Panorama Católico

No nos dejemos atrapar por la dialéctica

Ahora el “Tea Party” y los sectores ultraconservadores y “neocon” de los EE.UU. están tildando de “marxista” al papa Francisco por sus afirmaciones en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium.

Ahora el “Tea Party” y los sectores ultraconservadores y “neocon” de los EE.UU. están tildando de “marxista” al papa Francisco por sus afirmaciones en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium.

Frente a esto me parece que sería bueno puntualizar lo siguiente:

1.        Es sabido que ciertos sectores “ultraconservadores” norteamericanos están integrados por católicos que son muy combativos en las cuestiones de familia, aborto, anticonceptivos, etc., pero que tienen la típica disociación entre doctrina moral (individual) y doctrina social, algo que acá vemos muy frecuentemente en sectores de medios y altos ingresos adheridos a cierta “obra de Dios”. Por un lado, conservadores en moral individualista, por el otro adherentes al capitalismo liberal y, a veces, en sus modalidades más extremas (p. ej. Escuela Austríaca de Mercado).

2.        Es sabido, también, que cualquier documento eclesial que suene a crítica al sistema económico liberal imperante, suena a “marxismo” para estos sectores.

3.        Por otro lado, los modernistas y progresistas aprovechan esta esquizofrenia doctrinal de los “católicos liberales” para llevar agua a su molino.

a)       al poner el acento en las consecuencias evidentemente injustas del capitalismo liberal que defiende el conservadurismo yanqui, pretenden desautorizar al mismo tiempo las buenas causas pro-vida, e incluso algunas críticas acertadas contra la obsesión ecumenista, el indiferentismo religioso y la desacralización litúrgica que se han escuchado de labios de intelectuales norteamericanos en las últimas décadas posconciliares.

b)       Y si los “progres” aciertan con críticas al sistema capitalista liberal, entonces pretenden hacer pasar por buenos también todos los desmadres posconciliares. Es como decir: “Si el papa tiene razón en pegarles a los yanquis por su liberalismo económico, también tiene razón en todo lo demás (diálogo interreligioso, ecumenismo, liturgia moderna, etc.)

Obviamente esto no pasaba cuando la Dogmática católica, la Doctrina política católica y la Doctrina social católica, coincidían porque partían de los mismos principios de una fe inmutable, una exégesis bíblica sana fundada en la filosofía perenne, y una tradición que transmitía lo que se ha creído siempre, por todos o casi todos, y en todas partes.

Pero ahora tenemos esta terrible ambigüedad modernista en la misma jerarquía de la Iglesia. Y por eso, los progres pueden instalar esta trampa dialéctica en la que tantos católicos han caído.

Recordemos que “omnia instaurare in Christo” significa que TODO EL ORDEN SOCIAL DEBE TERMINAR REGIDO POR EL ESPIRITU DEL CRISTIANISMO, TANTO EL INDIVIDUAL COMO EL COMUNITARIO.

Sé que el muchos sectores tradicionalistas católicos tiene esto muy claro, y también que la preocupación por los pobres está presente en las obras de misericordia que acompañan su acción apostólica. Por eso mismo sería estupendo que estos sectores de la tradición católica no descuidaran el desarrollo de estudios de política económica, de macro y microeconomía, que conduzcan a una crítica seria y fundada del capitalismo liberal.

Se deberían alentar estos estudios que, además, tendrían que incluir una resolución rigurosamente técnica para no quedarse en la declamación de los principios. Se trata de que efectivamente podamos responder a las preguntas que nos haríamos si –por esos avatares del destino– algunas vez un católico en serio fuera a dirigir los destinos de nuestra Nación: por ejemplo, ¿cuáles son los postulados estructurales de una economía de escala humana?, ¿cómo organizar a los cuerpos intermedios para que efectivamente colaboren en la economía del Bien Común? ¿cómo subordinar la producción al consumo y éste a las necesidades humanas reales y no ficticias?, ¿cómo evitar el consumismo y la publicidad que degrada al hombre?, ¿cómo lograr la subordinación efectiva del capital al trabajo? ¿cómo subordinar el trabajo a la vida plenamente humana? ¿cómo lograr que el Estado desarrolle una economía orgánica, coordinada, concertada y orientada aplicando el principio de subsidiariedad?, ¿cómo recuperar la verdadera naturaleza de la moneda, muy diferente en su función si la concibe un liberal que si la concibe un católico que sabe que hay que usarla solo como medio de intercambio de bienes evitando que el dinero se transforme en mercancía?, ¿cómo regular la “creación” de dinero?, ¿cómo evitar la usura? y un sinfín de preguntas más que deben ser respondidas no solo desde los principios –insisto– sino dando la solución técnica concreta.

Deberíamos poder desarrollar un programa de política económica y su correlato técnico según los principios del realismo natural económico. Pienso, por ejemplo, en que se podría hacer algo parecido a lo que hizo en su momento el economista converso al catolicismo Ernst Schumacher (1911-1977) (“Lo pequeño es hermoso”), pero lo indico solo como indicio. La falta de este tipo de investigación económica en los sectores católicos hace que muchas veces TERMINEMOS REGALANDO ESTOS TEMAS A LA IZQUIERDA. Y los progres no pierden ocasión para acusarnos (y a veces con razón) de preocuparnos por la liturgia, por las causas pro-vida, y no ahondar en las terribles consecuencias sociales y políticas de la ideología calvinista-racista que está en el origen de la nación más poderosa del planeta.

 

Y, por favor, no se diga que si se critica al liberalismo y su sistema económico, uno puede ser acusado automáticamente de socialista. Con solo citar algunas frases (destacados míos) del Magisterio de la Iglesia, se ve claramente que esa acusación es una falacia.

Estos potentados son extraordinariamente poderosos, cuando dueños absolutos del dinero gobiernan el crédito y lo distribuyen a su gusto; diríase que administran la sangre de la cual vive toda la economía… (…) Esta acumulación de poder y de recursos, nota casi originaria de la economía modernísima, es el fruto que naturalmente produjo la libertad infinita de los competidores, que solo dejó supervivientes a los más poderosos, que es a menudo lo mismo que decir los que luchan más violentamente, los que menos cuidan su conciencia”.

“Las últimas consecuencias del espíritu individualista en el campo económico…estáis viendo y deplorando: la libre concurrencia se ha destrozado a sí misma; la prepotencia económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la ambición desenfrenada de poder; toda la economía se ha hecho extremadamente dura, cruel, implacable.

Esto no es de “El Capital” de Marx. Son textos de la Quadragesimo anno de Pío XI.

 “Pero por desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad ha sido construido un sistema que considera el lucro como motor esencial del progreso económico; la concurrencia, como ley suprema de la economía; la propiedad privada de los medios de producción, como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío XI como generador del “imperialismo internacional del dinero

 (Paulo VI, Populorum progressio, 26).

“Es, por consiguiente, el principio fundamental del liberalismo, como regla de los intercambios comerciales, el que está aquí en litigio”.

 (Paulo VI, Populorum progressio, 58).

“La tradición cristiana no ha sostenido nunca este derecho [el derecho de propiedad] como absoluto e intocable

Juan Pablo II, Laborem excercens, 14)

Ya hay algunos blogs y páginas webs de católicos que hablan del “marxismo del papa Francisco”. Sabemos que el pensamiento del actual papa no se caracteriza por su claridad, y los católicos de hoy estamos sometidos a la extraña tarea de contar errores y aciertos en los documentos eclesiales de los últimos tiempos. Y como tantas veces nos ha pasado, deberemos tomar la buena doctrina del Magisterio preconciliar para poder discernir con cuidado qué es trigo y qué es cizaña en las enseñanzas de los papas posconciliares.

Pero, por favor, hagámoslo con inteligencia y caridad.

 

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