¿Obispos sin honores ni poderes?
«El espiscopado –subrayó Francisco– es un don de servicio, no es un honor, y al obispo compete más el servicio que el dominio, según el mandamiento del Maestro, “que quien sea mayor entre ustedes, se vuelva como el más pequeño, como aquel que sirve”». «Siempre en servicio, siempre en servicio», subrayó.
Antes del largo y sugerente rito de ordenación, en el que participaron numerosos cardenales y obispos, entre los que había dos Secretarios de Estado eméritos (Angelo Sodano y Tarcisio Bertone), el Papa pronunció una breve homilía, en la que explicó que ser obispo no debe ser considerado un honor, sino un servicio, y que el pastor debe ser hombre de oración.
«El spiscopado –subrayó Francisco– es un don de servicio, no es un honor, y al obispo compete más el servicio que el dominio, según el mandamiento del Maestro, “que quien sea mayor entre ustedes, se vuelva como el más pequeño, como aquel que sirve”». «Siempre en servicio, siempre en servicio», subrayó.
«Recuerden aquel primer conflicto en la Iglesia de Jerusalén –añadió el Papa–, cuando los obispos tenían demasiado trabajo y decidieron nombrar a los diáconos para tener tiempo para rezar y predicar la Palabra: un obispo que no reza –dijo elevando la voz– es un obispo a medio camino, y, si no reza al Señor, acaba en la mundanidad».
Otro aspecto sobre el que insistió Francisco fue «el amor del obispo»: «amen, amen con amor de padre y de hermanos –exhortó Bergoglio– a todos los que Dios les confía, sobre todo amen a los presbíteros y a los diáconos, son sus colaboradores, son los más próximos del prójimo para ustedes. Nunca hagan esperar a un presbítero en audiencia –aconsejó–, respondan inmediatamente, estén cerca, cerca de ellos». Como bien se sabe, Bergoglio en Buenos Aires creó una línea de teléfono directa para que sus sacerdotes pudieran llamarlo, hablarle en cualquier momento y concretar encuentros.
Pero el Papa también pidió a los dos nuevos obispos que estén cerca de «los pobres, los indefensos y cuantos necesitan acogida y ayuda». Además invocó la atención hacia los fieles como colaboradores del compromiso apostólico y «atención a todos los que no pertenecen al único rebaño de Cristo».
Una vez más, como hizo cuando pronunció el discurso a los obispos italianos y en el que dedicó a los nuncios apostólicos en junio, Francisco trazó el perfil del obispo alejado absolutamente del perfil del “príncipe” que vive casi aislado y del “manager”.
Fuente: Inside The Vatican
Comentario Druídico: uno no termina de sorprenderse de los dichos de Francisco. Son desconcertantes, nos dejan perplejos. “ser obispo no debe ser considerado un honor, sino un servicio”. ¿Por qué no ambas cosas? Honor porque se inviste la representación de los apóstoles, se es un sucesor de ellos. Esto es un honor, ciertamente, y no se puede negarlo a riesgo de menospreciar a los apóstoles, desmereciendo el extraordinario privilegio que Nuestro Señor les concedió al elegirlos de entre millones de hombres para constituir el grupo de sus dilectos, el colegio apostólico.
La otra observación de Francisco que nos apabulla es la siguiente: “al obispo compete más el servicio que el dominio”. Descartando que por “dominio” se entienda aquí el uso abusivo del poder, tampoco se ve contradicción entre el servicio que el obispo presta y su potestad de régimen, o de gobierno, la cual implica el ejercicio del poder que le ha sido acordado para servir a los cristianos. El poder es dominio, palabra que se relaciona con “dominus”, nombre que le damos no solo a los obispos (excellentisimus dominus…) sino a Nuestro Señor y a Nuestra Señora (señor = dominus), a quienes honramos como Rey y Reina (y si alguien enseñorea es un rey, precisamente). Tampoco entendemos la obsesión de descalificar a los “príncipes”, como si la misma palabra no fuese aplicada a Jesús (Príncipe de la Paz), a los Apóstoles respecto del resto de los cristianos, y de entre ellos a Pedro, príncipe de los Apóstoles; a San Miguel Arcángel, principe de las milicias celestiales, y a tantos santos gobernantes cristianos, que los papas han elogiado y honrado en su potestad terrenal, y a cuya asistencia la Sede Petrina se salvó de la ruina muchas veces.
Durante la coronación del rey de Francia, el obispo, de pie, recibía de parte del príncipe el acto de sumisión a su potestad espiritual por medio de una genuflexión. Luego de la coronación, el rey de pie, recibía del obispo el acto de acatamiento a su potestad temporal por medio de una genuflexión. No sería mala idea recordar la riqueza y significación de los ritos de la Iglesia.
Si por «príncipe» Francisco quiere decir algo así como “oligarca” (recordemos su alusión despectiva a los “príncipes del renacimiento” que perdían el tiempo escuchando música) nos parece un uso inadecuado, más propio de mitín político o de discurso de barricada.
Parece que el papa reinante tiene algún sentimiento adverso a la nobleza. Algo así deslizó cuando en el reportaje concedido al ateo fundador del diario La Reppublica habló de la Curia como “corte”.
Repasando el Código de Derecho Canónico encontramos claramente definidas las funciones de la Curia romana hasta en detalles que sería gravoso reproducir aquí. Todas estas funciones son de servicio al Papa, a quien desde San Gregorio Magno se denomina Servus servorum Dei. Siervo de los Siervos de Dios. Y a la Iglesia toda.
Una definición que está lejos de conflictuar con el ejercicio del poder o potestad de régimen querida por Dios y claramente definida por la Iglesia.

