la brecha, es el plural de “usted”, cuya raíz cortesana -“vuestra merced”- más bien refleja un trato alejado y de cortesía…*

         Cualesquiera sean las explicaciones, no parece que alcancen para justificar la premura de estos cambios. Sobre todo confrontándola con la lentitud o pasividad frente a determinados sucesos que están ocurriendo en los últimos tiempos. Abusos admitidos en el templo sin oposición alguna; sumados a las extrañas ceremonias promiscuas, a la “teodanza” y las frecuentes invenciones caseras de algunos oficiantes.

Moda y derrota   Señalaba un observador prevenido, que en la actualidad es común que muchas chicas, señoritas y señoras, anden forradas en estrechas camisas y -sin exagerar- pantalones como pintados sobre los glúteos, muslos y pubis. Seguro, sin intención de seducir, pero inevitablemente resaltando aspectos aptos para inquietar al otro sexo. Más todavía con la cadencia del andar y el moderno desenfado gestual. Al pronunciarse el calor –diría el crítico- las breves remeras pegadas al cuerpo mostrarán fatalmente el ombligo y anticipos de ropa interior, con asomo de la cadera y el final de la espalda. Las piernas, sí, cubiertas con botas marciales.

                  Es evidente en verdad, que está imperando la moda “sexy” en todas partes. En el colegio, en el trabajo y hasta en la iglesia… siendo imposible ignorar la conmoción que tales exhibiciones producirán en los muchachos. Todo en fin robustece las viejas advertencias sobre el influjo de la moda en los hábitos decadentes. Hasta llegar a lo más grave, al reconocerse la derrota catastrófica que en esto sufre la Iglesia, otrora tan celosa de las costumbres y del respeto al templo. Adonde  también los hombres de cualquier edad suelen concurrir con atuendos indecorosos; desde shorts o pantalones de gimnasia, a musculosas y chancletas…  Se habla con derrotismo de la tiranía de la moda, pero cabe pensar que pese a la desproporción entre la marea que inunda los usos y las magras posibilidades disuasivas o correctivas, podría hacerse algo… Por lo menos en los templos. Y aquí se complica más el enredo, porque hoy día no se percibe en ellos ninguna diferencia con la calle; incluso a veces permitiéndose escenas inconcebibles…

                    No cabe duda que al poner freno a las irreverencias, adicionalmente se contribuiría a la compostura varonil; a la vez suscitando el antiguo recato, pudor, decencia, honestidad y demás cualidades femeninas, ahora reemplazadas por la venta de “rubor” en las perfumerías. Tal vez podría ser un lema positivo ¡Volver al saco y a las faldas! …

                        Pero desgraciadamente los nuevos vientos, ya bastante tempestuosos, han aflojado las defensas y prácticamente no se habla más que de “inclusión” y otras inquietudes socioeconómicas de ese tipo. Hasta parecerían preteridas las antiguas advertencias morales. No hace mucho, en ocasión de referirse al documento de “Aparecida”, el señor Cardenal pidió a los sacerdotes que “no sean puritanos y no centren sus homilías en los aspectos morales, sino en el anuncio de Jesucristo. Hablamos de lo moral porque es más fácil. Además, y esto es mal gusto, se eligen temas de la moral matrimonial y los vinculados al sexto mandamiento porque parecen más coloridos. Así damos una imagen de Iglesia tristísima» (cfr. La Nación, 2.10.07). Por supuesto que estas palabras, traídas aquí con todo respeto y sin descartar alguna impropiedad en la extracción de contexto, sólo pueden interpretarse en resguardo de la alegría espiritual. Pero hay que reconocer que en todo caso tampoco alertan sobre las asechanzas del momento en todas partes.

                   En apoyo de la inquietud por las exigencias olvidadas, acude un aporte inesperado. Hace pocos años apareció en los diarios la siguiente noticia: “En el Estado norteamericano de Virginia se aplicarán multas a los hombres y mujeres que usen los pantalones caídos, mostrando los calzoncillos y los hilos de las tangas de manera lasciva e indecente.Ropa interior es llamada ropa interior por algo’, afirmó en nombre del buen sentido un legislador apoyando la iniciativa”. (“La Nación”, 10 de Febrero de 2005, pág.3).

                         Cabe pensar respetuosamente, que todo esto tendría prioridad sobre empeños tan curiosos como el rebajamiento del lenguaje al paladar de hipotéticas exigencias populares.       

* Es muy notable el gusto o la tendencia inversa del vulgo, que por momentos utiliza palabras rebuscadas para las cosas o hechos más triviales. Recién se escuchaba que el plantel de “fulbo” estaba merendando; que la gente “descendía”, no bajaba por las escaleras; que había que “transitar” -no andar-   por la “senda -no por el camino- etc. Todo absolutamente al revés del supuesto halago buscado al degradar el idioma.

Octubre de 2009

 contexto, sólo pueden interpretarse en resguardo de la alegría espiritual. Pero hay que reconocer que en todo caso tampoco alertan sobre las asechanzas del momento en todas partes.

                   En apoyo de la inquietud por las exigencias olvidadas, acude un aporte inesperado. Hace pocos años apareció en los diarios la siguiente noticia: “En el Estado norteamericano de Virginia se aplicarán multas a los hombres y mujeres que usen los pantalones caídos, mostrando los calzoncillos y los hilos de las tangas de manera lasciva e indecente.Ropa interior es llamada ropa interior por algo’, afirmó en nombre del buen sentido un legislador apoyando la iniciativa”. (“La Nación”, 10 de Febrero de 2005, pág.3).

                         Cabe pensar respetuosamente, que todo esto tendría prioridad sobre empeños tan curiosos como el rebajamiento del lenguaje al paladar de hipotéticas exigencias populares.       

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* Es muy notable el gusto o la tendencia inversa del vulgo, que por momentos utiliza palabras rebuscadas para las cosas o hechos más triviales. Recién se escuchaba que el plantel de “fulbo” estaba merendando; que la gente “descendía”, no bajaba por las escaleras; que había que “transitar” -no andar-   por la “senda -no por el camino- etc. Todo absolutamente al revés del supuesto halago buscado al degradar el idioma.

Octubre de 2009

Comentarios

Anónimo
20/10/2009 a las 6:44 pm

Entonces, podemos suponer que él quiere que le digamos:
Ché, vos, cardenal. Cómo andás?

Y ya no pedirá un : «recen por mí», que le era tan característico, sino un: «échense un Gloria y alguito más pa’ muá».

No sé, digo yo.



    Anónimo
    20/10/2009 a las 10:49 pm

    No se hagan tanta mala sangre…
    … si al final son sólo palabras. Mismo tema que con el famoso caso del rito ordinario y extraordinario. Si nos ponemos rigurosos con las palabras, nos vamos a quedar sin acuerdo., y eso, dado el avance que ya se lleva no nos lo podemos permitir.
    Rogelio



      Anónimo
      21/10/2009 a las 1:57 pm

      SOLO PALABRAS
      Querido Rogelio, cuando se llega a creer que las palabras son sólo palabras, todo está perdido. ¿Que puedo esperar de usted si le pido que «me dé su palabra»? San Juan, en aquel primer capítulo glorioso de su Evangelio, habla del Verbo. Todo el problema moderno es un problema de «palabras». No quiero dar un curso de linguística, pero rebobine, el acuerdo pasa por ser riguroso con las palabras. En el serlo o no serlo estriba toda la discusión. DARDO



Anónimo
25/10/2009 a las 1:25 am

liturgia y gramática
Si Nuestro Señor hubiese hablado en castellano. lo habría hecho con la debida corrección, sin recurrir a modismos vulgares reprobados en todas las escuelas de la Iglesia.
¿Cómo enseñaran los maestros y profesores de los colegios católicos a conjugar los verbos?
Valdegamas



Anónimo
26/10/2009 a las 12:06 pm

No estoy de acurdo cuando se
No estoy de acurdo cuando se dice que el Cardenal se adelantó a los cambios, ya que el cambio está permitido desde el 15 de agosto del corriente año, lo que pasa es que el Misal nuevo no llegó todavía a todas las diócesis, algunas ya lo tienen. La obligatoriedad para toda la Iglesia será el primer domingo de curesma, lo que no impide que ya se comience a utilizar el Misal nuevo. Sería interesante que antes de emitir una opinión se informen más acerca de lo que se está opinando.



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