Panorama Católico

Nuestra Señora de Fátima, Francisco, y mi amigo el Cura

Hace un tiempo, mi amigo el Cura ya no puede colaborar con Panorama Católico. Pero sus sermones no pierden vigencia. Imaginemos lo que dijo en su brevísima homilía del 13 de mayo de 2012, recordando la primera aparición de la Virgen a los pastorcitos de Fátima. Allí Nuestra Señora habló de una joven que estaría en el purgatorio hasta el fin de los tiempos.

Hace un tiempo, mi amigo el Cura ya no puede colaborar con Panorama Católico. Pero sus sermones no pierden vigencia. Imaginemos lo que dijo en su brevísima homilía del 13 de mayo de 2012, recordando la primera aparición de la Virgen a los pastorcitos de Fátima. Allí Nuestra Señora habló de una joven que estaría en el purgatorio hasta el fin de los tiempos. Invito al lector a comparar lo que se propone desde la Sede Apostólica a los fieles en estos días… y a analizar de qué castigos se evita advertir a quienes cometen faltas objetivamente mucho más graves.

 

Este domingo coincide con el aniversario de la primera venida de Nuestra Señora sobre el suelo de Fátima, el día trece de mayo de 1917 al medio día, hace noventa y cinco años.

¿Para que la Santísima Virgen visitó la tierra?, sino para recordar a los hombres, tan apegados a esta tierra, que hay un Cielo, hay una vida eterna, ¡pero la vida eterna se puede perder para siempre y transformarse en una muerte eterna! Entonces, Nuestra Madre del Cielo vino para recordar a los hombres sus postrimerías, es la razón primordial de su venida a Fátima y el tema principal de su aparición en este trece de mayo:

– “¿De dónde es Vuestra Merced?”, preguntó la pastorcita Lucía.

– “Soy del Cielo”.

– “Y ¿yo también voy al Cielo?”

– “Sí, vas”.

– “¿Y Jacinta?”

– “También”.

– “¿Y Francisco?”

– “También; pero tiene que rezar muchos rosarios”.

– “¿Y nosotros?… También tenemos que rezar muchos rosarios

“Entonces, escribe Sor Lucía, me acordé de preguntar por dos chicas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor”.

– “¿María de las Neves ya está en el Cielo?”

– “Sí, está”.

– “¿Y Amelia?”

– “Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo”…

Varios años después, se hizo una investigación sobre esta muchacha, que había merecido un castigo tan severo: sufrir las penas del purgatorio hasta el fin del mundo. Asistía a la Santa Misa, es cierto, sabía su catecismo, a veces se confesaba, comulgaba, pero, en general su espíritu, su corazón se dirigía más a cosas vanas, si no peligrosas. En una palabra, erasuperficial. Su apariencia exterior, los muchachos de la aldea, la falta de respecto a sus padres, las rivalidades pueriles con sus compañeras, eran su pan cotidiano. Sin embargo, había recibido una educación religiosa más que suficiente, y, quizás por eso, justamente, Dios castigó más aún sus vanidades… ¡Gran lección, queridos jóvenes!

El Cielo, el purgatorio, y también el infierno: dos meses después, Nuestra Señora de Fátima no dudará en mostrar a los tres pastorcitos el infierno; visión tremenda, que suscitó en sus corazones, especialmente en el de Jacinta, un inmenso celo por la conversión de los pecadores y una profunda y constante devoción al Inmaculado Corazón de María.

– “Habéis visto el infierno, les dijo Nuestra Señora, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.

Este terrible hecho de actualidad no figura en los diarios; sin embargo, ¡es muchísimo más terrible que un tsunami o un terremoto! Alrededor de 200 000 personas mueren cada día en el mundo. Pregunto: En este mundo que no es cristiano, donde todos se mofan de las leyes morales más elementales, donde la mayoría de los sermones están vacíos de la Cruz salvadora de Nuestro Señor, calla la realidad del infierno y predica una mera filantropía universal, ¿cuántas de estas almas se salvarán?

Entonces, sigamos con una imperturbable perseverancia el pedido de Nuestra Señora de Fátima, seis veces repetido:Rezad el rosario todos los días por la conversión de los pobres pecadores, para que se conviertan, por lo menos al último momento, y puedan entrar en el Cielo, y también por nuestra propia fidelidad. ¿Soplan los vientos malos del orgullo, de la ambición? Ave María. ¿De la pereza, de la impureza? Ave María. ¿Del desánimo, de la vanidad? Ave María. ¿De la envidia, de la ira, de la desobediencia? Ave María, Ave María, Ave María. Cuando el mar de este mundo, con sus olas peligrosas, amenaza nuestra alma, miremos a la Estrella, a la Virgen, y digámosle, con absoluta confianza: Ave María. Pues Nuestra Señora, dice San Bernardo, es “tota ratio spei nostrae”, “toda la razón de nuestra esperanza”, especialmente de nuestra salvación.

El rosario es como una cuerda que Nuestra Señora nos lanza y que sus manos sujetan firmemente desde el Cielo; y es más fácil subir sobre una cuerda que tenga nudos que sobre una cuerda lisa. Estos nudos son las cuentas de nuestro rosario. Si no las rezamos, corremos el riesgo de deslizarnos y de no llegar al Cielo.

Y no solamente tenemos la cuerda salvadora de nuestro rosario, sino también tenemos un refugio seguro, una fortaleza inexpugnable, donde el enemigo no puede entrar, como decía Santa Teresita: es el Inmaculado Corazón de María. Que nuestros corazones, tantas veces débiles, mezquinos e inconstantes encuentren en él su hospital(dice San Basilio), su seguridad, su mansión.

Ave María purísima

Homilía de Mi Amigo el Cura, del 13 de mayo de 2012

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