Nullam partem: amistosa respuesta vaya a saber a quién…
Si Ud. acepta que el Papa es el Papa, está aceptando que tiene para con él ciertas obligaciones y claramente un estado de comunión. En la misa, la conmemoración del Papa (Una cum…) es un acto de comunión.¿Reza o no reza Ud. por el Papa? ¿Dónde queda su nullam partem? No toda vinculación que se tenga con el Papa, o la jerarquía, significa «comunión» con los errores que profesan.
Dice Ud.
Marcelo.
A esta altura solo da para decir una cosa: NULLA PARTEM HABEMUS
El modernismo es herejía.
Los que la profesan son herejes.
Los que están en comunión o buscan estarlo con los herejes, son A FIDE DEVIUS.
A esta y a cualquier altura. Lo mismo vale para hoy que para el siglo III.
Dice Ud.
Roma ES modernista; los pro-acuerdo buscan estar en «plena comunión» con los modernistas.
Ergo, no son católicos.
Esto es una demasía y un disparate. Roma son varias Romas. El Papa mismo parece ser varios papas. Le recuerdo el concepto del P. Meinvielle sobre la Iglesia de la Fe y la Iglesia de la publicidad.
Si Ud. niega que el Papa sea el Papa, es otra discusión en la que no participo.
Si Ud. acepta que el Papa es el Papa, está aceptando que tiene para con él ciertas obligaciones y claramente un estado de comunión. En la misa, la conmemoración del Papa (Una cum…) es un acto de comunión.¿Reza o no reza Ud. por el Papa? ¿Dónde queda su nullam partem? No toda vinculación que se tenga con el Papa, o la jerarquía, significa «comunión» con los errores que profesan.
La comunión tiene tres aspectos principales: uno, el fundamental, es la Fe. No hay comunión sin Fe común y verdadera.
Otro es la Caridad: se rompe la comunión cuando a pesar de la Fe se viola la ley de la Caridad. Esto se da en el cisma, y con frecuencia en las rencillas entre católicos.
Un tercer aspecto es el jurídico o canónico. Aquí “comunión” significa el cumplimiento de ciertas leyes eclesiásticas (que no son desdeñables ni insignificantes en importancia). Pero, a pesar de esta importancia, están subordinadas al fundamento de la Fe y de la Caridad.
Como se sabe, no hay Caridad sin Fe, y no hay Fe perfecta sin Caridad. Puede haber una adhesión material a los contenidos doctrinales de la Fe, pero no haber obras de la Fe. Por lo tanto, como dice el apóstol, esa Fe sin obras es Fe muerta.
Quienes consideran posible y conveniente obtener un reconocimiento canónico de la FSSPX (cuestión opinable) en estas u otras circunstancias piensan en recuperar los lazos jurídicos que normalmente atan a los católicos a la comunión canónica. Lazos rotos, en el caso del tradicionalismo en aras de la preservación de la Fe, por una decisión tomada bajo circunstancias históricas que pueden cambiar.
De todos modos, en honor a la verdad, es justo decir que Mons. Lefebvre sufrió terriblemente antes de decidirse a una medida de tales consecuencias como lo era consagrar obispos sin mandato pontificio. No tanto por la violación de un artículo del derecho canónico cuya pena ha variado a lo largo de la historia, y cuya obligación misma no ha sido idéntica en el transcurso de los siglos (lo que demuestra que es ley eclesiástica y no divina) sino por lo que significaba como acto de ruptura aparente, con las consecuencias de escándalo que esto puede tener para la Fe de los fieles menos avisados.
Mons. Lefebvre NO quería llegar a donde tuvo que llegar. Pero cuando no le quedó más remedio hizo lo que debía hacer. Y sin duda siguió deseando poder recomponer la relación con Roma, lo cual no fue posible porque Roma no solo cerró todo camino jurídico, sino porque además, los motivos de Fe se agravaron sensiblemente.
Como nota anecdótica, pero significativa, digamos que en su lecho de muerte, pidió Mons. Lefebvre solo dos cosas: una, que le devolvieran “sus pobres medallas” al decir del médico que da testimonio de estos días previos a la muerte. Otra, que orientasen su cama hacia Roma.
Sin duda, Mons. Lefebvre violó una ley canónica por necesidad, pero no la de la Fe ni la de la Caridad. Pocos tan fervorosamente católicos romanos como Mons. Lefebvre.
Huelga decir, aunque lo haremos en beneficio de los que no están familiarizados con la ley canónica, que la ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas, y que todas las leyes eclesiásticas ceden ante ella si hubiese conflicto.
Por lo que, estimado amigo, es una demasía y un disparate, repito, decir que los que consideran viable una regularización canónica no son católicos porque buscan la plena comunión con los modernistas. Ellos buscan reparar un vínculo jurídico que es obstáculo para que muchos lleguen a concretar su paso a la liturgia y a la doctrina que la Roma modernista ha abandonado y hasta combatido. Y creen también posible, no digo yo que lo sea, que esta reinserción canónica contribuya a la restauración de la tradición católica. Porque los modernistas (de cualquier pelo y marca) no están exentos de la posibilidad del arrepentimiento y la conversión. Trabajar por esa conversión es un mandato de Caridad al que ni Ud. ni nadie puede sustraerse.
Dice Ud.
Ni emotividades, ni sensiblerías, ni inmadureces, ni los etcéteras que correspondan o que usted quiera poner (como hace a destajo).
Y tampoco sus acrobáticas explicaciones para intentar explicar lo que no se puede de ningún modo, desviando la atención de lo que es central y objetivo: ROMA NO ES CATÓLICA.
Punto y final.
NULLAM PARTEM HABEMUS
Su decisión, amigo. Pero si tuviesen alguna madurez mayor tendrían al menos un poco de moderación en el lenguaje y en los juicios. Yo entiendo que el choque sobre la sensibilidad es muy fuerte. Tengo amigos que están enfermos a causa de las cosas que pasan en la Iglesia. Bueno, cada uno con su cruz. Cada uno deberá también buscar el modo de equilibrar sus sentimientos, serenar el ánimo y ver las cosas con ecuanimidad. Por su propio bien y por el bien de la Iglesia. A riesgo de enfermar espiritualmente, y psíquicamente, como varios de Uds. están enfermos, y terminar anegados en la amargura y la desesperanza.
Piénsenlo un poco.

