Non. Non. Non…
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La negativa del pueblo francés a ratificar la constitución europea masónica de Giscard d’…Estaing es casi un milagro. Ahora Holanda se apresta al no. Luego Inglaterra, donde la opinión pública está fuertemente en contra de ceder la soberanía. Habrá que reescribir el texto bajo otra inspiración. Quizás en el nuevo modelo se acuerden de las raíces cristianas de Europa. Porque sin duda es algo que aún vive en esas raíces (más allá de las motivaciones humanas lícitas y hasta del oportunismo político de algunos dirigentes) lo que ha producido -por medio de la «voluntad popular»- por primera vez en mucho tiempo, un hecho político que golpea duramente los planes del mundialismo. |
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Escribe Agustín Moreno Wester
2005 se perfila como un año de hechos trascendentes en el orden escatológico. Recordemos: 1) la muerte de Sor Lucía, la principal vidente de Fátima. Anuncia, evidentemente, la precipitación de algunos acontecimientos universales. Luego 2) la muerte del Papa Juan Pablo II, que hizo dar una vuelta de campana a la Iglesia lanzándola a un estrellato mediático sin precedentes, a la vez que bajo sus pies los cimientos de la civilización y de la Iglesia misma se resquebrajaban de un modo alarmante. 3) La elección del nuevo pontífice, Benedicto, en un cónclave pacífico y su, por ahora, tímido programa de restauración, que se desarrolla con las contradicciones que era esperable suponer. Ahora 4) en Non francés a la Constitución Europea, un golpe durísimo al proyecto masónico de la república universal.
En Non francés es casi una ironía histórica. Fue pronunciado por el mismo pueblo que puso por primera vez en acción, en el orden político y a escala universal, la revolución propiciada por la Francmasonería. Porque de las jornadas de 1789, además de la brutal violencia y crueldad con que se persiguió todo lo que representaba el Antiguo Régimen, es decir, la forma política de la Europa Católica, de ese caos y matanza no podía salir, según el buen sentido común sino una autodestrucción de la nación francesa. Pero Dios permitió, por los pecados de la Europa Cristiana, que un genio político y militar le diese forma de Imperio y difundiese por el mundo todos los errores, más o menos mitigados, del liberalismo masónico. Así, la hoguera descontrolada pasó a ser incendio metódicamente dirigido a llevar la destrucción del orden social cristiano en el resto de Europa. La Restauración posnapoleónica estaba ya destinada al fracaso porque el liberalismo había ganado las mentes y los corazones europeos. Y de allí al resto del mundo occidental, en especial a Hispanoamérica, cuyas naciones fueron concebidas con este pecado original -aún no redimido- causa primordial de todos sus males.
El Non francés es el resultado de escupir al cielo. Es el esputo que vuelve sobre sobre la cara de los «hermanos tres puntos», cuando ni siquiera la palabra «Dios», así, sin más definiciones, fue admitida en sus casi 500 páginas de charlatanería constitucional. ¡Qué misteriosos son los caminos de Dios! ¡Cómo obra la ruina de un plan humano secular, organizado y mantenido con una perseverancia tan sorprendente como sospechosa, con solo exhalar el aliento de su boca! O al menos, como puede hacerlo tropezar con una piedra tan obvia que aún cuesta creer que los grandes maestros (y maestres) de la astucia política no la hayan visto. Le dieron al pueblo -innecesariamente- un arma para defenderse, en la certeza de que la masa amaestrada haría lo que el amo siempre le ha enseñado a hacer. Y el amo se puso delante del arma, pavoneando su seguridad de que el pueblo iría a humillarse nuevamente al chasquido de sus consignas paneuropeas. No era necesario un referendum, pero obstinaron en tenerlo. El resultado fue la catástrofe para ellos y una esperanza para Europa.
El Non francés es un hecho que no debe de leerse en un plano meramente político. Es un hecho donde la intervención del Dios que la constitución europea se negó a mencionar siquera, resulta evidente y crucial. Ese Non significa que la pobre Europa ha merecido una misericordia extraordinaria del Cielo, la cual, esperamos, sepa comprender y agradecer. Al menos que algunos europeos sean capaces de entender y agradecer. Ese Non aleja la posibilidad de un ingreso en horda de los musulmanes por Turquía… tumba al gobierno francés y replantea las fuerzas políticas de esa potencia central de Europa… golpea duramente a Rodríguez Zapatero, el payasesco presidente español y su caterva de fundamentalistas del progresismo… alerta sobre el peligro de sometimiento de las soberanías nacionales a un poder central de signo anticristiano. Y fundamentalmente, da tiempo para una restauración de la Iglesia, la cual siendo ya labor extrema, sería casi inconcebible bajo un régimen totalitario signado por el despotismo del pensamiento único anticristiano. Y sin restauración de la Iglesia, ni Europa ni el resto del mundo tiene esperanza alguna.
Naturalmente, no creemos que Europa «se convierta» de la noche a la mañana. Deseamos de todo corazón que revise el rumbo por el que transita, y se dé la oportunidad de volver a ser lo que fue: la Cristiandad&hellip… Quizás dentro de algunas décadas, si Dios decide concederle al mundo ese tiempo. Un tiempo que ha de ser sin duda, si se transita por este camino, por la naturaleza de las cosas, «tiempo de paz». Un tiempo que nos ha sido prometido a través de Lucía y que debemos ganar golpe a golpe de resistencia y oración. Hasta que por los campos de esas naciones, por las calles de esas ciudades, «que son de Cristo», como dijo el Papa durante la procesión de Corpus, el Salvador del mundo vuelva a imperar como rey vencedor.
El Non francés se produce en vísperas de la fiesta del Sagrado Corazón, de quien Santa Margarita María recibió en 1689 el sencillo pedido de que su insignia fuese colocada en la bandera real, porque si esto no se hacía, la nación sufriría un terrible castigo. El rey Luis XIV se negó. 100 años después la descendencia real fue exterminada.
Hace ya muchos años que el cielo pide al Santo Padre la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María. Este simple acto de obediencia merecerá al mundo «un tiempo de paz». Dios responde rápidamente quienes se someten a su voluntad, otorgándoles gracias extraordinarias. ¿Cuáles habrán sido los méritos que movieron a la Providencia a darle a Europa otra oportunidad? ¿Voveremos a perder esta oportunidad de poner en retirada la revolución anticristiana por no cumplir con el pedido de la Virgen? Cientos, miles y hasta millones de rosarios deben rezarse para alcanzar esta gracia. ¿Ponemos manos a la obra?


