Pironio a los Altares: la restauración de los ’70
«…se me acercó Monseñor Pironio, que acababa de participar de una de las sesiones del Sínodo donde se estaba tratando el tema de la Justicia en el Mundo, y me saludó con un abrazo». Clelia Luro
«En la mañana del 24, mientras desayunaba en un bar de la vía de la Conciliación, sentada a una mesita de la vereda, junto con una religiosa norteamericana que conocí en «Operación Sínodo» y con la que conversaba sobre el aporte del grupo belga denominado «Hommes et femmes dans l’Eglise», se me acercó Monseñor Pironio, que acababa de participar de una de las sesiones del Sínodo donde se estaba tratando el tema de la Justicia en el Mundo, y me saludó con un abrazo.
Clelia Luro, concubina de Mons Jerónimo Podestá, ex obispo de Avellaneda
Roma, 24 de octubre de 1971
Subirá a los altares el inventor de las Jornadas Mundiales de la Juventud
El viernes avanzará un nuevo paso la causa del argentino Pironio. Sus relaciones con Bergoglio y con Romero. Fue “papable” en dos Cónclaves
por Marino Galdiero
“Un hombre pascual”, dice el padre Giuseppe Tamburrino, el benedictino que reside en la abadía de Praglia, en la provincia italiana de Padua, y actúa como postulador de la causa de beatificación del Siervo de Dios Eduardo Pironio. No hay más que mirar una foto de este argentino -hijo de inmigrantes friulanos de Percoto, una pequeña población de Pavía de Údine- y la sonrisa que muestra la imagen, para comprender qué significa reflejar la resurrección en el rostro. Por otra parte, un rasgo característico de su personalidad era vivir con alegría y buscar en la amistad un camino hacia la santidad. “Un hombre de oración, un hombre de alegría, promotor de comunión y pastor atento a los problemas de hoy”, agrega el padre Tamburrino para completar el retrato. Retomando cada uno de los términos de lo que puede parecer una descripción escueta va tomando forma la imagen de una personalidad que en algunos aspectos se asemeja a la del Papa Francisco. “No conozco la relación que puede haber tenido Pironio con Bergoglio. Más allá de la diferencia de edad (Pironio nació en 1920 y Bergoglio en 1936 ndr), ambos reflejan la misma espiritualidad y el mismo estilo pastoral”, confirma el postulador.
En realidad ellos se conocían bastante bien. En 2002, por ejemplo, se realizó un seminario de estudios dedicado al cardenal Pironio en la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires, de la que Pironio fue uno de los fundadores y primeros profesores. En esa oportunidad, el cadenal Bergoglio dijo en la homilía de una misa: “Cuando daba, se daba todo él mismo, nunca daba sin darse. Siempre ponía el corazón en todo lo que daba. Cuando tenía que dar algo, un consejo o cualquier otra cosa, lo hacía con todo el corazón. Le gustaba hablar de la pobreza, y ésta era una dimensión de su vivir la pobreza: darse, despojarse”. La relación nació en los años en que Pironio era obispo auxiliar de La Plata (desde 1964 hasta 1972, después fue obispo de Mar del Plata), y Bergoglio Provincial de los Jesuitas. “Era un hombre humilde, sencillo y pobre; hombre de fe, de esperanza en las adversidades, de caridad: cuando una persona estaba con él, él se daba todo, como si no tuviera ninguna otra cosa en qué pensar”, agrega el padre Tamburrino.
El cardenal Pironio ascendió a los niveles más altos del episcopado en años tumultuosos; ocupó el cargo de Secretario y posteriormente de Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano. Encabezó dos convocatorias decisivas para la Iglesia, la segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín en 1968 y la de Puebla en 1979, momentos fundamentales tanto por la traducción del Vaticano II a la realidad de América Latina como por la introducción de la expresión “opción preferencial por los pobres”, anticipada por Juan XXIII el 11 de septiembre de 1962 en un radiomensaje: “La Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres”. Por otra parte mantenía relación y sintonía, ya antes de ser llamado a Roma por Pablo VI en 1975 como Prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada, con el cardenal Antonio Quarracino y con monseñor Romero. Con este último en particular compartía la suerte de ser considerado un progresista. El beato obispo de San Salvador registra en su diario una conversación que tuvo con Pironio en el Vaticano. Le confíó que había sido acusado de ser un instrumento del comunismo en América Latina. Y Pironio le respondió: “No me sorprende, ya que han publicado un libro sobre mí con el título “¿Pironio, pirómano?”. El mismo Bergoglio recuerda que Pironio había sufrido “la sospecha y la calumnia”.
Le pregunto al padre Tamburrino qué era lo que no gustaba del cardenal Pironio y si es cierto que tomó mal que lo transfirieran al Pontificio Consejo para los laicos: «En el Vaticano no agradaba su actitud de sencillez, de humildad. Tomó mal que lo trasladaran al Consejo para los laicos porque sospechaba que tal vez alguien había maniobrado para que hicieran ese cambio que parecía un retroceso, de Prefecto de Congregación a Presidente de un Consejo. Después estuvo contento, sobre todo por las palabras que le dijo Pablo VI: “Lo mandé a los Laicos porque son la mayoría de los cristianos. Usted, en los ejercicios espirituales, nos habló de la Iglesia, haga lo mismo con ellos”. Como me parece, por otra parte, que el estilo del Papa Francisco, muy semejante al de Pironio, tampoco es del agrado de algunos hombres de la curia».
En Roma, el argentino de rostro sonriente fue protagonista y adquirió influencia. De él dependió la renovación de las Reglas y Constituciones de casi todos los Institutos de vida consagrada, de él dependió la organización y dirección de las Jornadas mundiales de la Juventud. Su nombre fue uno de los papables en dos cónclaves, el de 1978, a la muerte de Montini, y poco después de Luciani. Una vida intensa, al servicio de la Iglesia y de los jóvenes que terminó el 5 de febrero de 1998 en Roma. En esa misma ciudad se cierra, el 11 de marzo próximo, la fase diocesana de la beatificación. El reconocimiento del título de beato se debe también a un milagro que en este caso “ocurrió en Argentina –explica el padre Tamburrino-, en la ciudad de Mar del Plata. Es la curación de un niño que había tragado y respirado polvo de cobre; fue internado en el hospital; a la madre del niño le dieron una estampa del Cardenal Pironio con una oración, que ella y muchas otras personas rezaron. Pocos días después el niño fue dado de alta completamente curado y desde entonces no ha tenido ninguna otra consecuencia”.
Fuente: Caminos Religiosos
De Mons. Pironio podemos decir algunas cosas de fuente directa: porque pertencimos a la diócesis de la que fue auxiliar y recibimos confidencias de religiosos que lo trataron muy cercanamente. También conocimos al autor del «Pironio Pirómano», que resumió en su breve opúsculo los hechos y declaraciones que lo ligaban a los movimientos guerrilleros setentistas.
Fue retirado de la Argentina porque el gobierno militar, pese a los pedidos de Roma a favor de los curas de izquierdas e inclusive comprometidos directamente en la acción armada, a los que era sensible a pesar de lo que se diga ahora, no podía garantizar su seguridad. No todos los sectores militares tenían tanta comprensión hacia los defensores de la inmunidad del clero para liarse con los guerrilleros. Declaró al diario izquierdista La Opinión, de Jacobo Timmerman, el 22 de febrero de 1973:
—¿Cómo definiría usted a los sacerdotes para el Tercer Mundo, especialmente los de la Argentina?
—Es sin duda un movimiento religioso, con una admirable disposición de dar y de entrega. Es también una lección de compromiso y, en muchos casos, de heroísmo. Por su inserción real en el contexto social no deja de ser una experiencia altamente positiva. Yo no tengo ningún problema con los sacerdotes del Tercer Mundo. Soy amigo de muchos de ellos, no tengo en mi diócesis ninguna posición restrictiva a su trabajo, ni creo que deban censurarse a nivel nacional.
Recuerdo una conversación con una religiosa, fallecida hace ya muchos años. Hablo en nombre personal, pero había otros en esa charla. Ella había tratado mucho a Pironio y le guardaba afecto personal. Pironio solía presentarse con modos muy suaves y una aparente humildad, una combinación que difícilmente pudiera disgustar a las religiosas.
Pero esta era cabal hija de Santa Teresa, y tenía mucho de la inteligencia de su fundadora. Con palabras admirables, las recuerdo hoy como si no hubiesen pasado 40 años, me advertía sobre la falsa humildad y los desvíos doctrinales del entonces prefecto de los religiosos. Palabras que no eran un juicio personal sino una descripción de hechos. A poco, Pironio desde Roma llevó adelante una guerra sin cuartel contra la regla de Santa Teresa, en la que sus antes visitadas y elogiadas sufrieron presiones y acosos brutales por su lealtad. No les valió el conocimiento y profesada amistad de Pironio.
Para quienes deseen leer el libro que él mismo, según la nota, se resentía como un acto de incomprensión, pueden hacerlo aquí on line. Con la salvedad de que es un libro escrito en momentos de extrema violencia política, en la que muchos sacerdotes y religiosos participaron activamente a favor de los movimientos pro marxistas, lo cual explica su enfoque, aunque no invalida su carácter documental.

