Otra joya para el episcopado Sudamericano
¡Pobre Uruguay! Tan lejos de Dios y tan cerca de la Masonería. Le nombran un arzobispo de Montevideo que promete las mejores relaciones con el mundo.
-¿Cuáles cree usted que son los principales desafíos que tiene la Iglesia en Uruguay?
-El gran desafío es la comunicación. Yo estoy convencido que la fe cristiana es un tesoro y lo que da sentido a la vida. Entonces, estar tan convencido de algo y ver que mucha gente se aleja de la Iglesia, es un dolor enorme. Y entiendo que se debe a que tenemos un problema de comunicación. No somos capaces de comunicarlo con la fuerza necesaria para entusiasmar a la gente.
-Justamente, el papa Francisco ha sido crítico con la actitud de los curas y dijo que dan sermones aburridos y malos. En Uruguay hay pocos practicantes. Cada vez menos católicos. Cada vez menos se casan por la Iglesia. ¿Dará alguna directiva a los curas en ese sentido?
-Si bien creo que hay cosas para mejorar, los sacerdotes uruguayos son en su inmensa mayoría muy buena gente, muy buenos curas y se rompen el alma trabajando y no reciben mucha gratificación porque no es como en otros países de América en los que el sacerdote es una persona a la que se le tiene mucha reverencia, respeto y estima. En Uruguay es `che cura`.
-En una entrevista dijo que una de las primeras cosas que quiere hacer es hablar con los curas. ¿Por qué?
-Sí, yo lo primero que quiero hacer es escucharlos, compartir y aprender de ellos. La idea es pensar juntos, a la luz de lo que es la maravilla del papa Francisco para la Iglesia, cómo podemos comunicar mejor la alegría del Evangelio. De hecho ya he estado con grupos de curas y para la semana que viene tengo fijados encuentros, de carácter informal, para ir compartiendo, hablando y pensando juntos.
-Un sacerdote está en contacto con la gente, escucha sus preocupaciones. ¿Qué le dicen? ¿Qué desvela a los uruguayos?
-Hay una preocupación por el sentido de la vida. Hay muchos uruguayos que no encuentran sentido a la vida. A mí como educador me duele en el alma, sobre todo cuando veo a los jóvenes que viven como consumiéndola en lugar de vivirla con intensidad. Creo que éste es el tema central. Cuando uno ve el tema de la natalidad de Uruguay es necesario saber que atrás de un pueblo que no tiene muchos hijos hay un pueblo que se va entristeciendo y eso nos habla de un problema de sentido de la vida. Después están las preocupaciones que ya todos conocemos: educación y seguridad.
-En la misa en la Gruta de Lourdes, el pasado lunes, cuando se anunció que usted sería el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno dijo que seguía la misma música con distinto director de orquesta. ¿Usted continuará la misma línea que Cotugno?
–Yo creo que cada uno cumple su ciclo y vive su etapa. Creo que ahora ha terminado una etapa y comienza otra. Al mismo tiempo la Iglesia no empieza conmigo ni terminará conmigo, hay una continuidad. Pero después cada persona que está al frente le da su propio color. A mí me gusta el trabajo en equipo, entonces no sólo va a ser importante marcar un estilo personal, sino también trabajar con el obispo auxiliar, los sacerdotes, los consagrados y los laicos y entre todos darle rostro a la Iglesia.
-¿Cómo ve el fenómeno que se ha generado en torno al papa Francisco?
-En una Iglesia que estaba atravesando momentos difíciles y que parecía, según la opinión de muchos, que había un cierto languidecer de la Iglesia en muchos aspectos, el papa Francisco vino a revitalizarla. Es un soplo del Espíritu Santo. Y quiero destacar que si está él es porque antes hubo un Papa con el coraje impresionante de Benedicto XVI. El gesto de su renuncia supone la humildad de quien sabe que la Iglesia no la guía él sino el Espíritu Santo.
-¿Cuál es la mejor enseñanza que cree usted ha dado hasta ahora el papa Francisco?
-La alegría del Evangelio, que todos tenemos que mirar a los que más necesitan y la misericordia de Dios. (…)
-El gobierno aprobó el año pasado la legalización del aborto. ¿Qué opina?
–Creo que hay que mirar para adelante porque la ley ya está aprobada. Y ahí lo importante es la Iglesia que sale a curar heridas de la sociedad, que sigue defendiendo la vida del concebido, desde el primer momento de la concepción hasta la muerte natural.
-También se aprobó la legalización de la marihuana. ¿Cómo ve usted, que ha estado en permanente contacto con los jóvenes, esta ley?
-Ese es un tema muy complejo. Por supuesto que la marihuana es una droga y es mala. Pero después de escuchar argumentos a favor y en contra, sinceramente, no tengo una opinión totalmente conformada. Creo que los que promueven la ley tienen la buena intención de poner un freno al narcotráfico y de algún modo impedir que nuestros jóvenes den más pasos en la droga. Lo que se ha hecho hasta ahora no ha tenido mucho resultado. La ley que se aprobó tiene fallas pero entiendo que tenemos que buscar formas para salvar a los jóvenes de la droga.
-¿Qué tipo de fallas?
-Me hace ruido hasta dónde el Estado será capaz de controlar la producción y distribución de la marihuana.
-¿Qué opina de la ley que aprobó el matrimonio homosexual?
–Lo mismo, ya fue aprobada, hay que mirar para adelante. Yo estoy en contra de esa ley pero creo que lo que vale es la dignidad humana más allá de la condición sexual. Yo defiendo la familia, constituida por hombre y mujer, defender que estas familias sean generosas en la transmisión de la vida y al mismo tiempo sentir un enorme respeto por las personas que forman una pareja homosexual. Es un error llamarle matrimonio, creo que es un error que se les permita la adopción pero entiendo que se busquen soluciones legales.
Fuente: Redes Cristianas
Comentario Druídico: Si no fuera grosero, uno diría que el nuevo arzobispo se está haciendo el bol… pero es grosero.

