Nuestra Señora de Guadalupe
La serpiente infernal puede cambiar de táctica y de cabeza, pero siempre la Nueva Eva la aplasta, y así será hasta la última batalla. Si queremos vencer en estas batallas, debemos luchar con Ella. No es una opción: “Homo et homo natus est in Ea”. La Santísima Virgen es por naturaleza la Madre de Jesús, y Madre nuestra por la gracia. Por eso, todo nuestro ideal cristiano consiste en llegar a ser por la gracia lo que Nuestro Señor es por naturaleza: Hijos de Dios y de María. Siendo hijos de Dios y de la Virgen, entramos necesariamente en guerra contra el ángel caído y sus secuaces. Y estos despliegan sus fuerzas cuanto pueden. Con la complicidad del mundo y de la carne, su orgullo alcanza hoy un grado que nunca lograron antes. Su odio, en especial a María, se manifiesta como nunca, fomentado por una increíble indiferencia de la mayoría de los hombres. Desde el ecumenismo despectivo respecto de sus prerrogativas hasta las blasfemias contra sus imágenes, se multiplican afrentas, profanaciones, insultos, cosas asquerosas (como, por ejemplo, esta infame parodia recientemente publicada en un diario), contra la Madre por excelencia, Madre de Jesús y Madre nuestra. A tal punto que, por primera vez, Nuestro Señor enumeró en el principio del siglo pasado cinco especies de blasfemias cometidas contra la santísima Virgen, poniéndolas como fundamento de una especial devoción reparadora hacia Ella, la de los cinco primeros sábados, devoción de tremenda y urgente actualidad.
La serpiente infernal puede cambiar de táctica y de cabeza, pero siempre la Nueva Eva la aplasta, y así será hasta la última batalla. Si queremos vencer en estas batallas, debemos luchar con Ella. No es una opción: “Homo et homo natus est in Ea”. La Santísima Virgen es por naturaleza la Madre de Jesús, y Madre nuestra por la gracia. Por eso, todo nuestro ideal cristiano consiste en llegar a ser por la gracia lo que Nuestro Señor es por naturaleza: Hijos de Dios y de María. Siendo hijos de Dios y de la Virgen, entramos necesariamente en guerra contra el ángel caído y sus secuaces. Y estos despliegan sus fuerzas cuanto pueden. Con la complicidad del mundo y de la carne, su orgullo alcanza hoy un grado que nunca lograron antes. Su odio, en especial a María, se manifiesta como nunca, fomentado por una increíble indiferencia de la mayoría de los hombres. Desde el ecumenismo despectivo respecto de sus prerrogativas hasta las blasfemias contra sus imágenes, se multiplican afrentas, profanaciones, insultos, cosas asquerosas (como, por ejemplo, esta infame parodia recientemente publicada en un diario), contra la Madre por excelencia, Madre de Jesús y Madre nuestra. A tal punto que, por primera vez, Nuestro Señor enumeró en el principio del siglo pasado cinco especies de blasfemias cometidas contra la santísima Virgen, poniéndolas como fundamento de una especial devoción reparadora hacia Ella, la de los cinco primeros sábados, devoción de tremenda y urgente actualidad.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos queridos fieles,
En 1531, en México, diez años después de su conquista por Hernán Cortés, los frutos de la evangelización misionera eran todavía muy escasos. Pero, el año siguiente ¡se bautizarán 9 millones de almas!
A fines del siglo XII, a pesar del apostolado de un Santo, Santo Domingo, la herejía de los albigenses seguía difundiéndose en el sur de Francia, hasta que, en muy poco tiempo, quedó totalmente vencida.
En 1517, los turcos amenazaron invadir la cristiandad, pero los católicos, inferiores en número, los derrotaron en Lepanto.
Estos tres hechos históricos tienen algo en común: la intervención de la Santísima Virgen, vencedora del paganismo azteca por su aparición en el Tepeyac, de la herejía maniquea y de un ejército anticristiano por su Santo Rosario.
La serpiente infernal puede cambiar de táctica y de cabeza, pero siempre la Nueva Eva la aplasta, y así será hasta la última batalla. Si queremos vencer en estas batallas, debemos luchar con Ella. No es una opción: “Homo et homo natus est in Ea”. La Santísima Virgen es por naturaleza la Madre de Jesús, y Madre nuestra por la gracia. Por eso, todo nuestro ideal cristiano consiste en llegar a ser por la gracia lo que Nuestro Señor es por naturaleza: Hijos de Dios y de María. Siendo hijos de Dios y de la Virgen, entramos necesariamente en guerra contra el ángel caído y sus secuaces. Y estos despliegan sus fuerzas cuanto pueden. Con la complicidad del mundo y de la carne, su orgullo alcanza hoy un grado que nunca lograron antes. Su odio, en especial a María, se manifiesta como nunca, fomentado por una increíble indiferencia de la mayoría de los hombres. Desde el ecumenismo despectivo respecto de sus prerrogativas hasta las blasfemias contra sus imágenes, se multiplican afrentas, profanaciones, insultos, cosas asquerosas (como, por ejemplo, esta infame parodia recientemente publicada en un diario), contra la Madre por excelencia, Madre de Jesús y Madre nuestra. A tal punto que, por primera vez, Nuestro Señor enumeró en el principio del siglo pasado cinco especies de blasfemias cometidas contra la santísima Virgen, poniéndolas como fundamento de una especial devoción reparadora hacia Ella, la de los cinco primeros sábados, devoción de tremenda y urgente actualidad.
La imagen de la Virgen de Guadalupe, que festejamos hoy, es de una belleza fuera de lo común; y es precisamente la manifestación visible de las cinco prerrogativas que tanto quiere Nuestro Señor en su Santísima Madre y que los hombres impíos niegan o desprecian, hiriendo a su Inmaculado Corazón. Es también por eso que veneramos hoy con un especial fervor y amor la imagen milagrosa, no hecha por manos humanas, de Nuestra Señora de Guadalupe. Vemos en Ella su Inmaculada Concepción, su perpetua Virginidad, su Maternidad divina y de los hombres, su predilección por las almas humildes, especialmente los niños (de edad y de espíritu), y su deseo de ser venerada con el mayor respecto en sus santas imágenes:
· La Guadalupana es la Inmaculada Concepción: nuestros ojos contemplan esta verdad de nuestra fe en el resplandor de su imagen. Revestida del sol, radiante de luz, aplastando una luna negra, figura del demonio, nunca fue manchada por el pecado original ni por el pecado actual. Es la Purísima, la “tota puchra”, como lo hemos cantado el lunes. Y lleva al cuello una crucecita: fue en previsión de los méritos del Redentor que recibió de Dios, con anticipación, el privilegio de la Inmaculada Concepción.
· Y es la Madre de Dios y la nuestra. Aparece encinta y sobre su seno se ve una flor diferente de las demás que adornan su vestido. Los aztecas la llamaban: “Nahui Ollin”. Simbolizaba la divinidad. Nuestra Señora de Guadalupe está embarazada de Dios, es la Madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Y sin duda es Madre de los hombres, Madre misericordiosa. Dirigiéndose a Juan Diego, expresó esta verdad con toda su ternura maternal: “¿No estoy Yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y protección? ¿No soy la fuente de tu vida? ¿No estás bajo los pliegues de mi manto? ¿Bajo el cobijo de mis brazos? ¿Hay algo más que puedas necesitar?”.
· Y ¡cómo no afirmar que estas palabras tan consoladoras atraen especialmente a las almas más pequeñas, las más humildes, las de los niños! ¡Ay de los que infunden en los corazones de los niños la indiferencia, el desprecio e incluso el odio contra su Madre del cielo! En nuestras clases de catecismo, mostremos y expliquemos la sagrada Imagen de la Guadalupana. ¡Qué devoción, qué amor, Ella inspirará sin duda a los niños hacia su Madrecita!
· En fin, Nuestro Señor se quejó de los que ultrajan a su Madre en sus sagradas imágenes. En particular la de Nuestra Señora de Guadalupe es una elocuentísima condenación de estos iconoclastas. Dios la preserva de un modo increíble. Es simplemente indestructible: ni los siglos, ni las velas, ni los besos y toques de millones de peregrinos, ni una poderosa bomba, ni el ácido nítrico, lograron deteriorarla: sigue tal cual apareció en la tilma de Juan Diego hace quinientos años. Realmente el primer devoto a esta sagrada Imagen es Dios mismo, porque es la Imagen de su Madre.
Es la Emperatriz de las Américas. Seamos sus siervos buenos y fieles, para que un día merezcamos verla cara a cara, contemplar la Belleza inefable de nuestra santísima Madre en el Cielo para siempre. Así sea.
Ave María Purísima
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

